domingo, 3 de abril de 2011

Don Carlos Zarraluqui Sáez

Sargento de Regulares, Caballero Laureado de San Fernando. (*1893 +1919)


Este joven murciano, natural de El Palmar alcanzó la más preciada condecoración militar española en tiempo de guerra, al hallar la muerte en los combates de Beni-Salach, el 5 de abril de 1919, la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando. Era, sargento de Infantería, con destino en el Grupo de Fuerzas Regulares indígenas de Tetuán nº 1.


Una vida dedicada a la milicia

D. Carlos Zarraluqui Sáez, había nacido en la localidad murciana de El Palmar, un 30 de octubre de 1893. Al cumplir los 20 años, ingresa voluntariamente en la milicia, dejando los estudios e ingresa en el Batallón de Cazadores de Llerena nº 11, un 13 de mayo de 1913, efectuando el período de Instrucción y posteriormente, permaneciendo de guarnición en Madrid. El 9 de junio de ese año, marcha a Ceuta, pasando el 15 de julio con su batallón a Tetuán, donde prestará servicio de Campaña y protección de convoyes. Sus servicios en combate, irán ligados a nombres como Laucién, Lomas de Arapiles, Izarduy y Barranco de Laure.

En febrero de 1914, ascendió a Cabo de Infantería por elección, continuando con los servicios ya mentados, hasta el 30 de septiembre de ese año, que toma parte en la ocupación de Izarduy y el 8 de diciembre, se distingue notablemente en los combates de Beni Hozmar por cuya actuación y méritos en combate, será recompensado con dos Cruces al Mérito Militar con distintivo rojo.

Su espíritu y patriotismo, le llevaron a solicitar nuevos destinos de mayor riesgo y peligro así que el 30 de abril de 1915, causó baja en el Batallón de Cazadores de Llerena y alta en las fuerzas Regulares Indígenas de Melilla, donde en agosto de 1915, obtiene el empleo de sargento de Infantería con antigüedad de 1 de agosto de 1915.

Una vez cumplido el tiempo de voluntariado, solicitó el reenganche que le permitiera continuar la vida activa en campaña, y que se prolongó durante los años 1917 y 1918. Murió al frente de los suyos, en los comabates de Beni Salach, el 5 de abril de 1919, siendo recompensado por los méritos contraídos y el comportamiento observado, con la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando en 1923.


Recuerdos de un cabo Un cabo del citado Grupo de Regulares, recordaba allá por el año 1969, la forma en que su sargento, un joven de casi 26 años, cayó en la lucha. Este hombre, D. Policarpo Medina Sánchez, relataba con lágrimas en los ojos, la manera en que su superior murió por proteger la retirada de la fuerza: “…Recibió tres heridas, la primera en la mano cuando llevaba dos horas en la operación, a la media hora de la de la mano, otro balazo en la cara.

Con una y otra herida siguió combatiendo y alentándonos, hasta que unos veinte minutos después fue cuando le mataron.

No consintió retirarse cuando se encontraba herido hasta no terminar la operación. El tiro que le causó la muerte se lo dieron cuando le ordenaron la retirada…”


El combate

Los hechos, según quedó recogido en la colección en fascículos titulada “España en sus Héroes”, editada por Ornigraf, en Madrid en el año 1969, parece ser que se desarrollaron de la forma siguiente: La misión encomendada a la fuerza en la que estaba integrado el Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Tetuán nº 1, abarcaba un frente de combate de unos 2 kilómetros aproximadamente, extensión demasiado grande para el número de fusiles con los que contaba el Tabor de Regulares.

La 3ª Compañía de este, se encontraba muy alejada del resto de la fuerza, motivo por el cual se dio la orden a la Compañía del Capitán Soto, el entrar enseguida en fuego, para dar apoyo al repliegue de la 3ª Compañía del tercer Tabor, y que la situación de la misma se complicaba por momentos. De la tercera Compañía del Tercer Tabor, el cuadro de mando, estaba en aquel momento de la siguiente forma: Capitán, Sr. Cisneros, muerto. Teniente, Sr. Pérez Rodríguez, muerto. Teniente, Sr. Brondis, herido. Suboficial, Sr. Vázquez que mandaba la 3ª Sección, muerto. La tropa, que contaba ya sin mandos y con 15 bajas, situación ante la cual y al hacerse la misma insostenible, se ordenó su replieque.

Para dar esa protección, el Capitán D. Juan Soto, marchaba al sur para entrar en línea de fuego y poder apoyar la retirada de la tercera compañía del Tercer Tabor. El Capitán Soto, distribuyó a su fuerza, asignando las misiones a cada una de sus secciones.

De esta forma, el Teniente D. Estanislao de Cubas, marchaba en vanguardia para posicionarse y permitir el despliegue de la compañía que ocuparía los emplazamientos señalados por su Capitán Sr. Soto.

El objetivo señalado al Sargento D. Carlos Zarraluqui Sáez por el Teniente Cubas, era el ocupar una posición que permitiera hacer fuego favorable a permitir el despliegue del resto de la sección. El teniente, advertía al Sargento Zarraluqui (textual): “…Vaya con cuidado Zarraluqui, creo que si puede llegar allí con su pelotón le habremos ganado la partida al enemigo. Es una altura que les domina por completo…” “…Descuide mi teniente, lo haremos…”

El Sargento D. Carlos Zarraluqui, al frente de su pelotón inicia la marcha. Su teniente, D. Estanislao de Cubas, no se había equivocado, la posición ya que esta era muy dominante la cual, permitía llevar a cabo una protección muy eficaz, tanto de la fuerza desplegada como de la que replegaba que era esta última, la tercera Compañía del Tercer Tabor de Regulares. Al parecer, el repliegue de difícil ejecución ya que se venía haciendo por terreno muy batido por el fuego rifeño y en condiciones de inferioridad numérica de efectivos por parte española, cosa que fue advertida rápidamente por el Sargento Zarraluqui y que dotaba a su misión de vital importancia dado el peligro que corrían sus compañeros en el repliegue.

El enemigo, se dio cuenta que un solo pelotón, podía hacer peligrar la presión que ejercía mediante el fuego sobre las tropas que se retiraban, motivo por el cual concentró el fuego en la posición que ya había ocupado con sus hombres el Sargento D. Carlos Zarraluqui. Aún y así y bajo la intensidad de fuego que recibía esta fuerza de Regulares, Zarraluqui y sus hombres, no se amilanaron ni frenaron el ímpetu de ese joven Sargento natural de El Palmar, el cual, corría por la posición, animando una y otra vez a los suyos, de piedra en piedra, para tener mejor posición de tiro, demostrando a todos, que era posible el moverse por un terreno acribillado a balazos por el enemigo y aprovechando todos los accidentes del terreno.

A su paso por la posición de Zarraluqui, los soldados de la tercera Compañía del Tercer Tabor, hacían gestos a aquellos valientes que protegían su retirada ya de por sí, difícil y que ya tenía varias bajas pero aún y así, no disminuía el ímpetu, coraje y valentía con la que tanto el Sargento Zarraluqui como los suyos, protegían las vidas de unos a costa de las propias.

El sargento, recibió durante el desarrollo del combate su primera herida. Una bala, le había alcanzado la mano. Ninguno de los combatientes dijo nada, pero ante el balazo, el sargento, no hizo ni la más mínima muestra de dolor, viendo no obstante todos, como manaba sangre de la herida, hasta que una vez finalizada la operación de protección, el Cabo D. Policarpo Medina Sánchez, le dijo a su superior una vez los que replegaban ya estaban a salvo (textual): “…Mi sargento; esto ya está acabado. Los del tercero están a salvo. Vaya al puesto de socorro, yo replegaré el pelotón…” Zarraluqui, le replicó: “…Esto no es nada, un arañazo en la mano, nada…”


Los atacantes, ante el fracaso de asestar un duro golpe a la fuerza en retirada, volcó acto seguido su fuego sobre la posición de Zarraluqui. Su actitud, su voz, sus ánimos, hacia los que allí estaban, no decayeron, surtiendo el efecto positivo y poder así, mantener la posición y proteger a los que replegaban.

En esos momentos, pasaba a la altura de dicha posición los últimos escalones que retiraban, los cuales a voz en grito, agradecían al sargento y a los suyos, el conservar la vida. Una vez cumplida la misión, llegó el turno de repliegue al Sargento D. Carlos Zarraluqui y a su fuerza, habiéndose de evacuar a los vivos y a los heridos, no queriendo dejar nadie atrás que pudiera caer en manos morunas, motivo por el cual el Sargento, dirigiéndose a Policarpo, su Cabo, le dijo (textual): “…¡Policarpo!. Con tu escuadra, lárgate. Yo te sujeto a estos!...”. El Cabo, hizo señal a los suyos y empieza el repliegue.

El siguiente en salir de allí, era Saharaqui al cual se le ordenó por parte del sargento, llevarse a los Ascaris. El repliegue de la fuerza defensora, continuaba, estando por eso el enemigo cada vez más cerca de la posición, empleando muy poco tiempo en alcanzar la posición hasta ahora defendida por los españoles que la acababan de abandonar. Ahora, las ternas han cambiado y la fuerza se ve batida por los rifeños.

El Sargento, para evitar que puedan impedirles la retirada, ordena ocupar de nuevo la posición y cargar contra los moros, “…¡A ellos, tenemos que echarlos de ahí!...”, “…¡Vamos!...” y colocándose él, al frente de la fuerza que retiraba, inicia de nuevo el ataque, marchando él en cabeza, momento en que es herido de nuevo, esta vez de un balazo en la boca. Nueva herida, que no afecta a los ánimos de ese valiente murciano que continua el avance para desalojar aquella posición hasta hacía poco ocupada por los españoles para proteger la retirada de sus compañeros.


Se desalojó de allí al enemigo pero en tan ruda ducha, una tercera herida, esta ya mortal, había causado la muerte del Sargento Zarraluqui. Una bala, le había perforado el pecho. El pelotón, había perdido cuatro hombres. Su cadáver, quedó en el campo enemigo y no se pudo recuperar, quieto sobre la tierra por la que tan bravamente combatió.


Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando

Por los méritos contraídos y el comportamiento observado durante aquel combate del 5 de abril de 1919, al Sargento de Infantería del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Tetuán nº 1, le fue incoado el Expediente de Juicio Contradictorio a los efectos de concederle la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando, la resolución del cual, decía lo siguiente (textual): “…El dia 5 de abril de 1919, el sargento del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Tetuán nº 1, don Carlos Zarraluqui Sáez tomaba parte en el combate sostenido en las inmediaciones del poblado de Beni Salach (Beni-Hozmar), y, no obstante haber sido herido dos veces y sin curarse las heridas, continuó combatiendo al frente de sus fuerzas animándolas con su ejemplo; sin consentir en retirarse de su puesto, aunque le autorizó para ello el teniente de su sección, muriendo de un balazo que recibió en el pecho después de ocupada la posición que atacaba. El Rey ha tenido a bien conceder al sargento don Carlos Zarraluqui Sáez la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando. Madrid, 2 de abril de 1923. Alcalá Zamora. (D.O. núm. 72)…”


Hans Nicolás i Hungerbühler, 4 de abril de 2011


Fuentes:

Para la elaboración de esta recopilación sobre el sargento de Infantería y Caballero Laureado de San Fernando D. Carlos Zarraluqui Sáez, han sido consultados, el fascículo de la colección “España en sus Héroes”, titulado “Los Regulares de González Tablas”, de editorial Ornigraf, Madrid, 1969. “Minerva”, Revista semanal de la Academia General Básica de Suboficiales, nº 74, del jueves 6 de mayo de 2010, Talarn (Lérida). “El Globo”, nº 16.123, pág.3, Madrid, a 4 de abril de 1923.