lunes, 15 de junio de 2015


CEMENTERIO MUNICIPAL DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE MELILLA


Esta descripción e historia del cementerio municipal de la Purísima Concepción nos ofrece ocasión nuevamente a desentrañar algo de lo mucho que tiene de legendario, el venerable Promontorio Melillense, que un día del mes de septiembre de 1497 fue escalado con intrepidez por los soldados de España






El primer enterramiento de que tengamos noticias es de 1632 en la Iglesia de San Miguel, del Alcaide don Luis de Sotomayor; que el 8 de mayo se comenzó a inhumar en la ermita de Nuestra Señora de la Victoria, extramuros y que el 10 de mayo de 1664 se enterró por primera vez en la actual Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción, desde esta fecha se efectuaban los enterramientos indistintamente en la Iglesia y en la Ermita hasta diciembre de 1689, fecha desde la cual no se hicieron ya más en la segunda.
Había en la Iglesia una bóveda donde se daba sepultura a los Gobernadores y Veedores y a los individuos de su familia.
Los cofrades de las diferentes Hermandades tenían también las suyas y el resto de la población se enterraba en el atrio.
Una epidemia habida en el año 1751, motivó que el Vicario don Miguel Moreno solicitase del obispado de Málaga, autorización para bendecir y dedicar a cementerio un terreno inmediato a la Iglesia, y no siendo bastante se pidió y fue concedido el solar llamado de la “Tahona” que se bendijo el 15 de octubre de 1763.

         Años más tarde en 1787 se construyó un nuevo cementerio en las proximidades del fuerte de San Carlos. Santificado el 7 de diciembre del mismo año, por el Vicario don Francisco Muñoz Gómez, enterrándose el primer cadáver el día 9 de dicho mes, pero con la particularidad de continuar inhumando en la Iglesia a las personas de distinción y hermanos de las distintas cofradías
Ampliados los límites del territorio de soberanía de Melilla y ante el constante aumento de población, por Real Orden de 27 de noviembre de 1889 se aprobó la construcción de un nuevo cementerio católico en el paraje conocido como Rambla del Agua.
 Los trabajos se iniciaron en el mes de diciembre de 1890 y fueron puestos bajo la advocación de la Purísima Concepción. Se inauguró el recinto el primer día del año 1892 con gran solemnidad.
Al igual que ocurriera en el antiguo cementerio de San Carlos, al lado de éste también se levantaría un nuevo cementerio israelita que fue inaugurado el 2 de febrero de 1894. 






El rápido crecimiento de la población melillense motivó la ampliación del campo santo de Melilla, bendiciéndose nuevos patios el 7 de abril de 1906, el 8 de mayo de 1911, 4 de enero de 1912, así como en septiembre del año 1916. Posteriormente también ha experimentado nuevas ampliaciones y reformas., teniendo aproximadamente una extensión de unos 50.000 metros cuadrados y en él están enterrados alrededor de 12.000 militares.
Junto algunos panteones de familias melillenses, el cementerio acoge varios mausoleos militares recordatorios de pasadas campañas, los denominados de Margallo, de los Héroes de las Campañas, Aviación y los dos de Regulares son auténticos monumentos funerarios y señeros hitos que marcan profundamente la fisonomía de la necrópolis.



                                                     Entrada principal al Camposanto


El Panteón de Margallo
Debe su realización a los primeros tenientes D. Bernardo Manzano Valdés y D. Manuel Guió Fernández, del Batallón Disciplinario de Melilla, y el de igual clase D. Carlos Peñuelas Calvo, del Regimiento de Toledo, que tomaron la iniciativa en una empresa verdaderamente patriótica. Propusieron dichos oficiales que se construyera por suscripción un mausoleo para reunir en él los cuerpos de los españoles muertos en el campo de batalla desde el día 2 de octubre de 1893 hasta que terminaron las hostilidades contra los moros. La idea mereció un unánime aplauso, y fue acogida entusiásticamente por las tropas.
La primera reunión para llevar a cabo tan extraordinario proyecto se realizó en los salones del Círculo de la Amistad, quedando nombrada una junta encargada de llevar a la práctica tan hermosos pensamientos, la cual se componía de los oficiales que a continuación se expresan:
Presidente: D. Isidoro González, capitán de Artillería.
Vocales: D. José Muñoz, capellán del Batallón Disciplinario.
D. Juan Santiago, capitán del Regimiento de Toledo
D. Antonio Barrio, oficial 1º de Administración Militar
D. Bernardo Manzano, primer teniente del Batallón Disciplinario
D. Senn Maldonado, teniente de Ingenieros
D. Carlos Peñuelas, primer teniente del Regimiento de Toledo
D. Miguel Franco Romero, teniente de la sección de Cazadores de Melilla.
D. Miguel Guiao, primer teniente del Batallón Disciplinario
D. Manuel Losada, primer teniente del Regimiento Infantería de África  
Secretario: D. Juan Coig, primer teniente del Batallón de Cazadores de Tarifa.

Esgrimían estos oficiales que no era justo, ni humano que continuaran esparcidos por el campo de Melilla los restos gloriosos de tantos héroes. En las puertas del fuerte de Cabrerizas Altas yacían varios soldados que ni siquiera tenían su nombre sobre las improvisadas sepulturas. En el foso del mismo fuerte descansaban, en sepulcro harto provisional, el sargento Quesada y cinco soldados del Disciplinario, y en unión de los primeros tenientes de Extremadura D. Vicente García Cabrelles y D. Teodoro Valverde Menachar. Estos oficiales dieron muestras de maravilloso valor. Cabrelles salió del fuerte cinco veces seguidas (siempre voluntariamente) al frente de una veintena de los suyos, ansioso de abrir camino en la infranqueable barrera opuesta por el fuego enemigo durante el día 28 de octubre de 1893, a los refugiados en Cabrerizas Altas. A la quinta salida, pereció. Si no hubiese muerto, la Cruz Laureada de San Fernando, habría sido pequeña recompensa de tan tenaz heroísmo y de tanto pundonor militar.

                                                  Panteón de Margallo

Fue un nobilísimo propósito que se realizó gracias a una suscripción pública en 1896 con el nombre de Panteón de Víctimas de las Campañas, conocido hoy día como Panteón de Margallo. Posteriormente, el 31 de diciembre de 1900, se efectuó la solemne traslación de los restos, exhumándose el día anterior los muertos que reposaban en el antiguo cementerio de San Carlos. Igualmente los de aquella Campaña que fueron provisionalmente enterrados en los fosos del Fuerte de Cabrerizas Altas y Fuerte de Rostrogordo.
Posteriormente se enterraron en él, los caídos en los combates de Ait Aisa, Sidi Musa, Sidi Hamed el Hach, Barranco del Lobo, etc., durante la Campaña de 1909.

Panteón de los Héroes de las Campañas
Es el más importante de los mausoleos. Puso su primera piedra el Rey Alfonso XIII el 7 de enero de 1911, durante su segunda visita a Melilla.
Llegó acompañado por los generales: José García Aldave (Capitán General de Melilla),  José Gómez Sánchez, Julián González Parrado, Salvador Arizón, Pedro del Real, Francisco Gómez Jordana, Francisco Larrea y Joaquín Carrasco.
En el cementerio le esperaban el Presidente del Consejo don José Canalejas y los Ministros de la Guerra, don Ángel Aznar, y de Marina don Diego Arias de Miranda.
Proyecto de José de la Gándara, capitán de Ingenieros, que supo ofrecer hermosa realización al pensamiento de la Junta de Damas, presidida por S.M. la Reina Victoria. José de la Gándara dirigió las obras hasta diciembre de 1914 en que por destino a la Península pasó a dirigirlas el también capitán de Ingenieros Tomás Moreno Lázaro.
El conjunto es grandioso, siendo la seriedad de las líneas, la majestad del dibujo y la sobriedad del adorno, elementos de arquitectura funeraria que el Sr. Gándara manejó con verdadero acierto. Externamente, lo sobriedad de sus líneas y la proporción de sus dimensiones hacen de esta obra funeraria un conjunto bello y armónico.
Una amplia escalinata conduce a la entrada del Panteón, en arco de medio punto. A izquierda y derecha se abren unas escaleras que dan acceso a sendas galerías de nichos (la mayoría de los muertos en estos nichos fue debido al desembarco de Alhucemas) y a la parte superior del Panteón, donde una estructura de piedra, que integran cuatro claraboyas que dan luz al interior donde está situada la cripta.


                                                Panteón de  Héroes

Las cenizas de las primeras víctimas están en la amplia cripta, de acuerdo con la inscripción que se lee al pie de la cruz. Remata el monumento un simbólico y monumental Ángel Alado, mantenedor del laurel de la victoria y de la palma del martirio, mientras que en un extremo destaca el emblema de la Cruz Laureada de San Fernando.
Fue en el mes de diciembre del año 1924 cuando se comenzó a instalar el monumental Ángel en la parte superior del Panteón. Este Ángel, de bronce, se terminó de ubicar a principios de enero del año 1925 y fue costeado con los fondos de la suscripción “Melilla”. También con parte de la referida suscripción fueron costeados diversos ornamentos para celebrar el santo sacrificio de la misa en el altar instalado en el mencionado panteón.
Este Ángel, cuyo modelo fue realizado por un artista de Stuttgart y ejecutado por el procedimiento galvanoplástico, por la empresa Wúrttmbrgische Metallwrenfabrik, de Geislingen.
Tiene una altura total de 3,30 metros con el casamiento, y la figura es de 2,20 metros, siendo la distancia entre puntas de las alas de 2,10 metros. Pesa 1.200 kilos, y el espesor del metal, es de 15 m/m. Costó 20.000 pesetas “Franco-bordo-Melilla”
Erigido este panteón con fondos de la suscripción nacional  abierta por la Asociación de Señoras Caritativas, fundada por la Reina Victoria Eugenia para atender a las víctimas de la Campaña del Rif de 1909. Parte de estos fondos se entregaron a la Comandancia General de Melilla con el fin de levantar un Mausoleo donde descansaran los fallecidos en las Campañas. Fue bendecido el 8 de junio de 1915 por el Vicario Eclesiástico, don Miguel Acosta. Presidió la ceremonia el General Villalba, con su ayudante Comandante García Álvarez y el capitán de Ingenieros (continuador de las obras) Sr. Moreno Lázaro.
Los restos de los defensores del Blocao de Dar Hamed, (El Malo, o de la Muerte) pertenecientes a la Brigada Disciplinaria y Tercio, fueron sepultados en el osario de tropa del Panteón de Héroes el día 9 de febrero de 1924. En el libro 13, página 686, están los nombres de los pertenecientes al Tercio.
El traslado de los restos, que había enterrados por los distintos cementerios eventuales del Protectorado de España en Marruecos de los que fueron exhumados los restos mortales, fueron enterrados en este Panteón, se verificó transcurrido el tiempo reglamentario y revistió una gran solemnidad. Estos cementerios se hallaban en las siguientes posiciones y campamentos:
Hardú, Casabona, Tahuima, Tauriat-Zag, Rauriat-Buchit, Tumiat-Norte, Atlaten, proximidades de San Juan de las Minas, Zoco el Ach, Huerta de S.E., Tizza, Yazanen, Tifasor, Sammar, 2ª Caseta, Sidi Hamed el Ach, Sidi Musa, Sidi Alí, Zaio, Kaddur, Izhafen, Ras Medua, Tauriat Hamed, Zoco el Arba, Restinga, Harcha Alto, Yadumen, 3ª Caseta, Cabo de Agua, Ait Gamara, Igueriben, Tuguntz, Yebel Ben-Hidur, Sidi Hosain (Afrau), Farha, Axdir Azús, Mon. Mimúns Uguas, Afsó, Anual, Buermana, Buhafora, Telatza de Eslez, Quebdani, Tisingar, Timayast, Tar-Saf, Kandussi, Sidi Mesaud, Yebel Udia, Posición B, Dar Busada, Reyen, Boquete Eslef, Tizi Alma, Loma Roja, Zoco T’lata de Bu Beker, Tasarut u Chaib.
En septiembre del año 1926 se enterraron los restos de los oficiales y soldados muertos en Alhucemas durante el cautiverio (tras el Desastre de Annual), en una gran fosa que existe junto a este Panteón de Héroes.  
Así mismo, el 15 de septiembre de este mismo año, los restos de los defensores de Igueriben recibieron sepultura en un nicho de dicho Panteón, y al acto asistió la viuda del Comandante Benítez. Nicho que fue cubierto con una lápida, costeada por la propia viuda, en la que hay grabada la siguiente inscripción: Restos mortales de los héroes defensores de la posición de Igueriben, que al mando del comandante de Infantería D. Julio Benítez y Benítez, prefirieron morir a rendirse, el 21 de Julio de 1921.
Posteriormente en un acto de gran emotividad se terminaron de enterrar los restos que había en cementerios provisionales del Protectorado (ocurriendo esto el día 2 de agosto de 1929) y entre los mismos venían los del Comandante Benítez.
Y fue durante los meses de agosto, septiembre y octubre de 1949 cuando recibirían sepultura los restos del cementerio de La Cruz de Monte Arruit en la cripta del monumento, donde se contabilizaron más de 3.000.cráneos.
En las dos fosas comunes que existen al pie del monumento, fosas conocidas hoy día como “Las Animas”, donde fueron enterrados restos que se encontraron posteriormente.
En este Panteón de "Héroes" están enterrados otros 22 laureados.
A las 12 horas del viernes 5 de junio de 2015, con motivo del centenario de la bendición de este Panteón, y coincidiendo con la Semana de las Fuerzas Armadas, la Comandancia General de Melilla realizó un emotivo y merecido acto en el cual colocaba un placa conmemorativa.
Un acontecimiento que concitó a un gran número de militares y civiles. Presidió el acto el Comandante General de Melilla don Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu, que estuvo acompañado por el presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla don Juan José Imbroda y el delegado del Gobierno don Abdelmalik el Barkani entre otras representaciones militares y civiles.

                  
                                                       Ángel del Panteón de Héroes

EL DISCRETO HOMENAJE A UNA HERENCIA GLORIOSA
Mucho se ha escrito y mucho más habrá de escribirse, acerca del día en que nuestra Legión fue fundada por Millán Astray. Cada 21 de septiembre, los medios de comunicación de Melilla han reflejado de forma tradicional esos entrañables actos que año tras año se celebran en el acuartelamiento del 1º Tercio de la Legión, en Cabrerizas.
Mi condición de visitante de esta hermosa ciudad, unido por razón de matrimonio con una melillense, me hizo un buen día ser honrado con la visita a La Legión, de la mano de dos conocedores a fondo de la historia, gestas y hechos  de la Comandancia General de Melilla, D. Manuel Tomás Galán y D. José Antonio Cano Martín, que con su erudición me asombraron con la amena y detallada explicación de la rica historia que nos rodea. Esto me llevó, como no, a convertirme, con los años en un incondicional del Homenaje a la Fundación de la Legión, cada 20 de septiembre, al que siempre trato de acudir, desplazando cualesquiera compromisos para no faltar en tan señalada fecha.
Sin embargo, el regusto de satisfacción de los asistentes al acto castrense, que se llevan la mejor de las impresiones con el afecto y gallardía que las Damas y Caballeros Legionarios despliegan con los visitantes,  hacen casi pasar desapercibido uno de los actos más emotivos e íntimos que tienen lugar en Melilla a la mañana siguiente.
Es el día 21, verdadero colofón de unos días de celebración y fiesta, cuando en el Cementerio de Melilla, con el Panteón de La Legión como protagonista principal, acoge el lugar señalado para un nuevo acto castrense: El Homenaje de La Legión a sus Caídos.
Si el amable lector acude cada mañana de 21 de septiembre al pequeño cementerio melillense, última morada para tantos héroes anónimos y conocidos, se encontrará con una alegre profusión de camisas verdes y chapiris legionarios. La Legión está en el Camposanto y por algo será.
Una vez dentro, nos acercamos junto al Panteón legionario a cuyo alrededor se concentran ya los oficiales del Tercio, prestos a rendir honores a todos aquellos de los suyos, legionarios, que cayeron en el cumplimiento de un deber sagrado. Se encuentra formada la banda de guerra del Tercio y un pelotón de fusileros. De súbito el cornetín de órdenes manda firmes. Un silencio imponente se adueña del lugar y militares y civiles se unen en un sentimiento profundo de respeto y orgullo por el sacrificio de aquellos a los que hoy honramos. Suena “El Novio de la Muerte”, crisol y síntesis del espíritu legionario y  nada se mueve, todo es silencio aparte del canto que surge de cien gargantas como de una sola.
Sin dar tiempo a recuperar la emoción del momento, es entonces cuando un capellán castrense reza una sencilla oración, la que los vivos dedican a los muertos, la que todos enviamos con fervor a unos hombres que supieron vivir, pero que mejor supieron morir.
El Honor a los Muertos, el toque de oración y los fusiles que disparan hacia el cielo son el epílogo de un sentido homenaje, discreto y cálido que rinden todos los Caballeros y Damas legionarios a los suyos.
Es un homenaje discreto, profundamente legionario, donde los civiles que nos unimos a ellos con respeto y admiración formamos con esa marea verde oliva un todo común. No hace falta hablar, ellos lo saben; unos pocos, venidos adrede o espectadores de fortuna que vinieron a visitar la última morada de los suyos, dejamos nuestro quehacer porque La Legión nos quiere con ellos y les acompañamos con gratitud.
Pero para este humilde forastero no deja de ser un hecho curioso el comprobar como ese acto sencillo y profundo no tiene el reflejo en los medios de comunicación melillenses, casi nadie lo sabe y en cambio es este acto militar el compendio de virtudes y glorias que han honrado y honran a nuestra querida Legión española.
Quizá es mejor así, seguir siendo un pequeño homenaje pues no es un acto pomposo ni con pretensiones. Es un reconocimiento humilde a lo más grande que tiene un hombre, la renuncia a la propia vida por un glorioso Ideal. ¡La Legión sabe de ello!           Manuel Ramos Boronat


Tumba de la R. A. F.
El jueves 15 de junio de 1944, un hidroavión de la RAF, perteneciente al 202 Escuadrón y matricula JX258, que efectuaba una misión de vigilancia en el Mediterráneo, se estrelló en la Península de Tres Forcas.
El accidente que se produjo a las 1`20 horas de la madrugada, tuvo lugar junto a la carretera que conduce al faro de Tres Forcas, chocando el avión contra el talud de la misma, explotando e incendiándose instantáneamente. Su tripulación compuesta por nueve hombres murieron en el acto.
El accidente se localiza a unos 6'2 kilómetros contados desde el antiguo puesto fronterizo de Tres Forcas de Melilla, justo encima de la carretera (pista), lugar situado aproximadamente en la vertical del Morabo de Takak.
Al día siguiente fueron enterrados en el cementerio de la Purísima Concepción de Melilla, en la Parcela nº 2 (ampliación). La tumba fue costeada por el Ejército del Aire español, cediéndosela a perpetuidad a la RAF por acuerdo Municipal del mes de septiembre de 1949.


La capilla del cementerio
La capilla del cementerio de la Purísima Concepción, ocupa un lugar preferente del primer recinto, inmediatamente después de un breve camino entre cipreses, frente a la puerta de entrada.
Dicho sacro lugar, es de una sola planta de traza rectangular y de reducidas dimensiones. Se penetra en la capilla, por varios peldaños y su interior está severamente decorado y su gusto y estilo es moderno después de su última restauración.
El altar ocupa un pequeño ábside, donde se venera una bella imagen de la Inmaculada Concepción. La mesa, frontal, gradas y sagrario, son de mármol blanco. También posee diversos aparatos de luz eléctrica, que artísticamente instalado, iluminan la capilla en los actos del culto (penden del techo dos vistosas arañas de cristal).
El exterior de esta capilla, es sencillísimo y en el frontis una “campana” con su triste tañido anuncia la entrada de cuantos rinden tributo a la muerte.
Aparte de esta capilla principal y única diríamos, tiene esta necrópolis algunas capillas menores o más propiamente altares para celebrar:
- En el Panteón de los Héroes de las Campañas de 1893 (conocido como Panteón de Margallo).
- En el Panteón de Héroes de las Campañas.
- En los Panteones de los Grupos de Regulares de Melilla nº 2 y de Alhucemas nº 5.
- Los de las familias de los señores Montes y de Espinosa.
Como datos complementarios, añadiremos que las guerras obligaron a improvisar cementerios alrededor de los campamentos militares en el Protectorado de España en Marruecos. Mereciendo citarse el de la Segunda Caseta, que quedó totalmente cubierto por las aguas al abrirse la Bocana de la Mar Chica, en el año 1910. Así como los de Monte Arruit, Zeluán, La Restinga, Nador, Ishafen, Cabo de Agua, Hardú, etc.




CEMENTERIO HEBREO
El primer dato que poseemos de los enterramientos de la Comunidad Judía de Melilla (que aparece configurado por D. Francisco Mir Berlanga) data del año 1860 en que se crea una parcela separada por un muro del Cementerio de San Carlos y que estaba situado junto al Fuerte de este nombre.
El 1 de enero de 1892 se inaugura el nuevo cementerio de la Purísima Concepción y junto a él se construyó una parcela para la Comunidad Judía.
El número de israelitas enterrados en el cementerio de su comunidad, es de 2.779, ignorándose el número de los que están inhumados en el viejo cementerio judío, junto al de San Carlos. No ha podido ser eliminado por los preceptos de la Ley Mosaica. Estos preceptos prohíben el traslado de cadáveres y de restos humanos.
Se trata de una parcela de unos trescientos cincuenta metros cuadrados. En ella pueden reconocerse unas veinte tumbas con inscripciones y fechas del siglo pasado.
El cementerio actual ha sido ampliado en varias ocasiones. En la actualidad existen problemas ya que el espacio disponible es mínimo.
En este nuevo cementerio, reposan los restos mortales de Yamin Benarroch, cuyo sepelio constituyó una gran manifestación de pesar de todas las comunidades, y las de León Levy Bendahan melillense muy relacionado con la Cruz Roja y con la cultura.


                                                                                                                    Melilla, 10 de junio de 2015

José Antonio Cano Martín

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