lunes, 30 de agosto de 2010

1910: LA PRIMERA GRAN FERIA DE MELILLA

Los festejos patronales de nuestra ciudad tienen su origen en el año 1571, pues fue a partir de entonces cuando se tiene por Patrona a Nuestra Señora la Virgen de la Victoria.
Si bien sus celebraciones no adquirieron carácter de Feria, tal como hoy la entendemos hasta el año 1903, cuando la Junta de Arbitrios decidió que los periodistas, aquellos que habían traído el desasosiego a la ciudad al divulgar la guerra civil desatada en el entorno fronterizo marroquí, fueran los encargados de organizar los primeros grandes festejos patronales, Feria de Melilla. Entonces nuestra ciudad contaba con una población cercana a los 10.000 habitantes, de los cuales 5.800 eran civiles y 3.500 componían su guarnición militar.
Anteriormente, en los años 1901 y 1902 se celebraron festejos coincidiendo con la festividad del Corpus y coronación de Alfonso XIII. Las dos primeras ferias, en los años 1903 y 1904, tuvieron como marco el Paseo del General Macías y calles adyacentes del Barrio del Mantelete, más al iniciarse la construcción del Puerto e instalarse en ese paseo vías férreas, las autoridades con buen criterio decidieron trasladarlas al Parque Hernández y Plaza de España.


En 1909 no pudieron celebrarse los festejos patronales al iniciarse el 9 de julio de ese año la Campaña del Rif. Guerra que trajo consigo la multiplicación de la población civil y militar, pues la primera pasó de 12.000 a 21.000 habitantes, mientras que la guarnición llegó a superar la cifra de 40.000 soldados. Tendencia alcista que únicamente se mantuvo entre los civiles, quienes entre primero de año y el 15 de septiembre de 1910 aumentaron en 5.163 personas. Todo ello hizo que muchos deseasen unos festejos en 1910 superiores a los anteriores, más la falta de estímulo, fondos municipales y ausencia de una Comisión de Festejos permanente lo impidieron. No obstante se derrochó ilusión e ingenio en todo cuanto se realizó.
Vista aérea del Parque Hernández, escenario habitual de celebración de las ferias de Melilla desde el año 1905

Programa de los festejos de 1910
Pocas fechas antes de su inicio la población de Melilla conoció las actividades previstas para celebrar los festejos patronales de la ciudad gracias a su publicación en las páginas del diario El Telegrama del Rif.
Al igual que ocurriera en la edición anterior de 1908, se proyectaron los festejos para que tuvieran lugar entre los días 8 y 13 de septiembre inclusive. Comenzaron el jueves 8 con la tradicional Diana y Cabalgata por los barrios de la ciudad, función religiosa en la iglesia parroquial, inauguración de la tómbola benéfica y ya por la noche con la iluminación y música tanto en el Parque Hernández como calle Chacel, actual Avenida. Constituyendo la utilización de la Avenida una novedad seguramente destinada a acoger a parte de la aumentada población local, descongestionando el Parque.
Sin embargo el baile popular celebrado en la Avenida en la tarde del segundo día de Feria resultó un fracaso, al negarse los concurrentes a danzar ante tanto público.
También en esta jornada inicial, a las diez de la noche se pudo contemplar la primera vista de fuegos artificiales. Teniendo lugar la segunda el domingo 11 sobre el Cerro de Santiago.
Hubo competiciones de regatas y cucaña en la rada, magno concierto con la actuación de todas las bandas de música de la guarnición, carreras de bicicletas y burros, y a modo de colofón en la última noche el desfile de una Gran Retreta Militar.
Actos que siempre estuvieron acompañados con los habituales puestos de buñuelos, barracones de espectáculos, casetas y atracciones diversas
En estos eventos lúdicos ejerció la presidencia de la Comisión de Festejos de la Junta de Arbitrios, el señor José M. Repiso, oficial auditor.
En los días previos al inicio de los festejos el general José Marina dejó el mando de la Plaza y al igual que ocurre en el presente año 2010, los musulmanes comenzaron a celebrar el mes sagrado del Ramadán.


Sin espectáculos taurinos
Una novedad de las fiestas patronales del verano del año 1910 fueron la ausencia de las tradicionales corridas de novillos que se celebraban en la plaza de toros del antiguo barrio de Triana, hoy denominado Industrial, y que estuvo ubicada aproximadamente donde hoy tienen sus instalaciones las empresas GASELEC y CABLEMEL.
Un modesto coso levantado en 1902 para celebrar la mayoría de edad del Rey Alfonso XIII, construido en mampostería y madera por una sociedad formada por gente de Melilla y que costó la suma de 35.000 pesetas. Plaza que solía ofrecer malos espectáculos por la ausencia de profesionales del toreo así como auténticas reses bravas.
Unas tan desaliñadas y continuadas faenas que acabaron con la afición local a la fiesta nacional. Así en el transcurso de los festejos de 1908 se celebraron en ella las últimas corridas de novillos, para a continuación ser desarmada y aprovechada su madera por la minera Compañía Norte Africana.

Monsieur Blondin
Sin ningún género de duda una de las mayores atracciones de estos festejos patronales estuvo representada por los ejercicios de funambulismo realizados por monsieur Arsn Blondin.
Su primera actuación se anunció para el lunes 12, más por razones meteorológicas o físicas, ésta se demoró hasta el día siguiente. Y en vez de tener lugar en el Parque Hernández como inicialmente se indicó, se desarrolló la demostración circense en la Plaza del Campo, actual Plaza de España. Ante tal enorme gentío que media hora antes del espectáculo las autoridades tuvieron que interrumpir la circulación de carruajes.
Comenzó la actuación funambulista a las cinco y media de la tarde y a pesar del viento de Poniente, que hacía aún más peligroso el ejercicio, Monsieur Blondin recorrió el cable empuñando el balancín con gran soltura. Recibiendo por ello una gran ovación por parte del público, que atónito observó como el artista exultante de optimismo volvió a cruzar el cable, pero esta vez con los ojos vendados y además hizo piruetas sobre el centro de la plaza. Magnífico espectáculo que el vecindario supo agradecer con atronadores aplausos.
Ejercicios de funambulismo
Con este título nuestro admirado José Ferrin ( Málaga, 1870 – Melilla, 1933 ), redactor jefe de El Telegrama del Rif deleitó a los lectores de su periódico en la edición del martes 13 de septiembre de 1910, acerca de la gran expectación creada por el inefable señor Blondin.

“Para ver los ejercicios
de Blondin, hombre funámbulo,
se congregó en nuestro Parque,
poco después de las cuatro,
todo lo más escogido
de la plaza y de los barrios,
amén de muchas niñeras
y una legión de soldados.
Más a pesar de este exceso
de concurrencia, los pájaros
fueron los únicos seres
que por los aires vagaron,
pues Blondin se quedó en tierra
y el público soberano
tuvo que volver a casa
sin ver al hombre funámbulo.
Esta tarde, según dicen
informes autorizados,
Blondin, vestido de corto,
realizará los trabajos
anunciados para ayer.
Martes y trece, ¡ lagarto !
Dios coja al pobre Blondin
cuando menos confesado”.

El señor Blondin, que había llegado a Melilla el 29 de agosto, no quiso despedirse de la ciudad sin antes pretender ofrecer una función gratuita en honor de la guarnición.
Recordemos que este señor, que también fue domador de fieras, fue muy popular en la Melilla de comienzos de siglo, así como su hijo, músico que ejerció de instructor de la banda del Roghi Bu Hamara en Zeluán.

Chicas casaderas
Otra atracción de la Feria de Melilla fue el espectáculo gratuito de ver pasear junto a los jardines a los grupos de señoritas en busca de novios. Toda una atracción que igualmente mereció la atención de nuestro conocido periodista y poeta festivo José Ferrin en las páginas de El Telegrama del Rif del día 11 de septiembre de 1910:
“En el Parque
Nutridos grupos de hermosas chicas, seguida de otros de tenorios de ocasión…
¡ Oh, jóvenes amables
que, con seguro paso,
al parque dais mil vueltas
sin pizca de cansancio,
seguidas de una turba
de novios de verano!
No hacer gran caso de ellos,
pues son, al fin y al cabo,
los mismos pretendientes
que, por pasar el rato,
siguieron a otras niñas
en anteriores años.”
Los paseos de las chicas en aquella Melilla de 1910 en muchas ocasiones resultaron fructíferos, pues como el mismo José Ferrin escribiera aproximadamente un mes antes, el 5 de agosto: “Todas se casan.
Así dicen los anuncios
en que de boda se habla,
y así viene sucediendo
en esta Plaza africana
desde que finó la guerra
a que el moro nos llevara.
Por razones que yo ignoro,
Hoy todas, se casan,
Las morenas y las rubias,
Las horribles y las guapas…”

Fiesta de bicicletas
Las competiciones ciclistas también alcanzaron protagonismo en la Feria melillense de septiembre de 1910.
Programada inicialmente para el sábado 10 de septiembre, segunda jornada de festejos. Consistió en la celebración de una carrera de cintas sobre bicicletas organizada con todo lujo de detalles, tales como que los corredores serían dieciocho, todos uniformados con jersey y pantalón corto de clase y color a elegir, además de medias y zapatos. Las cintas llevarían un número correspondiente a un premio a entregar al participante que la saque de su carrete provisto de anilla, con un palito.
Todos los jugadores marcharían a igual velocidad y mantendrían entre ellos la misma distancia. Quienes además no pudrían colocar los pies en el suelo desde diez metros antes del lugar donde estaban colgadas las cintas.
Como entonces era habitual, las cintas fueron confeccionadas y bordadas por señoritas de la localidad. Y entre los participantes lo más florido y adinerado de la sociedad, destacando entre éstos a Juan Brunet, propietario de los grandes almacenes "La Reconquista"; Miguel Vila, entonces socio de los Hermanos Boix en el negocio de la papelería y años más tarde propietario del establecimiento de papelería, fotografía e imprenta Posta Exprés, actual Cooperativa Gráfica Melillense; Conrado Astigarraga, gran aficionado al ciclismo y que tiempo después ejerció de concesionario de automóviles; Rafael Fernández, que posiblemente fuera Rafael Fernández de Castro y Pedrera, periodista y luego Cronista Oficial de Melilla y finalmente Agustín Silva, suboficial del Ejército, fotógrafo y hombre ligado al desarrollo del automovilismo e la ciudad a partir del año 1921, e impulsor tras la guerra civil de la antigua Cofradía de Semana Santa que existió en el Barrio del Real.
Levantó tal expectación esta prueba ciclista entre los melillenses, que el día y hora previsto, a las cinco y media de la tarde, era tal la aglomeración de público variopinto en el paseo central del Parque Hernández, que éste quedó insuficiente, pues el enorme gentío rebasó los límites establecidos de seguridad y los ciclistas apenas podían maniobrar. Obligando a algunos de ellos a retirarse. Situación por la cual los organizadores se vieron forzados a aplazar la celebración del evento al día siguiente.
La más perjudicada fue la empresa concesionaria del alquiler de las sillas existentes en el Paseo central del Parque, pues fueron numerosas las que quedaron inservibles.
En la nueva convocatoria el marco elegido fue la prolongación del Parque Hernández, la amplía calle Carlos Ramírez de Arellano. donde un ansioso público encontró mejor acomodo gracias a la diligencia del Sr. Alemán, jefe de Orden Público en la ciudad. Además la tribuna que se había levantado para la ocasión se trasladó a la nueva ubicación, para ser ocupada por las bellas señoritas que habían cedido las cintas.
Por fin se pudo celebrar la esperada fiesta ciclista que fue amenizada con escogidas piezas musicales interpretadas por la Banda del Regimiento de Melilla.
El señor Anselmo Boix, empresario del ramo de papelería fue el encargado de ordenar la salida. Y constituyó tan rotundo éxito la prueba y los participantes pusieron tanto empeño como vehemencia, que algunos rodaron por la calzada, sin sufrir daños de importancia. Si bien no ocurrió lo mismo con sus máquinas, pues dos bicicletas se rompieron a consecuencia de sendas aparatosas caídas.

Regatas y cucañas
Celebradas en la rada, pudieron ser contempladas por numeroso público desde los muelles y murallas de Melilla la Vieja.
La primera regata contaba con un premio de cien pesetas destinado a la primera embarcación de cuatro remos que en cinco minutos lograra avanzar mil metros. Lográndolo la denominada “Cometa Halley”. Mientras que la segunda y última regata, destinada a embarcaciones provistas de seis remos, tuvo un premio de 140 pesetas, estuvo más disputada y logró la victoria la capitaneada por Ángel Morán tras recorrer mil metros en cuatro minutos.
Una vez concluidas las competiciones de regata, comenzaron las de cucaña, también amenizada por la música del regimiento de San Fernando. Se dieron tres premios, de 25, 20 y 15 pesetas entre aquellos jóvenes bravos que la superaron, al mismo tiempo que el público disfrutó de las numerosas situaciones cómicas que dan a lugar estas pruebas.

Prorroga
Resultado de la enorme animación que gozaron todas la actividades programadas de estos festejos, la Comisión organizadora decidió ampliarlos añadiendo un número exótico, típico del vecino país: Una corrida de la pólvora ejecutada magistralmente por una treintena de jinetes rifeños a las cinco de la tarde del 14 de septiembre en el antiguo Barrio de Triana.
El espectáculo constituyó un gran éxito y los jinetes vestidos con lujo sobre hermosos caballos, miembros de la policía indígena de Atlaten, Nador y Zoco el Had, fueron muy aplaudidos. Recibiendo además de dinero, entradas gratis para asistir a la función de noche del Teatro de Verano.
Y ya como remate, en la noche del 14 también se celebró una velada extra en el Parque, aunque existió incertidumbre acerca de la posibilidad de ejecutarse, por la falta del necesario carburo destinado a la iluminación, que llegó a última hora.
A pesar de la finalización reciente de la Campaña del Rif, en estos festejos de 1910 no se recordó a ésta. Seguramente en un intento por olvidar las desgracias. No sucediendo lo mismo con los festejos de los años 1912 y 1913, en los que respectivamente se celebraron con derroche de medios la finalización de la Campaña del Kert y completa pacificación del Marruecos español.

Reclamo turístico
Terminados los festejos y la vista de su éxito. Fueron numerosos los melillenses que convinieron en que había llegado el momento de potenciar las próximas fiestas patronales, con vista al mejor disfrute de un vecindario ya numerosos así como atraer gente de la península y Argelia, donde existía una gran población española.
Una aspiración que se mantuvo durante muchos años, pero que entonces contaba con la ventaja de que se había mejorado recientemente las comunicaciones marítimas. Y tenía como meta inmediata la constitución de un Comisión Permanente de Festejos, algo al alcance de la mano luego de que la Junta de Arbitrios ( Ayuntamiento ) hubiera alcanzado tan solo unos días antes mayor autonomía y dejara de depender de la Capitanía General a la hora de confeccionar los programas de festejos públicos.
El Turismo como fuente de ingresos para la economía melillense, se mantendría como aspiración de los dirigente de la ciudad durante muchos años. Más no sería hasta la completa pacificación de Marruecos, en 1927, cuando se dieran las condiciones necesarias para su desarrollo.


Juan Díez Sánchez

( de la Asociación de Estudios Melillenses )


Artículo publicado en el diario Melilla Hoy, suplemento Feria de Melilla, el sábado 28 de agosto de 2010