viernes, 5 de agosto de 2011

Zeluán 1921

“Mientras yo viva, las mujeres y los niños, especialmente no carecerán de agua”, Alcazaba de Zeluan: D. Tomás López Sánchez, veterinario 2º del Cuerpo de Veterinaria Milita

Alcazaba de Zeluán






. Tomás López Sánchez, veterinario 2º de Intendencia
Don Tomás López Sánchez, había nacido el 30 de enero de 1890. Tras estudiar veterinaria, opositó al Cuerpo de Veterinaria Militar, ingresando en el mismo, el 30 de septiembre de 1913 y dos años más tarde, tras superar el plan de estudios establecido y aprobar los exámenes, fue promovido al empleo de Veterinario 3º del Ejército, que equivalía al empleo de Alférez. Tiempo más tarde, sería promovido al empleo de Veterinario 2º (teniente). Estaba destinado en la Comandancia de Intendencia de Melilla, en la 7ª Compañía montada, el 22 de julio de 1921, se hallaba destinado en Monte Arruit. Estaba casado con Ana, matrimonio del cual, hubo tres hijos, Juan Antonio, de 5 años, Carmen, de 4 y Ana que en 1921, apenas alcanzaba el año de edad. La familia, residía con él en Monte Arruit, aquel caluroso verano de 1921. Por los méritos y comportamiento observado durante el asedio y combates habidos en Zeluán, fue propuesto para la Cruz de la Real y Militar Orden de san Fernando, cosa que todo y los esfuerzos dedicados por su esposa y algunos periodistas, no prosperó. (3).

De aquel desastre militar que sufrieron nuestras tropas en el verano de 1921, en que la Comandancia de Melilla, nadie escapó. Junto a los Regimientos de Caballería, marchaban entre otros, los veterinarios militares. Uno de ellos, que estaba destinado en Monte Arruit, formando parte de su guarnición y que junto a él, vivía su esposa y sus tres hijos, era el Veterinario 2º D. Tomás López Sánchez, hombre que fue propuesto para la más alta distinción militar en época de guerra, la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando. Después de mandar a su esposa e hijos a Melilla, en el último tren que salió de la posición de Monte Arruit, se quedó con los que aquella guarnecían y a la que se unieron las tropas que retiraban en verdadera desbandada acosadas por las fuerzas de Abd-El Krim-el Jatabi. Enviado a Zeluán en busca de refuerzos y municiones, a esta arribó tras sortear mil y un peligros y escapando de los tiradores rifeños. Ya no pudo regresar a Monte Arruit, dado que cuando se disponía a volver con sus compañeros, se encontró con que los que habían logrado escapar de la carnicería ocurrida allí, arribaban a Zeluán, donde ya se quedó, participando de forma heroica en su defensa, entregando su vida en el combate. De aquellos hechos, el rotativo madrileño “ABC” del 23 de octubre de 1921, narraba los hechos en que el Veterinario 2º D. Tomás López Sánchez, se vio inmerso. Dichos sucesos, fueron dados a conocer a la opinión pública de la forma siguiente por D. José Ortega Munilla, bajo los titulares “…Correo del Soldado: Los Veterinarios Militares, Tomás López Sánchez y sus heroicos compañeros…” (1) :

“…Lo que aquí he de escribir, utilizando datos irrebatibles, tendrá el carácter de una revelación y el de una obra de justicia reparadora. Sintesís de ello: el Cuerpo de veterinarios militares de Marruecos ha realizado en los combates que tanto emocionaron a España actos múltiples de bravura. Aún no han sido narrados. Apenas alguna leve y confusa referencia. Verdad es que en esta tierra hay notable facilidad para la acerba condenación y desdén para los méritos, por lo que va sembrándose en los ánimos de los buenos el desmayo y la desesperanza. Y tratándose del humilde Cuerpo a que aludo, hay que vencer la resistencia de los indiferentes, para que la luz resplandezca y para que la recompensa nacional llegue

Empezaré manifestando que se ha abierto juicio contradictorio para la concesión de la laureada de San Fernando al veterinario segundo D. Tomás López Sánchez, por su heroico comportamiento en la defensa de Zeluán, con ocasión de los terribles acaecimientos de Julio último… El verídico y elocuente relato dice así: “López Sánchez estaba destacado en Monte Arruit, donde vivía con su esposa y sus tres hijitos. Al saber que iban a ocurrir, López envío a su familia en el último tren que pudo efectuar el recorrido. Él quedó en su puesto… Recibió orden del comandante de la posición de ir a Zeluán en demanda de municiones. Rompiendo el cerco enemigo, evitando el fuego de los fusiles que en la negrura de la noche buscaban víctimas, llegó López Sánchez a Zeluán y cumplimentó lo que se la había mandado. Intentó regresar a Monte Arruit, pero ya entonces llegaba la fuerza en retirada”. Permaneció en Zeluán, donde ejecutó prodigios que es de equidad que salgan a la vista de los españoles. El jefe de caballería D. Francisco Bravo –uno de los salvados en esta tragedia- escribe: “El enemigo nos hostilizaba constantemente desde el cementerio, donde se había atrincherado, imposibilitándonos la aguada. El capitán Carrasco de la Policía, jefe de la posición, pidió voluntarios para una salida, con el propósito de desalojar a los harqueños de sus defensas; Tomás López acudió en el momento, y con otros veinte bravos, de todas las armas, realizó la asombrosa salida matando a 16 moros que ocupaban la trinchera. Aquel día conseguimos realizar la aguada sin contratiempo. Esta empresa la repitió López Sánchez otra vez: cercó a los hostiles, mató a los que no huyeron y recogió muchos picos y palas que los rifeños empleaban para atrincherarse, y que nos sirvieron para abrir un pozo; desgraciadamente no dio agua, y siguió el martirio de la sed”.
Y concluye la narración del Sr. Bravo con una frase que es un epitafio: “Cuando se rindió la Alcazaba, de cuya defensa había sido el alma, le ví por última vez (a López Sánchez), y no sé la suerte que correría.

No hay duda respecto a lo que pasara. El veterinario D. Tomás López Sánchez añadiría a su calidad de héroe la de mártir. Los rifeños no perdonarían al bizarro combatiente sus salidas al cementerio, donde tanto daño les produjo, ni la incansable defensa de Zeluán.

Para ese hombre se pide la laureada. No es la primera que han ganado los veterinarios; pero si se otorga será la única.

Hace poco más de un año, el veterinario segundo D. Manuel Ulierte, de Policía indígena de Melilla, contrajo sobrados méritos para alcanzar el preciado honor durante las operaciones seguidas para dominar los poblados de Tafersit, asistiendo a soldados en la línea de fuego, retirándoles a hombros hasta ponerlos a salvo, volviendo al lugar del riesgo. Jugando con la muerte para encontrar en esa liza la salud de los otros. Todo sin premio hasta el presente… ¡Odiosa injusticia!.

Sin referirme sino a los sucesos de Julio postrero, es lo cierto que 11 oficiales veterinarios prestaban servicio en la rota de Annual- llamémosla así, aunque otro nombre mejor correspondía-, Pues bien; de esos 11, cinco han muerto o desaparecido…No concluye con estas cifras el padrón herocio de los veterinarios. Los oficiales segundos del glorioso instituto D. Tomás López, D. Enrique Ortiz, y D. Luís del Valle han muerto gloriosamente luchando como bravos…Luís del Valle, un mozuelo, casi un niño, con las fuerzas a que estaba agregado, peleó tenazmente contra un enemigo infinitamente superior; y cuando toda resistencia era inútil, cuando la legión de valientes de que formaba parte fue exterminada, rompió su sable, menos templado que su alma, y encomendó a su pistola que le evitase la indignidad del cautiverio…

D. Enrique Ortiz, destacado con fuerzas indígenas en la primera línea de posiciones, lucho denodado en una retirada épica. Se vió acorralado por un núcleo de enemigos que le arrebataron su pistola. Continuó defendiéndose briosamente y consiguió llegar con un resto exiguo de la fracción de que formaba parte a Zeluán. A esa defensa contribuyó eficazmente y al capitular fue vilmente asesinado.

Así tantos y tantos soldados y jefes de la Veterinaria Militar. No cabe en estas páginas mi entusiasmo. En la ocasión presente todo son quejas, agravios, denuedos para el Ejército de Marruecos. El Parlamento ha evidenciado una vez más su apartamiento del sentir generoso de los ciudadanos.

Conste que los olvidados, los desdeñados,, los preteridos han dado la más alta señal de sus sacrificios.

¡Gloria a los veterinarios militares!. La excelsa cruz que se solicita para D. Tomás López Sánchez será el pago de un antiguo débito.

No olviden los desafectos a ese Cuerpo admirable que Pasteur empezó siendo veterinario y concluyó siendo la mayor gloria de Francia.

Y estos que vencieron a la muerte allá en Marruecos, están sobre todas las clasificaciones humanas: llegaron a la esfera heroica…Basta eso a su elogio. J. Ortega Munilla…”

Crónica de una despedida
El Veterinario 2º, D. Tomás López Sánchez, antes de vivir los hechos que le esperaban en Zeluán y que le costarían la vida, se hallaba destacado en Monte Arruit junto a su familia, compuesta por su esposa Ana y sus tres hijos de corta edad, a Juan Antonio, de cinco años, Carmen de 4 y la benjamina de la familia, Ana que aún no había cumplido el año. Tras los hechos de Abarrán e Igueriben, le tocaba el turno a la posición de Monte Arruit, López Sánchez, temeroso de lo que pudiera pasar, mandó el 23 de julio a su familia a Melilla en el último tren de la noche. La despedida de López Sánchez de su familia, ignorantes estos de que no le volverían a ver, quizás temerosos de la suerte que pudiera correr D. Tomás, quedó recogida en “España en sus Héroes de la forma siguiente (textual) (2):

“…La despedida fue dolorosa, su mujer tiene en brazos a Anita que aún no ha cumplido el año; el padre lleva de la mano a Juan Antonio y Carmen, de cinco y cuatro años. Ella está asustada y le insta a que les acompañe a Melilla,

“Aunque regreses después de dejarnos instalados allí”.
“No es posible Ana, tú sabes que mi deber está aquí, la Patria está en peligro y todos podemos ser necesarios. Aunque las cosas han empeorado, todo se resolverá bien y muy pronto. Dentro de pocos días estaréis de vuelta”-
“Tengo miedo, Tomás, especialmente por ti y por los niños.”
“No tengas preocupación, verás como no me pasa nada. Los niños contigo estarán seguros en Melilla”.
“Y si asaltan el tren, ¿qué será de estos pobres hijos?.”
“El tren va custodiado y el campo está tranquilo hasta Melilla. Apresuraros, que el tren va a partir”.
“Escríbeme, tenme al corriente de cómo estás”.
“Sí, lo haré a diario”.
El tren con un lastimero silbido se perdió en la oscuridad de la noche…”

A la mañana siguiente, el capitán jefe de la posición, Sr. López Vicente, comisionó al veterinario 2º D. Tomás López Sánchez, para ir a Zeluán en demanda de municiones, orden que este último cumplimentó de inmediato, partiendo a caballo. Ya no podría regresar al ser sitiado y caer Monte Arruit.

Las fuerzas militares destacadas en Zeluán
La guarnición militar de Zeluán, era inicialmente, una guarnición pequeña, ya que al perecer se componía a fecha del 22 de julio de 1921, de 64 hombres. Esta cifra, se vio incrementada debido a unos 450 hombres, debido a los fugitivos que a ella llegaban. De estos, eran útiles dos días más tarde, algo menos que la mitad, unos 200 aproximadamente debido al estado en el que se hallaban. A ellos, se había incorporado la columna que días atrás, había organizado el general Navarro en Drius, la cual bajo el mando del capitán Galbis, debía de dirigirse a Melilla con restos de material de guerra susceptible de ser reparado y tropas en peor estado o desmoralizadas. La escolta de dicha columna, la componía un Escuadrón de Caballería del Regimiento de Alcántara 14, el cual, se hallaba bajo el mando del Teniente Cantalapiedra y el Alférez Maroto. Este convoy que partió de Drius sobre las 20:00 horas del 22 de julio, jamás llegó a Melilla ya que a su arribada a Zeluán defenderían esta y el Aeródromo. (7).

Posteriormente, según se extracta de la lectura de los volúmenes de la colección titulada “España en sus Héroes”, en el capítulo “Primo de Rivera: la última carga, al paso”, las fuerzas que guarnecían Zeluán y su aeródromo el domingo 24 de julio de 1921, entre las de la guarnición propiamente dichas y las llegadas, quedaron compuestas por: (2).

6 Oficiales y 138 miembros de tropa de Infantería.
10 Oficiales y 135 jinetes de Caballería, del Regimiento de Alcántara 14. (Escuadrón provisional y el refuerzo enviado desde Batel).
6 Oficiales 53 miembros de tropa española y 141 indígenas, del Tabor de Caballería de Regulares, el cual ya se hallaba reducido debido a los combates anteriores.
40 Artilleros.
1 Oficial y 50 soldados de Ingenieros.
16 de Intendencia.
5 Entre Sanidad Militar, Farmacia y el Capellán Castrense.
8 Guardias Civiles.
18 Policías.

Total 611 almas en la Alcazaba, las cuales, al frente del Capitán de la Policía que era el Jefe de la Posición y que podían quedar agrupadas aproximadamente en 3 grupos compuestos por 28 oficiales, 442 miembros de clases y tropa y 141 indígenas. El aeródromo estaba a unos escasos kilómetros de la Alcazaba y su gurnición, se componía de 2 Oficiales y unos pocos soldados de aviación, motivo por el cual, el Capitán Carrasco designó haciendo especial hincapié en su necesidad, un destacamento desmontado del Regimiento de Caballería de Alcántara para reforzar a la guarnición del Aeródromo. Se prestó voluntario el Alférez de Complemento Maroto Pérez del Pulgar, el cual después de insistir en mandar ese destacamento, escogió a 30 jinetes para cumplir esa misión.

El estado de la fuerza destacada en Zeluán era el descrito anteriormente el 24 de julio, pero a la mañana siguiente disminuiría ya que el día 25, mientras la guarnición dormía, de madrugada, dos oficiales moros, se fueron a acostar entre los soldados indígenas y empezaron a cuchichear entre ellos, extendiéndose rápidamente entre los que allí estaban. La finalidad del cuchicheo, era la deserción, cosa que llevaron a cabo. Los oficiales indígenas, sorprendieron al teniente que se hallaba de guardia, el cual al ver aproximarse a los moros, no sospechó de ellos por creerlos leales, iniciándose una charla, hasta que recibió el oficial español, un golpe en la cabeza perdiendo el sentido. El cabo y el centinela, habían sido eliminados sigilosamente. Mientras tanto, los soldados indígenas se apoderan de sus monturas y se dirigen a la puerta, hecho que naturalmente, produce ruido. Con ese sonido, acuden dos oficiales del Tabor de Regulares que cumplían con el servicio de “Oficial de Semana”. Son González y Bargés, los cuales al descubrir que era lo que pasaba, empuñaron sus pistolas e hicieron fuego, resultando muertos al ser respondidos por los indígenas. Con semejante revuelo, el campamento se despierta, entablándose combate, del cual resultarán muertos los dos oficiales moros y 40 soldados indígenas. El resto, consiguió escapar. Las deserciones por parte de los indígenas, aún no había por eso finalizado. Nuevas sorpresas aguardaban al destacamento de Zeluán.

Ante los sucesos acaecidos durante la madrugada del día 25 de julio, el capitán Carrasco, ordenó a los oficiales de Regulares que saliesen con la fuerza indígena que quedaba, no confiando por eso plenamente en la lealtad de la misma. Dicha fuerza, formó al despuntar el día en el patio del campamento y en la que se hallaban encuadrados sus oficiales, el capitán Sr. Margallo y los tenientes Sres. Carvaja, Fernando Tomasseti y Bermejo.. Esos oficiales, confiaban en poder conducir a la tropa a Melilla y poder reconstruir el Tabor de Caballería. De dicho Tabor quedaron en Zeluán, el teniente Dalias al mando de tropa española y el veterinario D. Enrique Ortiz para prestar servicio al ganado en caso necesario.
Una vez hubo partido esta fuerza desde la Alcazaba, desde las murallas, eso si con las armas prevenidas, veían como la misma se alejaba hasta que llegado a un punto, excepto los oficiales y 18 indígenas, el resto se dispersó. Los oficiales, hicieron uso de sus pistolas mientras los indígenas que huían, les respondían con sus mosquetones. En esta refriega, cayó muerto el teniente D. Fernando Tomasseti. Por estos motivos, la guarnición de Zeluán se vio reducida. Esa misma mañana del 25 de julio, quedaba junto al Aeródromo cercados. Entre sus muros, el bravo veterinario 2º, D. Tomás López Sánchez.

El asedio
Una vez iniciado el asedio, las noticias que se iban recibiendo en Melilla, eran de lo más ambiguo. Claro ejemplo era lo que en prensa se iba publicando.

26 de julio de 1921. (19)
“…Respecto a la comunicación con Marruecos he indicado al general Berenguer la conveniencia de establecer un servicio de aeroplanos entre Melilla y Madrid; pero según me dice el alto comisario, en aquella plaza es muy difícil ahora el aterrizaje de los aparatos por hallarse destruidos los aeródromos de Nador y Zeluán. El último aviador que ha llegado a Marruecos ha sido M. Avilland, que se vió obligado a tomar tierra en Rostrogordo, luchando con multidu de obstáculos que a fin pudo vencer con su acreditada pericia. Sin embrago se habilitará otro campo de aterrizaje, y acaso hoy, de madrugada, saldrán ocho aeroplanos para Melilla…”

“…Noticias oficiales del ministerio de la Guerra. Nota oficiosa. En la conferencia que ayer tarde celebró el ministro con el alto comisario, participó este que la noche había transcurrido en la más completa tranquilidad en la plaza y campo, sin que tenga más noticia que de Zeluán y Nador, donde aún resisten algunos pequeños grupos…” (18).

27 de julio de 1921. (20)
“…La situación militar, no ya de la plaza, sino de todo el valle, es francamente segura; del lado de Benisicar, donde el coronel Riquelme está al frente de sus fuerzas, no hay la menor novedad; del lado de Nador y Zeluán, aunque el parte oficial reserva el detalle, deja traslucir que se adelanta. Hay otras notas consoladoras de esperanza respecto a la columna Navarro y a otros núcleos, el de Nador resiste y comunica con Sanjurjo; hay también nuevos episodios heroicos en la evacuación de Sidi Dris…”

“…Se tienen noticias directas de que se sostienen Zeluán y Nador, concibiéndose esperanzas en cuanto a la columna del general Navarro, sin poder precisar nada concreto. En cuanto a la columna del coronel Araujo, tampoco puede darse mayor información…”

28 de julio de 1921. (21)
“…En Zeluán se combate en la Alcazaba y el aeródromo…”
“…En las posiciones de Zeluán y Monte Arruit se sigue resistiendo…”

“…Entonces desde la plaza salió un aeroplano, tripulado por un capitán de Ingenieros –cuyo nombre no pudo dar en su parte el Gobierno, el coronel de Estado Mayor Sr. Monge- el aviador consiguió volar sobre la posición que defendía Casa Davalillos. Tiroteado por los moros, fue herido gravemente, pero pudo llegar a Zeluán, en cuyo hospital ingresó…”

•…El Teniente Tomasseti. Al regresar de Zeluán fue agredido por unos pacos el teniente de las fuerzas regulares, Sr. Tomasseti, dejando de existir a los pocos momentos…”

“…En Zeluán y Monte Arruit. En la Alcazaba de Zeluán, en la que se hallan recluídos la guarnición y vecindario, continúan unos y otros defendiéndose valientemente. El personal del aeródromo de Zeluán también continua defendiéndose. La guarnición de Monte Arruit está igualmente a la defensiva…”

29 de julio de 1921. (17)
“…Y cerramos esta crónica telegráfica, autorizada por la censura militar de Melilla, diciendo que se está en comunicación constante, por medio del heliográfo con Nador y Zeluán. En ambas posiciones se sostienen los defensores. En la primera de ellas no se ven muy acosados. En la segunda, la pelea es muy dura. Sin embargo fue hecha una salida de la Alcazaba y se logró gracias a ello, abastecer a esta de agua…” (17).

“…Melilla 28 (10.n). Durante las operaciones de estos días han tomado una parte muy activa los aviadores de la escuadrilla de Zeluan que manda el capitán Fernández Mulero. El día 22 bombardearon a la harca cerca de Annual, arrojando sobre los grupos de enemigos más de cuarenta bombas, que causaron muchas bajas…” (17).

“…Ha sido traído a la plaza un pobre soldado cuya odisea es digna de ser conocida. Estaba en Monte Arruit. Había salido con permiso de la posición y vagab por las inmediaciones de un poblado, cuando vió un enjambre de moros, corriendo a todo correr, trataba de penetrar en los atrincheramientos. Desde estos se les recibió con un fuego nutrido. Entonces se decidió a huir y dirigióse, desolado a Zeluan. Creía que si llegaba a esta posición lograría salvarse, pero fue extraordinaria su sorpresa cuando al llegar a las inmediaciones de La Alcazaba, vió que esta estaba rodeada de cabileños…” (17).

“…Se ha sabido que en los pabellones del aeródromo de Zeluán, un grupo de soldados nuestros sigue defendiéndose también. Parece que está incomunicado con las fuerzas de la Alcazaba. Siguen llegando tropas. Hace gran calor, y los víveres en la plaza, siguen subiendo…”(17).

“…En Zeluan se ha podido hacer aguada; pero es grande la fatiga de la tropa…” (17).

“…Se ha recibido parte de Zeluán trasladando otro al general Navarro desde monte Arruit, adonde había llegado ayer tarde; el parte, muy incompleto y aún no terminado de recibir, por que el día muy brumoso, dificulta la comunicación heliográfica, dice que ha hecho el repliegue con el resto de la columna, siendo muy hostilizado y dudando que ñe sea factible replegarse más…” (17).

“…En Zeluan está todavía defendido el aeródromo…” (17).

30 de julio de 1921. (22).

“…Aquí se sigue incomunicado con el campo. Los que parecen más fuertes son los de Zeluán y, sin embargo en una carta que trajo un confidente se habla de sacrificio, de resistir hasta el final; pero también se habla de la necesidad de que envíen algo aunque sea un aeroplano, para mantener el buen espíritu de la tropa. Tenemos noticias que van a venir aviadores de España. Una escuadrilla de aviación seria lo más eficaz en estos momentos; por lo menos veriamos la situación de las tropas, de ese resto de 20.000 hombres que se defienden esperando todos los días el auxilio de España…”

“…Partes oficiales del ministerio de la Guerra. Ayer tarde se facilitó el siguiente: Se ha recibido parte de Zeluan, trasladando otro del general Navarro, desde Monte Arruit, adonde había llegado anteayer tarde, el parte muy incompleto y aún no terminado de recibir, porque el dia, muy nuboso, dificulta la comunicación heliográfica, dice que hecho repliegue con el resto de la columna, siendo muy hostilizado y dudando que le sea factible replegarse más. Los aviadores han hecho reconocimiento observando las fuerzas en monte Arruit donde había mucho ganado y masa grande de hombres. En Zeluan está todavía defendido el Aeródromo. Salió el general Sanjurjo con su columna a reforzar Sidi-Hamed el Hach y, cuando asomó a la divisoria que da a Nador sostuvo fuego con el enemigo…”

“…Mañana temprano se propone en alto comisarioauxiliar al general Navarro asi como a Zeluán con un aeroplano, que llevará víveres y municiones…”

31 de agosto de 1921. (23)
“…Esta mañana la columna del general Sanjurjo dejó una batería de montaña en el Atalayón, sin que ocurriera otra novedad que un ligero tiroteo. Un areoplano llevó a Zeluán, al aeródromo del mismo nombre, y a Monte Arruit un pequeño convoy de víveres y municiones, trayendo noticias de que en este último punto se ve la columna de la que no ha habido comunicación directa alguna…”

“…En las posiciones antiguas, Alhucemas, Peñón, Chafarinas, Cabo de Agua, sin novedad. De Zeluán y Arruit sin noticias…”

“…En Zeluan y Batel. Los núcleos de Zeluán y Batel continúan defendiéndose y rechazando los ataques del enemigo…”

1 de agosto de 1921 (24)

Sin noticias en “ABC”.

2 de agosto de 1921 (18)
“…El parte de anoche tiene frases suficientemente claras para pensar que en Nador y Zeluan la situación es muy grave, puesto que, además del incendio del ferrocarril y edificios “los aviadores han visto arder el interior de la Alcazaba y parte de esta”. Cuanto a Zeluán, no acertamos a encontrar un un concepto concluyente; ni siquiera podemos colegir si, de un modo u otro, la guarnición ha logrado ponerse en franquia o si prolonga una resistencia a la desesperada entre llamas. El texto oficial nos promueve esta perplejidad, puesto que unas líneas antes de la noticia de los incendios, dice que no se ha podido comunicar con Zeluan (por heliógrafo).porque lo impedía la humareda de Nador, donde ardían los últimos barracones que los harqueños dejaron en pie, tal vez por la proximidad a la iglesia y a la fábrica de harinas, desde donde tan certero fuego se les hacía.
Por lo que atañe a la posición de Monte Arruit, el general Navarro, se mantiene con empeño y, colmando el heroísmo, está todavía dispuesto a resistir aunque los moros vuelven a cañonear, “si los refuerzos no tardan en llegar”.
A esta codicional hay que poner una interrogante dolorosa, si el escalón de Nador y, sobre todo, la base de Zeluán no pueden utilizarse para un próximo avance. . Verdad es que no puede adivinarse el pensamiento del general Berenguer, único que tiene todos los elementos de juicio, y que por algo pondrá, ante todo su atención en ultimar y consolidar el cinturón de las defensas exteriores en la zona de Sidi-Hamed a Beni-Sicar…”

3 de agosto de 1921. (18)
“…Partes Oficiales del ministerio de la Guerra. (Conferencia de las ocho y media de la noche del día 3). Participa el alto comisario que la situación política en general no ha sufrido variación., dedicándose la fuerza de los sectores a mejorar las obras de defensa y han construido en Zoco el Hach un blocao para proteger la aguada. Por la mañana hubo un tiroteo entre dos grupos de moros.
En Nador han continuado incendios del poblado, impidiendo densa humareda comunicar, con Zeluan y Arruit. También en Zeluan han incendiado los rebeldes el ferrocarril y otros edificios. La brigada de Caballería ha practicado un paseo militar por la península de Tres Forcas, y otro a columna Zoco el Hach, sin novedad.
Esta madrugada se recibió un telegrama del general Navarro diciendo que aunque el enemigo volvía a cañonear confiaba en poder estrechar la defensa, caso de que los refuerzos no tardaran en llegar.
En Zeluan vieron los aviadores arder el interior de la Alcazaba y parte de esta. De concentraciones enemigas la más importante es la de Nador, y hoy se señala la presencia de algunos grupos de Beniurriaguel, en el zoco de Bu-Ermana de la cábila de Beni-Said…”

5 de agosto de 1921 (24)
“…Los Defensores de Zeluán. Los heroicos defensores de Zeluán, ante la imposibilidad de seguir resistiendo, incendiaron las instalaciones del aeródromo y los aparatos, refugiándose en la Alcazaba…”

“…Esta mañana se presentó en la Tercera Caseta el teniente Bravo, del Regimiento de Alcántara en unión de ocho soldados que habían logrado escapar de Zeluán, y nos refirió que ayer por la mañana, a las nueve, habían pactado con el enemigo desalojar la posición mediante la entrega de armamento y una vez depositadas las armas, el enemigo rompió el fuego contra ellos, dispersándose unos, quedando otros dentro de la Alcazaba, que en gran número habían sido muertos, el primero el capitán Carrasco, que mandaba la posición.El teniente Bravo había podido escapar, llegando al Atalayón por el borde de la Mar Chica. El general Navarro continuaba esta mañana su heroica defensa de Monte Arruit…”

D. Tomás López Sánchez. en Zeluán, los hechos del 26 y el 30 de julio.(4)

D. Tomás López Sánchez, era un tirador de primera. Se distinguió hasta su muerte por el valor y el entusiasmo con que se enfrentaba al enemigo en la defensa de su posición. Se apostaba en el parapeto que daba por frente a la estación y el cual, se hallaba muy batido por el fuego rifeño. Desde allí y debido a sus magníficas condiciones de tirador, causaba numerosísimas bajas a los harqueños.

El día 26 de julio, al frente de 30 soldados del Regimiento de Caballería de Alcántara, salió de la Alcazaba. Su objetivo, era el desalojo de los moros que ocupaban el cementerio, los cuales hacían fuego muy eficaz sobre las tropas española que llevaban a cabo el servicio de agua, bien tan preciado aquellos días de verano, bajo un calor sofocante. En escasos minutos, la fuerza al mando de López Sánchez, llegó frente al camposanto, se armaron las carabinas y los cuchillos, brillaron como rayos y a la carrera, penetraron en el recinto, donde se entabló una feroz lucha cuerpo a cuerpo, siendo esta breve pero intensa. Vencidos los rifeños, los españoles quedaron dueños de la situación, pudiendo llevar a cabo el servicio de aguada el resto de la guarnición con seguridad. Hacia las 18:00 horas, el Veterinario 2º D. Tomás López Sánchez junto a los soldados que le acompañaban, se retiraron hacia la Alcazaba.

Esta operación, se repitió días más tarde, el 30 de julio, siendo esta vez el combate mucho más encarnizado y el asalto, más duro ya que el enemigo, había fortificado el cementerio. Una vez vencido al enemigo, el camposanto, fue ocupado durante horas por la fuerza española.

De hecho, según testigos presenciales durante el asedio a la Alcazaba y el Aeródromo de Zeluán, relataron posteriormente, el comportamiento de este bravo y bizarro Veterinario 2º del Cuerpo de Veterinaria Militar, D. Tomás López Sánchez. Las manifestaciones de los testigos que pudieron sobrevivir a aquellos sangtientos días de finales de julio y principios de agosto, del caluroso verano de 1921, relataron lo siguiente, según dio a conocer “El Telegrama del Rif” del jueves 20 de octubre de 1921, bajo el título “…El heroico veterinario militar López Sánchez…” (textual) (11).

“…Los supervivientes de Zeluán hacen grandes elogios del valeroso proceder del veterinario segundo don Tomás López Sánchez, que prestaba sus servicios en la Comandancia de Intendencia de Monte Arruit, durante el asedio de la Alcazaba.

Cuando el movimiento revolucionario amenazaba propagarse a Monte Arruit, el veterinario López Sánchez recibió orden de trasladarse a Zeluán para hacer acopio de municiones, pues de ellas no estaban muy sobrados en el primero de los citados campamentos. Cuando con las escasas que le fueron facilitadas intentó regresar, no pudo hacerlo por impedirlo los rebeldes apostados en el camino.

Entonces se incorporó a los defensores de la Alcazaba, solicitando un puesto de los de mayor peligro. El señor López Sánchez se hizo cargo del sector que mira al cementerio.

Según nuestros informes, facilitados por testigos presenciales, en cuanto escaseó el agua, fue de los primeros en ofrecerse a salir para hacer provisiones del precioso líquido. Con frecuencia se le oía decir:-“Mientras yo viva, las mujeres y los niños especialmente, no carecerán de agua”- .

Una noche observó que varios indígenas de los que habían quedado en la Alcazaba, aprovechándose de las tinieblas y natural confusión, arrojaban al exterior armas y municiones. Con gran exposición de su vida, procedió a la detención de los traidores, encerrándolos en un calabozo. Hecho esto, dio cuenta a sus compañeros de lo sucedido.

Otra vez, abandonó durante la madrugada la Alcazaba, dirigiéndose a un lugar cercano, donde los rebeldes abrían trincheras, para hacer más eficaz y con menos exposición sus ataques. Destrozó gran parte de los trabajos y regresó al campamento llevando sobre sus hombros varios picos y palas que los rebeldes utilizaban en sus faenas.

En todo momento dio prueba de sus entusiasmos y levantando espíritu. Sus certeros disparos, pues era un excelente tirador, causaron muchas bajas en el campo enemigo.

Un día, bajo una verdadera lluvia de balas, salió por centésima vez para hacer la indispensable aguada. Su marcha fue presenciada por todos con admiración y temor. Transcurrió el dia, y el veterinario López Sánchez, esperado con gran ansiedad no regresó, Desde entonces, nada volvieron a saber los defensores de la Alcazaba de su valeroso compañero. Menos afortunado que otras veces, debió encontrar la muerte en su temeraria empresa.

Parece que los familiares del heroico veterinario se proponían pedir para el señor López Sánchez la cruz de San Fernando…”

El final (5)
Según testimonios que después se recogieron, desde Monte Arruit, se divisaba una enorme columna de humo y fuego. Poco después, corría el rumor que Zeluán, había caído. Aquellas columnas de humo y fuego, eran divisadas por los defensores de Monte Arruit. Según se contaba y se pudo saber con respecto a la tropa (textual), “…los oficiales s todo trance convencerlos de que todo lo que veían no era la Alcazaba, sino el aeródromo o, a lo más, algunas casas del poblado. Pero los moros se encargaron de echar por tierra la labor de los oficiales; a grandes voces decían desde la estación y desde las trincheras que rodeaban Arruit; -Paisa: ya no tener Zeluán; ya estar todos, soldados y oficiales por plaza; no pasar nada; ya ser amigos; ya beber agua, ya comer…” (7).

Los días, habían pasado desde que empezó aquel cerco a Zeluán y su Aeródromo, su defensa, los “ires y venires” de los convoyes, que burlaban aquel asedio, como los casos entre otros, del veterinario 2º D.Tomás López Sánchez y el soldado D. Francisco Martínez Puche, burlas que les costaron la vida, habiéndola sacrificado en pro de los demás, de los que allí sufrían. El castigo a los sitiados, era la sed, el sol, las deserciones,. El 31 de julio, el general Berenguer, ordenó al capitán D. Ricardo Carrasco Egaña, que si tenía la posibilidad, abandonara la posición, replegándose sobre La Restinga. Aún así la posición, aguantó hasta el 2 de agosto, fecha en que agotadas las municiones, más de cien muertos y muchísimos heridos de ellos de gravedad, Zeluán capitulaba el 3 de agosto de 1921. (7).

Se parlamentó con las fuerzas sitiadoras. El protocolo, fue el que se empleó en ocasiones anteriores, entrega de armamento y retirada a Melilla. Una vez pactadas estas condiciones y aceptada la capitulación, una vez se inició la retirada y comenzado la salida de La Alcazaba, la fuerza de Abd El-Krim el Jathabi, se avalanzó sobre los españoles, de manera cruel y snagrienta, no respetando ningún ápice por la vida, arrojándoles vivos al fuego, cortándoles los testículos y colocados en la boca y dejándoles al sol, produciéndose la muerte por desangramiento, ahogo y bajo un torrido sol. De hecho, en el momento de reocupar de nuevo Zeluán y su aeródromo, los periodistas, dejaron testimonio de ello, unos como el de “La Vanguardia” de Barcelona, caso de M. Fenech Muños, de la manera menos dura posible, otros como el de “El Telegrama del Rif”, D. Cándido Lobera, con todas sus señales. Ejemplo de ello fue los hallazgos que se encontraron en el enfermería de Zeluán.

Una vez los kabileños entraron en la Alcazaba de Zeluán, la enfermería, fue incendiada, pereciendo carbonizados todos los enfermos y heridos que en ella habían, incluyendo al médico y al capellán. Según se contó después, en los somieres, hallaron calcinados restos humanos (12).

De hecho, una vez empezaron a salir las fuerzas españolas de La Alcazaba según instrucciones dadas por Ben Chelal al Capitán D. Ricardo Carrasco, se les hizo formar una vez desarmados, muchos, habían inutilizado su fusil antes de depositarlo en el patio, y junto a los heridos, se formó una caravana que empezó a salir de la fortaleza. Primero, iban los heridos y enfermos en camillas portados por los camilleros, Inciada la penosa marcha se detienen en el arroyo para beber, momento en que empiezan a sonar descargas de fusil. Los están fusilando a mansalva. Los que pueden, protestan, otros huyen y son literamente cazados por la caballería mora. Había empezado un verdadero baño de sangre (2).

De la caída de Zeluán, y de los pocos que pudieron salvar la vida,queda uno de los testimonios de doña María Martín y de doña Antonia Galán, rescatadas de los calabozos de Abd el Krim, de 50 y de 20 años respectivamente, las cuales, eran madre e hija y tenían residencia en la calle del General Jordana, manzana 10, letra A´, casa de propiedad en Zeluán. De los hechos vividos aquellos días, quedó constancia en el conocido “Expediente Picasso”. Ambas mujeres, declararon (textual):
“...Que ambas estaban el día 23 de julio en Zeluán, donde vivían en una casa de su propiedad, situada en la calle del General Jordana, manzana 10, letra A, con un hijo y hermano, respectivamente, de quince años de edad, llamado José Segura, y el cual, en vista del mal cariz que presentaron los sucesos, y a pesar también de las palabras de tranquilidad que le escucharon al señor capitán Barroso, jefe de la posición, decidió mandar a Melilla, marchando en un carro, a las tres de la tarde, e ignorando la suerte que haya podido correr; ellas, obedeciendo las órdenes que les fueron dadas, entraron en la Alcazaba, donde permanecieron doce días, o sea hasta el día de la entrega. Serían como las ocho de la mañana de este día, y en vista de los horrores que estaban cometiendo, decidieron huir, haciéndolo con la mayoría por la puerta principal, pero en vista de la insistencia de los moros, que deseaban llevarlas a la casa de Gómez y temiendo las asesinaran allí, decidieron, formando un grupo y corriendo, tomar la dirección del zoco el Arbaa de Arkeman, acompañándolas en este grupo los tenientes Rivera y De María, de la Policía; el teniente farmaceútico D. Manuel Miranda y dos paisanos, uno el hijo de la maestra de escuela que fue de Zeluán, y el otro llamado Vicente Molina; estos dos paisanos fueron los dos primeros que cayeron en la carretera muy malheridos, siéndolo después el teniente De María, que debió morir, pues así se lo manifestó un policía ordenanza suyo, que venía detrás llamándolo con el fin de poderlo salvar; no pudiendo seguir más adelante, perdió de vista a los otros dos oficiales, y cayendo al suelo fueron recogidas por un moro que fue sargento de Regulares, y llamado Tayauy el Jalifa, al que por rogarle mucho las perdonó, mandándolas a una jaima, donde han permanecido ocultas casi un mes. En los primeros días de septiembre se presentó en dicha jaima un moro que dijo iba en nombre del jefe Si-Ben-Alí, con la orden de recoger cuantos prisioneros encontrase para llevarlos a Nador, desde donde después irían a Melilla; dos días estuvieron en Nador, pero habiéndose negado a un requerimiento amoroso de uno de aquellos jefes, fue condenada, salvándola el caid Ben-Chelal, que con un criado las mandó para su casa, salvándose la madre de ser asesinada por dicho criado en el camino a fuerza de súplicas, pues el despechado jefe, cuyo nombre ignora, le había dado diez duros para que lo hiciera. En la casa de Ben-Chelal fueron bien tratadas, encontrándose allí con los soldados Marcelino, del regimiento de África, y Miguel Capel, de la Comandancia de Artillería, y de los cuales este último estaba curando a un hermano del caid, llamado Badag, que tenía una herida de bala en la cara, y a los que tenía prometido Ben-Chelal dejarlos en libertad en seguida, procurándolos fácil presentación en una posición española.
Relata muchos más incidentes, que no transcribo por considerarlos, a los efectos de este informe, de escasa importancia, y entre otros que no recuerda, cita como muertos a consecuencia de la traición sufrida en la entrega de la posición de Zeluán a los capitanes Carrasco, Fraile, Ballenilla, Fernández Tejedo, Barroso, y a los tenientes Guzmán Fernández, Tomaseti, Bermejo, Ortiz Tomás y tres alféreces jóvenes, cuyos nombres no recuerda.
Uxda, a 19 de octubre de 1921...”.

Entre otros:
Distinguidos en la defensa de la Alcazaba de Zeluán.
Sargento de Caballería Rgto Alcántara. D. Miguel Rivero Lizcano, por su elevado espíritu. (5).

Cabo de Ametralladoras Rgto. Alcántara. D. Emiliano Pajuelo Díaz. Durante todo el asedio, defendía la puerta e incluso dormía cuando podía, junto a su máquina. (5).

Soldado del 5º Escuadrón Rgto. Alcántara D. Tesifonte. Presentado voluntario para los 3 convoyes. Dio prueba de valor y arrojo temerarios. Una noche, logró entrar en el poblado, enterándose de la situación del enemigo y efectuar recogida de víveres y tabaco en las cantinas y de 2 cantimploras de agua. (5).

Salvaron la vida
Teniente D. Francisco Bravo. Al oir las descargas mientras mataban a los que se habían rendido, se tiró por un torreón, refugiándose en 3 Pinos durante el día y marchando durante la noche, llegó el día 4 de agosto al Atalayón (5) y (24).

Entre 8 y 10 Soldados que llegaron junto al Teniente D. Francisco Bravo a Melilla por el Atalayón (24).

Sargento D. Ramón Jimeno. Se refugió en casa de un moro donde quedó oculto, librándose de los asesinatos.

Cabo de Regulares D. Manuel Dolz del Castelar. Consiguió huir, buscando la protección de la Mar Chica de noche y después de sortear varios peligros, consiguó arribar el 6 de agosto a Melilla (25).

El herrador Requejo, de Regulares Consiguió huir, buscando la protección de la Mar Chica de noche y después de sortear varios peligros, consiguó arribar el 6 de agosto a Melilla (25).

Artillero Muñoz Ruíz del Parque Móvil, herido de bala en el pie y de un gumiazo en la mano derecha. Consiguió huir, buscando la protección de la Mar Chica de noche y después de sortear varios peligros, consiguó arribar el 6 de agosto a Melilla. (25)

Prisioneros camino del cautiverio
Alférez Maroto, del Regimiento de Caballería de Alcántara 14, destacado en el Aeródromo distinguiéndose en su defensa, dando pruebas de heroísmo y valor, fue herido grave. Cayó cautivo el 2 de agosto de 1921, sufriendo año y medio, penoso cautiverio (15).

Cabo D. Tiburcio de Pablo, apresado el 2 de agosto junto al Alférez Maroto Pérez del Pulgar. Fueron los únicos supervivientes en el Aeródromo. El resto, murieron todos (2).

Teniente Troncoso del Rgto de Alcántara y que junto al Teniente Dalias, por orden del Capitán Carrasco, salió para parlamentar y fue apresado. (5), el 2 de agosto de 1921 (2).

Teniente Dalias, de los Regulares, que junto al Teniente Troncoso, salió a parlamentar la entrega de La Alcazaba, fue apresado el 2 de agosto de 1921 (2).

Teniente Sr. Martín Galindo, apresado el día de la rendición, el 3 de agosto de 1921.

Murieron entre otros
Sargento del 2º Escuadrón. Rgto. Alcantara. D. Ramón López Fernández. Mandaba a los 6 hombres que componían el convoy que abasteció bajo el fuego enemigo el Aeródromo. Recibió orden de quedarse en el mismo con el ganado para comérselo ya que no había ya víveres que enviar. Murió junto a los 6 soldados que le acompañaban. (5).

Teniente Médico D. Fernando González Gamonal. Se hallaba al cargo de la enfermería de Zeluán. Fue reconocido su cadáver en la operación de reconquista de Zeluán, hallándosele en esta. (6). Fue identificado por su hermano, el Alférez de Navío Fernández Gamonal (9). Sus restos, llegaron a Melilla el 19 de octubre de 1921, recibiendo sepultura en el cementerio de la Purísima Concepción a la mañana siguiente (11).

Practicante de la enfermería de Zeluán, identificado por el fotógrafo Luque a raíz de un retrato que le hizo en su estudio y el Practicante Militar, llevaba encima. (9).

Sargento Vaello, identificado por un block de notas que llevaba encima. Sus amigos le reconocieron a demás de por lo citado por las huellas dejadas por sus galones en su uniforme. Identificado en una cuneta de la carretera. (9)

Farmaceutico Segundo, D. Manuel Miranda. Desempeñaba su cargo en la Farmacia Militar de Zeluán. Fue reconocido su cadáver durante la operación de reconquista de la Alcazaba. (6).

Capitán de la Policia Indigena, Jefe de la Guarnición de Zeluán, D. Ricardo Carrasco Egaña. Caballero de las Órdenes del Mérito Militar y de María Cristina. Hijo de doña Manuela Egaña y casado con doña Purificación Almazán, matrimonio del cual hubo los siguientes hijos: Ricardo, Rosalía, Gloria, Manuela y Luís, consta haber fallecido en la Alcazaba de Zeluán, el 3 de agosto de 1921. (8). Por voluntad propia y visto lo que les había pasado a los tenientes Troncoso y dalias, había salido solo, el 3 de agosto de 1921, con Ben Chelal, jefe de las fuerzas moras y con el que sostuvo una acalorada discusión ya que el rifeño, quería rendición sin condiciones y Carrasco se negaba a ello, diciéndole que antes que eso, lucharían hasta el final, quería máximas garantías para que fuese respetada la vida de sus subordinados. Incialmente y tras discutir largo y tendido, esta fue aceptada por el cabileño, pero no sería así ya que trágico y cruel final, esperaba a aquelllos bizarros defensores de Zeluán. (2).

Capitán Morales. Una vez salió de La Alcazaba, fue apresado y triste y cruel fin le esparaba ya que no fue fusilado sobre la marcha como el resto de los defensores de La Alcazaba. (2). Murió el 3 de agosto.

Teniente Bargés, de Regulares. Reconocido su cadáver en las operaciones de reconquista de la Alcazaba de Zeluán. (6). Fue hallado en el interior de la casa de labranza de D. Gómez Alcalá e identificado por el teniente D. Rafael Carrasco Egaña, su hermano, el dia que las tropas españolas reocuparon de nuevo Zeluán (9)

Sánchez Marcos, identificado por una carta hallada debajo de la cabeza de su cadáver (9). En la noticia dada el 15 de octubre, consta como Sánchez marcos, pero al publicarse la misma, aparece firmada como Ramón Sánchez Ocaña. Era una emotiva carta dirigida a su amada. Días después de su localización, su publicó un extracto de la misma ya que se hallaba en un principio rota, y parte era ilegible. Recogida por el periodista Sr. Domingo Tejera, alias “Schnneider” que era el pseudónimo con el que firmaba, decía la parte legible de la carta (textual) (10):

“…nos salvará como a nuestra Pilarica, de la cual llevo su imagen en el pecho con fe y voluntad. El día 23 llegué a Zeluán donde nos encontramos sitiados por las kábilas inmediatas sublevadas. No tenemos comunicación con nadie, estamos aislados completamente; no nos comunicamos ni con Melilla siquiera, a pesar de estar cerca; así es que de día en díala esperanza se pierde y… no sé que será de nosotros. ¿Pero, como es posible, Diós mío, que yo no te vuelva a ver, tanto como sufre mi corazón? . Tengo solo una conformidad y es que si muero, es por mi Patria, por nuestra España querida. Leonor, un solo favor te pido. Que le puedas leer este escrito a mi padre querido y lo convenzas por lo menos, a pesar de no conocerte. Ten por seguro que a ti y a él és a los únicos que quiero más en el mundo y por los cuales derramo abundantes lágrimas en esta situación de tristeza en la que me encuentro. Adios Leonor querida, adiós a tus padres y hermanos, dile a mi padre de mi parte, también adiós. Y por último permiteme que te mande un abrazo de este que te quiere.-Ramón Sánchez Ocaña. Alcazaba de Zeluán. Julio de 1921…”

Capitán D. Jacinto Fraile Rodríguez, del Rgto, de Caballería de Alcántara 14. Murió durante una carga de Caballería en los alrededores de Zeluán. Sus restos fueron traslados a Melilla el 16 de octubre de 1921, Recibió cristiana sepultura en el Cementerio de la Purísima Concepción. (10). Cayó el 28 de agosto, al intentar recuperar el auto-aljibe que proveyó de agua a Zeluán y que fue alcanzado por las balas rifeñas al regresar al Aeródromo (2).

Teniente D. Ángel Calderon Gaztelu, del Rgto.de Caballería de Alcántra 14. Sus restos, junto a los del
Capitán Fraile, fueron trasladados a Melilla el 16 de octubre de 1921, recibiendo cristiana sepultura en el Cementerio de la Purisima Concepción (10). Había sido reconocido inicialmente en Zeluán, a la mañana siguiente de su reconquista, identificación érronea ya que lo fue posteriormente por compañeros suyos, a raíz de las inciales de su camisa y otros efectos, los cuales fueron reconocidos por un íntimo amigo suyo. Había sido localizado su cuerpo en Bu Erg. (11). Una necrología del 22 de octubre, decía por eso que había caído en Zeluán el 13 de agosto.

Capellán castrense D. Francisco Matellán García. Su cadáver fue identificado sobre el 23 de octubre de 1921. (12).

Teniente de Infantería D. Juan Luís de María y Fernández-Valderrama, de 24 años. Falleció en Zeluán, el 3 de agosto de 1921.

Oficial veterinario D. Enrique Ortiz de Landazuri (15). Distinguido durante la defensa de La Alcazaba. Pertenecía a los Regulares y estaba de forma voluntaria con las tropas de choque. Se le confió el mando de una sección, al frente de la cual, supo combatir y morir bravamente. (2).

Oficial veterinario D. Luís del Valle Cuevas. (15).

El soldado del Servicio de Aeronautica Militar, D. Francisco Puche Martínez, que por los méritos contraídos y el comportamiento observado durante los combates, fue recompensado con la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando. Murió el 28 de agosto mientras regresaba de Zeluan con víveres y municiones para el Aeródromo.

El soldado del Servicio de Aeronautica, D. Isaac Eguluz Mas, murió junto a D. Francisco Martínez Puche. Murió el 28 de agosto mientras regresaba de Zeluan con víveres y municiones para el Aeródromo.


Agua, víveres y municiones. El soldado, caballero laureado de San Fernando, D. Francisco Martínez Puche.(14)

En la Alcazaba de Zeluán, se hallaba el grueso de la fuerza militar allí concentrada. Unos pertenecían a la guarnición, otros, había arribado camino de Melilla a la que nunca llegaron escoltados por la Caballería de Alcántara, otros, eran fugitivos de otras posiciones pero tenían un problema, el agua, un líquido precioso por el que el Veterinario 2º D. Tomás López Sánchez, expuso su vida en más de una ocasión hasta que la perdió.. En el Aeródromo estaba su guarnición más el refuerzo que el capitán Carrasco Egaña, jefe militar de Zeluán, había enviado a la misma. Tenían dos problemas, los víveres y las municiones, pero, tenían agua. Ambos puntos, debían de socorrerse en estos puntos pero según dimana de la lectura de noticias publicadas en aquella época, narrados por testigos que vivieron aquellas duras jornadas, bajo asedio rifeño y nutrido fuego enemigo.

De origen humilde, nació en Yecla (Murcia), un 18 de febrero de 1897. Era hijo de D. José Martínez y de doña Asunción Puche. Con pocos años y por motivos económicos, buscando prosperidad, marchó la familia a Barcelona, donde Francisco, aprendería el oficio de mecánico y de conductor de automóviles. Eran tiempos en el que saber conducir un artefacto a motor de estos, era cosa de los más atrevidos. Llegó el momento en que Francisco, debía de prestar su servicio militar, motivo por el cual, fue llamado a presentarse en la Caja de Reclutas nº 63 de Barcelona. El 1 de agosto de 1918, era declarado soldado. Su cartilla militar, era la nº 124.051.Este joven, ya soldado, de 1,587 metros, era destinado al Servicio de Aeronáutica militar, motivo por el que partió pasaportado para Cuatro Vientos (Madrid) el 7 de febrero de 1919, siendo incorporado a la 1ª Unidad de Aviación en la que prestó juramento de fidelidad a la bandera el 1 de septiembre. Meses más tarde, el 19 de enero de 1920, pasó destinado al Aeródromo de Zeluán en Melilla, donde se presentaría 5 días más tarde, es decir, el 24 de enero. En el Aeródromo, quedó prestando servicio de mecánico en el taller de automóviles.

Zeluán y su Aeródromo, no quedaron exentos del asedio y ataques rifeños aquel verano de 1921 en que se produjo uno de los mayores descalabros del Ejército español. Los moros, ponían asedio y cerco a Zeluán, el 24 de julio de aquel año y el soldado del Servicio de Aeronáutica Militar, D. Francisco Martínez Puche se vió inmerso en el mismo. Una vez más, se planteó el problema del agua, líquido precioso y básico, indispensable para el mantenimiento de la vida. El pozo del Aeródromo, estaba ubicado en lugar próximo pero era muy batido por el fuego rifeño ya que estos, conocían de la necesidad del agua. Por eso, para menor exposición al fuego enemigo, la aguada se efectuaba de noche sufriendo por eso la fuerza encargada de la misma bajas en el servicio.

Martínez Puche, ya se había distinguido en el combate por su valor y el elevado espíritu que tenía aquel joven murciano. Se presentaba voluntario siempre para tomar parte en el servicio de aguada.

Una noche la del 28 de septiembre, al cerrar la misma, un soldado del Regimiento de Caballería de Alcántara 14, D. Francisco Sánchez Caro, se presentó voluntario para llevar un mensaje escrito al jefe de la Alcazaba de Zeluán D. Ricardo Carrasco Egaña. En él, el Alférez Martínez Vivanco, solicitaba víveres y municiones para el Aeródromo. El bravo soldado, cumplió la misma, regresando al Aeródromo con una nota casi jocosa en la que el Capitán Carrasco contestaba: “…Carecemos de agua, por cada cubo que nos traigáis os daremos un borrego…”. Al Alférez Martínez Vivanco, ordenó rápidamente que se hiciera servicio de aguada para suministrarla a la Alcazaba y a este servicio, se agregó una vez más el soldado D. Francisco Martínez Puche de forma voluntaria. Se enteró más tarde Martínez Puche que un soldado de Aviación, D. Isaac Eguluz Mas, se había presentado voluntario para conducir un auto-aljibe con agua a la Alcazaba, motivo por el cual, solicitó acompañarle. Cumplieron su misión bajo el fuego enemigo, pero de regreso al Aeródromo, transportando víveres y municiones, el vehículo quedó averiado siendo igualmente hostilizados por los certeros disparos de los kabileños, muriendo ambos soldados a consecuencia de los mismos.

Al parecer y según se reconstruyeron los hechos en la colección editada en Madrid, allá por el año 1969, titulada “España en sus héroes”, al enterarse Martínez Puche del servicio de aguada a Zeluán y regreso al Aeródromo con víveres y municiones, los diálogos que mantuvo con el jefe del Campo de Aviación de Zeluán, Teniente Vivancos, al cual también se ha hallado en el empleo de Alférez. Dicha conversación tuvo lugar en el Aeródromo el 28 de agosto de 1921, después de haber solicitado La Alcazaba de Zeluán, mediante el heliógrafo, agua. (textual): (2).

“…-Mi teniente, solicito ir en el aljibe con el conductor, le protegeré con mi mosquetón.
Muy bien, Puche eres un valiente. Os daré una escolta de Alcántara que irá sobre el aljibe.
No, mi teniente, tendrían que ir en el exterior, sin protección alguna. Creo que solos llegaremos mejor y más deprisa-…”

El vehículo partió a toda velocidad camino de La Alcazaba. Los sitiadores no caen en la presencia de este en la carretera hasta que lleva recorridos unos cientos de metros, momento en que concentran su fuego sobre él. Mientras rueda el aljibe, es protegido por el fuego del Aeródromo y de La Alcazaba, en seguida, enfila el puente sobre el río Zeluán y se introduce en su destino. El agua que lleva, bien racionada puede durarles dos ó tres días. Se carga el vehículo con víveres y municiones, consistentes en algúno saco de legumbres y cajas de cartuchería. Ambos ocupantes del vehículo, son felicitados calurosamente por soldados y mandos, El Capitán Carrasco, les ofreció escolta del Regimiento de Caballería de Alcántara, siendo de nuevo rechazada por los motivos ya alegados al Teniente Vivancos en el Aeródromo, además tendrían que acoplar la velocidad del vehículo al los caballos y se llamaría más la atención de los moros.
El vehículo, partió de nuevo en dirección al Aeródromo, a toda velocidad, rodando aún más rápido por no portar el peso del agua, pero al llegar al terraplén de la via férrea, cambió bruscamente de sentido de marcha, saliéndose de la carretera y girando y deteniéndose. El fuego, era muy intenso. Los moros, intentan llegar hasta el vehículo pero el fuego de La Alcazaba y del aeródromo, se lo impide. El Capitán Fraile, se dispone a salir en defensa de aquellos valientes con 30 jinetes de Alcántara. Se trataba de recoger el vehículo con los víveres y municiones y llevarlos a su destino. Fraile parte al galope pero rápidamente, sus filas sufren bajas, consiguiendo por eso los jinetes que no han caído recoger el vehículo con su carga y llevarlo al Aeródromo. El Capitán Fraile y muchos de sus jinetes han caído bajo el fuego enemigo. (2).

Por los motivos citados, la Orden del Ejército de España en África, en fecha 11 de abril de 1925, publicaba la apertura de Juicio Contradictorio para la concesión de la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando, al soldado de Aviación D. Francisco Martínez Puche, siéndole concedida el 11 de julio de 1929. De la lectura del Expediente de Juicio Contradictorio, se lee (textual):

“…El soldado del Servicio de Aviación Militar don Francisco Martínez Puche se destacó por su valor y espíritu en la conducción desde el Aerodormo a la Alcazaba de Zeluán, en finales del mes de julio de 1921. Encontrándose asediado por numerosos enemigos el Aeródromo de Zeluán y la Alcazaba del mismo poblado, escaseaban en el primero los víveres y las municiones para continuar la defensa, y en la segunda faltaba el agua. El soldado Martínez Puche se ofreció voluntariamente para ir en unión de otro individuo y transportar en un camión automóvil agua a la Alcazaba y regresar al Aeródromo con víveres y municiones.

Para este efecto salió del Aeródromo a media mañana del dia 28 de julio en unión de otro mecánico, conduciendo la provisión de agua y consiguió llegar a la Alcazaba, no obstante las dificultades que hubo de vencer al atravesar el poblado y estación de ferrocarril de Zeluán, ocupado por numerosos enemigos, y una vez cumplida su misión en la Alcazaba salieron de ella con víveres y municiones; más no pudieron regresar al Aeródromo, pues frente al poblado de Zeluán, el enemigo, que parapetado en el terraplén de la vía esperaba el regreso del camión, abrió intensísimo fuego sobre él, ocasionando la muerte de sus conductores, malogrando con ello una empresa que con tanto valor y espíritu se había iniciado.

El Rey se ha dignado conceder al soldado del Servicio de Aviación don Francisco Martínez Puche la Cruz Laureada de la Real y Militar Orden de San Fernando.
Madrid 11 de julio de 1929.
Ardanaz.
(Diario Oficial núm. 151)…”

“La última misión”, los aviones marchan del Aeródromo.(2)

En el Aeródromo de Zeluán, tenía su base la 2ª escuadrilla la cual, antes de quedar rodeado la tarde del 23 de julio de 1921, llevó a cabo su último despegue. Su jefe, era el Capitán de Ingenieros D. Pío Fernández Mulero, piloto del Servicio de Aviación. Dicha escuadrilla, tenía dependencia del Comandante Aymat que ejercía desde Tetuán, la Jefatura del “Grupo de Escuadrillas de Marruecos”.

Fernández Mulero era un aviador excelente, de actuaciones brillantes en cuantas misiones de reconocieminto y bombardeo tomó parte. Sus aviadores, descendían a cotas de altura muy bajas para poder observar con detalle donde se ocultaba el enemigo así como el emplazamiento de piezas de Artillería si las poseía, cosa que este último aprovechaba para batir con fuego de fusilería a los aviones de Fernández Mulero, los “pájaros ton ton”, como les llamaban los rifeños. De hecho, años después D. Pío Fernández Mulero, recibiría en recompensa a sus servicios prestados, el comportamiento observado y los méritos contraídos durante aquellos años, la Medalla Militar.

A primeras horas de la mañana del día 23 de julio de 1921, despegó del Aeródromo de Zeluán la 2ª Escuadrilla. Su misión, el bombardeo de concentraciones enemigas en la zona de Dar Drius y el reconocimiento de las zonas donde se mantenían combates. Pasan las horas y los aparatos van regresando con sus pilotos y observadores, el Capitán García Muñoz, los Tenientes Ruano, Arizón, Ruano y Barrón, pero de Fernández Mulero, nada se sabe. La última vez que fue visto por sus compañeros, fue descolgándose entre Ben Tieb y Drius, sobre una barrancada para lanzar unas bombas. De repente, se escucha el “ronroneo” del motor y se le ve aparecer y mientras aterrizaba, se oían los comentarios (textual):

“…-Es mucho piloto el capitán-,,,”, comentaba un mecánico.

Saltan ilesos del avión el Capitán Fernández Mulero y su observador el Teniente Martínez, el cual le dice a su capitán señalando el avión:

“…-Hoy le han tocado bien mi capitán-…”

D. Pio Fernández Mulero, recoge los informes que se han obtenido durante el reconocimiento y parte de inmediato a Melilla, antes por eso advertirá a los suyos que tras entrevistarse con el Coronel Jefe del Estado Mayor de la Comandancia de Melilla, estuviesen preparados a las 16:30 horas de la tarde para nueva misión, reconocer y bombardear la ruta Batel-Drius. Y habiendo dicho esto, marchó a Melilla. El Capitán García Muñoz, le había dicho que hacían falta bombas, motivo por el cual, Fernández Mulero le había ordenado coger el camión e ir por ellas al Teniente Ruano. Una vez en Melilla, ya en presencia del Coronel Jefe de Estado Mayor de la Comandancia, (textual):

“…-Mi coronel, entre Ben-Tieb y Drius hemos bombardeado, a un fuerte contingente enemigo. Existe un verdadero éxodo hacia la plaza de población civil y fugitivos entre Batel y Nador. Fuerzas de caballería que estimo es la vanguardia del general Navarro marchaban combatiendo desde Drius a Batel. Considera el coronel las posibilidades de evacuación del Aeródromo de Zeluán, aunque parece prematuro tenerle que abandonar. Mi coronel, si llega el caso podríamos llevar los aeroplanos a Nador, pero este campo reúne peores condiciones defensivas que el de Zeluán-…”
“…- ¿Y el Hipodromo? ¿Y Rostrogordo?-…” Espetó el coronel.
“…-“El Hipódromo mi coronel, reúne malas condiciones, en las tomas perderíamos probablemente los aparatos. El de Rostrogordo puede servir, siempre que se realicen algunos trabajos para mejorar sus condiciones-…”

Los aviones, regresaron a Melilla después de confirmar que la columna del general Navarro, habían alcanzado Batel. En el Artódromo quedó de servicio el Teniente de Vuelos Martinez Vivancos, el Alférez Martínez, tres sargentos y 43 soldados. A la mañana siguiente se debía de partir para nuevas misiones, cosa que ya no fue posible debido al cierre del Aeródromo.

Impresiones de un testigo: Retorno a Zeluán

“La Vanguardia”, de Barcelona.

De retorno a Zeluán, el enviado especial de La Vanguardia de Barcelona, el Sr. M. Fenech Muñoz, describía de la forma siguiente lo que tanto en Zeluán y el Aeródromo encontraron. Lo daba a conocer a la opinión pública en el ejemplar del 19 de octubre de 1921, que decía bajo los titulares “…Marruecos. Los bombardeos aéreos. Servicios del cuerpo de aviación militar. En Annual hay 578 prisioneros españoles. Ha quedado ultimado el saneamiento de Zeluán. Impresiones de un testigo. Zeluán-Bu-guenzein. (de nuestro enviado especial)…” En él, describía los horrores de la guerra, pero omitiendo descripciones particulares de lo que en ese reconocimiento, hallaron las tropas españolas en la reconquista de Zeluán y Bu-guenzein, (textual)(6):

“…Era de noche cerrada aún cuando, a las cinco, montábamos a caballo en Segangan. La columna de Sanjurjo se había concentrado en la explanada que hay a la salida del poblado, y emprendía la marcha por la carretera de Nador, para dirigirse a Tauima, lugar de concentración de las tres columnas de Cabanellas, Sanjurjo y Berenguer (F.), que deben efectuar la operación de hoy.

Hasta las ocho no se han concentrado al pie de la posición de Tauima las tres columnas. La de Sanjurjo viene hoy más reducida que de ordinario porque además del batallón que ha habido que dejar en Segangan para estar prevenidos contra cualquier evento, y de los regulares de Ceuta que han regresado ya a aquella plaza, ha tenido que quedarse también en Segangan el bravo batallón de Toledo, atacado de una extraña enfermedad que ha originado gran número de hospitalidades, habiéndose decretado el aislamiento del batallón y el estudio de la enfermedad y sus causas.

Hasta Tauima no ha ocurrido novedad. En Tauima, adopta la columna el orden de combate y espera la orden de avanzar, que se recibe a las ocho y cuarto.

Van en vanguardia las dos banderas del Tercio, precedidas de los escuadrones de Alcántara y seguidas de la artillería del primero de montaña y de dos batallones peninsulares. Forma también en la vanguardia, junto a las guerrillas del Tercio y entre esta columna y la de Berenguer, un pequeño grupo de policías indígenas, residuos de la antigua de antes del desastre. Sanjurjo, toma una dirección oblicua, con respecto a Zeluán para ir en dirección Bu-guenzein. Por ahora el enemigo no ofrece resistencia. En las lomas lejanas y en las de Bu-guenzein y estribaciones, hay nutridos grupos de moros en actitud expectante.

Desde unos aduares próximos es hostilizada la caballería de la columna Sanjurjo, que se ve obligada a replegarse. El grupo del 14º ligero, que hoy actúa de artillería divisionaria rompe el fuego contra el poblado y lomas inmediatas. Por la izquierda se oye fuego de fusilería. Requerimos los gemelos y vemos que los regulares de Melilla que forman la vanguardia de Cabanellas, han echado pie a tierra, y combaten como infantes contra un grupo de moros que se han parapetado tras unas casas. El fuego que sostienen, dura ya algún rato, y eso retrasa la columna Sanjurjo y hace retrasar a la de Berenguer, que no puede avanzar con esa amenaza al flanco. Los jinetes de regulares quieren acabar pronto . Requieren los caballos y se lanzan al galope sobre los grupos de casas. De su interior salen moros en franca huída., pero un pequeño grupo sigue resistiendo desde una especie de torreón y cuando piensan en escapar es ya tarde, por que los regulares les han tapado toda salida y penetrando en la casa, donde se defendían, los pasan a cuchillo.

Vamos adelantando camino de Zeluán. No hay tiros por este lado, y vamos en la misma vanguardia, hoy no cuesta trabajo ser valiente. A las nueve y media descubrimos con los gemelos un grupo de treinta o cuarenta jinetes moros, que, precedidos de una pequeña guerrilla, avanzan cautelosamente contra nuestra columna, la cual, por el efecto del adelanto en la marcha, presenta el flanco de la vanguardia al descubierto. El general Sanjurjo también los ha visto, y ordena al capitán Odriozolf que entre en batería a la izquierda y bata a los moros que se ven. En protección de la batería quedan unas compañías de Extremadura. Los del primero de montaña rompen el fuego con una rapidez y una precisión tan extraordinaria, que con unos pocos disparos ahuyenta a los jinetes moros, que huyen como pueden, en todas direcciones, perseguidos por los jinetes de Alcántara.

Por el campo, junto al talud de la vía férrea, vamos hallando cadáveres momificados, restos de la espantosa tragedia de julio.

Contínua el avance sin que el enemigo ofrezca resistencia exagerada. Por la carretera marcha el automóvil blindado, precediendo a las columnas. Por la vía va caminando el tren, acomodando su marcha a la nuestra. El globo cometa se ha trasladado desde Nador, donde pernoctó, hasta Tauima, donde el Alto Comisario ha instalado su cuartel general.

Ya estamos encima de Zeluán. En una pequeña lomita, que la vía del ferrocarril parte en dos, y con la que los moros habían construido dos trincheras en ángulo, que no han defendido, se emplazan las ametralladoras de una bandera del Tercio para flanquear al resto de la columna que va a emprender la ascensión a Bu-guenzein, que está siendo ya objeto de largo cañoneo.

Nos asomamos a la primera loma, por donde acaban de subir los del Tercio. A menos de un kilómetro está Zeluán. La Alcazaba exteriormente aparece bastante bien. En el Aeródromo se ven los efectos del incendio. En el poblado todas las casas están sin techo y ennegrecidas. Mientras la mayoría de las fuerzas de Sanjurjo ascienden a preparar el asalto de Bugenzein, fuerzas del Tercio se adelantan con rapidez para ocupar el Aeródromo, mientras los policías ocupan la estación del ferrocarril. Nos vamos detrás de la policía, y entramos en el poblado desierto. Al final de la calle vemos el ordenanza del oficial de la policía que conduce los caballos del diestro. En el poblado, ni un alma. Las casas, como en todas partes, hechas añicos. En las calles unos cuantos cerdos muertos, sin enterrar. A la salida del pueblo, en una especie de plazoleta, que da a la Alcazaba, un camión medio quemado y destrozado. No nos detenemos; queremos entrar en la Alcazaba, y mezclados con un escuadrón de Alcántara penetramos en el recinto de la antigua fortaleza mora, en la que entran al cabo de un momento, el coronel Castro Girona y el comandante Franco, del Tercio.

La Alcazaba ofrece un cuadro de desolación. Hay pocos restos humanos, siete cadáveres en lo que fue la enfermería, y unos cuantos más, pocos, junto a unas fosas preparadas sin duda por los defensores. En el interior del patio numerosos caballos muertos; en un costado los restos de una colosal hoguera, en la que fueron quemados muchos más. De todas las construcciones que existían en el interior de la Alcazaba, no queda más que el pabellón de infecciosos del hospital, sin puertas ni ventanas, pero con techos; todo lo demás, quemado y arrasado por completo.

Cuando vamos a salir para recorrer el poblado, llegan las fuerzas de la Corona, que han de ocupar la Alcazaba, y a poco llegan el coronel Saro y el general Berenguer (F.). A las once, ante las tropas formadas, presentando armas y a los acordes de la Marcha Real, se iza en la Alcazaba la bandera española.

Por las lomas de Bu-guenzein van subiendo los soldados de Sanjurjo –los verderos héroes de esta campaña;- van dispuestos para el asalto de la torreta de la avanzadilla y de la casa de la posición. Delante, el Tercio; inmediatamente detrás, apoyándole y protegiéndole los flancos, van dos batallones peninsulares, seguidos de cerca por otras fuerzas de infantería. La artillería de montaña se ha emplazado y va protegiendo el avance de los nuestros en el movimiento de conversión que han hecho.

Un aeroplano desciende tan bajo, que diríamos va a tomar tierra, pasa por encima del Aeródromo, como reconociéndolo, se eleva y vuelve a bajar, para aterrizar ahora en el campo de aviación de Zeluán. Manzaneque y Carrillo, que son los aviadores, vuelven al poco rato a emprender el vuelo. Durante toda la mañana han estado volando grupos de aeroplanos, que han lanzado numerosas bombas.

Los de Sanjurjo siguen cuesta arriba. Han ocupado ya la avanzadilla; el enemigo no ofrece hoy mucha resistencia. Al poco rato, en Bu-guenzein se ha izado la bandera española. Se han cumplido ya todos los objetivos marcados para hoy, casi sin bajas. A las doce, la columna de sanjurjo no tenía más que tres heridos.

Nos vamos a visitar el Aeródromo. Algunas techumbres han escapado a la acción del fuego. Otras y la escalera que comunicaba con la azotea, han sido pasto de las llamas, lo mismo que los hangares. En estos, en horrible confusión yacen los motores de los aeroplanos, requemados y golpeados, mezclados con trozos de la viguería del techo, y con los vientos y partes metálicas de los aparatos. En la habitación del archivo, merciado con los escombros de los tabiques, que han sido derribados, numerosas fotografías y papeles andan tirados por el suelo. La bañera, casi intacta, está tirada. Las bombas que quedaban, se nota que han sido voladas, por el hueco que la explosión ha producido en el suelo.

Continuando nuestro reconocimiento, vamos al cortijo de Gómez. No queremos, lector describirte los horrores que allí han pasado ante nuestros ojos. Conformate con saber que hemos visto más de un centenar de cadáveres amontonados, semicalcinados unos, otros sin quemar, pero todos profanados y demostrando en sus gestos y actitudes la horrible agonía sufrida. Fuera de la casa, en una pequeña explanada, había otro centenar; otros tantos en las proximidades del santuario de Sidi- Hossain, un grupo menor en el cementerio y entre la carretera y el ferrocarril, unos trescientos que creyeron haber escapado ya del martirio y cayeron en el ellos pensaban era el camino de la salvación. Todos los cadáveres, todos en absoluto, presentaban señales de haber sido mutilados. El espectáculo de Zeluán es de los que no se olvidan. Unos cuantos frailes franciscanos y hermanos de la Doctrina Cristiana ayudan a la comisión de higiene en su tarea de recoger los muertos. Con ellos van algunos familiares de las víctimas tratando de reconocer el hermano perdido. El médico jamonal y el teniente Bargés, de regulares, han podido ser identificados.

En Zeluán ha quedado la columna del general Cabanellas. Las de Sanjurjo y Berenguer regresan a sus campamentos respectivos. El repliegue se hace con todo género de precauciones, pero sin ser hostilizadas las columnas, que regresan hoy tristemente impresionadas por el trágico espectáculo que han presenciado en Zeluán y que les ofrece la carretera, hasta el mismo pie de Tauima. M. Fenech Muñoz. Melilla a 15 de octubre de 1921…”

“El Telegrama del Rif”
Don Cándido Lobera Girela, así como el enviado de “La Vanguardia”, el Sr. Fenech Muñoz, había sido más escueto, informaba de forma mucho más extensa y cruda de lo que se encontraron en aquella jornada de recuperación de Zeluán y su Aeródromo, las columnas de Sanjurjo, Berenguer y Cabanellas. Dicha noticia, publicada en el rotativo melillense ya mentado del sábado 15 de octubre de 1921, decía lo siguiente (textual): (9).

“…DESDE TAUIMA A ZELUAN SE HAN ENCONTRADO TRESCIENTOS CADÁVERES DE MILITARES Y PAISANOS, VILLANAMENTE ASESINADOS. Sobre Zeluán y Buguenzein flota nuevamente la bandera española. En Orán se anunciaba el 29 de Mayo graves sucesos en Melilla.

La Reconquista y tragedia de Zeluán
Regresamos a la plaza dominados por dos antitéticas impresiones: una halagadora, dolorosísima la otra. Se refiere la primera al desarrollo militar de la operación; la segunda, trágica e inenarrable, al lúgubre espectáculo que ofrecen la carretera, el poblado y Alcazaba de Zeluán.

Las tres columnas actuantes desde la conquista de Nador, desarrollaron como siempre, de modo admirable, el plan de la reconquista. Sanjurjo el flanco derecho, el más amenazado, donde eran de prever choques y combates, por dominarlo las vertientes orientales de Beni Bu Ifrur. Berenguer en el centro, para despejar el frente de la Alcazaba, limpiar de enmigos el río y ocuparla. Cabanellas a la izquierda, llevando como objetivo envolver con su caballería la vieja fortaleza. Y una vez ocupada, continuar todas la conversión a la derecha, cuyo eje era la primera columna, para permitir a los soldados de Sanjurjo escalar Bu-Guenzein.
Orden, método, precisión, acometividad, disciplina, entusiasmo, bravura, todo ello hubo en las dos fases y en el repliegue. Rebelándose contra el dictamen facultativo y consejo de amigos, abandonó el lecho el Marqués de Cavalcanti, para mandar en persona las tres columnas, teniendo el General en Jefe la alta dirección. A las diez ondeaba la bandera española sobre la Alcazaba y tres cuartos de hora después era izada en la torre de Bu-Guenzein, entre las vibrantes notas de la Marcha Real, pocas veces escuchada con mayor emoción y recogimiento.

El dolor embota nuestros sentidos y sella nuestros labios al hablar de la segunda impresión. Cadáveres momificados de fugitivos de la tragedia, jalonan la carretera, cubren las cunetas y obstruyen las alcantarillas; las vanguardias tuvieron que separarlos piadosamente para evitar los profanaran carros y automóviles. Aquí y allá hay otros en descomposición, no de hermanos nuestros, de nuestros enemigos, de las siniestras hienas, salpicadas con la sangre que habían originado.

La casa de labor de don José Gómez –después la describiremos- es un cementerio de mártires, tormento de españoles. Lugar sagrado que debe conservarse como reliquia de la espantosa matanza. El fuego devoró los cuerpos desgarrados con refinada crueldad; algunos sufrieron el martirio medio enterrados y agonizaron, otros abrazados estrechamente. Uno, sentado, rota la espina dorsal, apoya la cabeza sobre sobre las piernas; hay actitudes de ira, de resignación, de súplica, de desesperación suprema…

Y hemos evocado en toda su intensidad la tragedia, y creído ver la cólera de los soldados y paisanos, relampagueando aún en la oquedad de las órbitas… Lloros de niños, gritos de mujeres, resuello de vírgenes violadas, estertores de moribundos, arrebatos de locura. Allí culminó el dolor humano.

Como si no pertenecieran a la humanidad los rifeños, endurecidos sus pechos, no entró en ellos el más humano de todos los afectos: la compasión…

Hemos orado, arrasados los ojos en lágrimas, levantada la frente al Cielo por los que yacían sobre la tierra santa, que santificaron con su sangre.

Plumas excelsas pintarán los sombríos colores del cuadro, sus tétricos matices y la conciencia nacional se conmoverá hondamente y se avivará el fuego sacro que arde en nuestros corazones, como en el Sol la lumbre, y saldrá del fondo de todas las almas hispanas este anhelo supremo que la nuestra grita: ¡Justicia!, ¡Justicia!, ¡Justicia!.

La primera fase de la operación desde Tauima. Las columnas concentradas despliegan, incendiando la llanura. En los flancos se rompe el fuego y pronto queda vencida la resistencia.

Hemos madrugado poco y no nos pesa el mayor descanso, pues más tarde habíamos de sufrir una de las mayores impresiones de nuestra vida. La carretera de Nador se halla casi desierta, viéndose tan solo las fuerzas encargadas de su vigilancia. Pasada la tercera caseta, encontramos un grupo de camiones que se han detenido para prestar auxilios, conductores y protectores a los compañeros contusionados efecto del vuelco de uno de los pesados vehículos que rodó por el terraplén, consecuencia de una falsa maniobra. Afortunadamente no parecen graves las lesiones; un auto rápido que del poblado retorna, se ofrece a traerlos a la ciudad donde la vida comienza y es grande el deseo de conocer el resultado de la bélica jornada. En cambio la carretera de Zeluán, el camino viejo y la llanura que surcan, presentan el alegre aspecto de las columnas en marcha, alegría que pronto se troncará en duelo.

Infantes y jinetes van fuera de camino, para dejar este libre a convoyes e impedimenta. Conmueve el piso el férreo tremor de armones y cureñas, de furgones abarrotados de material, de carros provocando inmensas nubes de polvo que envuelven a la tropa, bronceada por el aire y el sol.

A las ocho se han concentrado a la altura de Tauima las tres columnas. Sanjurjo viene de Segangan; lleva en vanguardia al Tercio y varios batallones, cuyos números no podemos leer, pero si los de Granada, Garellano y Otumba. Castro Girona la manda y el grueso, Coronel.

La columna Berenguer, en el centro, en cabeza la media brigada del coronel Saro; batallones de Corona, Wad-Ras, Saro y Policía Indígena; tras ella la segunda, a las órdenes del coronel Salcedo.

El Regimiento de Farnesio ha desplegado y cubre el frente de ambas, mientras los escuadrones de Alcántara lo hacen por el flanco derecho de Sanjurjo

La del General Cabanellas se ha organizado con el escuadrón de Regulares, dos de Pavía, uno de Treviño y ametralladoras de Farnesio en vanguardia, con Núñez de Prado. En el grueso, Lusitania y dos escuadrones de la Princesa al mando de los coroneles Souza y Ruíz del Portal; a retaguardia dos escuadrones de Pavía y el coronel Letona. Del grupo a caballo, una batería va en la vanguardia y dos en el grueso.

El camión automóvil y el tren blindado marchan a la altura de las columnas. En Tauima están los Generales Berenguer y Cavalcanti y sus Estados Mayores. El activo Director de “La Época”, Marqués de Valdeiglesias y este mediocre cronista, suben a la torreta donde ya se encuentran Corrochano, Pugés, Espinosa y Mariscal de Gante, cantores de la reconquista. Nos sorprene ver en aquella altura, no exenta de peligros, pues se halla a tiro de fusil de los cercanos montes, a una bella señorita. Es hija del inteligente ingeniero Joaquín Arizquete. Tiene un hermano en Garellano y quiere seguir los episodios de la lucha, para recibirle en sus brazos si el plomo enemigo le pone fuera de combate.

A las ocho y media inicia el fuego el enemigo con descargas cerradas sobre las banderas del Tercio y batallones de la columna Sanjurjo. Truenan los cañones del 14º ligero emplazados en Tauima, las baterías de las dos columnas de la derecha y su acción devastadora puebla los montes de bramidos. Casi al mismo tiempo, los de la brigada Cabanellas le imitan en la planicie, fértil a veces, pantanosa otras, por la que se ha desborado la carne y el acero.

Desmontan los jinetes y rápidamente montan de nuevo. Es que la artillería del grupo a caballo ha hecho magníficos blancos, dispersando a los osados rifeños que hostilizaban desde unas casucas del llano. La caballería los persigue, hasta que se pierden al galope de sus caballos. Cuatro ó cinco de los que les hostilizaban mueren en el pequeño poblado.

En el centro, apenas se oye la fusilería. En cambio las ametralladoras de Sanjurjo castañetean y los fusileros se las entienden con un núcleo que los buenos observadores calculan en cuatrocientos. La artillería de acompañamiento y de los grupos ligeros, termina la obra y pronto huyen tras los montes desnudos y cribados.

Los aeroplanos se ciernen temerarios sobre el fuego enemigo y dejan caer bombas en el fondo de los cubiles de los que todavía resisten.

Se ocupa la Alcazaba y se reconquista Buguenzein, con escasa resistencia. El dolor de la carretera. La devastación del poblado y del Aeródromo. El cementerio de los mártires.

Cada vez se hace más difícil la visión desde la torre de Tauima y optamos por seguir la carretera. El horizonte está poco esfumado por la niebla y el humo de los incendios y los negros torreones de la Alcazaba se confunden con el terreno grisáceo de sus aledaños.

A 300 metros de la estación de Tauima, una cruz indica la sepultura de un soldado. 1.500 metros más allá comienza la senda dolorosa, verdadero vía-crucis de los que huyendo de Zeluán hallaron la muerte cuando creían haber salvado la vida.

Uno, dos, diez, treinta, cincuenta, cien… trescientos cadáveres. ¡A qué contar más!. Como al principio decimos, los hay en los bordes de la carretera, en las cunetas, sobre el camino viejo, cerca de la vía, en plena llanura; medio desnudos, momificados, con terribles mutilaciones todos. Debajo de un puente, diez ó doce; debieron ocultarse allí y ser sorprendidos por sus perseguidores. No lejos, entre las cenizas, se ven restos humanos. Esos cadáveres no despiden olor. El viento, el aire, el fuego, las alimañas y aves carnívoras, hicieron su obra. El hedro insoportable que surge del suelo, lo producen los cadáveres de rebeldes muertos durante los últimos combates y los caballos destrozados por nuestra metralla. Los de la tragedia, ó son esqueletos ó están también momificados.

Enfocamos los gemelos sobre la Alcazaba y vemos salir de ella varios jinetes rifeños en carrera desenfrenada cuando la vanguardia de Berenguer va a penetrar en el recinto. En torno nuestro, el resplandor bermejo de las llamas, el grave retumbo de la artillería y el espectáculo de los cadáveres de militares y paisanos que parecen todavía condolerse llenan el ánimo de pesadumbre y de cólera.

Al flanco izquierdo, las nieblas se disipan, el horizonte se esclarece y centellean los sables. El avance de la brigada Cabanellas es ya franco. Minutos después ocupa el Zoco de Ain Ben Rahal.

En el flanco opuesto, los cañones renuevan su acción sobre grupos enemigos que huyen y los escuadrones de Alcántara cargan hasta dispersarlos. Sanjurjo, ha ocupado el Aeródromo, y Berenguer la Alcazaba. Desde aquel momento, el fuego se extingue en el centro y ala izquierda y es muy débil en el ala derecha. La gran conversión a este costado continua apoyándola la artillería que vomita metralla sobre las vertientes Sur de Beni Bu Ifrur. La resistencia es menos empeñada de lo que pudiera suponerse. La harka enemiga no esperaba ayer el avance sobre Zeluán o ver al imponente aparato bélico, optó por replegarse, oculatándose en las montañas vecinas.

La brigada Berenguer apoya a la de Sanjurjo y ésta decidida, brava como las otras, comienza la conquista de las colinas inmediatas a Buguenzein y pronto corona dicha posición, izando la Bandera sobre la torre de lo que llegó a ser simple puesto de policía indígena.

Berenguer (don Federico), ha presenciado el izamiento de la insignia de la patria sobre la puerta principal de la Alcazaba. Las tropas presentan armas, y los paisanos, descubiertos, asisten al emocionante espectáculo y se entona un himno a la Patria querida, que es grande, aunque muchos se empeñan en labrar su ruina.

Antes de la ocupación, hallamos nuevamente en la carretera a la señorita de Arizqueta, que con su padre, el diputado Indalecio Prieto, otros amigos y periodistas, avanzaba audaz. Tan cerca de ella cayeron los proyectiles de los “pacos” que la prudencia se impuso, deteniéndolos. ¡Brava mujer, genuina representación de la raza hispana!.

Y entramos en la Alcazaba y recorremos los locales en ruinas, taponadas las narices, porque el gran patio es un cementerio de caballos. Sólo en el torreón más oriental hay restos humanos calcinados y algún que otro cadáver. La harka no debió acampar en el interior de la fortaleza.

En la explanada del frente Norte, hay también caballos momificados y otros en descomposición. El puente sobre el río Zeluán está intacto. Los postes de la línea telegráfica y y telefónica fueron arrancados de cuajo o cortados por el hacha del leñador.

El poblado de Zeluán es un montón de ruinas. Solo dos ó tres casas conservan las techumbres; las barracas fueron incendiadas, y en el interior de todas las viviendas han sido demolidos los tabiques. Sólo los arados están intactos. Por todas partes fragmentos de máquinas Singer; en la explanada donde se celebraba el zoco, hay un gran camión destrozado; algunos rebeldes amontonaron sobre él chapas de zinc, formando cabañas. Antiguos vecinos de Zeluán, vistiendo luto muchos de ellos por los seres queridos, sacrificados, recorren el caserío, rojos de ira, evocando también la tragedia y el bienestar perdido.

Pasamos al Aeródromo, del que solo quedan en pie los muros y alguna techumbre. Los hangares fueron pasto de las llamas; sobre el pavimento quedan restos calcinados de la complicada maquinaria y tal cual bomba que no estalló. El quinto de Zapadores demuestra extraordinaria actividad en los trabajos de fortificación, y mientras unos tienden alambradas, abren otros aspilleras y derriban cuanto puede ser un obstáculo para la defensa.

El General en Jefe y el Comandante General, con sus Estados Mayores, contemplan aquel montón de escombros, que fue magnífico aeródromo. El semblante del marqués de Cavalcanti denota el supremo esfuerzo hecho para dirigir una operación que le recuerda la de 1909. Entonces entró con el general Tovar al frente de la división que aquél mandaba. El primer paisano que la pisó ayer, fue nuestro compañero en la Prensa Luís Mascías, antiguo y querido redactor de EL TELEGRAMA DEL RIF, corresponsal hoy de guerra de “Las Notícias”, y tras él, el dipuatdo Prieto.

Nos resistíamos a penetrar en la casa de labor del difunto don José Gómez Alcalá. Al fin, entramos, y nos pesa haberlo hecho. ¡Para que aumentar la angustia del lector con relatos macabros, después de las notas consignadas al principio1. Allí está el hermano de una de las víctimas, demudado el rostro, sacando fuerzas de flaqueza. Es el teniente don Rafael Carrasco, que pretende identificar el cadáver del bravo capitán de la policía don Ricardo.

En la habitación que da a la calle, hay muchos restos humanos calcinados y en todas las del interior, como en el patio, muchos más.

La última de la derecha es imponente. Nos cubrimos el rostro para no ver el horrible cuadro. Recogemos algunas reliquias de los mártires y abandonamos la casa del suplicio, arrasados los ojos en lágrimas. De sus muros surgen lúgubres fantasmas.

En las proximidades del santuario de Sid Hossain, se cuenta un centenar, mutilados, y varios también en el cementerio católico, profanado por los rebeldes , que rompieron cruces y arrancaron lápidas. Nosotros, en cambio, respetamos en la lucha los suyos y los templos y moravos islámicos.

La operación termina sin hostilidad y el saneamiento comienza. La última fase. La comisión de higiene recoge los cadáveres y el clero los bendice. Unas cuantas reliquias de las víctimas.

La columna Cabanellas ha establecido los servicios de seguridad en la orilla derecha del río Zeluán con sus escuadrones y el Regimiento de Treviño, apoyándole varios batallones de Berenguer. Recorremos esa línea que ha cambiado algunos disparos con algunos pacos y volvemos a la Alcazaba, donde comienza el repliegue de las columnas Berenguer y Sanjurjo. La tranquilidad es absoluta. El campo enemigo parece desierto. Sin embargo el movimiento retrogrado se ejecuta como si la hostilidad fuera grande; precaución bien necesaria con enemigo tan traidor como el rifeño.

Las bajas han sido escasas; solo heridos leves; entre estos el teniente Marqués de Casa Arizón, SS.AA.RR. los Infantes Don Alfonso y Don Genaro estuvieron en todo momento con sus escuadrones. Uno y otro se hallaban tostados por el sol.

La carretera fue cortada en el kilómetro 19, y pronoto los Ingenieros la repararon. La vía férrea está intacta. El tren blindado, y más tarde otro para heridos, llegó hasta la estación de Zeluán, que ha sufrido menos que la de Nador. Los ingenieros reparan la línea telegráfica y establecen una provisional. Las ambulancias sanitarias han tenido muy poco que hacer. En cambio la comisión de higiene se multiplica y mientras varias unidades desinfectan los nuevos campamentos, otras recogen los cadáveres, ayudándoles en su santa obra frailes franciscanos y Hermanos de la Doctrina Cristiana, que bendicen los inanimados restos de las víctimas de la barbarie rifeña.

En el “Cementerio de los mártires” hemos recogido cartas y documentos, reliquias que habremos de entregar a las famílias que las reclamen para su conservación. Helas aquí:

Carta de don Luís Sousa (Cuatro Vientos) a Perico.
Ídem de Lolita a Luís.
Ídem de doña Valeriana Osmar de Logroño a Pepe.
Ídem de Ricardo (de Torrubia del Campo).
Ídem de Esperanza y Marina (de Villagarcía) a Telesforo.
Ídem de don Saturnino Calvo a su hijo.
Ídem de Eugenio (de Jaca) a Francisco.
Ídem del Coronel Primer Jefe de la Aeronáutica Militar a don Ángel Martínez Cañadas.
Ídem de don Eugenio Corona (de Jaca) a Francisco.
Ídem de Pepita y don Juan Rivas (de Barcelona), a don Remigio Jimeno.
Ídem de don Lorenzo Calvo (Benaguas), a su hermano.
Ídem de Paca Gallego (de Granada), (sin dirección).
Ídem de don Francisco Hermoso de la Cruz (de La Carolina), a su hermano. (Esta carta está empapada en sangre).
Tarjeta de visita de don Vicente Barrón y Ramos de Sotomayor, Teniente de Infantería.
Un décimo 21.777 correspondiente al sorteo del 12 de Mayo.

Otros compañeros, entre ellos Domingo Tejera, tienen en su poder más reliquias. Figura entre estas una firmada por Sánchez Marcos, dirigida a su novia Leonor, residente en Málaga. Es tierna y conmovedora despedida momentos antes de ser inmolado. Tiene frases de acendrado amor a la patria, de cariño a su prometida y de tiernos afectos para su padre. Solo es legible una parte del escrito. El resto se ofrece demasiado confuso. Fue hallada bajo la cabeza del cadáver.

Pero sin duda, , la más interesante de todas es la de María Ocagna, fechada en Oran el 29 de Mayo. Expresa el sentimiento que le producen las penalidades de su hijo Emilio, al que va dirigida la carta y dice: “Pronto tendrán término y regresarás a mi lado para no separarnos más”. Al final se leen estas palabras “Por aquí circulan malas noticias del campo de Melilla y para en breve se anuncian graves acontecimientos”.

Al lado de otro, que yacía en la cuneta, se encontró un block de vales firmados por el sargento Vaello de Cazadores de Alcántara. Amigos del finado notaron en el uniforme y huellas de los galones.

El alférez de navío Gamonal, ha reconocido el de su hermano, teniente médico. Junto a él hay otro del mismo cuerpo de Sanidad.

El fotógrafo Luque, halló un retrato echo en su casa y resulta ser el del practicante de la enfermería de Zeluán.

El sol declina cuando volvemos a Nador. Las columnas también regresan, pero no marchan alegres como otras veces. Es que a todos a entristecido la via dolorosa y el Cementerio de los mártires. Candido Lobera…”


Fuentes:
1). “ABC”, Edición de la mañana, pág. 17, Madrid, domingo 23 de octubre de 1921.
2). “España en sus héroes” “Primo de Rivera: la última carga, al paso”, Madrid 1969.
3). “Desastre de Annual” “Veterinaria militar. Veterinaria militar en la Comandancia Militar de Melilla en Julio de 1921”, por D. Javier Sánchez Regaña, en su web en internet “Desastre de Annual”, de miércoles 2 de septiembre de 2009.
4).”Actualidad de la veterinaria militar: pasado y presente (II parte)”, por D. Luís Moreno Fernández-Caparrós, Coronel Veterinario, publicado en Internet.
5). “En memoria del Tcol. D. Fernando Primo de Rivera y los Cazadores de Alcántara”, artículo publicado en Internet por D. José V. Ruíz de Eguílaz y Mondría, Coronel de Caballería.
6). “La Vanguardia”, Barcelona, página 13, miércoles 19 de octubre de 1921.
7) “Annual, 1921. Crónica de un desastre”, de D. Luís Miguel Francisco, “Militae” de “AF Editores”.
8). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos” nº 7.452, pág. 3 (Esquela), Melilla, viernes 2 de septiembre de 1921.
9). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos”, nº 7.488, pág. 1, Melilla, sábado, 15 de octubre de 1921.
10). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos nº 7.489, pág. 1, Melilla, domingo 16 de octubre de 1921.
11). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos nº 7.491, pág. 4, Melilla, jueves 20 de octubre de 1921.
12). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos nº 7.492, pág. 1, Melilla, viernes 21 de octubre de 1921.
13). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos, nº 7.494, pág. 3, Melilla, domingo 23 de octubre de 1921.
14). “España en sus héroes” “Primo de Rivera: la última carga, al paso”, “Francisco Martínez Puche”. Madrid, 1969.
15). “Heroico sacrificio del Regimiento de Caballería de Alcántara nº 14 en la retirada de anual (23 de julio de 1921)”, del Comandante de Infantería D. Ángel Cañete Páez, Sevilla, mayo de 2009, en Internet.
16).”Nota del Cónsul de Uxda sobre la liberación de María Martin y Antonia Galán”,
17). “La Voz. Notícias de todas partes. Diario independiente de la noche. Núm. 338, págs.. 1 y 2. Madrid, 29 de julio de 1921.
18). “ABC”. Pág. 7, Madrid, a 4 de agosto de 1921.
19). “ABC” Edición de la mañana, pág,8, Madrid, martes 26 de julio de 1921.
20). “ABC” Edición de la mañana, págs. 7 y 8, Madrid miércoles 27 de julio de 1921.
21). “ABC” Edición de la mañana, págs., 7, 8 y 9. Madrid, jueves 28 de julio de 1921.
22). “ABC” Edición de la mañana, págs.. 7 y 8, Madrid, sábado 30 de julio de 1921.
23). “ABC” Edición de la mañana, págs. 15 y 18, Madrid, domingo 31 de julio de 1921.
24). “ABC” Edición de la mañana, págs, 7 y 9, Madrid a 5 de agosto de 1921.
25). “ABC”Edición de la mañana, págs

Hans Nicolás i Hungerbühler