domingo, 13 de junio de 2010

Naufragio del "Oranie"






Melilla 1910 : Naufragio del “Oranie”

por Juan Díez Sánchez
( de la Asociación de Estudios Melillenses )

A lo largo de los años, la rada y Puerto de Melilla han sufrido los efectos de numerosos temporales, siendo los más peligrosos aquellos cuyas olas eran empujadas por el viento proceden de la zona de mayor línea de agua: Salerno y Marsella.
En ocasiones los vientos han alcanzado hasta los ciento veinte kilómetros por hora, constituyendo auténticos huracanes con olas que se han elevado incluso por encima de los diez metros de altura y arrastrado bloques de hormigón de la escolleras con ochenta toneladas de peso.



Con duración de entre cuatro y siete días y con mayor frecuencia en los meses de enero y abril, nuestra ciudad ha padecido grandes temporales en los años 1775, 1842, 1849, 1852, 1898, 1914, 1927, 1938, 1949, 1956, 1965 y 1990. Siendo los de los años 1914 y 1927 aquellos que han perdurado en la memoria colectiva, por haber empujado al mar a la admirada grúa Titán que se utilizaba en la construcción del Puerto, el primero. Y el segundo echado a pique un buen número de embarcaciones de diferentes portes, entre los que se encontraba el mítico buque inglés “Collingdale”, que embarrancó frente al Barrio del Hipódromo e incluso precisó el auxilio de hidroaviones.
Como hemos mencionado, junto a los grandes y recordados temporales, perduran otros muchos de menor intensidad pero que también dejaron huella en la historia de nuestra ciudad. Por ello, ahora coincidiendo con su centenario evocamos algunos aspectos del temporal padecido en los primeros días del mes de abril de 1910 y que arrastró al buque “Oranie” hasta la playa de Hipódromo. Un acontecimiento que mantuvo en vilo durante un buen número de jornadas a una población como la melillenses, habituada a las emociones fuertes derivadas de la Campaña del Rif que en el verano y parte del otoño del año anterior se desarrolló a las puertas de la Ciudad.
Igualmente al recordar el suceso del “Oranie”, rendimos homenaje a tres grandes periodistas melillenses que bien con sus plumas y abnegación quedaran para siempre unidos a la historia de este barco francés: Rafael Fernández de Castro y Pedrera, José Ferrín Fernández y Constante Miquelez de Mendiluce.
Un espléndido día
El viernes primero de abril del año 1910, Melilla se despertó con un espléndido día de primavera. La mar en calma, la buena temperatura y una ligera brisa nunca podrían presagiar que pocas horas después, sobre las once de la mañana un formidable temporal azotara la ciudad. Debiendo los buques surtos en la rada, pues el puerto comenzaba construirse, tomar rumbo al archipiélago de las Chafarinas para encontrar el oportuno resguardo.
El cañonero “General Concha”, transporte de guerra “Almirante Lobo” y los buques correos “Sevilla”, “Ciudad de Mahón” y “Nuevo Valencia” pronto interrumpieron las operaciones de carga y descarga que realizaban, aumentaron la presión de sus calderas y abandonaron las aguas de Melilla, no sucediendo lo mismo con un aljibe fuertemente sujeto, y el vapor francés “Oranie”, que bien por negligencia de su capitán o por no poder levar el ancla al engancharse ésta con el cable telegráfico submarino que enlazaba nuestra ciudad con Chafarinas. Quedó a merced de unas olas que terminaron por arrastrarlo hasta la playa cercana al cuartel del Hipódromo. Donde quedó varado en la arena, mientras que personal de la Junta de Obras del Puerto, de la Compañía de Mar, vocales y camilleros de la Comisión Local de la Cruz Roja y los prácticos con material de salvamento dispusieron un tren que los llevó con algún retraso hasta las proximidades del barco naufragado, tumbado de babor y cruzado por el fuerte oleaje.
Mientras se preparaba las acciones oficiales de rescate, unos bravos hombres del Cuartel del Hipódromo prestaron las primeras ayudas: fueron el teniente de Cazadores de Segorbe José Concas, el músico de tercera Manuel González y un paisano, el cantinero del mencionado Hipódromo, Sebastián Jiménez Arroyo. Quienes a los gritos de “Au secoure” emitidos por la tripulación desde la proa, tomaron el salvavidas cogido con un delgado cable lanzado por éstos. Siendo el cantinero el que con gran peligro para su vida se lanzó al agua y luchando contra el muy fuerte oleaje tomó el cabo.
Gracias a esta comunicación, cable con salvavidas, entre el barco y la orilla firme se pudo realizar el rescate de la tripulación, pero antes y coincidiendo con un momento de bonanza, varios marineros intentaron echar al agua un bote para llevar a tierra nuevos cabos. Más cuando este bote estaba a punto de rozar las aguas, se desfondó cayendo al mar los marineros. Que fueron ayudados a salir del agua por las manos generosas de varios oficiales del Ejército que también se pusieron en peligro. No obstante gracias a uno de los nuevos cabos se consiguió enlazar con el buque con un fuerte calabrote, sujeto a tierra por un potente trípode.
A este calabrote se le unió una anilla corredera sujeta a un salvavidas por el que se deslizaron hasta la playa la tripulación al completo y documentación del “Oranie”. Teniéndose que convencer al capitán del buque de que lo abandonara, pues su presencia allí ya no tenía ningún sentido. Fue una tarea compleja y delicada que precisó en tierra el esfuerzo de unos cuarenta hombres para mantener tenso, con la ayuda de paños, el calabrote, así como hacer deslizar el salvavidas que transportó de uno en uno a los veintisietes marineros de la tripulación. Todo ello bajo una fuerte lluvia, calados hasta los huesos todos los presentes, desde el general Arizón al voluntarioso civil que hasta allí encaminó su curiosidad.
En esta exitosa tarea tuvieron gran protagonismo dos hombres experimentados de la Compañía de Mar, el maestro calafate Francisco Herrera y el sargento Cayetano Valverde.
Otros sucesos
Al mismo tiempo que el “Oranie” naufragaba, en la rada de Melilla zozobró por una racha de fuerte viento una barca rifeña cargada de leña, sus tres tripulantes fueron lanzados al agua, sobreviviendo gracias a que se sujetaron al palo de la vela en tanto fueron rescatados por unas de las embarcaciones que transportaban mercancías entre los buques y los pequeños muelles de la ciudad.
El río de Oro también experimentó una rápida crecida, arrastrando sus aguas a un niño que pudo ser rescatado por un empleado de “El Telegrama del Rif” con ayuda de otro viandante.
También lo pasó mal una pequeña embarcación a motor que había ido hasta la Bocana, sorprendiéndole un temporal que pudo capear a fuerza de forzar el motor. Y algunos bloques de hormigón colocados en Florentina a modo de escollera del puerto en construcción, fueron volcados por la tremenda fuerza de las olas.

El “Oranie”
Este buque había llegado a las aguas de Melilla en la mañana del 29 de marzo transportando un cargamento de madera destinada a la Administración Militar, presumiblemente con la finalidad de levantar barracones donde alojar hombres y materiales de la guarnición, que había experimentado un aumento considerable a consecuencia de la recién terminada Campaña del Rif.
El “Oranie”, perteneciente a la firma “Sip Castagriar Freres”, de Orán ( Argelia ), representada en Melilla por los hermanos Benhamou era mandado por el capitán Monsieur Bourdal y su primer oficial se apellidaba Michaud.

Tareas de salvamento
Enseguida, los técnicos locales dijeron que la liberación del buque sería dificilísima, pues entre el punto donde se encontraba y la mar libre había un gran banco de arena, superado por el “Oranie” merced al temporal y que casi toda la carga del barco ya la había depositado en Melilla.
Además en la noche del mismo viernes, el temporal empujó aún más al “Oranie” hacía la playa.
La importancia de este incidente fue tal que el general Sotomayor lo comunicó al Ministro de la Guerra y éste informó al Rey Alfonso XIII, quien junto con el Gobierno felicitaron al personal militar que intervino en las tareas de socorro.
Al día siguiente llegó un remolcador procedente de Gibraltar, por si fuera necesaria su ayuda. Ofrecimiento que se declinó por estar en camino otro remolcador propiedad de la misma empresa naviera que el buque siniestrado. Y en la mañana del dia 4 fondearon en las aguas de Melilla dos buques de guerra franceses, el “Du Chaylar” y “Forbich”, el primero un crucero de segunda clase de 4.000 toneladas, botado en 1897. y el segundo un aviso de 1.850 toneladas.
Buques de la Armada gala que tras los saludos de rigor mediante salvas de artillería, lo primero que hicieron fue botar sendas chalupas a vapor con personal para efectuar un reconocimiento en la zona donde estaba varado el “Oranie”. Apreciándose que el temporal había depositado aún más arena a babor del “Oranie”, teniendo el casco sumergido en la playa unos dos metros. lo que añadía más dificultad al salvamento.
Estos navíos permanecieron en la rada melillense pocos días, pues convencidos de la evidente imposibilidad de realizar el salvamento con los medios hasta entonces empleados, pusieron rumbo a la vecina Argelia en la jornada del 8 de abril.
A la vista de que el casco del “Oranie” no aventuraba tumbarse hacía alguna de sus amuras, su tripulación regresó a bordo a los dos días, para volver a hacer en él una vida casi normal.
Un día después de la marcha de los buques de guerra franceses, comenzó a trabajar en el rescate el remolcador “Newa”, con toda celeridad para evitar que un nuevo temporal empeorase aún más la situación del buque siniestrado.
Este remolcador el sábado 9 de abril con sus potente hélices ya había abierto un amplio canal y se mantenía unido al “Oranie” por medio de un potente cable de acero que le servía de eje para realizar el dragado.
Entonces parecía que pronto se liberaría al barco francés y se comentaba que el enorme esfuerzo de las calderas del remolcador en permanente y tope de presión había merecido la pena. No en vano sus calderas consumían al día unas veinte toneladas de carbón suministrado desde Gibraltar por el carguero “Gibel Tarik”, que aproximadamente cada semana debía de reponer el depósito del carbón destinado al rescate.
Dos semanas después del siniestro “El Telegrama del Rif” informaba a sus lectores que eran dos los remolcadores alemanes los que trabajaban en las operaciones de salvamento. Indicando este periódico melillense al día siguiente que había quedado liberado medio casco del “Oranie”, estando previsto en la siguiente jornadas su rescate. Más la aparición de un nuevo temporal y diferencias entre la Casa armadora del buque y la empresa de salvamento demoraron la puesta a flote.
Finalmente el “Oranie” sería felizmente rescatado por los dos remolcadores alemanes el 25 de abril, luego de más de veinte días de arduos trabajos. Arrastrado por el remolcador “New” y escoltado por el segundo fue conducido al vecino puerto argelino de Orán, donde quedaría el buque en tanto se llegaba a un acuerdo entre la sociedad de salvamento y la firma propietaria del “Oranie”.

Rafael Fernández de Castro
En las primeras tareas de salvamento de los náufragos del buque “Oranie” participó de forma decisiva Rafael Fernández de Castro y Pedrera, entonces periodista y empleado de la empresa constructora del puerto de Melilla, la compañía Trasatlántica.
Por su abnegada y decidida cooperación en el salvamento de los tripulantes del vapor francés, en noviembre de 1910 le fue entregada Medalla de Bronce con premio y el correspondiente diploma otorgado por la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos, de la que era miembro y en la que poco después ocupó el cargo de secretario.
Los periodistas y el “Oranie”
El espectáculo de contemplar a un gran navío varado en la playa del Hipódromo, así como las labores de dragado de los remolcadores en su entorno, despertó tal interés entre los melillenses. Que siempre había un buen número de curiosos observando atónitos tan interesante como gratuito entretenimiento.
En un par de ocasiones “El Telegrama del Rif” envió expresamente a sus redactores para informar sobre el desarrollo del salvamento. Y dos de sus periodistas ante el enorme calado de la noticia que traía en vilo a la población de nuestra ciudad, incluso publicaron sendos trabajos humorísticos, el primero de fecha 12 de abril, tuvo por título “Todos trabajamos” y corrió a cargo de “Don Seguis”, seudónimo de Constante Miquelez de Mendiluce, jurídico militar que años después sería nombrado director general de Prisiones. Quien de forma jocosa decía que desde que comenzó el salvamento había siempre en la playa entre 2.500 y 3.000 personas presenciando los progresos de un rescate valorado en 95.000 pesetas. Y que despertaba tanto interés que incluso algunos suscritos al acontecimiento proyectaban instalar una cabaña en la misma playa para no perderse el esperado momento de la puesta a flote del “Oranie”.
Mientras que el segundo periodista de “El Telegrama del Rif” aludido, fue José Ferrin Fernández, quien también bajo seudónimo, en este caso de “P.Pillo” dio a la publicidad unos ripios en la edición del 21 de abril:
“Cositas
- ¿ Qué como sigue el barco embarrancado ?
- Pues tal y como ustedes lo han dejado:
con la popa mirando hacía Levante,
posición que resulta intolerante,
y haciéndole pasar duras sin cuento
a la de Salvamento”.



Artículo publicado en La Voz, suplemento dominical del diario Melilla Hoy, el 13 de junio de 2010