viernes, 5 de agosto de 2011

Zeluán 1921

“Mientras yo viva, las mujeres y los niños, especialmente no carecerán de agua”, Alcazaba de Zeluan: D. Tomás López Sánchez, veterinario 2º del Cuerpo de Veterinaria Milita

Alcazaba de Zeluán






. Tomás López Sánchez, veterinario 2º de Intendencia
Don Tomás López Sánchez, había nacido el 30 de enero de 1890. Tras estudiar veterinaria, opositó al Cuerpo de Veterinaria Militar, ingresando en el mismo, el 30 de septiembre de 1913 y dos años más tarde, tras superar el plan de estudios establecido y aprobar los exámenes, fue promovido al empleo de Veterinario 3º del Ejército, que equivalía al empleo de Alférez. Tiempo más tarde, sería promovido al empleo de Veterinario 2º (teniente). Estaba destinado en la Comandancia de Intendencia de Melilla, en la 7ª Compañía montada, el 22 de julio de 1921, se hallaba destinado en Monte Arruit. Estaba casado con Ana, matrimonio del cual, hubo tres hijos, Juan Antonio, de 5 años, Carmen, de 4 y Ana que en 1921, apenas alcanzaba el año de edad. La familia, residía con él en Monte Arruit, aquel caluroso verano de 1921. Por los méritos y comportamiento observado durante el asedio y combates habidos en Zeluán, fue propuesto para la Cruz de la Real y Militar Orden de san Fernando, cosa que todo y los esfuerzos dedicados por su esposa y algunos periodistas, no prosperó. (3).

De aquel desastre militar que sufrieron nuestras tropas en el verano de 1921, en que la Comandancia de Melilla, nadie escapó. Junto a los Regimientos de Caballería, marchaban entre otros, los veterinarios militares. Uno de ellos, que estaba destinado en Monte Arruit, formando parte de su guarnición y que junto a él, vivía su esposa y sus tres hijos, era el Veterinario 2º D. Tomás López Sánchez, hombre que fue propuesto para la más alta distinción militar en época de guerra, la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando. Después de mandar a su esposa e hijos a Melilla, en el último tren que salió de la posición de Monte Arruit, se quedó con los que aquella guarnecían y a la que se unieron las tropas que retiraban en verdadera desbandada acosadas por las fuerzas de Abd-El Krim-el Jatabi. Enviado a Zeluán en busca de refuerzos y municiones, a esta arribó tras sortear mil y un peligros y escapando de los tiradores rifeños. Ya no pudo regresar a Monte Arruit, dado que cuando se disponía a volver con sus compañeros, se encontró con que los que habían logrado escapar de la carnicería ocurrida allí, arribaban a Zeluán, donde ya se quedó, participando de forma heroica en su defensa, entregando su vida en el combate. De aquellos hechos, el rotativo madrileño “ABC” del 23 de octubre de 1921, narraba los hechos en que el Veterinario 2º D. Tomás López Sánchez, se vio inmerso. Dichos sucesos, fueron dados a conocer a la opinión pública de la forma siguiente por D. José Ortega Munilla, bajo los titulares “…Correo del Soldado: Los Veterinarios Militares, Tomás López Sánchez y sus heroicos compañeros…” (1) :

“…Lo que aquí he de escribir, utilizando datos irrebatibles, tendrá el carácter de una revelación y el de una obra de justicia reparadora. Sintesís de ello: el Cuerpo de veterinarios militares de Marruecos ha realizado en los combates que tanto emocionaron a España actos múltiples de bravura. Aún no han sido narrados. Apenas alguna leve y confusa referencia. Verdad es que en esta tierra hay notable facilidad para la acerba condenación y desdén para los méritos, por lo que va sembrándose en los ánimos de los buenos el desmayo y la desesperanza. Y tratándose del humilde Cuerpo a que aludo, hay que vencer la resistencia de los indiferentes, para que la luz resplandezca y para que la recompensa nacional llegue

Empezaré manifestando que se ha abierto juicio contradictorio para la concesión de la laureada de San Fernando al veterinario segundo D. Tomás López Sánchez, por su heroico comportamiento en la defensa de Zeluán, con ocasión de los terribles acaecimientos de Julio último… El verídico y elocuente relato dice así: “López Sánchez estaba destacado en Monte Arruit, donde vivía con su esposa y sus tres hijitos. Al saber que iban a ocurrir, López envío a su familia en el último tren que pudo efectuar el recorrido. Él quedó en su puesto… Recibió orden del comandante de la posición de ir a Zeluán en demanda de municiones. Rompiendo el cerco enemigo, evitando el fuego de los fusiles que en la negrura de la noche buscaban víctimas, llegó López Sánchez a Zeluán y cumplimentó lo que se la había mandado. Intentó regresar a Monte Arruit, pero ya entonces llegaba la fuerza en retirada”. Permaneció en Zeluán, donde ejecutó prodigios que es de equidad que salgan a la vista de los españoles. El jefe de caballería D. Francisco Bravo –uno de los salvados en esta tragedia- escribe: “El enemigo nos hostilizaba constantemente desde el cementerio, donde se había atrincherado, imposibilitándonos la aguada. El capitán Carrasco de la Policía, jefe de la posición, pidió voluntarios para una salida, con el propósito de desalojar a los harqueños de sus defensas; Tomás López acudió en el momento, y con otros veinte bravos, de todas las armas, realizó la asombrosa salida matando a 16 moros que ocupaban la trinchera. Aquel día conseguimos realizar la aguada sin contratiempo. Esta empresa la repitió López Sánchez otra vez: cercó a los hostiles, mató a los que no huyeron y recogió muchos picos y palas que los rifeños empleaban para atrincherarse, y que nos sirvieron para abrir un pozo; desgraciadamente no dio agua, y siguió el martirio de la sed”.
Y concluye la narración del Sr. Bravo con una frase que es un epitafio: “Cuando se rindió la Alcazaba, de cuya defensa había sido el alma, le ví por última vez (a López Sánchez), y no sé la suerte que correría.

No hay duda respecto a lo que pasara. El veterinario D. Tomás López Sánchez añadiría a su calidad de héroe la de mártir. Los rifeños no perdonarían al bizarro combatiente sus salidas al cementerio, donde tanto daño les produjo, ni la incansable defensa de Zeluán.

Para ese hombre se pide la laureada. No es la primera que han ganado los veterinarios; pero si se otorga será la única.

Hace poco más de un año, el veterinario segundo D. Manuel Ulierte, de Policía indígena de Melilla, contrajo sobrados méritos para alcanzar el preciado honor durante las operaciones seguidas para dominar los poblados de Tafersit, asistiendo a soldados en la línea de fuego, retirándoles a hombros hasta ponerlos a salvo, volviendo al lugar del riesgo. Jugando con la muerte para encontrar en esa liza la salud de los otros. Todo sin premio hasta el presente… ¡Odiosa injusticia!.

Sin referirme sino a los sucesos de Julio postrero, es lo cierto que 11 oficiales veterinarios prestaban servicio en la rota de Annual- llamémosla así, aunque otro nombre mejor correspondía-, Pues bien; de esos 11, cinco han muerto o desaparecido…No concluye con estas cifras el padrón herocio de los veterinarios. Los oficiales segundos del glorioso instituto D. Tomás López, D. Enrique Ortiz, y D. Luís del Valle han muerto gloriosamente luchando como bravos…Luís del Valle, un mozuelo, casi un niño, con las fuerzas a que estaba agregado, peleó tenazmente contra un enemigo infinitamente superior; y cuando toda resistencia era inútil, cuando la legión de valientes de que formaba parte fue exterminada, rompió su sable, menos templado que su alma, y encomendó a su pistola que le evitase la indignidad del cautiverio…

D. Enrique Ortiz, destacado con fuerzas indígenas en la primera línea de posiciones, lucho denodado en una retirada épica. Se vió acorralado por un núcleo de enemigos que le arrebataron su pistola. Continuó defendiéndose briosamente y consiguió llegar con un resto exiguo de la fracción de que formaba parte a Zeluán. A esa defensa contribuyó eficazmente y al capitular fue vilmente asesinado.

Así tantos y tantos soldados y jefes de la Veterinaria Militar. No cabe en estas páginas mi entusiasmo. En la ocasión presente todo son quejas, agravios, denuedos para el Ejército de Marruecos. El Parlamento ha evidenciado una vez más su apartamiento del sentir generoso de los ciudadanos.

Conste que los olvidados, los desdeñados,, los preteridos han dado la más alta señal de sus sacrificios.

¡Gloria a los veterinarios militares!. La excelsa cruz que se solicita para D. Tomás López Sánchez será el pago de un antiguo débito.

No olviden los desafectos a ese Cuerpo admirable que Pasteur empezó siendo veterinario y concluyó siendo la mayor gloria de Francia.

Y estos que vencieron a la muerte allá en Marruecos, están sobre todas las clasificaciones humanas: llegaron a la esfera heroica…Basta eso a su elogio. J. Ortega Munilla…”

Crónica de una despedida
El Veterinario 2º, D. Tomás López Sánchez, antes de vivir los hechos que le esperaban en Zeluán y que le costarían la vida, se hallaba destacado en Monte Arruit junto a su familia, compuesta por su esposa Ana y sus tres hijos de corta edad, a Juan Antonio, de cinco años, Carmen de 4 y la benjamina de la familia, Ana que aún no había cumplido el año. Tras los hechos de Abarrán e Igueriben, le tocaba el turno a la posición de Monte Arruit, López Sánchez, temeroso de lo que pudiera pasar, mandó el 23 de julio a su familia a Melilla en el último tren de la noche. La despedida de López Sánchez de su familia, ignorantes estos de que no le volverían a ver, quizás temerosos de la suerte que pudiera correr D. Tomás, quedó recogida en “España en sus Héroes de la forma siguiente (textual) (2):

“…La despedida fue dolorosa, su mujer tiene en brazos a Anita que aún no ha cumplido el año; el padre lleva de la mano a Juan Antonio y Carmen, de cinco y cuatro años. Ella está asustada y le insta a que les acompañe a Melilla,

“Aunque regreses después de dejarnos instalados allí”.
“No es posible Ana, tú sabes que mi deber está aquí, la Patria está en peligro y todos podemos ser necesarios. Aunque las cosas han empeorado, todo se resolverá bien y muy pronto. Dentro de pocos días estaréis de vuelta”-
“Tengo miedo, Tomás, especialmente por ti y por los niños.”
“No tengas preocupación, verás como no me pasa nada. Los niños contigo estarán seguros en Melilla”.
“Y si asaltan el tren, ¿qué será de estos pobres hijos?.”
“El tren va custodiado y el campo está tranquilo hasta Melilla. Apresuraros, que el tren va a partir”.
“Escríbeme, tenme al corriente de cómo estás”.
“Sí, lo haré a diario”.
El tren con un lastimero silbido se perdió en la oscuridad de la noche…”

A la mañana siguiente, el capitán jefe de la posición, Sr. López Vicente, comisionó al veterinario 2º D. Tomás López Sánchez, para ir a Zeluán en demanda de municiones, orden que este último cumplimentó de inmediato, partiendo a caballo. Ya no podría regresar al ser sitiado y caer Monte Arruit.

Las fuerzas militares destacadas en Zeluán
La guarnición militar de Zeluán, era inicialmente, una guarnición pequeña, ya que al perecer se componía a fecha del 22 de julio de 1921, de 64 hombres. Esta cifra, se vio incrementada debido a unos 450 hombres, debido a los fugitivos que a ella llegaban. De estos, eran útiles dos días más tarde, algo menos que la mitad, unos 200 aproximadamente debido al estado en el que se hallaban. A ellos, se había incorporado la columna que días atrás, había organizado el general Navarro en Drius, la cual bajo el mando del capitán Galbis, debía de dirigirse a Melilla con restos de material de guerra susceptible de ser reparado y tropas en peor estado o desmoralizadas. La escolta de dicha columna, la componía un Escuadrón de Caballería del Regimiento de Alcántara 14, el cual, se hallaba bajo el mando del Teniente Cantalapiedra y el Alférez Maroto. Este convoy que partió de Drius sobre las 20:00 horas del 22 de julio, jamás llegó a Melilla ya que a su arribada a Zeluán defenderían esta y el Aeródromo. (7).

Posteriormente, según se extracta de la lectura de los volúmenes de la colección titulada “España en sus Héroes”, en el capítulo “Primo de Rivera: la última carga, al paso”, las fuerzas que guarnecían Zeluán y su aeródromo el domingo 24 de julio de 1921, entre las de la guarnición propiamente dichas y las llegadas, quedaron compuestas por: (2).

6 Oficiales y 138 miembros de tropa de Infantería.
10 Oficiales y 135 jinetes de Caballería, del Regimiento de Alcántara 14. (Escuadrón provisional y el refuerzo enviado desde Batel).
6 Oficiales 53 miembros de tropa española y 141 indígenas, del Tabor de Caballería de Regulares, el cual ya se hallaba reducido debido a los combates anteriores.
40 Artilleros.
1 Oficial y 50 soldados de Ingenieros.
16 de Intendencia.
5 Entre Sanidad Militar, Farmacia y el Capellán Castrense.
8 Guardias Civiles.
18 Policías.

Total 611 almas en la Alcazaba, las cuales, al frente del Capitán de la Policía que era el Jefe de la Posición y que podían quedar agrupadas aproximadamente en 3 grupos compuestos por 28 oficiales, 442 miembros de clases y tropa y 141 indígenas. El aeródromo estaba a unos escasos kilómetros de la Alcazaba y su gurnición, se componía de 2 Oficiales y unos pocos soldados de aviación, motivo por el cual, el Capitán Carrasco designó haciendo especial hincapié en su necesidad, un destacamento desmontado del Regimiento de Caballería de Alcántara para reforzar a la guarnición del Aeródromo. Se prestó voluntario el Alférez de Complemento Maroto Pérez del Pulgar, el cual después de insistir en mandar ese destacamento, escogió a 30 jinetes para cumplir esa misión.

El estado de la fuerza destacada en Zeluán era el descrito anteriormente el 24 de julio, pero a la mañana siguiente disminuiría ya que el día 25, mientras la guarnición dormía, de madrugada, dos oficiales moros, se fueron a acostar entre los soldados indígenas y empezaron a cuchichear entre ellos, extendiéndose rápidamente entre los que allí estaban. La finalidad del cuchicheo, era la deserción, cosa que llevaron a cabo. Los oficiales indígenas, sorprendieron al teniente que se hallaba de guardia, el cual al ver aproximarse a los moros, no sospechó de ellos por creerlos leales, iniciándose una charla, hasta que recibió el oficial español, un golpe en la cabeza perdiendo el sentido. El cabo y el centinela, habían sido eliminados sigilosamente. Mientras tanto, los soldados indígenas se apoderan de sus monturas y se dirigen a la puerta, hecho que naturalmente, produce ruido. Con ese sonido, acuden dos oficiales del Tabor de Regulares que cumplían con el servicio de “Oficial de Semana”. Son González y Bargés, los cuales al descubrir que era lo que pasaba, empuñaron sus pistolas e hicieron fuego, resultando muertos al ser respondidos por los indígenas. Con semejante revuelo, el campamento se despierta, entablándose combate, del cual resultarán muertos los dos oficiales moros y 40 soldados indígenas. El resto, consiguió escapar. Las deserciones por parte de los indígenas, aún no había por eso finalizado. Nuevas sorpresas aguardaban al destacamento de Zeluán.

Ante los sucesos acaecidos durante la madrugada del día 25 de julio, el capitán Carrasco, ordenó a los oficiales de Regulares que saliesen con la fuerza indígena que quedaba, no confiando por eso plenamente en la lealtad de la misma. Dicha fuerza, formó al despuntar el día en el patio del campamento y en la que se hallaban encuadrados sus oficiales, el capitán Sr. Margallo y los tenientes Sres. Carvaja, Fernando Tomasseti y Bermejo.. Esos oficiales, confiaban en poder conducir a la tropa a Melilla y poder reconstruir el Tabor de Caballería. De dicho Tabor quedaron en Zeluán, el teniente Dalias al mando de tropa española y el veterinario D. Enrique Ortiz para prestar servicio al ganado en caso necesario.
Una vez hubo partido esta fuerza desde la Alcazaba, desde las murallas, eso si con las armas prevenidas, veían como la misma se alejaba hasta que llegado a un punto, excepto los oficiales y 18 indígenas, el resto se dispersó. Los oficiales, hicieron uso de sus pistolas mientras los indígenas que huían, les respondían con sus mosquetones. En esta refriega, cayó muerto el teniente D. Fernando Tomasseti. Por estos motivos, la guarnición de Zeluán se vio reducida. Esa misma mañana del 25 de julio, quedaba junto al Aeródromo cercados. Entre sus muros, el bravo veterinario 2º, D. Tomás López Sánchez.

El asedio
Una vez iniciado el asedio, las noticias que se iban recibiendo en Melilla, eran de lo más ambiguo. Claro ejemplo era lo que en prensa se iba publicando.

26 de julio de 1921. (19)
“…Respecto a la comunicación con Marruecos he indicado al general Berenguer la conveniencia de establecer un servicio de aeroplanos entre Melilla y Madrid; pero según me dice el alto comisario, en aquella plaza es muy difícil ahora el aterrizaje de los aparatos por hallarse destruidos los aeródromos de Nador y Zeluán. El último aviador que ha llegado a Marruecos ha sido M. Avilland, que se vió obligado a tomar tierra en Rostrogordo, luchando con multidu de obstáculos que a fin pudo vencer con su acreditada pericia. Sin embrago se habilitará otro campo de aterrizaje, y acaso hoy, de madrugada, saldrán ocho aeroplanos para Melilla…”

“…Noticias oficiales del ministerio de la Guerra. Nota oficiosa. En la conferencia que ayer tarde celebró el ministro con el alto comisario, participó este que la noche había transcurrido en la más completa tranquilidad en la plaza y campo, sin que tenga más noticia que de Zeluán y Nador, donde aún resisten algunos pequeños grupos…” (18).

27 de julio de 1921. (20)
“…La situación militar, no ya de la plaza, sino de todo el valle, es francamente segura; del lado de Benisicar, donde el coronel Riquelme está al frente de sus fuerzas, no hay la menor novedad; del lado de Nador y Zeluán, aunque el parte oficial reserva el detalle, deja traslucir que se adelanta. Hay otras notas consoladoras de esperanza respecto a la columna Navarro y a otros núcleos, el de Nador resiste y comunica con Sanjurjo; hay también nuevos episodios heroicos en la evacuación de Sidi Dris…”

“…Se tienen noticias directas de que se sostienen Zeluán y Nador, concibiéndose esperanzas en cuanto a la columna del general Navarro, sin poder precisar nada concreto. En cuanto a la columna del coronel Araujo, tampoco puede darse mayor información…”

28 de julio de 1921. (21)
“…En Zeluán se combate en la Alcazaba y el aeródromo…”
“…En las posiciones de Zeluán y Monte Arruit se sigue resistiendo…”

“…Entonces desde la plaza salió un aeroplano, tripulado por un capitán de Ingenieros –cuyo nombre no pudo dar en su parte el Gobierno, el coronel de Estado Mayor Sr. Monge- el aviador consiguió volar sobre la posición que defendía Casa Davalillos. Tiroteado por los moros, fue herido gravemente, pero pudo llegar a Zeluán, en cuyo hospital ingresó…”

•…El Teniente Tomasseti. Al regresar de Zeluán fue agredido por unos pacos el teniente de las fuerzas regulares, Sr. Tomasseti, dejando de existir a los pocos momentos…”

“…En Zeluán y Monte Arruit. En la Alcazaba de Zeluán, en la que se hallan recluídos la guarnición y vecindario, continúan unos y otros defendiéndose valientemente. El personal del aeródromo de Zeluán también continua defendiéndose. La guarnición de Monte Arruit está igualmente a la defensiva…”

29 de julio de 1921. (17)
“…Y cerramos esta crónica telegráfica, autorizada por la censura militar de Melilla, diciendo que se está en comunicación constante, por medio del heliográfo con Nador y Zeluán. En ambas posiciones se sostienen los defensores. En la primera de ellas no se ven muy acosados. En la segunda, la pelea es muy dura. Sin embargo fue hecha una salida de la Alcazaba y se logró gracias a ello, abastecer a esta de agua…” (17).

“…Melilla 28 (10.n). Durante las operaciones de estos días han tomado una parte muy activa los aviadores de la escuadrilla de Zeluan que manda el capitán Fernández Mulero. El día 22 bombardearon a la harca cerca de Annual, arrojando sobre los grupos de enemigos más de cuarenta bombas, que causaron muchas bajas…” (17).

“…Ha sido traído a la plaza un pobre soldado cuya odisea es digna de ser conocida. Estaba en Monte Arruit. Había salido con permiso de la posición y vagab por las inmediaciones de un poblado, cuando vió un enjambre de moros, corriendo a todo correr, trataba de penetrar en los atrincheramientos. Desde estos se les recibió con un fuego nutrido. Entonces se decidió a huir y dirigióse, desolado a Zeluan. Creía que si llegaba a esta posición lograría salvarse, pero fue extraordinaria su sorpresa cuando al llegar a las inmediaciones de La Alcazaba, vió que esta estaba rodeada de cabileños…” (17).

“…Se ha sabido que en los pabellones del aeródromo de Zeluán, un grupo de soldados nuestros sigue defendiéndose también. Parece que está incomunicado con las fuerzas de la Alcazaba. Siguen llegando tropas. Hace gran calor, y los víveres en la plaza, siguen subiendo…”(17).

“…En Zeluan se ha podido hacer aguada; pero es grande la fatiga de la tropa…” (17).

“…Se ha recibido parte de Zeluán trasladando otro al general Navarro desde monte Arruit, adonde había llegado ayer tarde; el parte, muy incompleto y aún no terminado de recibir, por que el día muy brumoso, dificulta la comunicación heliográfica, dice que ha hecho el repliegue con el resto de la columna, siendo muy hostilizado y dudando que ñe sea factible replegarse más…” (17).

“…En Zeluan está todavía defendido el aeródromo…” (17).

30 de julio de 1921. (22).

“…Aquí se sigue incomunicado con el campo. Los que parecen más fuertes son los de Zeluán y, sin embargo en una carta que trajo un confidente se habla de sacrificio, de resistir hasta el final; pero también se habla de la necesidad de que envíen algo aunque sea un aeroplano, para mantener el buen espíritu de la tropa. Tenemos noticias que van a venir aviadores de España. Una escuadrilla de aviación seria lo más eficaz en estos momentos; por lo menos veriamos la situación de las tropas, de ese resto de 20.000 hombres que se defienden esperando todos los días el auxilio de España…”

“…Partes oficiales del ministerio de la Guerra. Ayer tarde se facilitó el siguiente: Se ha recibido parte de Zeluan, trasladando otro del general Navarro, desde Monte Arruit, adonde había llegado anteayer tarde, el parte muy incompleto y aún no terminado de recibir, porque el dia, muy nuboso, dificulta la comunicación heliográfica, dice que hecho repliegue con el resto de la columna, siendo muy hostilizado y dudando que le sea factible replegarse más. Los aviadores han hecho reconocimiento observando las fuerzas en monte Arruit donde había mucho ganado y masa grande de hombres. En Zeluan está todavía defendido el Aeródromo. Salió el general Sanjurjo con su columna a reforzar Sidi-Hamed el Hach y, cuando asomó a la divisoria que da a Nador sostuvo fuego con el enemigo…”

“…Mañana temprano se propone en alto comisarioauxiliar al general Navarro asi como a Zeluán con un aeroplano, que llevará víveres y municiones…”

31 de agosto de 1921. (23)
“…Esta mañana la columna del general Sanjurjo dejó una batería de montaña en el Atalayón, sin que ocurriera otra novedad que un ligero tiroteo. Un areoplano llevó a Zeluán, al aeródromo del mismo nombre, y a Monte Arruit un pequeño convoy de víveres y municiones, trayendo noticias de que en este último punto se ve la columna de la que no ha habido comunicación directa alguna…”

“…En las posiciones antiguas, Alhucemas, Peñón, Chafarinas, Cabo de Agua, sin novedad. De Zeluán y Arruit sin noticias…”

“…En Zeluan y Batel. Los núcleos de Zeluán y Batel continúan defendiéndose y rechazando los ataques del enemigo…”

1 de agosto de 1921 (24)

Sin noticias en “ABC”.

2 de agosto de 1921 (18)
“…El parte de anoche tiene frases suficientemente claras para pensar que en Nador y Zeluan la situación es muy grave, puesto que, además del incendio del ferrocarril y edificios “los aviadores han visto arder el interior de la Alcazaba y parte de esta”. Cuanto a Zeluán, no acertamos a encontrar un un concepto concluyente; ni siquiera podemos colegir si, de un modo u otro, la guarnición ha logrado ponerse en franquia o si prolonga una resistencia a la desesperada entre llamas. El texto oficial nos promueve esta perplejidad, puesto que unas líneas antes de la noticia de los incendios, dice que no se ha podido comunicar con Zeluan (por heliógrafo).porque lo impedía la humareda de Nador, donde ardían los últimos barracones que los harqueños dejaron en pie, tal vez por la proximidad a la iglesia y a la fábrica de harinas, desde donde tan certero fuego se les hacía.
Por lo que atañe a la posición de Monte Arruit, el general Navarro, se mantiene con empeño y, colmando el heroísmo, está todavía dispuesto a resistir aunque los moros vuelven a cañonear, “si los refuerzos no tardan en llegar”.
A esta codicional hay que poner una interrogante dolorosa, si el escalón de Nador y, sobre todo, la base de Zeluán no pueden utilizarse para un próximo avance. . Verdad es que no puede adivinarse el pensamiento del general Berenguer, único que tiene todos los elementos de juicio, y que por algo pondrá, ante todo su atención en ultimar y consolidar el cinturón de las defensas exteriores en la zona de Sidi-Hamed a Beni-Sicar…”

3 de agosto de 1921. (18)
“…Partes Oficiales del ministerio de la Guerra. (Conferencia de las ocho y media de la noche del día 3). Participa el alto comisario que la situación política en general no ha sufrido variación., dedicándose la fuerza de los sectores a mejorar las obras de defensa y han construido en Zoco el Hach un blocao para proteger la aguada. Por la mañana hubo un tiroteo entre dos grupos de moros.
En Nador han continuado incendios del poblado, impidiendo densa humareda comunicar, con Zeluan y Arruit. También en Zeluan han incendiado los rebeldes el ferrocarril y otros edificios. La brigada de Caballería ha practicado un paseo militar por la península de Tres Forcas, y otro a columna Zoco el Hach, sin novedad.
Esta madrugada se recibió un telegrama del general Navarro diciendo que aunque el enemigo volvía a cañonear confiaba en poder estrechar la defensa, caso de que los refuerzos no tardaran en llegar.
En Zeluan vieron los aviadores arder el interior de la Alcazaba y parte de esta. De concentraciones enemigas la más importante es la de Nador, y hoy se señala la presencia de algunos grupos de Beniurriaguel, en el zoco de Bu-Ermana de la cábila de Beni-Said…”

5 de agosto de 1921 (24)
“…Los Defensores de Zeluán. Los heroicos defensores de Zeluán, ante la imposibilidad de seguir resistiendo, incendiaron las instalaciones del aeródromo y los aparatos, refugiándose en la Alcazaba…”

“…Esta mañana se presentó en la Tercera Caseta el teniente Bravo, del Regimiento de Alcántara en unión de ocho soldados que habían logrado escapar de Zeluán, y nos refirió que ayer por la mañana, a las nueve, habían pactado con el enemigo desalojar la posición mediante la entrega de armamento y una vez depositadas las armas, el enemigo rompió el fuego contra ellos, dispersándose unos, quedando otros dentro de la Alcazaba, que en gran número habían sido muertos, el primero el capitán Carrasco, que mandaba la posición.El teniente Bravo había podido escapar, llegando al Atalayón por el borde de la Mar Chica. El general Navarro continuaba esta mañana su heroica defensa de Monte Arruit…”

D. Tomás López Sánchez. en Zeluán, los hechos del 26 y el 30 de julio.(4)

D. Tomás López Sánchez, era un tirador de primera. Se distinguió hasta su muerte por el valor y el entusiasmo con que se enfrentaba al enemigo en la defensa de su posición. Se apostaba en el parapeto que daba por frente a la estación y el cual, se hallaba muy batido por el fuego rifeño. Desde allí y debido a sus magníficas condiciones de tirador, causaba numerosísimas bajas a los harqueños.

El día 26 de julio, al frente de 30 soldados del Regimiento de Caballería de Alcántara, salió de la Alcazaba. Su objetivo, era el desalojo de los moros que ocupaban el cementerio, los cuales hacían fuego muy eficaz sobre las tropas española que llevaban a cabo el servicio de agua, bien tan preciado aquellos días de verano, bajo un calor sofocante. En escasos minutos, la fuerza al mando de López Sánchez, llegó frente al camposanto, se armaron las carabinas y los cuchillos, brillaron como rayos y a la carrera, penetraron en el recinto, donde se entabló una feroz lucha cuerpo a cuerpo, siendo esta breve pero intensa. Vencidos los rifeños, los españoles quedaron dueños de la situación, pudiendo llevar a cabo el servicio de aguada el resto de la guarnición con seguridad. Hacia las 18:00 horas, el Veterinario 2º D. Tomás López Sánchez junto a los soldados que le acompañaban, se retiraron hacia la Alcazaba.

Esta operación, se repitió días más tarde, el 30 de julio, siendo esta vez el combate mucho más encarnizado y el asalto, más duro ya que el enemigo, había fortificado el cementerio. Una vez vencido al enemigo, el camposanto, fue ocupado durante horas por la fuerza española.

De hecho, según testigos presenciales durante el asedio a la Alcazaba y el Aeródromo de Zeluán, relataron posteriormente, el comportamiento de este bravo y bizarro Veterinario 2º del Cuerpo de Veterinaria Militar, D. Tomás López Sánchez. Las manifestaciones de los testigos que pudieron sobrevivir a aquellos sangtientos días de finales de julio y principios de agosto, del caluroso verano de 1921, relataron lo siguiente, según dio a conocer “El Telegrama del Rif” del jueves 20 de octubre de 1921, bajo el título “…El heroico veterinario militar López Sánchez…” (textual) (11).

“…Los supervivientes de Zeluán hacen grandes elogios del valeroso proceder del veterinario segundo don Tomás López Sánchez, que prestaba sus servicios en la Comandancia de Intendencia de Monte Arruit, durante el asedio de la Alcazaba.

Cuando el movimiento revolucionario amenazaba propagarse a Monte Arruit, el veterinario López Sánchez recibió orden de trasladarse a Zeluán para hacer acopio de municiones, pues de ellas no estaban muy sobrados en el primero de los citados campamentos. Cuando con las escasas que le fueron facilitadas intentó regresar, no pudo hacerlo por impedirlo los rebeldes apostados en el camino.

Entonces se incorporó a los defensores de la Alcazaba, solicitando un puesto de los de mayor peligro. El señor López Sánchez se hizo cargo del sector que mira al cementerio.

Según nuestros informes, facilitados por testigos presenciales, en cuanto escaseó el agua, fue de los primeros en ofrecerse a salir para hacer provisiones del precioso líquido. Con frecuencia se le oía decir:-“Mientras yo viva, las mujeres y los niños especialmente, no carecerán de agua”- .

Una noche observó que varios indígenas de los que habían quedado en la Alcazaba, aprovechándose de las tinieblas y natural confusión, arrojaban al exterior armas y municiones. Con gran exposición de su vida, procedió a la detención de los traidores, encerrándolos en un calabozo. Hecho esto, dio cuenta a sus compañeros de lo sucedido.

Otra vez, abandonó durante la madrugada la Alcazaba, dirigiéndose a un lugar cercano, donde los rebeldes abrían trincheras, para hacer más eficaz y con menos exposición sus ataques. Destrozó gran parte de los trabajos y regresó al campamento llevando sobre sus hombros varios picos y palas que los rebeldes utilizaban en sus faenas.

En todo momento dio prueba de sus entusiasmos y levantando espíritu. Sus certeros disparos, pues era un excelente tirador, causaron muchas bajas en el campo enemigo.

Un día, bajo una verdadera lluvia de balas, salió por centésima vez para hacer la indispensable aguada. Su marcha fue presenciada por todos con admiración y temor. Transcurrió el dia, y el veterinario López Sánchez, esperado con gran ansiedad no regresó, Desde entonces, nada volvieron a saber los defensores de la Alcazaba de su valeroso compañero. Menos afortunado que otras veces, debió encontrar la muerte en su temeraria empresa.

Parece que los familiares del heroico veterinario se proponían pedir para el señor López Sánchez la cruz de San Fernando…”

El final (5)
Según testimonios que después se recogieron, desde Monte Arruit, se divisaba una enorme columna de humo y fuego. Poco después, corría el rumor que Zeluán, había caído. Aquellas columnas de humo y fuego, eran divisadas por los defensores de Monte Arruit. Según se contaba y se pudo saber con respecto a la tropa (textual), “…los oficiales s todo trance convencerlos de que todo lo que veían no era la Alcazaba, sino el aeródromo o, a lo más, algunas casas del poblado. Pero los moros se encargaron de echar por tierra la labor de los oficiales; a grandes voces decían desde la estación y desde las trincheras que rodeaban Arruit; -Paisa: ya no tener Zeluán; ya estar todos, soldados y oficiales por plaza; no pasar nada; ya ser amigos; ya beber agua, ya comer…” (7).

Los días, habían pasado desde que empezó aquel cerco a Zeluán y su Aeródromo, su defensa, los “ires y venires” de los convoyes, que burlaban aquel asedio, como los casos entre otros, del veterinario 2º D.Tomás López Sánchez y el soldado D. Francisco Martínez Puche, burlas que les costaron la vida, habiéndola sacrificado en pro de los demás, de los que allí sufrían. El castigo a los sitiados, era la sed, el sol, las deserciones,. El 31 de julio, el general Berenguer, ordenó al capitán D. Ricardo Carrasco Egaña, que si tenía la posibilidad, abandonara la posición, replegándose sobre La Restinga. Aún así la posición, aguantó hasta el 2 de agosto, fecha en que agotadas las municiones, más de cien muertos y muchísimos heridos de ellos de gravedad, Zeluán capitulaba el 3 de agosto de 1921. (7).

Se parlamentó con las fuerzas sitiadoras. El protocolo, fue el que se empleó en ocasiones anteriores, entrega de armamento y retirada a Melilla. Una vez pactadas estas condiciones y aceptada la capitulación, una vez se inició la retirada y comenzado la salida de La Alcazaba, la fuerza de Abd El-Krim el Jathabi, se avalanzó sobre los españoles, de manera cruel y snagrienta, no respetando ningún ápice por la vida, arrojándoles vivos al fuego, cortándoles los testículos y colocados en la boca y dejándoles al sol, produciéndose la muerte por desangramiento, ahogo y bajo un torrido sol. De hecho, en el momento de reocupar de nuevo Zeluán y su aeródromo, los periodistas, dejaron testimonio de ello, unos como el de “La Vanguardia” de Barcelona, caso de M. Fenech Muños, de la manera menos dura posible, otros como el de “El Telegrama del Rif”, D. Cándido Lobera, con todas sus señales. Ejemplo de ello fue los hallazgos que se encontraron en el enfermería de Zeluán.

Una vez los kabileños entraron en la Alcazaba de Zeluán, la enfermería, fue incendiada, pereciendo carbonizados todos los enfermos y heridos que en ella habían, incluyendo al médico y al capellán. Según se contó después, en los somieres, hallaron calcinados restos humanos (12).

De hecho, una vez empezaron a salir las fuerzas españolas de La Alcazaba según instrucciones dadas por Ben Chelal al Capitán D. Ricardo Carrasco, se les hizo formar una vez desarmados, muchos, habían inutilizado su fusil antes de depositarlo en el patio, y junto a los heridos, se formó una caravana que empezó a salir de la fortaleza. Primero, iban los heridos y enfermos en camillas portados por los camilleros, Inciada la penosa marcha se detienen en el arroyo para beber, momento en que empiezan a sonar descargas de fusil. Los están fusilando a mansalva. Los que pueden, protestan, otros huyen y son literamente cazados por la caballería mora. Había empezado un verdadero baño de sangre (2).

De la caída de Zeluán, y de los pocos que pudieron salvar la vida,queda uno de los testimonios de doña María Martín y de doña Antonia Galán, rescatadas de los calabozos de Abd el Krim, de 50 y de 20 años respectivamente, las cuales, eran madre e hija y tenían residencia en la calle del General Jordana, manzana 10, letra A´, casa de propiedad en Zeluán. De los hechos vividos aquellos días, quedó constancia en el conocido “Expediente Picasso”. Ambas mujeres, declararon (textual):
“...Que ambas estaban el día 23 de julio en Zeluán, donde vivían en una casa de su propiedad, situada en la calle del General Jordana, manzana 10, letra A, con un hijo y hermano, respectivamente, de quince años de edad, llamado José Segura, y el cual, en vista del mal cariz que presentaron los sucesos, y a pesar también de las palabras de tranquilidad que le escucharon al señor capitán Barroso, jefe de la posición, decidió mandar a Melilla, marchando en un carro, a las tres de la tarde, e ignorando la suerte que haya podido correr; ellas, obedeciendo las órdenes que les fueron dadas, entraron en la Alcazaba, donde permanecieron doce días, o sea hasta el día de la entrega. Serían como las ocho de la mañana de este día, y en vista de los horrores que estaban cometiendo, decidieron huir, haciéndolo con la mayoría por la puerta principal, pero en vista de la insistencia de los moros, que deseaban llevarlas a la casa de Gómez y temiendo las asesinaran allí, decidieron, formando un grupo y corriendo, tomar la dirección del zoco el Arbaa de Arkeman, acompañándolas en este grupo los tenientes Rivera y De María, de la Policía; el teniente farmaceútico D. Manuel Miranda y dos paisanos, uno el hijo de la maestra de escuela que fue de Zeluán, y el otro llamado Vicente Molina; estos dos paisanos fueron los dos primeros que cayeron en la carretera muy malheridos, siéndolo después el teniente De María, que debió morir, pues así se lo manifestó un policía ordenanza suyo, que venía detrás llamándolo con el fin de poderlo salvar; no pudiendo seguir más adelante, perdió de vista a los otros dos oficiales, y cayendo al suelo fueron recogidas por un moro que fue sargento de Regulares, y llamado Tayauy el Jalifa, al que por rogarle mucho las perdonó, mandándolas a una jaima, donde han permanecido ocultas casi un mes. En los primeros días de septiembre se presentó en dicha jaima un moro que dijo iba en nombre del jefe Si-Ben-Alí, con la orden de recoger cuantos prisioneros encontrase para llevarlos a Nador, desde donde después irían a Melilla; dos días estuvieron en Nador, pero habiéndose negado a un requerimiento amoroso de uno de aquellos jefes, fue condenada, salvándola el caid Ben-Chelal, que con un criado las mandó para su casa, salvándose la madre de ser asesinada por dicho criado en el camino a fuerza de súplicas, pues el despechado jefe, cuyo nombre ignora, le había dado diez duros para que lo hiciera. En la casa de Ben-Chelal fueron bien tratadas, encontrándose allí con los soldados Marcelino, del regimiento de África, y Miguel Capel, de la Comandancia de Artillería, y de los cuales este último estaba curando a un hermano del caid, llamado Badag, que tenía una herida de bala en la cara, y a los que tenía prometido Ben-Chelal dejarlos en libertad en seguida, procurándolos fácil presentación en una posición española.
Relata muchos más incidentes, que no transcribo por considerarlos, a los efectos de este informe, de escasa importancia, y entre otros que no recuerda, cita como muertos a consecuencia de la traición sufrida en la entrega de la posición de Zeluán a los capitanes Carrasco, Fraile, Ballenilla, Fernández Tejedo, Barroso, y a los tenientes Guzmán Fernández, Tomaseti, Bermejo, Ortiz Tomás y tres alféreces jóvenes, cuyos nombres no recuerda.
Uxda, a 19 de octubre de 1921...”.

Entre otros:
Distinguidos en la defensa de la Alcazaba de Zeluán.
Sargento de Caballería Rgto Alcántara. D. Miguel Rivero Lizcano, por su elevado espíritu. (5).

Cabo de Ametralladoras Rgto. Alcántara. D. Emiliano Pajuelo Díaz. Durante todo el asedio, defendía la puerta e incluso dormía cuando podía, junto a su máquina. (5).

Soldado del 5º Escuadrón Rgto. Alcántara D. Tesifonte. Presentado voluntario para los 3 convoyes. Dio prueba de valor y arrojo temerarios. Una noche, logró entrar en el poblado, enterándose de la situación del enemigo y efectuar recogida de víveres y tabaco en las cantinas y de 2 cantimploras de agua. (5).

Salvaron la vida
Teniente D. Francisco Bravo. Al oir las descargas mientras mataban a los que se habían rendido, se tiró por un torreón, refugiándose en 3 Pinos durante el día y marchando durante la noche, llegó el día 4 de agosto al Atalayón (5) y (24).

Entre 8 y 10 Soldados que llegaron junto al Teniente D. Francisco Bravo a Melilla por el Atalayón (24).

Sargento D. Ramón Jimeno. Se refugió en casa de un moro donde quedó oculto, librándose de los asesinatos.

Cabo de Regulares D. Manuel Dolz del Castelar. Consiguió huir, buscando la protección de la Mar Chica de noche y después de sortear varios peligros, consiguó arribar el 6 de agosto a Melilla (25).

El herrador Requejo, de Regulares Consiguió huir, buscando la protección de la Mar Chica de noche y después de sortear varios peligros, consiguó arribar el 6 de agosto a Melilla (25).

Artillero Muñoz Ruíz del Parque Móvil, herido de bala en el pie y de un gumiazo en la mano derecha. Consiguió huir, buscando la protección de la Mar Chica de noche y después de sortear varios peligros, consiguó arribar el 6 de agosto a Melilla. (25)

Prisioneros camino del cautiverio
Alférez Maroto, del Regimiento de Caballería de Alcántara 14, destacado en el Aeródromo distinguiéndose en su defensa, dando pruebas de heroísmo y valor, fue herido grave. Cayó cautivo el 2 de agosto de 1921, sufriendo año y medio, penoso cautiverio (15).

Cabo D. Tiburcio de Pablo, apresado el 2 de agosto junto al Alférez Maroto Pérez del Pulgar. Fueron los únicos supervivientes en el Aeródromo. El resto, murieron todos (2).

Teniente Troncoso del Rgto de Alcántara y que junto al Teniente Dalias, por orden del Capitán Carrasco, salió para parlamentar y fue apresado. (5), el 2 de agosto de 1921 (2).

Teniente Dalias, de los Regulares, que junto al Teniente Troncoso, salió a parlamentar la entrega de La Alcazaba, fue apresado el 2 de agosto de 1921 (2).

Teniente Sr. Martín Galindo, apresado el día de la rendición, el 3 de agosto de 1921.

Murieron entre otros
Sargento del 2º Escuadrón. Rgto. Alcantara. D. Ramón López Fernández. Mandaba a los 6 hombres que componían el convoy que abasteció bajo el fuego enemigo el Aeródromo. Recibió orden de quedarse en el mismo con el ganado para comérselo ya que no había ya víveres que enviar. Murió junto a los 6 soldados que le acompañaban. (5).

Teniente Médico D. Fernando González Gamonal. Se hallaba al cargo de la enfermería de Zeluán. Fue reconocido su cadáver en la operación de reconquista de Zeluán, hallándosele en esta. (6). Fue identificado por su hermano, el Alférez de Navío Fernández Gamonal (9). Sus restos, llegaron a Melilla el 19 de octubre de 1921, recibiendo sepultura en el cementerio de la Purísima Concepción a la mañana siguiente (11).

Practicante de la enfermería de Zeluán, identificado por el fotógrafo Luque a raíz de un retrato que le hizo en su estudio y el Practicante Militar, llevaba encima. (9).

Sargento Vaello, identificado por un block de notas que llevaba encima. Sus amigos le reconocieron a demás de por lo citado por las huellas dejadas por sus galones en su uniforme. Identificado en una cuneta de la carretera. (9)

Farmaceutico Segundo, D. Manuel Miranda. Desempeñaba su cargo en la Farmacia Militar de Zeluán. Fue reconocido su cadáver durante la operación de reconquista de la Alcazaba. (6).

Capitán de la Policia Indigena, Jefe de la Guarnición de Zeluán, D. Ricardo Carrasco Egaña. Caballero de las Órdenes del Mérito Militar y de María Cristina. Hijo de doña Manuela Egaña y casado con doña Purificación Almazán, matrimonio del cual hubo los siguientes hijos: Ricardo, Rosalía, Gloria, Manuela y Luís, consta haber fallecido en la Alcazaba de Zeluán, el 3 de agosto de 1921. (8). Por voluntad propia y visto lo que les había pasado a los tenientes Troncoso y dalias, había salido solo, el 3 de agosto de 1921, con Ben Chelal, jefe de las fuerzas moras y con el que sostuvo una acalorada discusión ya que el rifeño, quería rendición sin condiciones y Carrasco se negaba a ello, diciéndole que antes que eso, lucharían hasta el final, quería máximas garantías para que fuese respetada la vida de sus subordinados. Incialmente y tras discutir largo y tendido, esta fue aceptada por el cabileño, pero no sería así ya que trágico y cruel final, esperaba a aquelllos bizarros defensores de Zeluán. (2).

Capitán Morales. Una vez salió de La Alcazaba, fue apresado y triste y cruel fin le esparaba ya que no fue fusilado sobre la marcha como el resto de los defensores de La Alcazaba. (2). Murió el 3 de agosto.

Teniente Bargés, de Regulares. Reconocido su cadáver en las operaciones de reconquista de la Alcazaba de Zeluán. (6). Fue hallado en el interior de la casa de labranza de D. Gómez Alcalá e identificado por el teniente D. Rafael Carrasco Egaña, su hermano, el dia que las tropas españolas reocuparon de nuevo Zeluán (9)

Sánchez Marcos, identificado por una carta hallada debajo de la cabeza de su cadáver (9). En la noticia dada el 15 de octubre, consta como Sánchez marcos, pero al publicarse la misma, aparece firmada como Ramón Sánchez Ocaña. Era una emotiva carta dirigida a su amada. Días después de su localización, su publicó un extracto de la misma ya que se hallaba en un principio rota, y parte era ilegible. Recogida por el periodista Sr. Domingo Tejera, alias “Schnneider” que era el pseudónimo con el que firmaba, decía la parte legible de la carta (textual) (10):

“…nos salvará como a nuestra Pilarica, de la cual llevo su imagen en el pecho con fe y voluntad. El día 23 llegué a Zeluán donde nos encontramos sitiados por las kábilas inmediatas sublevadas. No tenemos comunicación con nadie, estamos aislados completamente; no nos comunicamos ni con Melilla siquiera, a pesar de estar cerca; así es que de día en díala esperanza se pierde y… no sé que será de nosotros. ¿Pero, como es posible, Diós mío, que yo no te vuelva a ver, tanto como sufre mi corazón? . Tengo solo una conformidad y es que si muero, es por mi Patria, por nuestra España querida. Leonor, un solo favor te pido. Que le puedas leer este escrito a mi padre querido y lo convenzas por lo menos, a pesar de no conocerte. Ten por seguro que a ti y a él és a los únicos que quiero más en el mundo y por los cuales derramo abundantes lágrimas en esta situación de tristeza en la que me encuentro. Adios Leonor querida, adiós a tus padres y hermanos, dile a mi padre de mi parte, también adiós. Y por último permiteme que te mande un abrazo de este que te quiere.-Ramón Sánchez Ocaña. Alcazaba de Zeluán. Julio de 1921…”

Capitán D. Jacinto Fraile Rodríguez, del Rgto, de Caballería de Alcántara 14. Murió durante una carga de Caballería en los alrededores de Zeluán. Sus restos fueron traslados a Melilla el 16 de octubre de 1921, Recibió cristiana sepultura en el Cementerio de la Purísima Concepción. (10). Cayó el 28 de agosto, al intentar recuperar el auto-aljibe que proveyó de agua a Zeluán y que fue alcanzado por las balas rifeñas al regresar al Aeródromo (2).

Teniente D. Ángel Calderon Gaztelu, del Rgto.de Caballería de Alcántra 14. Sus restos, junto a los del
Capitán Fraile, fueron trasladados a Melilla el 16 de octubre de 1921, recibiendo cristiana sepultura en el Cementerio de la Purisima Concepción (10). Había sido reconocido inicialmente en Zeluán, a la mañana siguiente de su reconquista, identificación érronea ya que lo fue posteriormente por compañeros suyos, a raíz de las inciales de su camisa y otros efectos, los cuales fueron reconocidos por un íntimo amigo suyo. Había sido localizado su cuerpo en Bu Erg. (11). Una necrología del 22 de octubre, decía por eso que había caído en Zeluán el 13 de agosto.

Capellán castrense D. Francisco Matellán García. Su cadáver fue identificado sobre el 23 de octubre de 1921. (12).

Teniente de Infantería D. Juan Luís de María y Fernández-Valderrama, de 24 años. Falleció en Zeluán, el 3 de agosto de 1921.

Oficial veterinario D. Enrique Ortiz de Landazuri (15). Distinguido durante la defensa de La Alcazaba. Pertenecía a los Regulares y estaba de forma voluntaria con las tropas de choque. Se le confió el mando de una sección, al frente de la cual, supo combatir y morir bravamente. (2).

Oficial veterinario D. Luís del Valle Cuevas. (15).

El soldado del Servicio de Aeronautica Militar, D. Francisco Puche Martínez, que por los méritos contraídos y el comportamiento observado durante los combates, fue recompensado con la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando. Murió el 28 de agosto mientras regresaba de Zeluan con víveres y municiones para el Aeródromo.

El soldado del Servicio de Aeronautica, D. Isaac Eguluz Mas, murió junto a D. Francisco Martínez Puche. Murió el 28 de agosto mientras regresaba de Zeluan con víveres y municiones para el Aeródromo.


Agua, víveres y municiones. El soldado, caballero laureado de San Fernando, D. Francisco Martínez Puche.(14)

En la Alcazaba de Zeluán, se hallaba el grueso de la fuerza militar allí concentrada. Unos pertenecían a la guarnición, otros, había arribado camino de Melilla a la que nunca llegaron escoltados por la Caballería de Alcántara, otros, eran fugitivos de otras posiciones pero tenían un problema, el agua, un líquido precioso por el que el Veterinario 2º D. Tomás López Sánchez, expuso su vida en más de una ocasión hasta que la perdió.. En el Aeródromo estaba su guarnición más el refuerzo que el capitán Carrasco Egaña, jefe militar de Zeluán, había enviado a la misma. Tenían dos problemas, los víveres y las municiones, pero, tenían agua. Ambos puntos, debían de socorrerse en estos puntos pero según dimana de la lectura de noticias publicadas en aquella época, narrados por testigos que vivieron aquellas duras jornadas, bajo asedio rifeño y nutrido fuego enemigo.

De origen humilde, nació en Yecla (Murcia), un 18 de febrero de 1897. Era hijo de D. José Martínez y de doña Asunción Puche. Con pocos años y por motivos económicos, buscando prosperidad, marchó la familia a Barcelona, donde Francisco, aprendería el oficio de mecánico y de conductor de automóviles. Eran tiempos en el que saber conducir un artefacto a motor de estos, era cosa de los más atrevidos. Llegó el momento en que Francisco, debía de prestar su servicio militar, motivo por el cual, fue llamado a presentarse en la Caja de Reclutas nº 63 de Barcelona. El 1 de agosto de 1918, era declarado soldado. Su cartilla militar, era la nº 124.051.Este joven, ya soldado, de 1,587 metros, era destinado al Servicio de Aeronáutica militar, motivo por el que partió pasaportado para Cuatro Vientos (Madrid) el 7 de febrero de 1919, siendo incorporado a la 1ª Unidad de Aviación en la que prestó juramento de fidelidad a la bandera el 1 de septiembre. Meses más tarde, el 19 de enero de 1920, pasó destinado al Aeródromo de Zeluán en Melilla, donde se presentaría 5 días más tarde, es decir, el 24 de enero. En el Aeródromo, quedó prestando servicio de mecánico en el taller de automóviles.

Zeluán y su Aeródromo, no quedaron exentos del asedio y ataques rifeños aquel verano de 1921 en que se produjo uno de los mayores descalabros del Ejército español. Los moros, ponían asedio y cerco a Zeluán, el 24 de julio de aquel año y el soldado del Servicio de Aeronáutica Militar, D. Francisco Martínez Puche se vió inmerso en el mismo. Una vez más, se planteó el problema del agua, líquido precioso y básico, indispensable para el mantenimiento de la vida. El pozo del Aeródromo, estaba ubicado en lugar próximo pero era muy batido por el fuego rifeño ya que estos, conocían de la necesidad del agua. Por eso, para menor exposición al fuego enemigo, la aguada se efectuaba de noche sufriendo por eso la fuerza encargada de la misma bajas en el servicio.

Martínez Puche, ya se había distinguido en el combate por su valor y el elevado espíritu que tenía aquel joven murciano. Se presentaba voluntario siempre para tomar parte en el servicio de aguada.

Una noche la del 28 de septiembre, al cerrar la misma, un soldado del Regimiento de Caballería de Alcántara 14, D. Francisco Sánchez Caro, se presentó voluntario para llevar un mensaje escrito al jefe de la Alcazaba de Zeluán D. Ricardo Carrasco Egaña. En él, el Alférez Martínez Vivanco, solicitaba víveres y municiones para el Aeródromo. El bravo soldado, cumplió la misma, regresando al Aeródromo con una nota casi jocosa en la que el Capitán Carrasco contestaba: “…Carecemos de agua, por cada cubo que nos traigáis os daremos un borrego…”. Al Alférez Martínez Vivanco, ordenó rápidamente que se hiciera servicio de aguada para suministrarla a la Alcazaba y a este servicio, se agregó una vez más el soldado D. Francisco Martínez Puche de forma voluntaria. Se enteró más tarde Martínez Puche que un soldado de Aviación, D. Isaac Eguluz Mas, se había presentado voluntario para conducir un auto-aljibe con agua a la Alcazaba, motivo por el cual, solicitó acompañarle. Cumplieron su misión bajo el fuego enemigo, pero de regreso al Aeródromo, transportando víveres y municiones, el vehículo quedó averiado siendo igualmente hostilizados por los certeros disparos de los kabileños, muriendo ambos soldados a consecuencia de los mismos.

Al parecer y según se reconstruyeron los hechos en la colección editada en Madrid, allá por el año 1969, titulada “España en sus héroes”, al enterarse Martínez Puche del servicio de aguada a Zeluán y regreso al Aeródromo con víveres y municiones, los diálogos que mantuvo con el jefe del Campo de Aviación de Zeluán, Teniente Vivancos, al cual también se ha hallado en el empleo de Alférez. Dicha conversación tuvo lugar en el Aeródromo el 28 de agosto de 1921, después de haber solicitado La Alcazaba de Zeluán, mediante el heliógrafo, agua. (textual): (2).

“…-Mi teniente, solicito ir en el aljibe con el conductor, le protegeré con mi mosquetón.
Muy bien, Puche eres un valiente. Os daré una escolta de Alcántara que irá sobre el aljibe.
No, mi teniente, tendrían que ir en el exterior, sin protección alguna. Creo que solos llegaremos mejor y más deprisa-…”

El vehículo partió a toda velocidad camino de La Alcazaba. Los sitiadores no caen en la presencia de este en la carretera hasta que lleva recorridos unos cientos de metros, momento en que concentran su fuego sobre él. Mientras rueda el aljibe, es protegido por el fuego del Aeródromo y de La Alcazaba, en seguida, enfila el puente sobre el río Zeluán y se introduce en su destino. El agua que lleva, bien racionada puede durarles dos ó tres días. Se carga el vehículo con víveres y municiones, consistentes en algúno saco de legumbres y cajas de cartuchería. Ambos ocupantes del vehículo, son felicitados calurosamente por soldados y mandos, El Capitán Carrasco, les ofreció escolta del Regimiento de Caballería de Alcántara, siendo de nuevo rechazada por los motivos ya alegados al Teniente Vivancos en el Aeródromo, además tendrían que acoplar la velocidad del vehículo al los caballos y se llamaría más la atención de los moros.
El vehículo, partió de nuevo en dirección al Aeródromo, a toda velocidad, rodando aún más rápido por no portar el peso del agua, pero al llegar al terraplén de la via férrea, cambió bruscamente de sentido de marcha, saliéndose de la carretera y girando y deteniéndose. El fuego, era muy intenso. Los moros, intentan llegar hasta el vehículo pero el fuego de La Alcazaba y del aeródromo, se lo impide. El Capitán Fraile, se dispone a salir en defensa de aquellos valientes con 30 jinetes de Alcántara. Se trataba de recoger el vehículo con los víveres y municiones y llevarlos a su destino. Fraile parte al galope pero rápidamente, sus filas sufren bajas, consiguiendo por eso los jinetes que no han caído recoger el vehículo con su carga y llevarlo al Aeródromo. El Capitán Fraile y muchos de sus jinetes han caído bajo el fuego enemigo. (2).

Por los motivos citados, la Orden del Ejército de España en África, en fecha 11 de abril de 1925, publicaba la apertura de Juicio Contradictorio para la concesión de la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando, al soldado de Aviación D. Francisco Martínez Puche, siéndole concedida el 11 de julio de 1929. De la lectura del Expediente de Juicio Contradictorio, se lee (textual):

“…El soldado del Servicio de Aviación Militar don Francisco Martínez Puche se destacó por su valor y espíritu en la conducción desde el Aerodormo a la Alcazaba de Zeluán, en finales del mes de julio de 1921. Encontrándose asediado por numerosos enemigos el Aeródromo de Zeluán y la Alcazaba del mismo poblado, escaseaban en el primero los víveres y las municiones para continuar la defensa, y en la segunda faltaba el agua. El soldado Martínez Puche se ofreció voluntariamente para ir en unión de otro individuo y transportar en un camión automóvil agua a la Alcazaba y regresar al Aeródromo con víveres y municiones.

Para este efecto salió del Aeródromo a media mañana del dia 28 de julio en unión de otro mecánico, conduciendo la provisión de agua y consiguió llegar a la Alcazaba, no obstante las dificultades que hubo de vencer al atravesar el poblado y estación de ferrocarril de Zeluán, ocupado por numerosos enemigos, y una vez cumplida su misión en la Alcazaba salieron de ella con víveres y municiones; más no pudieron regresar al Aeródromo, pues frente al poblado de Zeluán, el enemigo, que parapetado en el terraplén de la vía esperaba el regreso del camión, abrió intensísimo fuego sobre él, ocasionando la muerte de sus conductores, malogrando con ello una empresa que con tanto valor y espíritu se había iniciado.

El Rey se ha dignado conceder al soldado del Servicio de Aviación don Francisco Martínez Puche la Cruz Laureada de la Real y Militar Orden de San Fernando.
Madrid 11 de julio de 1929.
Ardanaz.
(Diario Oficial núm. 151)…”

“La última misión”, los aviones marchan del Aeródromo.(2)

En el Aeródromo de Zeluán, tenía su base la 2ª escuadrilla la cual, antes de quedar rodeado la tarde del 23 de julio de 1921, llevó a cabo su último despegue. Su jefe, era el Capitán de Ingenieros D. Pío Fernández Mulero, piloto del Servicio de Aviación. Dicha escuadrilla, tenía dependencia del Comandante Aymat que ejercía desde Tetuán, la Jefatura del “Grupo de Escuadrillas de Marruecos”.

Fernández Mulero era un aviador excelente, de actuaciones brillantes en cuantas misiones de reconocieminto y bombardeo tomó parte. Sus aviadores, descendían a cotas de altura muy bajas para poder observar con detalle donde se ocultaba el enemigo así como el emplazamiento de piezas de Artillería si las poseía, cosa que este último aprovechaba para batir con fuego de fusilería a los aviones de Fernández Mulero, los “pájaros ton ton”, como les llamaban los rifeños. De hecho, años después D. Pío Fernández Mulero, recibiría en recompensa a sus servicios prestados, el comportamiento observado y los méritos contraídos durante aquellos años, la Medalla Militar.

A primeras horas de la mañana del día 23 de julio de 1921, despegó del Aeródromo de Zeluán la 2ª Escuadrilla. Su misión, el bombardeo de concentraciones enemigas en la zona de Dar Drius y el reconocimiento de las zonas donde se mantenían combates. Pasan las horas y los aparatos van regresando con sus pilotos y observadores, el Capitán García Muñoz, los Tenientes Ruano, Arizón, Ruano y Barrón, pero de Fernández Mulero, nada se sabe. La última vez que fue visto por sus compañeros, fue descolgándose entre Ben Tieb y Drius, sobre una barrancada para lanzar unas bombas. De repente, se escucha el “ronroneo” del motor y se le ve aparecer y mientras aterrizaba, se oían los comentarios (textual):

“…-Es mucho piloto el capitán-,,,”, comentaba un mecánico.

Saltan ilesos del avión el Capitán Fernández Mulero y su observador el Teniente Martínez, el cual le dice a su capitán señalando el avión:

“…-Hoy le han tocado bien mi capitán-…”

D. Pio Fernández Mulero, recoge los informes que se han obtenido durante el reconocimiento y parte de inmediato a Melilla, antes por eso advertirá a los suyos que tras entrevistarse con el Coronel Jefe del Estado Mayor de la Comandancia de Melilla, estuviesen preparados a las 16:30 horas de la tarde para nueva misión, reconocer y bombardear la ruta Batel-Drius. Y habiendo dicho esto, marchó a Melilla. El Capitán García Muñoz, le había dicho que hacían falta bombas, motivo por el cual, Fernández Mulero le había ordenado coger el camión e ir por ellas al Teniente Ruano. Una vez en Melilla, ya en presencia del Coronel Jefe de Estado Mayor de la Comandancia, (textual):

“…-Mi coronel, entre Ben-Tieb y Drius hemos bombardeado, a un fuerte contingente enemigo. Existe un verdadero éxodo hacia la plaza de población civil y fugitivos entre Batel y Nador. Fuerzas de caballería que estimo es la vanguardia del general Navarro marchaban combatiendo desde Drius a Batel. Considera el coronel las posibilidades de evacuación del Aeródromo de Zeluán, aunque parece prematuro tenerle que abandonar. Mi coronel, si llega el caso podríamos llevar los aeroplanos a Nador, pero este campo reúne peores condiciones defensivas que el de Zeluán-…”
“…- ¿Y el Hipodromo? ¿Y Rostrogordo?-…” Espetó el coronel.
“…-“El Hipódromo mi coronel, reúne malas condiciones, en las tomas perderíamos probablemente los aparatos. El de Rostrogordo puede servir, siempre que se realicen algunos trabajos para mejorar sus condiciones-…”

Los aviones, regresaron a Melilla después de confirmar que la columna del general Navarro, habían alcanzado Batel. En el Artódromo quedó de servicio el Teniente de Vuelos Martinez Vivancos, el Alférez Martínez, tres sargentos y 43 soldados. A la mañana siguiente se debía de partir para nuevas misiones, cosa que ya no fue posible debido al cierre del Aeródromo.

Impresiones de un testigo: Retorno a Zeluán

“La Vanguardia”, de Barcelona.

De retorno a Zeluán, el enviado especial de La Vanguardia de Barcelona, el Sr. M. Fenech Muñoz, describía de la forma siguiente lo que tanto en Zeluán y el Aeródromo encontraron. Lo daba a conocer a la opinión pública en el ejemplar del 19 de octubre de 1921, que decía bajo los titulares “…Marruecos. Los bombardeos aéreos. Servicios del cuerpo de aviación militar. En Annual hay 578 prisioneros españoles. Ha quedado ultimado el saneamiento de Zeluán. Impresiones de un testigo. Zeluán-Bu-guenzein. (de nuestro enviado especial)…” En él, describía los horrores de la guerra, pero omitiendo descripciones particulares de lo que en ese reconocimiento, hallaron las tropas españolas en la reconquista de Zeluán y Bu-guenzein, (textual)(6):

“…Era de noche cerrada aún cuando, a las cinco, montábamos a caballo en Segangan. La columna de Sanjurjo se había concentrado en la explanada que hay a la salida del poblado, y emprendía la marcha por la carretera de Nador, para dirigirse a Tauima, lugar de concentración de las tres columnas de Cabanellas, Sanjurjo y Berenguer (F.), que deben efectuar la operación de hoy.

Hasta las ocho no se han concentrado al pie de la posición de Tauima las tres columnas. La de Sanjurjo viene hoy más reducida que de ordinario porque además del batallón que ha habido que dejar en Segangan para estar prevenidos contra cualquier evento, y de los regulares de Ceuta que han regresado ya a aquella plaza, ha tenido que quedarse también en Segangan el bravo batallón de Toledo, atacado de una extraña enfermedad que ha originado gran número de hospitalidades, habiéndose decretado el aislamiento del batallón y el estudio de la enfermedad y sus causas.

Hasta Tauima no ha ocurrido novedad. En Tauima, adopta la columna el orden de combate y espera la orden de avanzar, que se recibe a las ocho y cuarto.

Van en vanguardia las dos banderas del Tercio, precedidas de los escuadrones de Alcántara y seguidas de la artillería del primero de montaña y de dos batallones peninsulares. Forma también en la vanguardia, junto a las guerrillas del Tercio y entre esta columna y la de Berenguer, un pequeño grupo de policías indígenas, residuos de la antigua de antes del desastre. Sanjurjo, toma una dirección oblicua, con respecto a Zeluán para ir en dirección Bu-guenzein. Por ahora el enemigo no ofrece resistencia. En las lomas lejanas y en las de Bu-guenzein y estribaciones, hay nutridos grupos de moros en actitud expectante.

Desde unos aduares próximos es hostilizada la caballería de la columna Sanjurjo, que se ve obligada a replegarse. El grupo del 14º ligero, que hoy actúa de artillería divisionaria rompe el fuego contra el poblado y lomas inmediatas. Por la izquierda se oye fuego de fusilería. Requerimos los gemelos y vemos que los regulares de Melilla que forman la vanguardia de Cabanellas, han echado pie a tierra, y combaten como infantes contra un grupo de moros que se han parapetado tras unas casas. El fuego que sostienen, dura ya algún rato, y eso retrasa la columna Sanjurjo y hace retrasar a la de Berenguer, que no puede avanzar con esa amenaza al flanco. Los jinetes de regulares quieren acabar pronto . Requieren los caballos y se lanzan al galope sobre los grupos de casas. De su interior salen moros en franca huída., pero un pequeño grupo sigue resistiendo desde una especie de torreón y cuando piensan en escapar es ya tarde, por que los regulares les han tapado toda salida y penetrando en la casa, donde se defendían, los pasan a cuchillo.

Vamos adelantando camino de Zeluán. No hay tiros por este lado, y vamos en la misma vanguardia, hoy no cuesta trabajo ser valiente. A las nueve y media descubrimos con los gemelos un grupo de treinta o cuarenta jinetes moros, que, precedidos de una pequeña guerrilla, avanzan cautelosamente contra nuestra columna, la cual, por el efecto del adelanto en la marcha, presenta el flanco de la vanguardia al descubierto. El general Sanjurjo también los ha visto, y ordena al capitán Odriozolf que entre en batería a la izquierda y bata a los moros que se ven. En protección de la batería quedan unas compañías de Extremadura. Los del primero de montaña rompen el fuego con una rapidez y una precisión tan extraordinaria, que con unos pocos disparos ahuyenta a los jinetes moros, que huyen como pueden, en todas direcciones, perseguidos por los jinetes de Alcántara.

Por el campo, junto al talud de la vía férrea, vamos hallando cadáveres momificados, restos de la espantosa tragedia de julio.

Contínua el avance sin que el enemigo ofrezca resistencia exagerada. Por la carretera marcha el automóvil blindado, precediendo a las columnas. Por la vía va caminando el tren, acomodando su marcha a la nuestra. El globo cometa se ha trasladado desde Nador, donde pernoctó, hasta Tauima, donde el Alto Comisario ha instalado su cuartel general.

Ya estamos encima de Zeluán. En una pequeña lomita, que la vía del ferrocarril parte en dos, y con la que los moros habían construido dos trincheras en ángulo, que no han defendido, se emplazan las ametralladoras de una bandera del Tercio para flanquear al resto de la columna que va a emprender la ascensión a Bu-guenzein, que está siendo ya objeto de largo cañoneo.

Nos asomamos a la primera loma, por donde acaban de subir los del Tercio. A menos de un kilómetro está Zeluán. La Alcazaba exteriormente aparece bastante bien. En el Aeródromo se ven los efectos del incendio. En el poblado todas las casas están sin techo y ennegrecidas. Mientras la mayoría de las fuerzas de Sanjurjo ascienden a preparar el asalto de Bugenzein, fuerzas del Tercio se adelantan con rapidez para ocupar el Aeródromo, mientras los policías ocupan la estación del ferrocarril. Nos vamos detrás de la policía, y entramos en el poblado desierto. Al final de la calle vemos el ordenanza del oficial de la policía que conduce los caballos del diestro. En el poblado, ni un alma. Las casas, como en todas partes, hechas añicos. En las calles unos cuantos cerdos muertos, sin enterrar. A la salida del pueblo, en una especie de plazoleta, que da a la Alcazaba, un camión medio quemado y destrozado. No nos detenemos; queremos entrar en la Alcazaba, y mezclados con un escuadrón de Alcántara penetramos en el recinto de la antigua fortaleza mora, en la que entran al cabo de un momento, el coronel Castro Girona y el comandante Franco, del Tercio.

La Alcazaba ofrece un cuadro de desolación. Hay pocos restos humanos, siete cadáveres en lo que fue la enfermería, y unos cuantos más, pocos, junto a unas fosas preparadas sin duda por los defensores. En el interior del patio numerosos caballos muertos; en un costado los restos de una colosal hoguera, en la que fueron quemados muchos más. De todas las construcciones que existían en el interior de la Alcazaba, no queda más que el pabellón de infecciosos del hospital, sin puertas ni ventanas, pero con techos; todo lo demás, quemado y arrasado por completo.

Cuando vamos a salir para recorrer el poblado, llegan las fuerzas de la Corona, que han de ocupar la Alcazaba, y a poco llegan el coronel Saro y el general Berenguer (F.). A las once, ante las tropas formadas, presentando armas y a los acordes de la Marcha Real, se iza en la Alcazaba la bandera española.

Por las lomas de Bu-guenzein van subiendo los soldados de Sanjurjo –los verderos héroes de esta campaña;- van dispuestos para el asalto de la torreta de la avanzadilla y de la casa de la posición. Delante, el Tercio; inmediatamente detrás, apoyándole y protegiéndole los flancos, van dos batallones peninsulares, seguidos de cerca por otras fuerzas de infantería. La artillería de montaña se ha emplazado y va protegiendo el avance de los nuestros en el movimiento de conversión que han hecho.

Un aeroplano desciende tan bajo, que diríamos va a tomar tierra, pasa por encima del Aeródromo, como reconociéndolo, se eleva y vuelve a bajar, para aterrizar ahora en el campo de aviación de Zeluán. Manzaneque y Carrillo, que son los aviadores, vuelven al poco rato a emprender el vuelo. Durante toda la mañana han estado volando grupos de aeroplanos, que han lanzado numerosas bombas.

Los de Sanjurjo siguen cuesta arriba. Han ocupado ya la avanzadilla; el enemigo no ofrece hoy mucha resistencia. Al poco rato, en Bu-guenzein se ha izado la bandera española. Se han cumplido ya todos los objetivos marcados para hoy, casi sin bajas. A las doce, la columna de sanjurjo no tenía más que tres heridos.

Nos vamos a visitar el Aeródromo. Algunas techumbres han escapado a la acción del fuego. Otras y la escalera que comunicaba con la azotea, han sido pasto de las llamas, lo mismo que los hangares. En estos, en horrible confusión yacen los motores de los aeroplanos, requemados y golpeados, mezclados con trozos de la viguería del techo, y con los vientos y partes metálicas de los aparatos. En la habitación del archivo, merciado con los escombros de los tabiques, que han sido derribados, numerosas fotografías y papeles andan tirados por el suelo. La bañera, casi intacta, está tirada. Las bombas que quedaban, se nota que han sido voladas, por el hueco que la explosión ha producido en el suelo.

Continuando nuestro reconocimiento, vamos al cortijo de Gómez. No queremos, lector describirte los horrores que allí han pasado ante nuestros ojos. Conformate con saber que hemos visto más de un centenar de cadáveres amontonados, semicalcinados unos, otros sin quemar, pero todos profanados y demostrando en sus gestos y actitudes la horrible agonía sufrida. Fuera de la casa, en una pequeña explanada, había otro centenar; otros tantos en las proximidades del santuario de Sidi- Hossain, un grupo menor en el cementerio y entre la carretera y el ferrocarril, unos trescientos que creyeron haber escapado ya del martirio y cayeron en el ellos pensaban era el camino de la salvación. Todos los cadáveres, todos en absoluto, presentaban señales de haber sido mutilados. El espectáculo de Zeluán es de los que no se olvidan. Unos cuantos frailes franciscanos y hermanos de la Doctrina Cristiana ayudan a la comisión de higiene en su tarea de recoger los muertos. Con ellos van algunos familiares de las víctimas tratando de reconocer el hermano perdido. El médico jamonal y el teniente Bargés, de regulares, han podido ser identificados.

En Zeluán ha quedado la columna del general Cabanellas. Las de Sanjurjo y Berenguer regresan a sus campamentos respectivos. El repliegue se hace con todo género de precauciones, pero sin ser hostilizadas las columnas, que regresan hoy tristemente impresionadas por el trágico espectáculo que han presenciado en Zeluán y que les ofrece la carretera, hasta el mismo pie de Tauima. M. Fenech Muñoz. Melilla a 15 de octubre de 1921…”

“El Telegrama del Rif”
Don Cándido Lobera Girela, así como el enviado de “La Vanguardia”, el Sr. Fenech Muñoz, había sido más escueto, informaba de forma mucho más extensa y cruda de lo que se encontraron en aquella jornada de recuperación de Zeluán y su Aeródromo, las columnas de Sanjurjo, Berenguer y Cabanellas. Dicha noticia, publicada en el rotativo melillense ya mentado del sábado 15 de octubre de 1921, decía lo siguiente (textual): (9).

“…DESDE TAUIMA A ZELUAN SE HAN ENCONTRADO TRESCIENTOS CADÁVERES DE MILITARES Y PAISANOS, VILLANAMENTE ASESINADOS. Sobre Zeluán y Buguenzein flota nuevamente la bandera española. En Orán se anunciaba el 29 de Mayo graves sucesos en Melilla.

La Reconquista y tragedia de Zeluán
Regresamos a la plaza dominados por dos antitéticas impresiones: una halagadora, dolorosísima la otra. Se refiere la primera al desarrollo militar de la operación; la segunda, trágica e inenarrable, al lúgubre espectáculo que ofrecen la carretera, el poblado y Alcazaba de Zeluán.

Las tres columnas actuantes desde la conquista de Nador, desarrollaron como siempre, de modo admirable, el plan de la reconquista. Sanjurjo el flanco derecho, el más amenazado, donde eran de prever choques y combates, por dominarlo las vertientes orientales de Beni Bu Ifrur. Berenguer en el centro, para despejar el frente de la Alcazaba, limpiar de enmigos el río y ocuparla. Cabanellas a la izquierda, llevando como objetivo envolver con su caballería la vieja fortaleza. Y una vez ocupada, continuar todas la conversión a la derecha, cuyo eje era la primera columna, para permitir a los soldados de Sanjurjo escalar Bu-Guenzein.
Orden, método, precisión, acometividad, disciplina, entusiasmo, bravura, todo ello hubo en las dos fases y en el repliegue. Rebelándose contra el dictamen facultativo y consejo de amigos, abandonó el lecho el Marqués de Cavalcanti, para mandar en persona las tres columnas, teniendo el General en Jefe la alta dirección. A las diez ondeaba la bandera española sobre la Alcazaba y tres cuartos de hora después era izada en la torre de Bu-Guenzein, entre las vibrantes notas de la Marcha Real, pocas veces escuchada con mayor emoción y recogimiento.

El dolor embota nuestros sentidos y sella nuestros labios al hablar de la segunda impresión. Cadáveres momificados de fugitivos de la tragedia, jalonan la carretera, cubren las cunetas y obstruyen las alcantarillas; las vanguardias tuvieron que separarlos piadosamente para evitar los profanaran carros y automóviles. Aquí y allá hay otros en descomposición, no de hermanos nuestros, de nuestros enemigos, de las siniestras hienas, salpicadas con la sangre que habían originado.

La casa de labor de don José Gómez –después la describiremos- es un cementerio de mártires, tormento de españoles. Lugar sagrado que debe conservarse como reliquia de la espantosa matanza. El fuego devoró los cuerpos desgarrados con refinada crueldad; algunos sufrieron el martirio medio enterrados y agonizaron, otros abrazados estrechamente. Uno, sentado, rota la espina dorsal, apoya la cabeza sobre sobre las piernas; hay actitudes de ira, de resignación, de súplica, de desesperación suprema…

Y hemos evocado en toda su intensidad la tragedia, y creído ver la cólera de los soldados y paisanos, relampagueando aún en la oquedad de las órbitas… Lloros de niños, gritos de mujeres, resuello de vírgenes violadas, estertores de moribundos, arrebatos de locura. Allí culminó el dolor humano.

Como si no pertenecieran a la humanidad los rifeños, endurecidos sus pechos, no entró en ellos el más humano de todos los afectos: la compasión…

Hemos orado, arrasados los ojos en lágrimas, levantada la frente al Cielo por los que yacían sobre la tierra santa, que santificaron con su sangre.

Plumas excelsas pintarán los sombríos colores del cuadro, sus tétricos matices y la conciencia nacional se conmoverá hondamente y se avivará el fuego sacro que arde en nuestros corazones, como en el Sol la lumbre, y saldrá del fondo de todas las almas hispanas este anhelo supremo que la nuestra grita: ¡Justicia!, ¡Justicia!, ¡Justicia!.

La primera fase de la operación desde Tauima. Las columnas concentradas despliegan, incendiando la llanura. En los flancos se rompe el fuego y pronto queda vencida la resistencia.

Hemos madrugado poco y no nos pesa el mayor descanso, pues más tarde habíamos de sufrir una de las mayores impresiones de nuestra vida. La carretera de Nador se halla casi desierta, viéndose tan solo las fuerzas encargadas de su vigilancia. Pasada la tercera caseta, encontramos un grupo de camiones que se han detenido para prestar auxilios, conductores y protectores a los compañeros contusionados efecto del vuelco de uno de los pesados vehículos que rodó por el terraplén, consecuencia de una falsa maniobra. Afortunadamente no parecen graves las lesiones; un auto rápido que del poblado retorna, se ofrece a traerlos a la ciudad donde la vida comienza y es grande el deseo de conocer el resultado de la bélica jornada. En cambio la carretera de Zeluán, el camino viejo y la llanura que surcan, presentan el alegre aspecto de las columnas en marcha, alegría que pronto se troncará en duelo.

Infantes y jinetes van fuera de camino, para dejar este libre a convoyes e impedimenta. Conmueve el piso el férreo tremor de armones y cureñas, de furgones abarrotados de material, de carros provocando inmensas nubes de polvo que envuelven a la tropa, bronceada por el aire y el sol.

A las ocho se han concentrado a la altura de Tauima las tres columnas. Sanjurjo viene de Segangan; lleva en vanguardia al Tercio y varios batallones, cuyos números no podemos leer, pero si los de Granada, Garellano y Otumba. Castro Girona la manda y el grueso, Coronel.

La columna Berenguer, en el centro, en cabeza la media brigada del coronel Saro; batallones de Corona, Wad-Ras, Saro y Policía Indígena; tras ella la segunda, a las órdenes del coronel Salcedo.

El Regimiento de Farnesio ha desplegado y cubre el frente de ambas, mientras los escuadrones de Alcántara lo hacen por el flanco derecho de Sanjurjo

La del General Cabanellas se ha organizado con el escuadrón de Regulares, dos de Pavía, uno de Treviño y ametralladoras de Farnesio en vanguardia, con Núñez de Prado. En el grueso, Lusitania y dos escuadrones de la Princesa al mando de los coroneles Souza y Ruíz del Portal; a retaguardia dos escuadrones de Pavía y el coronel Letona. Del grupo a caballo, una batería va en la vanguardia y dos en el grueso.

El camión automóvil y el tren blindado marchan a la altura de las columnas. En Tauima están los Generales Berenguer y Cavalcanti y sus Estados Mayores. El activo Director de “La Época”, Marqués de Valdeiglesias y este mediocre cronista, suben a la torreta donde ya se encuentran Corrochano, Pugés, Espinosa y Mariscal de Gante, cantores de la reconquista. Nos sorprene ver en aquella altura, no exenta de peligros, pues se halla a tiro de fusil de los cercanos montes, a una bella señorita. Es hija del inteligente ingeniero Joaquín Arizquete. Tiene un hermano en Garellano y quiere seguir los episodios de la lucha, para recibirle en sus brazos si el plomo enemigo le pone fuera de combate.

A las ocho y media inicia el fuego el enemigo con descargas cerradas sobre las banderas del Tercio y batallones de la columna Sanjurjo. Truenan los cañones del 14º ligero emplazados en Tauima, las baterías de las dos columnas de la derecha y su acción devastadora puebla los montes de bramidos. Casi al mismo tiempo, los de la brigada Cabanellas le imitan en la planicie, fértil a veces, pantanosa otras, por la que se ha desborado la carne y el acero.

Desmontan los jinetes y rápidamente montan de nuevo. Es que la artillería del grupo a caballo ha hecho magníficos blancos, dispersando a los osados rifeños que hostilizaban desde unas casucas del llano. La caballería los persigue, hasta que se pierden al galope de sus caballos. Cuatro ó cinco de los que les hostilizaban mueren en el pequeño poblado.

En el centro, apenas se oye la fusilería. En cambio las ametralladoras de Sanjurjo castañetean y los fusileros se las entienden con un núcleo que los buenos observadores calculan en cuatrocientos. La artillería de acompañamiento y de los grupos ligeros, termina la obra y pronto huyen tras los montes desnudos y cribados.

Los aeroplanos se ciernen temerarios sobre el fuego enemigo y dejan caer bombas en el fondo de los cubiles de los que todavía resisten.

Se ocupa la Alcazaba y se reconquista Buguenzein, con escasa resistencia. El dolor de la carretera. La devastación del poblado y del Aeródromo. El cementerio de los mártires.

Cada vez se hace más difícil la visión desde la torre de Tauima y optamos por seguir la carretera. El horizonte está poco esfumado por la niebla y el humo de los incendios y los negros torreones de la Alcazaba se confunden con el terreno grisáceo de sus aledaños.

A 300 metros de la estación de Tauima, una cruz indica la sepultura de un soldado. 1.500 metros más allá comienza la senda dolorosa, verdadero vía-crucis de los que huyendo de Zeluán hallaron la muerte cuando creían haber salvado la vida.

Uno, dos, diez, treinta, cincuenta, cien… trescientos cadáveres. ¡A qué contar más!. Como al principio decimos, los hay en los bordes de la carretera, en las cunetas, sobre el camino viejo, cerca de la vía, en plena llanura; medio desnudos, momificados, con terribles mutilaciones todos. Debajo de un puente, diez ó doce; debieron ocultarse allí y ser sorprendidos por sus perseguidores. No lejos, entre las cenizas, se ven restos humanos. Esos cadáveres no despiden olor. El viento, el aire, el fuego, las alimañas y aves carnívoras, hicieron su obra. El hedro insoportable que surge del suelo, lo producen los cadáveres de rebeldes muertos durante los últimos combates y los caballos destrozados por nuestra metralla. Los de la tragedia, ó son esqueletos ó están también momificados.

Enfocamos los gemelos sobre la Alcazaba y vemos salir de ella varios jinetes rifeños en carrera desenfrenada cuando la vanguardia de Berenguer va a penetrar en el recinto. En torno nuestro, el resplandor bermejo de las llamas, el grave retumbo de la artillería y el espectáculo de los cadáveres de militares y paisanos que parecen todavía condolerse llenan el ánimo de pesadumbre y de cólera.

Al flanco izquierdo, las nieblas se disipan, el horizonte se esclarece y centellean los sables. El avance de la brigada Cabanellas es ya franco. Minutos después ocupa el Zoco de Ain Ben Rahal.

En el flanco opuesto, los cañones renuevan su acción sobre grupos enemigos que huyen y los escuadrones de Alcántara cargan hasta dispersarlos. Sanjurjo, ha ocupado el Aeródromo, y Berenguer la Alcazaba. Desde aquel momento, el fuego se extingue en el centro y ala izquierda y es muy débil en el ala derecha. La gran conversión a este costado continua apoyándola la artillería que vomita metralla sobre las vertientes Sur de Beni Bu Ifrur. La resistencia es menos empeñada de lo que pudiera suponerse. La harka enemiga no esperaba ayer el avance sobre Zeluán o ver al imponente aparato bélico, optó por replegarse, oculatándose en las montañas vecinas.

La brigada Berenguer apoya a la de Sanjurjo y ésta decidida, brava como las otras, comienza la conquista de las colinas inmediatas a Buguenzein y pronto corona dicha posición, izando la Bandera sobre la torre de lo que llegó a ser simple puesto de policía indígena.

Berenguer (don Federico), ha presenciado el izamiento de la insignia de la patria sobre la puerta principal de la Alcazaba. Las tropas presentan armas, y los paisanos, descubiertos, asisten al emocionante espectáculo y se entona un himno a la Patria querida, que es grande, aunque muchos se empeñan en labrar su ruina.

Antes de la ocupación, hallamos nuevamente en la carretera a la señorita de Arizqueta, que con su padre, el diputado Indalecio Prieto, otros amigos y periodistas, avanzaba audaz. Tan cerca de ella cayeron los proyectiles de los “pacos” que la prudencia se impuso, deteniéndolos. ¡Brava mujer, genuina representación de la raza hispana!.

Y entramos en la Alcazaba y recorremos los locales en ruinas, taponadas las narices, porque el gran patio es un cementerio de caballos. Sólo en el torreón más oriental hay restos humanos calcinados y algún que otro cadáver. La harka no debió acampar en el interior de la fortaleza.

En la explanada del frente Norte, hay también caballos momificados y otros en descomposición. El puente sobre el río Zeluán está intacto. Los postes de la línea telegráfica y y telefónica fueron arrancados de cuajo o cortados por el hacha del leñador.

El poblado de Zeluán es un montón de ruinas. Solo dos ó tres casas conservan las techumbres; las barracas fueron incendiadas, y en el interior de todas las viviendas han sido demolidos los tabiques. Sólo los arados están intactos. Por todas partes fragmentos de máquinas Singer; en la explanada donde se celebraba el zoco, hay un gran camión destrozado; algunos rebeldes amontonaron sobre él chapas de zinc, formando cabañas. Antiguos vecinos de Zeluán, vistiendo luto muchos de ellos por los seres queridos, sacrificados, recorren el caserío, rojos de ira, evocando también la tragedia y el bienestar perdido.

Pasamos al Aeródromo, del que solo quedan en pie los muros y alguna techumbre. Los hangares fueron pasto de las llamas; sobre el pavimento quedan restos calcinados de la complicada maquinaria y tal cual bomba que no estalló. El quinto de Zapadores demuestra extraordinaria actividad en los trabajos de fortificación, y mientras unos tienden alambradas, abren otros aspilleras y derriban cuanto puede ser un obstáculo para la defensa.

El General en Jefe y el Comandante General, con sus Estados Mayores, contemplan aquel montón de escombros, que fue magnífico aeródromo. El semblante del marqués de Cavalcanti denota el supremo esfuerzo hecho para dirigir una operación que le recuerda la de 1909. Entonces entró con el general Tovar al frente de la división que aquél mandaba. El primer paisano que la pisó ayer, fue nuestro compañero en la Prensa Luís Mascías, antiguo y querido redactor de EL TELEGRAMA DEL RIF, corresponsal hoy de guerra de “Las Notícias”, y tras él, el dipuatdo Prieto.

Nos resistíamos a penetrar en la casa de labor del difunto don José Gómez Alcalá. Al fin, entramos, y nos pesa haberlo hecho. ¡Para que aumentar la angustia del lector con relatos macabros, después de las notas consignadas al principio1. Allí está el hermano de una de las víctimas, demudado el rostro, sacando fuerzas de flaqueza. Es el teniente don Rafael Carrasco, que pretende identificar el cadáver del bravo capitán de la policía don Ricardo.

En la habitación que da a la calle, hay muchos restos humanos calcinados y en todas las del interior, como en el patio, muchos más.

La última de la derecha es imponente. Nos cubrimos el rostro para no ver el horrible cuadro. Recogemos algunas reliquias de los mártires y abandonamos la casa del suplicio, arrasados los ojos en lágrimas. De sus muros surgen lúgubres fantasmas.

En las proximidades del santuario de Sid Hossain, se cuenta un centenar, mutilados, y varios también en el cementerio católico, profanado por los rebeldes , que rompieron cruces y arrancaron lápidas. Nosotros, en cambio, respetamos en la lucha los suyos y los templos y moravos islámicos.

La operación termina sin hostilidad y el saneamiento comienza. La última fase. La comisión de higiene recoge los cadáveres y el clero los bendice. Unas cuantas reliquias de las víctimas.

La columna Cabanellas ha establecido los servicios de seguridad en la orilla derecha del río Zeluán con sus escuadrones y el Regimiento de Treviño, apoyándole varios batallones de Berenguer. Recorremos esa línea que ha cambiado algunos disparos con algunos pacos y volvemos a la Alcazaba, donde comienza el repliegue de las columnas Berenguer y Sanjurjo. La tranquilidad es absoluta. El campo enemigo parece desierto. Sin embargo el movimiento retrogrado se ejecuta como si la hostilidad fuera grande; precaución bien necesaria con enemigo tan traidor como el rifeño.

Las bajas han sido escasas; solo heridos leves; entre estos el teniente Marqués de Casa Arizón, SS.AA.RR. los Infantes Don Alfonso y Don Genaro estuvieron en todo momento con sus escuadrones. Uno y otro se hallaban tostados por el sol.

La carretera fue cortada en el kilómetro 19, y pronoto los Ingenieros la repararon. La vía férrea está intacta. El tren blindado, y más tarde otro para heridos, llegó hasta la estación de Zeluán, que ha sufrido menos que la de Nador. Los ingenieros reparan la línea telegráfica y establecen una provisional. Las ambulancias sanitarias han tenido muy poco que hacer. En cambio la comisión de higiene se multiplica y mientras varias unidades desinfectan los nuevos campamentos, otras recogen los cadáveres, ayudándoles en su santa obra frailes franciscanos y Hermanos de la Doctrina Cristiana, que bendicen los inanimados restos de las víctimas de la barbarie rifeña.

En el “Cementerio de los mártires” hemos recogido cartas y documentos, reliquias que habremos de entregar a las famílias que las reclamen para su conservación. Helas aquí:

Carta de don Luís Sousa (Cuatro Vientos) a Perico.
Ídem de Lolita a Luís.
Ídem de doña Valeriana Osmar de Logroño a Pepe.
Ídem de Ricardo (de Torrubia del Campo).
Ídem de Esperanza y Marina (de Villagarcía) a Telesforo.
Ídem de don Saturnino Calvo a su hijo.
Ídem de Eugenio (de Jaca) a Francisco.
Ídem del Coronel Primer Jefe de la Aeronáutica Militar a don Ángel Martínez Cañadas.
Ídem de don Eugenio Corona (de Jaca) a Francisco.
Ídem de Pepita y don Juan Rivas (de Barcelona), a don Remigio Jimeno.
Ídem de don Lorenzo Calvo (Benaguas), a su hermano.
Ídem de Paca Gallego (de Granada), (sin dirección).
Ídem de don Francisco Hermoso de la Cruz (de La Carolina), a su hermano. (Esta carta está empapada en sangre).
Tarjeta de visita de don Vicente Barrón y Ramos de Sotomayor, Teniente de Infantería.
Un décimo 21.777 correspondiente al sorteo del 12 de Mayo.

Otros compañeros, entre ellos Domingo Tejera, tienen en su poder más reliquias. Figura entre estas una firmada por Sánchez Marcos, dirigida a su novia Leonor, residente en Málaga. Es tierna y conmovedora despedida momentos antes de ser inmolado. Tiene frases de acendrado amor a la patria, de cariño a su prometida y de tiernos afectos para su padre. Solo es legible una parte del escrito. El resto se ofrece demasiado confuso. Fue hallada bajo la cabeza del cadáver.

Pero sin duda, , la más interesante de todas es la de María Ocagna, fechada en Oran el 29 de Mayo. Expresa el sentimiento que le producen las penalidades de su hijo Emilio, al que va dirigida la carta y dice: “Pronto tendrán término y regresarás a mi lado para no separarnos más”. Al final se leen estas palabras “Por aquí circulan malas noticias del campo de Melilla y para en breve se anuncian graves acontecimientos”.

Al lado de otro, que yacía en la cuneta, se encontró un block de vales firmados por el sargento Vaello de Cazadores de Alcántara. Amigos del finado notaron en el uniforme y huellas de los galones.

El alférez de navío Gamonal, ha reconocido el de su hermano, teniente médico. Junto a él hay otro del mismo cuerpo de Sanidad.

El fotógrafo Luque, halló un retrato echo en su casa y resulta ser el del practicante de la enfermería de Zeluán.

El sol declina cuando volvemos a Nador. Las columnas también regresan, pero no marchan alegres como otras veces. Es que a todos a entristecido la via dolorosa y el Cementerio de los mártires. Candido Lobera…”


Fuentes:
1). “ABC”, Edición de la mañana, pág. 17, Madrid, domingo 23 de octubre de 1921.
2). “España en sus héroes” “Primo de Rivera: la última carga, al paso”, Madrid 1969.
3). “Desastre de Annual” “Veterinaria militar. Veterinaria militar en la Comandancia Militar de Melilla en Julio de 1921”, por D. Javier Sánchez Regaña, en su web en internet “Desastre de Annual”, de miércoles 2 de septiembre de 2009.
4).”Actualidad de la veterinaria militar: pasado y presente (II parte)”, por D. Luís Moreno Fernández-Caparrós, Coronel Veterinario, publicado en Internet.
5). “En memoria del Tcol. D. Fernando Primo de Rivera y los Cazadores de Alcántara”, artículo publicado en Internet por D. José V. Ruíz de Eguílaz y Mondría, Coronel de Caballería.
6). “La Vanguardia”, Barcelona, página 13, miércoles 19 de octubre de 1921.
7) “Annual, 1921. Crónica de un desastre”, de D. Luís Miguel Francisco, “Militae” de “AF Editores”.
8). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos” nº 7.452, pág. 3 (Esquela), Melilla, viernes 2 de septiembre de 1921.
9). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos”, nº 7.488, pág. 1, Melilla, sábado, 15 de octubre de 1921.
10). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos nº 7.489, pág. 1, Melilla, domingo 16 de octubre de 1921.
11). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos nº 7.491, pág. 4, Melilla, jueves 20 de octubre de 1921.
12). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos nº 7.492, pág. 1, Melilla, viernes 21 de octubre de 1921.
13). “El Telegrama del Rif. Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos, nº 7.494, pág. 3, Melilla, domingo 23 de octubre de 1921.
14). “España en sus héroes” “Primo de Rivera: la última carga, al paso”, “Francisco Martínez Puche”. Madrid, 1969.
15). “Heroico sacrificio del Regimiento de Caballería de Alcántara nº 14 en la retirada de anual (23 de julio de 1921)”, del Comandante de Infantería D. Ángel Cañete Páez, Sevilla, mayo de 2009, en Internet.
16).”Nota del Cónsul de Uxda sobre la liberación de María Martin y Antonia Galán”,
17). “La Voz. Notícias de todas partes. Diario independiente de la noche. Núm. 338, págs.. 1 y 2. Madrid, 29 de julio de 1921.
18). “ABC”. Pág. 7, Madrid, a 4 de agosto de 1921.
19). “ABC” Edición de la mañana, pág,8, Madrid, martes 26 de julio de 1921.
20). “ABC” Edición de la mañana, págs. 7 y 8, Madrid miércoles 27 de julio de 1921.
21). “ABC” Edición de la mañana, págs., 7, 8 y 9. Madrid, jueves 28 de julio de 1921.
22). “ABC” Edición de la mañana, págs.. 7 y 8, Madrid, sábado 30 de julio de 1921.
23). “ABC” Edición de la mañana, págs. 15 y 18, Madrid, domingo 31 de julio de 1921.
24). “ABC” Edición de la mañana, págs, 7 y 9, Madrid a 5 de agosto de 1921.
25). “ABC”Edición de la mañana, págs

Hans Nicolás i Hungerbühler

viernes, 22 de julio de 2011

JUANA MARTÍNEZ LÓPEZ



Crónica de una cantinera en Monte Arruit

-Quiero ayudarte, porque eres benemérita de la Patria. Doce mil pesetas has perdido; te las daremos para que tengas otra vez tu comercio. También cuidaremos de tus hijos. A cambio de esto, España solo te pide que los eduques en tu misma resolución: valor y caridad que te colocan entre las heroínas de la raza-
(Ministro de la Guerra, Sr. De La Cierva a Juana Martínez López)






Una figura que jugó un papel muy importante durante las Campañas de Marruecos y son esas gran olvidadas, ya que quizás no participaba directamente en el combate pero seguían a las tropas con sus cantinas ambulantes, vendiendo a los soldados bebidas y víveres, dándoles también apoyo moral ya que muchas, ejercieron de madres para aquellos hombres que combatían lejos de sus casas, quizás por convicción, quizás por obligación, y que cuando las circunstancias lo requirieron, ejercieron de enfermeras, eran las Cantineras. Tenían un antecedente que merece también recuerdo, el de la “Aguadora”, mujer que jugándose la vida en el combate, llevaba el agua a los combatientes, arrastrándose bajo las balas enemigas y el fuego de cañón, como sucedió en las guerras ya mantenidas contra Napoleón y que en el caso de la Batalla de Bailén (19 de julio de 1808), contribuyeron a la victoria de las fuerzas españolas.

Antecedentes
Con las tropas napoleónicas que invadieron España con la excusa de pasar a Portugal y desde allí, obligar a los lusos a cerrar sus puertos a los ingleses, con esos 60.000 soldados, viajaban las cantineras, las cuales suministraban víveres y bebidas a los soldados, sirviéndoles de consuelo moral y ejercer de eficaces enfermeras. De hecho, el mismo Napoleón llevaba a una bibliotecaria dada su afición a los libros y cuidar de su biblioteca portátil. En Astorga, el 1 de enero de 1809, Napoleón, revistó a cerca de 70.000 hombres, caballería incluída al lado de los cuales, formaron “Las Cantineras”. Estas mujeres, vestían falda corta y portaban en bandolera, un barrilito. Los españoles, tomaron buena nota de los galos y desde entonces, nuestras cantineras, seguían a las tropas en sus destinos guerreros, portando una pequeña cantina en la que despachaban bebibas y comestibles a los soldados. No vestían en sus inicios ningún tipo de indumentaria que las identificara como tales, sino que sus ropajes, se correspondían con los de cualquier mujer sencilla de la época. Estas mujeres, llevaban sus viandas en grandes cestos o bien en un mísero carricoche tirado por un escuálido rocín. Eran mujeres de humilde apariencia, latiendo no obstante y como quedó demostrado a lo largo de la historia, una gran corazón, lleno de valor y de humanidad y dotadas de gran valor y patriotismo. En alguna provincia, se llegó a crear “La Compañía de Mujeres”.

En la zona de León, esa figura de la cantinera, estuvo representada por las esposas de arrieros maragatos que ayudaban a las tropas españolas y a las guerrillas contra el invasor francés. Destacaron entre ellas, doña Trinidad Botas, de Castrillo de Polvazares, doña Manuela Salvadores, de Santa Colomba, doña Juana Calvo, de Rabanal y doña Amalia Alonos, conocida como la Dama de la Candana, la cual natural del Valle de Curueño y nacida por el año 1770, recorría los pueblos en un pequeño y destartalado carromato tirado por una mula flaca, alistándose con los guerrilleros españoles en los albores de sus 40 años que combatían a los franceses en el grupo de Fray Juan de Deliva, “El Capuchino”.

Con el paso del tiempo, en su recuerdo y en agradecimiento, por los heroicos y utilísimos servicios prestados, como abastecedoras, enfermeras en curas y socorros a los heridos, se les dio carácter militar teniendo que vestir uniforme, el cual muy parecido al de los hombres, llevaba falda corta y pantalón. Una premisa debían de cumplir estas mujeres para poder formar parte de las cantineras y era que en evitación de escándalos, debían de estar casadas con un militar, prefiriéndose como cantinera, a la esposa de un soldado raso, tambor o corneta. Su estructura y funcionamiento estaba reglado, teniendo asignado su puesto en las formaciones militares, detrás de los tambores en las grandes revistas y detrás de la última compañía de su batallón en los desfiles y marchas.

En España, fueron introducidas durante la guerra de África con éxito. Su uniforme consistía en falda corta con pantalón, cubiertos por delante con un pequeño delantal y un corpiño verde de corte militar, llevando como prenda de cabeza, un sombrero embreado con cintas largas. De aquellos años, destacó doña la Cantinera de los Cazadores de Baza, doña Ignacia Martínez, la cual, salvó la vidas de muchos soldados.

La figura de la cantinera, desapareció del Ejército español a principios del siglo XX, ocupando este lugar las esposas de los cantineros, los cuales y las cuales, ejercían el oficio para ayudarse económicamente o bien ganarse un sustento, debiendo por eso tener permiso de los jefes de unidad para establecer la cantina en el cuartel, previo pago de una cantidad (20).

De hecho, su procedencia era diversa ya a principios del siglo XX, siendo en algunos casos, viudas de clases y mandos subalternos, ya mayores y reenganchados, cabos de tambores, niñas, que el Regimiento había recogido desde su más tierna infancia al ser huérfanas, conocidas también como “hijas del Regimiento”, etc… Muchos de nuestros soldados, clases, jefes y oficiales, expiraron en sus brazos, como en el caso que nos ocupa, el de doña Juana Martínez López, cantinera de Batel que retiró con las tropas a Monte Arruit. Esta, es su pequeña historia, dentro de la gran contribución que rindieron en su día. Sea pues, un pequeño homenaje a su recuerdo.

Juana Martínez López
Esta mujer, que debió de nacer entre 1871 y 1881 ya que en las noticias de la época, se le hacían entre los 40 y 50 años, nacida en Yendón , en la provincia de Granada, estuvo casada con Bernardino Vizacíno Sánchez (21). De tamaño mediano y complexión gruesa, era madre de cuatro o cinco hijos, de los cuales, no más se conoce el nombre de uno de ellos, Salvador que fue el que junto a su madre, se quedó en Batel donde ella, regentaba una cantina ambulante en la cual, se suministraban víveres y bebidas a los soldados españoles allí destacados. De el Batel, marchó con las tropas a Monte Arruit, donde soportó con bravura sin igual, el asedio de los rifeños para `posteriormente, caer cautiva. Fue liberada en las cercanías de Nador y de allí, marchó a Melilla. Por su comportamiento y méritos obtenidos durante aquellos calurosos días del verano de 1921, el gobierno español, la condecoró con dos Cruces al Mérito Militar. Una vez fue recuperado por parte del Ejército español, marchó con él a Monte Arruit, donde en las proximidades de la estación del ferrocarril, estableció una cantina la cual regentó hasta su muerte el 14 de octubre de 1929 a consecuencia de una rápida pulmonía. Recibió cristiana sepultura en el Cementerio de la Purísima Concepción en Melilla a la mañana siguiente.

Juana Martínez, ya había destacado con anterioridad a los sucesos de Monte Arruit, ya que con ocasión de haber cuidado a un soldado que falleció de “repugnante enfermedad” hasta su último momento, incluso, lo amortajó. Ell general D. Manuel Fernández Silvestre, enterado de tan encomiable acción, hizo formar a la tropa y enalteció la labor de la cantinera Juana, solicitando para ella, la Cruz de Beneficencia. (21).

La marcha a Monte Arruit
Al caer Batel, las tropas retiraron hacia Monte Arruit. Una de las personas que se integró en aquella fuerza, fue doña Juana Martínez López, Cantinera de Batel. Sobre dicha marcha, Juana, declararía ante el general D. Juan Picasso en la elaboración del Expediente que llevaba su nombre, quedando constancia en el folio nº 45, (textual) (7):

“…Cuenta Juana Martínez López, cantinera de Batel –folio 455 vuelto- que el día 23 de Julio, después de mediodía vió pasar numerosas tropas en desorden, que huían hacia la plaza, algunos hombres sin armamentos, y todos destrozados o desnudos; también iba Caballería de Alcántara, el quinto escuadrón y otros, mezclados, y mulos de Artillería. Pasaron en el Batel hasta que a la caída de la tarde aumentó la afluencia de fugitivos; por lo que todos emprendieron la huída hacia Monte Arrui, refiriendo los demás pormenores de la suya, hasta lograr acogerse a esta posición, con vivo relato…”

Una vez hubo llegado a Monte Arruit, atendió de forma voluntaria a los heridos, entre ellos, al Jefe del Escuadrón de Caballería de Álcantara nº 14, que tan heroicamente cargó contra las fuerzas rifeñas hasta tres veces, para proteger la retirada de las tropas españolas, continuamente hostigadas por los moros. Juan J. Aranda, en su “Rincón de Aranda”, en Internet, informa que el Teniente Coronel Primo de Rivera, jefe de ese valeroso Escuadrón de nuestra Caballería, murió en los brazos de Juana. (1) el 23 de julio de 1921, murió en manos de esta mujer, de edad comprendida entre los 40 y 50 años, de estatura mediana (6). Sobre este hecho, el Ministro de la Guerra en aquellos años, Sr. De la Cierva, felicitó personalmente a la cantinera, quedando este hecho recogido en “La Vanguardia de Barcelona”, el viernes 30 de diciembre de 1921. Dicha noticia decía (textual) (3):

“…La Cierva en Monte Arruit.
En la posición de Monte Arruit, habló el ministro de la Guerra con la cantinera que prestó sus servicios en los trágicos días del sitio de aquella posición, y logró salvar. Esta cantinera auxilió en sus últimos momentos al teniente coronel señor Primo de Rivera. El ministro la felicitó por su heroico y patriótico comportamiento, y le hizo diversas preguntas relativos a los días de la abnegada defensa de Monte Arruit…”
Al caer el 9 de agosto de 1921 Monte Arruit en manos de los moros, doña Juana, fue hecha prisionera, siendo llevada al cautiverio del cual, una vez liberada cerca de Nador, pudo arribar a la plaza de Melilla. El Escuadrón de Caballería de Álcantara nº 14, daría a Juana Martínez, ya libre, una cena de homenaje en agradecimiento a los cuidados que prodigó a su jefe Primo de Rivera (2).

D. Fernando Primo de Rivera, herido. Expira en brazos de Juana Martínez López
Dado a conocer a la opinión pública española en el diario “El Sol” de Madrid, bajo el título “…La Cantinera de Monte Arruit relata la retirada, defensa y rendición…” el hecho de la herida del valeroso jefe del Escuadrón de Caballería de Alcántara 14 durante la defensa de Monte Arruit, al cual una bala de cañón rifeño le arrancó casi en su totalidad el brazo y tuvo que ingresar en la enfermería para ser atendido. Para salvarle la vida, los médicos militares, de los cuales sólo sobrevivió a aquella matanza, el doctor Peña, capitán médico, tuvieron que amputarle el brazo. Primo de Rivera moriría tres días después a consecuencia de las infecciones dada la grave precariedad en la que aquellos galenos de la milicia, llevaban a cabo verdaderos milagros con sus manos y los escasos y nulos medios con los que contaban. Juana Martínez, narró de la forma siguiente aquellos hechos (textual) (15):

“…A la salida de la posición, saludó el Sr. Cierva a la cantinera de Monte Arruit, que le refirió minuciosamente los detalles de la retirada, defensa y trágica caída de la posición. Dijo que los sucesos la habían sorprendido en Batel, y que, no queriendo abandonar a las fuerzas ni a los heridos, envió el carro con tres hijos suyos a Melilla, y ella se quedó con otro, con el cual acompañó a las fuerzas en la retirada a Monte Arruit. Refiere Juana que el teniente coronel Primo de Rivera, el día que lo hirieron, entró en la enfermería, sujetándose el brazo izquierdo, que le colgaba, casi seccionado, por la bala de cañón, y le rogó a ella que avisase a los médicos y al general Navarro. De los médicos que hicieron la cura, uno de ellos sobrevive, es el capitán Peña. La practicaron con agua de colonia y ella tuvo en sus brazos a Primo de Rivera, mientras le hacían la amputación, sin cloroformo, porque tampoco lo había. Ella le cuidó después y le pidió que no se moviera.

El día del asalto, la brava mujer, armada de un fusil, se defendió y defendió a su hijo a tiros contra los moros, y así consiguió ganar la tienda de un hebreo en el poblado, y allí se defendió hasta que le dieron un culatazo en el pecho…”

De la intervención quirúrgica para la amputación del brazo al teniente coronel D. Fernando Primo de Rivera, recordaría en su diario el teniente coronel de Infantería del Regimiento de San Fernando, D. Eduardo López Ortiz (textual) (19):

“…Entre las dolorosas bajas que sus granadas nos producen hay que lamentar del del teniente coronel Primo de Rivera, a quien un trozo de proyectil deja destrozado el brazo izquierdo. La herida es horrible y se impone la necesidad de amputar el miembro inmediatamente. No hay cloroformo ni anestésico alguno y eso es un contratiempo casi insuperable; lo sabe el valeroso jefe y él mismo anima a los médicos para que le operen sin miedo ni reparo. “-Aguantaré-“ dice. “-Que me den un trapo para morder-“. Y sin un grito, sin una queja, soporta estoicamente aquella intervención, pues ya adelantada, solo se le oye decir: “-Terminen pronto-“. Al fin concluyen los cirujanos y, agotado por los sufrimientos, se deja a aquel mártir en la cama que hasta entonces ocupó el general. La desgracia nos ha conmovido a todos, y muy hondamente a sus amigos y compañeros. ¡Pobre Primo, siempre cariñoso, siempre animado y alegre! ¿Sobrevivirá?. Creo que si…”

La rendición de Monte Arruit
Sobre la salida de las tropas el 9 de agosto de 1921, y la carnicería que en Monte Arruit hubo, contamos con otro testigo que lo narró en el rotativo madrileño “La Correspondencia Militar”, el 27 de octubre de 1921, después de habérselo oído contar a Juana Martínez. Dicho testigo era doña Carmen Rueda, hija del cantinero de la posición española de Dar-Drius, la cual, acudió a Arruit para recoger los restos de su padre. Dicho recuerdo, recogido en el rotativo citado, decía los siguiente (textua)l (10).

“…Carmen se lo había oído a la heroica cantinera del Batel, a Juana Martínez, la mujer fuerte que prestó sus más solícitos cuidados a los heroicos defensores. Salían las tropas formadas,, sin armas: delante, en sillas, en tableros, como podían, llevaban a los heridos y enfermos; salían confiados en el pacto hecho, y sobre ellos cayó la jauría de tigres que asesinó sin piedad, traidora y cobardemente, cazando a los pobres que huían….”

De lo vivido por doña Juana Martínez López en la retirada de El Batel a Monte Arruit. Identificaciones
De las vivencias de la cantinera de El Batel, doña Juana Martínez López, dio eco la prensa. Concretamente, la noticia al respecto que a continuación se citará textualmente, dejando constancia de aquellos calurosos días del verano de 1921, decía lo siguiente (textual) (11):

“…La Defensa de Monte Arruit. Lo que cuenta una cantinera
Melilla. 9:40.- Hemos hablado con la cantinera de Batel, Juana Martínez López, granadina, que se encontró en Monte Arruit durante los últimos días de la resistencia. Esta mujer acompañada de un hijo suyo, mozalbete de quince años, abandonó su cantina de Batel la noche del 23 de julio, sin poderse llevar los pequeños ahorros.

En el mes de mayo de 1920 cayó enfermo un soldado del Regimiento de África. Su dolencia era grave, y la cantinera le recogió y le atendió solícitamente. Descubierto el rasgo, rindieron homenaje a su piedad los jefes, oficiales y soldados. Ante ella desfilaron en columna las fuerzas que guarnecían Batel, bajo el mando del teniente coronel Sr. Pérez Ortiz.

Cuando empezó la dolorosa retirada, a consecuencia del revés de julio, la cantinera salía al camino, al paso de los fugitivos y ofrecía generosamente las bebidas de su cantina para que aplacasen su sed los heridos que todavía eran transportados a la plaza en las ambulancias sanitarias.

En fin, después de entregar cuatro de sus hijos a su convecino Víctor Pérez para que los trasladase a Melilla y quedarse sola con el hijo mayor, quiso correr la suerte del ejército, y resistió en Batel primero, y después en Monte Arruit, donde permaneció con su hijo defendiéndose fusil en mano en los almacenes de la estación, hasta la noche del 23 de julio, en que se trasladó al reducto al amanecer, en los momentos en que los jinetes de Alcántara daban la última carga para abrir paso a la columna del general Navarro.

Gracias a la cantinera y a otra mujer, que permanecieron en Monte Arruit mientras duró la defensa, se vieron atendidos los heridos; en los momentos que agonizaba el teniente coronel Sr. Primo de Rivera, Juana Martínez no se separó un momento del lecho del héroe, y le prodigaba atenciones y consuelos. La cantinera refiere que al sentirse morir el jefe del Alcántara hizo llamar al capellán del batallón para recibir los últimos auxilios espirituales.

La cantinera ha servido ahora para indicar donde habían caído durante la defensa de Monte Arruit cada uno de nuestros jefes y soldados; con otros supervivientes de aquellas jornadas, ha colaborado a la identificación de los restos del teniente coronel Primo de Rivera, de Álvarez del Corral, de González Simeoni, de La Llama y de muchos otros, y por ella se ha tenido la confirmación del epílogo de la defensa de Monte Arruit; esto es: la salida de los heridos en procesión y de su fusilamiento por los moros. Sólo el general Navarro y algunos más pudieron ser salvados por Ben-Chelial.

Le hemos preguntado por la suerte que pudieron correr los capitanes Hernando y Escalante, el teniente Martínez Luque y muchos que se sabe estuvieron en Monte Arruit, pero de los cuales no se tiene noticias, y la cantinera no acierta a contestarnos. “-Todos”-dice-“se encontraron allí, pelearon con igual ardor que los demás; pero ignoro lo que pudo sucederles después-“
Nos dice después la cantinera como fue llevada a la casa de Ben-Chelial, y luego reexpedida a Nador con su hijo y la otra mujer, al mismo tiempo que el general Navarro y los demás jefes y oficiales eran conducidos a Annual y a Axdir.

Juana tuvo que implorar al cherif de Nador, Ben-Alí que la dejara irse con su hijo hacia el Atalayón…”
Sobre la marcha de Juana Martínez López, cantinera de El Batel al cautiverio, se citó en el rotativo madrileño, “La Correspondencia de España”, del lunes 5 de septiembre de 1921, que salió de Monte Arruit, junto al general Navarro, el cual herido superficialmente en el vientre, salió de la posición amparado por los jefes moros. Con el general, iba también un Comandante de Estado Mayor, herido en la cabeza y con el interprete, Sr. Alcaide que tenía cortados tres dedos a consecuencia de un balazo en la mano. Los acompañaban a parte de la cantinera, Salvador, el hijo de esta (12).

De su puesta en libertad, doña Juana Martínez, declararía en el “Expediente Picasso” lo siguiente en el citado folio 455, (textual) (7):

“…Como triste epílogo de esta alevosía puede citarse la declaración de Juana Martínez López –folio 455- , la cantinera de Batel y refugiada en Arrui, que refiere las visicitudes del asedio con ingenua sencillez, como el reguero de cadáveres que pudo ver hasta la casa de Ben Chel-lal hasta las inmediaciones de Nador, donde fue dejada en libertad al alcance de nuestras líneas…”

La precariedad de las Cantineras
Estas buenas mujeres que junto a sus enseres y familia, bien se establecían en las posiciones españolas, bien seguían a las tropas en sus marchas, a los efectos que ya se han mentado, vendiendo viveres, vendiendo bebidas y, corriendo su misma suerte, no estaban encuadradas en los Regimientos, dependiendo entonces su vejez si la alcanzaban de la gestión de sus pecunios, de su salud y si a la senectud llegaban dada la peligrosidad de la situaciones en las que se encontraban, de la caridad de terceros o de la situación en la que en el momento oportuno se encontraban, bien de la manutención que de ellas, pudieran llevar a cabo sus descendientes- En la siguiente noticia publicada en el rotativo madrileño “La Correspondencia de España” del 31 de diciembre de 1921, se pueden comparar dos situaciones de dichas cantineras, la cuales estaban el 9 de agosto de 1921, fecha de la capitulación de Monte Arruit y fecha de la execrable matanza que en la citada posición hubo. Una fue recogida por un militar retirado con residencia en el sur de España, la otra, fue presentada de la mano del General Cabanellas al Ministro de la Guerra Sr. De La Cierva. Uno es el caso de María Gómez Gil y el otro, es el de Juana Martínez López. La comparativa de los destinos de ambas, quedaba reflejado en la noticia siguiente (textual) (8):

“…Las dos cantineras. Un olvido que es una injusticia
De Melilla nos llegan ecos de la conferencia que con el ministro de la Guerra tuvo Juana Martínez López, la cantinera del Batel. Fue en Monte Arruit, en la posición del espantoso asedio. Juana Martínez es una mujer gruesa, de aspecto bondadoso, madre de cuatro o cinco hijos. Ella con la cantinera de Monte Arruit, María Gómez Gil, de la que nadie se acuerda, representaron entre los miles de mártires de esta posición, el espíritu femenino, de compasión, de amparo maternal. En su regazo descansaron la cabeza algunos moribundos. Primo de Rivera murió asistido por Juana Martínez. María Gómez Gi,l envejecida, demacrada, tal como la vimos en el Hospital Civil de Melilla, hizo la aguada aquellos días en que nadie se hubiera atrevido a hacerlo. En los días horribles llevó el consuelo del agua para muchos heridos y dio a todos el alto ejemplo de su valor, de su entereza y de su resignación.

María Gómez Gil fue herida de tres tiros. Uno de los días que regresaba a Monte Arruit con un poco de agua infecta, recogida del arroyo cubierto de cadáveres, recibió dos disparos.. Pudo llegar, en mal estado, hasta la posición, y al entrar en ella, por una ventana de las dos pequeñas construcciones entre las que se levanta el arco de entrada, teniendo el cuerpo vencido por la parte de dentro y los pies aún en alto, derribada en tierra, en un movimiento de huída, recibió otro tiro en una pierna.

María Gómez Gil es un caso de desventura. En estas columnas se publicó oportunemante el relato de sus horribles sufrimientos.. Estuvo cautiva a la caída de Monte Arruit y después de haberlo perdido todo, perdió la salud, y no perdió la vida por verdadero milagro. Hemos leído que en la actualidad se halla la pobre mujer recogida en casa de un militar retirado que reside en un pueblo de la parte Sur de Levante. Su situación económica es es la de una pobre mujer que vive de la caridad de un buen patriota.

Hemos leído que el ministro de la Guerra ha hecho justicia de premiar a la heroica Juana Martínez, la cantinera del Batel, prometiéndola indemnizarla de las pérdidas sufridas, sin duda porque el ministro pudo percibir directamente, en el dialógo que sostuvo con la heroína, toda la abnegación y el valor de aquella mujer durante el asedio trágico de Monte Arruit; pero advertimos el olvido hacia la otra desdichada, compañera de infortunio, felicitada varias veces por los oficiales y jefes de la posición, herida de tres balazos, que por hallarse lejos del sitio donde se encuentran actualmente el ministro de la Guerra y los directores de los periódicos no ha podido provocar en ellos la directa emoción que logró con su relato la admirable cantinera de Batel…”

Después de Monte Arruit
Juana Martínez, una vez hubo alcanzado la plaza de Melilla, fue objeto de homenajes como el que le rindió el Escuadrón de Caballería de Alcántara 14, y del que quedó constancia en la prensa de la época a tan merecido comportamiento.

Homenaje a la cantinera doña Juana Martínez López
Con motivo de la visita del entonces Ministro de la Guerra, señor De La Cierva a los escenarios de los combates habidos en áquel caluroso y duro verano de 1921, quiso este, visitar por su propio pie los mismos. En Monte Arruit, Juana, conoció de la mano del general Cabanellas al Sr. Ministro. Esta nota, quedó así recogida en el rotativo madrileño “ABC” de fecha 30 de diciembre de 1921, que decía (textualmente) (5):

“…Al salir del recinto el general Cabanellas presentó al ministro a la cantinera Juana Martínez López que estuvo en Batel, en donde se cubrió de gloria, hasta el punto que el general Silvestre hizo desfilar ante ella a las fuerzas. Dicha cantinera siguió después a la columna en su retirada hasta Monte Arruit, donde después de mil penalidades y de tener que defenderse de los moros con un fusil, asistió a los heridos sin descansar durante diez y ocho días. En sus brazos expiró Primo de Rivera.

El relato de la cantinera por su misma sencillez ha sido emocionante. La heroica mujer evocaba con angustia los días trágicos. Antes de la retirada envió a Melilla a cuatro de sus hijos, qudándose con la hija mayor. En la retirada perdió todos sus enseres y los géneros de su modesta industria. Antes de entrar en Monte Arruit hubo de esconderse en una casa próxima, donde permaneció un dia entero, defendiéndose a tiros.

Salvó su vida porque al huir, de noche, cayó, sobre una camilla en la que había un cadáver.. Oculta junto al cadáver permaneció varias horas.

El Ministro le dijo: -Quiero ayudarte, porque eres benemérita de la Patria. Doce mil pesetas has perdido; te las daremos para que tengas otra vez tu comercio. También cuidaremos de tus hijos. A cambio de esto, España solo te pide que los eduques en tu misma resolución: valor y caridad que te colocan entre las heroínas de la raza- . La cantinera llorando estrechó la mano del ministro…”

También, fue objeto de socorros, como el recogido en la prensa de Madrid del 13 de noviembre de 1921 y que a continuación textualmente se cita (4).
“…La Cantinera Juana. Melilla 9. 9 noche. Aumenta la suscripción a favor de la heroica cantinera Juana Martínez, que prestó valiosos servicios en el asedio de Monte Arruit…”

Y de premios, como el recibido de 1.000 pesetas otorgados por parte de los redactores del “Diario de la Marina”, de La Habana, señores D. José Ibangi y D. Constantino Suárez, los cuales, entregaron diez premios por dichas cantidades para los soldados que más se habían distinguido aquellos días. Uno de esos premios, fue para la Cantinera doña Juana Martínez, la cual tenía que repartirlo con la Cantinera doña Balbina Sanz de Dar-Quebdani y la de Dar-Drius (13). Dicho premio, le fue entregado a doña Juana el dia 23 todo y que se cita en esta ocasión, que habían sido otorgados por el “Diario Español de La Habana”, en el palacio de la Comandancia General de Melilla (14).

Regreso a Monte Arruit
Según dimana de la lectura de algunas noticias de la época, la cantinera de Batel, doña Juana Martínez López, regresó a Monte Arruit con las fuerzas militares que se encargaron de su recuperación, si no el mismo día, si en fechas inmediatas a la misma. De hecho, una de las noticias publicadas en “La Correspondencia Militar” de aquellas fechas, así lo induce a pensar. De la lectura de esta noticia que a continuación se cita, fue el panorama con el que tanto las tropas españolas que ocuparon de nuevo la posición como doña Juana Martínez se encontrarían a su llegada a Arruit. Dicha noticia publicada en el citado rotativo y en fecha 27 de octubre de 1921 decía (textua)l (10):
“…Los Honores de la Nación.

En la calle central del poblado también había bastantes cadáveres, todos los edificios de este están destruídos, viéndose por todas partes restos de maquinaria agrícola y del menaje del hogar. El campamento, era una preciosidad, es un montón de escombros; pabellones hay en que no quedan ni tabiques; la enfermería está llena de cadáveres y por sus calles no se ven más que restos de las víctimas con los de los caballos y acémilas.

Los cadáveres de los héroes que murieron en la defensa habían sido desenterrados; algunos de ellos, como , como el del heroico teniente coronel Primo de Rivera, por segunda vez, pues la cantinera del Batel, que estuvo prisionera en Arruit, al verlo desenterrado volvió a cubrirle de tierra.
Esta fue la visión que nos oferció Monte Arruit, visión que todos vimos silenciosos, como habían ido las armas, porque el día de ayer, que por el cumpleaños de S.M. la Reina…”

Por otro lado, también contribuyó a identificar a los autores de la masacre que sufrieron las tropas españolas en Monte Arruit, aquel fatídico día del 9 de agosto de 1921. En la siguiente nota de prensa, publicada en “El Globo de Madrid”, del 14 de diciembre del citado año. Quedaba constancia del hecho (textual) y bajo el título “…Un traidor…” (9).

“…En la posición de Monte Arruit se presentó un moro que era policía indígena, manifestando que estuvo prisionero de los rifeños. La cantinera Juana Martínez que estuvo en el asedio de aquella posición, le ha reconocido como uno de los que tomaron parte en los crímenes cometidos el día de la evacuación. Ha manifestado que a ella misma le quitó un mantón y las sortijas que llevaba cuando cayó prisionera. El indígena ha ingresado en el calabozo…”

Cuando Juana Martínez conoció de la mano del General Cabanellas al Ministro de la Guerra Sr. De la Cierva, después de narrarle al ministro los sucesos vividos por ella durante la caída de Monte arruit en manos rifeñas el 9 de agosto de 1921, el Sr. De La Cierva, como ya se ha citado, se ofreció a dar su ayuda a la buena mujer. Esta, parece ser, le manifestó a su interlocutor, su deseo de establecerse en Monte Arruit. De dicho deseo, quedó narrado por el periodista en el diario madrileño “El Sol” del 30 de diciembre de 1921 (textual) (15):

“…El Sr. Cierva la preguntó si lo había perdido todo. “-Todo”- contestó Juana “-y prueba con el testimonio de los que han conocido mi establecimiento, que su valor ascendía a mil pesetas. Y en el caso de que me den alguna indemnización, volveré a establecer mi cantina aquí en Monte Arruit, donde espero que me ayuden a construir una casita-“.

“-Yo le aseguro a usted-“ dijo el ministro conmovido “-que todo se hará, y usted podrá seguir prestando sus humanitarios servicios a estas fuerzas que representan, que son hermanas de aquellas otras por las que tanto se sacrificó. Le encarezco que prosiga desarrollando sus instintos humanitarios y los inculque a sus hijos, enalteciendo en ellos el amor a España, que no la olvida a usted; yo se lo aseguro-“…”

Por lo publicado en el rotativo madrileño “La Libertad” del 16 de octubre de 1929, con motivo de su fallecimiento, Juana, se estableció como cantinera en las proximidades de la estación de ferrocarril de Monte Arruit (17).

Después de Arruit, ¿qué fue de la cantinera Juana?
La pista, se la seguimos a través de la prensa de la época, asi, podemos saber que el 14 de agosto de 1922, resultó herida en un accidente automovilístico, en un choque de camiones ocurrido en Nador (23) y que en el mes de julio, había estado en Madrid, donde había sido recibida por S.M. el Rey D. Alfonso XIII y ya se daba noticia del regreso de la cantinera a Monte Arruit. Dicha noticia publicada en el “ABC” del 18 de julio de 1922, decía lo siguiente (25) (textual).

“…La cantinera de Monte Arruit. Melilla 17, 2 tarde. Acaba de regresar de Madrid, donde fue recibida por Su majestad el Rey, la antigua cantinera de Monte Arruit, que, como se recordará perdió con ocasión del desastre, todo cuanto poseía y asistió a los heridos durante la defensa de aquel campamento.
El Rey hizo a la cantinera un donativo en metálico. Aquí en Melilla ha recibido también algunas cantidades. Hoy se ha trasladado a Monte Arruit donde se establecerá una cantina…”

En diciembre, concretamente el día 3, Juana Martínez volvía a protagonizar una colaboración con la justicia, dado que también, era parte perjudicada. Se trataba de la captura de un moro acusado de saqueo. La noticia en el “ABC”, decía lo siguiente (textual) (24).
“…El moro del saqueo capturado. Melilla 2, 9 noche. Ha sido capturado el moro a quien la cantinera de Monte Arruit, Juana Martínez, que permaneció allí durante todo el asedio, denunció como autor de varios actos de saqueo y de haberle robado a ella 3.000 pesetas y algunas alhajas. El indígena se llama Abdelselam Ben Hamu, y niega su culpa; pero la cantnera ha aportado datos y pruebas de su acusación…”

Establecida en Monte Arruit, los soldados, le construyeron una casa en el año 1923 (la noticia, fue dadad por el rotativo “ABC”, del dia 16 de enero) (27). Pero de las promesas que se la habían hecho tanto a ella como a terceras personas dimanantes del desastre vivido en 1921, por parte del Ministro de la Guerra Sr. La Cierva, ¿qué había sido de ellas?. Juana, en vista que el tiempo pasaba y las “promesas”, habían sido eso, “promesas, palabras”, marchó en 1924 a Madrid para intentar que se le abonara lo perdido en la cantina de Batel. (21).

En relación con el viaje a Madrid llevado a cabo por Juana Martínez, se encontró con otra mujer que se autotitulaba como “Cantinera de Monte Arruit”, una confusión que sin duda, cabía deshacer. De hecho y al respecto, “El Telegrama del Rif” del 23 de febrero de 1924, bajo el título “…Las Cantineras de Monte Arruit. Un equívoco que precisa deshacer…” decía al respecto (textual) (22).

“…Las noticias de la prensa y los informes particulares que de Madrid recibimos, dan cuenta de los bailares en la coronada villa, dos mujeres, que se titulan “La cantinera de Monte Arruí”. Solicitan del Directorio, indemnización por los daños y penalidades sufridas y por su conducta durante el memorable sitio de aquella posición. Con fecha anterior, se dejó ver en Ministerios y centros oficiales alguna otra mujer ostentando igual título.
Honroso es sin duda. Los supervivientes de Monte Arrui hablan economiasticamente de las abnegadas cantineras, más induce a confusión, a los no enterados, el hecho de que varias se atribuyan ese título. Para deshacer el equívoco escribimos estas líneas.
En Monte Arrui se refugiaron además de su cantinera, las de varias posiciones, entre ellas la de Batel, Juana Martínez, muy conocida por su meritorio proceder, sirviendo de madre cariñosa –antes de la desventura- a un soldado que murió de enfermedad repugnante. Ella lo asistió en los últimos momentos y le amortajó. El infortunado general Fernández Silvestre, formó un día la guarnición y ensalzó el altruismo de la modesta mujer, para la que se solicitó la Cruz de Beneficencia.

Todas esas mujeres se comportaron muy bien y todas son dignas de premio. De ahí que no deba preguntarse cuál es la verdadera cantinera, sinó cuales de ese y de otros puestos prestaron eficaces servicios los días trágicos de Agosto de 1921, hasta la evacuación.
No cabe duda, que sobresalieron Juana Martínez, por el temple de su alma y extraordinario valor, y otra cuyo nombre no recordamos. La guerra que entre sí se hacen las perjudicadas, como el denominarse todas “la cantinera de Monte Arruí”.
El señor La Cierva, en su visita a nuestra plaza, oyó el relato emocionante de la odisea de Juana Martínez, corroborado por personas dignas de crédito y le ofreció la suma de doce mil pesetas al que ascendía el valor de su cantina de Batel.
Como pasaba el tiempo sin cumplir la promesa, marchó a Madrid y allí solicita amparo y protección. La que pudiéramos llamar propietaria de la cantina de Monte Arrui, ha coincido con ella en la Corte. Implorando también su auxilio. Esta mujer lo merece por su gran desgracia y noble conducta.
La confusión debe desaparecer en beneficio de una y de otra, como de las compañeras, no menos abnegadas, que sufrieron los rigores del sitio y el martirio del cautiverio…”

Ese viaje, no debió de tener un resultado favorable ya que años después, en 1928, se desplazaba de nuevo a la península en busca de esa ayuda, dirigiéndose esta vez a Málaga, donde llegaría a entrevistarse como S.M.la Reina. En Monte Arruit, Juana, se había convertido en una guía de excepción para todos aquellos que interesados en los sucesos del verano de 1921, visitaban dicho campamento. Fue de esta forma y con ocasión de la visita de los Magistrados de la Audiencia de Málaga de igual forma que hizo durante la visita de los Reyes de España a Arruit en 1927, que recibió donativos por parte del Presidente del Directorio Militar, el General D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja y de la Marquesa de Torralba (21).

En enero de 1923, tras obtener algunos socorros en metálico en Melilla, el día 18, Juana, volvía a marchar a Madrid a los efectos de entrevistarse de nuevo con S.M. El Rey D. Alfonso XIII y el gobierno, y así, gestionar las pérdidas que había sufrido durante el desastre del verano de 1921, cuando lo perdió todo. (26). En el mes de junio, era agasajada por la oficialidad del Regimiento de Almansa, los cuales y con motivo de su onosmática, le regalaron una valiosa sombrilla con dedicatoria (28). Al año siguiente, a mediados del mes de febrero, encontramos de nuevo a Juana Martínez, cantinera de Monte Arruit, en la Corte de Madrid, donde se fue recibida por el General Gómez-Jordana (29), en dos ocasiones (30) y por el Presidente del Directorio Militar, Marqués de Estella, el cual la informó que un asunto de su interés, marchaba por muy buen camino. (29). El día 28 de ese mismo mes, Juana, visitaba al Gobernador de Madrid. (31).

El 19 de abril de 1927, el General Primo de Rivera, Marqués de Estella y Presidente del Directorio Militar, acudía a Melilla en viaje oficial y efectuó visita a Monte Arruit. De esta, “ABC” hizo eco, informando a la opinión púlica de la siguiente forma (textual) (32).

“…El general Primo de Rivera en Monte Arruit. Melilla 19, 11 noche. El presidente acompañado de los generales Sanjurjo y González Carrasco, almirante García Velázquez y varios jefes y oficiales, vistó el poblado de Monte Arruit, donde le recibió el capitán de Intervenciones Sr. Civantos y algunos colonos. El marqués de Estella recorrió la memorable posición informándose de las incidencias del asedio de 1921.
Acudió a cumplimentarle la conocida cantinera Juana Martínez que estaba en Monte Arruit en aquella época, refiriéndole los últimos momentos del heroico teniente coronel Primo de Rivera, después de la retirada desde el campamento de Drius. El presidente hizo a Juana un donativo en metálico.
El comandante Sánchez Noé,que, como capitán de Regulares de Melilla, tomó parte en aquellos combates, refirió al presidente interesantes detalles de la retirada de Annual y de la intervención de su heroico hermano.
El capitán Civantos, informó al general Primo de Rivera de la intensa labor agrícola que se efectúa en aquel poblado por parte de los colonos…”

En febrero de 1928, aprovechando una estancia de S.M. La Reina y de sus hijos en Málaga, le solicitó audiencia (33). Al año siguiente, aquella brava mujer, dejaba de existir, dejando tras de sí una verdadera leyenda.

Octubre de 1929, fallece Juana Martínez López
Y España, no se olvidó de aquella valerosa y brava mujer, doña Juana Martínez López, Cantinera de Monte Arruit. Los diarios madrileños “El Heraldo de Madrid”, “La Libertad”, el “ABC” de los días 15 y 16 de octubre de 1929 respectivamente, daban la triste noticia de esta granadina que demostró su valor aquellos claurosos días de julio y agosto de 1921. Dichas noticias decían (textual)

En el “Heraldo de Madrid” del 15 de octubre de 1929. (18)
“…Juana la cantinera de Monte Arruit. Fallece en Melilla una mujer que se destacó en los sucesos del 21. Melilla 15 (4.t). Ha fallecido la cantinera de Monte Arruit, Juana Martínez López que durante los sucesos de julio de 1921, dio pruebas de heroísmo y abnegación, auxiliando a los soldados heridos. Dio sepultura a los muertos durante el asedio en aquel campamento. Por ella se supo el lugar donde se hallaban enterrados algunos jefes y oficiales, entre ellos el teniente coronel D. Fernando Primo de Rivera. Al rendirse la posición Juana cayó prisionera y perdió cuanto poseía. El Gobierno le concedió dos cruces del Mérito Militar y algunos donativos en metálico…”

En “ABC” del 16 de octubre de 1929. (16)
“…Noticias diversas de Melilla: Ha fallecido la célebre cantinera de Monte Arruit, Juana Martínez López, que durante los sucesos de 1921 dio prueba de gran heroísmo y abnegación, cayendo prisionera al rendirse la posición citada. El Gobierno la había concedido dos Cruces del Mérito Militar…”

En “La Libertad”, del 16 de octubre de 1929. (17)
“…Los asuntos de Marruecos. Fallece una cantinera de las de Monte Arruit. Melilla 15.- A consecuencia de una rápida pulmonía ha fallecido ayer Juana Martínez López, famosa cantinera de Monte Arruit durante los sucesos de 1921. El entierro se efectuará esta tarde, prometiendo que se vea concurridísimo, pues era muy apreciada. Actualmente tenía una cantina en las inmediaciones de la estación férrea de Monte Arruit…”

Juana, finó el 14 de octubre de 1929 a los 48 años de edad. Veinte días antes, había sido trasladada desde Arruit por sus hijos a Melilla al notarse gravemente enferma. En Melilla, recibiría las atenciones y cuidados necesarios para su curación. No fue así ya que la bronconeumonía que le fue diagnosticada, se la llevó, dejando huérfanos a sus 6 hijos. Con motivo de su traspaso, el diario Melillense “El Telegrama del Rif” del 15 de octubre de 1929, decía lo siguiente (textual) (21):

“…Juana, la popular cantinera probó de manera bien elocuente su gran presencia de ánimo y amor a los soldados de España, en aquellas horas trágicas que en Monte Arruit, se luchaba denodadamente en defensa del honor patrio. Ella fue la madre amantísima que con su insuperable solicitud atendía a los heridos, y ella fue la que rodeada de héroes, dedicaba unas lágrimas, lágrimas del Corazón de aquellos que dejaban la vida para siempre, víctimas del plomo enemigo.
La conducción del cadáver de Juana Martínez se verificará esta tarde, a las cuatro desde la casa mortuoria, calle Orense número 28, al Cementerio de la Purísima Concepción, y tenemos por seguro que fúnebre acto habrá de constituir una expresiva manifestación de duelo, sumándose a ella cuantos supieron de su admirable comportamiento en la cruenta jornada.
Descanse en paz el alma de la heroica y abnegada cantinera de Monte Arruit, y reciba su desconsolada familia el testimonio de nuestro más sentido pésame…”.

La tarde del 15 de octubre de 1929, Juana Martínez, recibió cristiana sepultura. Al acto asistieron entre otros, el Delegado Gubernativo, el coronel de Infantería D. José Miaja Menant y el Presidente de la Junta Municipal, D. Cándido Lobera, que junto a los hijos de Juana, presidieron el cortejo fúnebre, el cual, transcurrió por acuerdo del muncipio, por la Avenida, en homenaje y admiración por la heroica cantinera. Melilla, acordó sufragar los gastos de entierro y sepultura. (21).

Sus restos, descansan en el Cementerio de la Purísima Concepción, muy cerca del Panteón de los Héroes, como si Juana quisiera continuar cuidando a los bravos soldados que en Arruit sucumbieron y descansan en tan señalado lugar de honor. De hecho, la Comandancia General de Melilla, contínua recordando en la actualidad a Juana en sus actos celebrados con motivo del día de Todos los Santos (21).

Fuentes
1). “A José Luís Blasco y sus datos inéditos”, de Juan J. Aranda, en “Rincón de Aranda” en Internet.
2). “Donde sea lejos”, de Jaime Alejandre, editorial “Huerga Fierro editores”
3). “La Vanguardia”, pág. 13, Barcelona, viernes 30 de diciembre de 1921.
4). “ABC”, pág. 13, Madrid, 10 de noviembre de 1921.
5). “ABC”, pág. 7, Madrid, 30 de diciembre de 1921.
6). “Cartas desde la Purísima nº 50”, “El Rincón de Aranda”, de Juan J. Aranda en “Melilla Hoy”, en Internet.
7). “Expediente Picasso”, Folio nº 455, declaración de Juana Martínez López, cantinera de Batel.
8). “La Correspondencia de España” nº 23.172, pág. 22, Madrid, sábado 31 de diciembre de 1921.
9). “El Globo, diario de Madrid”, nº 15.722, pág. 2, Madrid, miércoles 14 de diciembre de 1921.
10). “La Correspondencia Militar” cinco ediciones diarias,nº 13.435 pág. 1, Madrid, jueves 27 de octubre de 1921.
11). “La Voz, diario independiente de la noche, noticias de todas partes”, nº 410, pág.1, Madrid, 1 de noviembre de 1921.
12). “La Correspondencia de España” nº 23.125, pág. 1, Madrid, lunes 5 de septiembre de 1921.
13). “La Voz, diario independiente de la noche, noticias de todas partes”, nº 417, pág. 4, Madrid, 9 de noviembre de 1921.
14). “La Voz, diario independiente de la noche, noticias de todas partes, nº 440, pág. 4, Madrid, 24 de noviembre de 1921.
15). “El Sol, diario independiente” nº 1.371, pág.1, Madrid, viernes 30 de diciembre de 1921.
16). “ABC”, edición de la mañana, pág. 30, Madrid, miércoles 16 de octubre de 1929.
17). “La Libertad” nº 2.988, pág. 4,Madrid, miércoles 16 de octubre de 1929.
18). “El Heraldo de Madrid” Edición de la noche nº 13.639, pág. 11, Madrid, martes 15 de octubre de 1929.
19). “18 Meses de cautiverio, De Annual a Monte Arruit”, de D. Eduardo Pérez Ortiz, Teniente Coronel de Infantería del Regimiento de San Fernando nº 11. Edición de Jesús M. Sánchez, editorial Interfolio.
20). “Cantineras militares, mujeres de armas tomar”, “La guerra de la Independencia en León” de D. Javier Tomé y D. José María Muñiz, publicado en el “Diario de León.es” el 28 de abril de 2008.
Fotografías obtenidas a través del buscador de Imágenezs de Google.
21). Notas proporcionadas por D. Juan Díez Sánchez, de la Asociación de Estudios Melillenses.
22). “El Telegrama del Rif”, Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos. Núm. 8.213, pág. 1, Melilla, sábado, 23 de febrero de 1924
23). “La Correspondencia de España”, núm. 23.365, pág. 2, Madrid, lunes 14 de agosto de 1922.
24). “ABC”, Madrid, 3 de diciembre de 1922, pág. 23.
25). “ABC”, Madrid, a 18 de julio de 1922, pág.11.
26). “ABC”, Madrid, a 20 de enero de 1923, pág. 11.
27). “ABC”, Edición de la mañana, Madrid, martes, 16 de enero de 1923, pág. 16.
28). “ABC”, Edición de la mañana. Madrid, viernes 29 de junio de 1923, pág.18.
29). “ABC”, Madrid, 14 de febrero de 1924, pág, 9.
30). “ABC”, Madrid, 20 de febrero de 1924, pág.7.
31). “ABC”, Edición de la mañana, Madrid, jueves 28 de febrero de 1924, pág.11.
32). “ABC”, Edición de la mañana, Madrid, miércoles 20 de abril de 1927, pág. 20.
33). “ABC”. Edición de la mañana, Madrid, martes 28 de febrero de 1928, pág. 16.

(Hans Nicolás i Hungerbühler, 19 de julio de 2011)

jueves, 5 de mayo de 2011

" EL RENEGADO"




Una novela histórica ambientada en torno al archipiélago de Alhucemas. Donde su protagonista, el renegado Joaquín Ibáñez, participó decisivamente en el rescate de los marinos del cañonero “General Concha”, cautivos de los rifeños en el año 1913

Hace pocas fechas, el 29 de abril, y dentro de los eventos organizados en la población gaditana del Puerto de Santa María por su Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia, con ocasión de la Fiesta del Libro, retrasada este año por el tardío desarrollo de la Semana Santa. Fue presentada la primera obra escrita por Alberto Boutellier Caparrós, una fabulación con base histórica y desarrollo entre España y el Norte de Marruecos. Magnífica recuperación, puesta en valor de unos sucesos que por su enorme calado despertaron la atención de los españoles de hace casi un siglo, de 1913. Pues no en vano dieron forma además de a multitud de páginas en los principales diarios y semanarios nacionales, a la edición de romances de ciego, tarjetas postales e incluso una colección de cromos. Unos casi olvidados documentos que han llegado hasta nuestros días como reliquias de un tiempo ahora revivido gracias a la espléndida novela de Alberto Boutellier, “El Renegado ( El Moro Joaquín ).
La magnifica presentación de esta obra, a cargo de Manuel Pico, presidente de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, Juan Gómez, Doctor en Historia y académico, así como del propio Alberto Boutellier, se encuentra insertada en Internet: wwwfiestasdelpuerto.com. y de ella resaltamos las muy acertadas palabras pronunciadas por Juan Gómez, imprescindibles para valorar en toda su extensión esta novela, las cuales a continuación reproducimos:



El Renegado. El moro Joaquín
El libro que hoy presentamos es fruto del trabajo y de la imaginación de su autor. Del trabajo porque toda obra literaria lleva consigo muchas horas de dedicación, de consulta, de correcciones, de vuelta a empezar, que todo aquel que haya tenido la aventura de escribir conoce bien lo que digo. De la imaginación, porque el autor tiene que ponerse en la piel de sus personajes, pensar como ellos lo harían y vivir, en cierto modo, sus peripecias de forma que realidad y ficción se mezclan en la mente del escritor.
De ambas cosas este libro está sobradamente completo. Su autor ha dedicado horas y horas a su desarrollo al igual que ha tenido que meterse en la vida de sus personajes y vivirla para darle la mayor verosimilitud.
El libro publicado por la Editorial Círculo Rojo, un grupo editorial afincado en Almería que ha revolucionado con sus métodos de edición y distribución el panorama literario español, consta de 272 páginas con cubierta de solapas y cartulina plastificada. En la cubierta un acertado montaje de “Moros corriendo la pólvora” de Francisco Lameyer con el penal de Alhucemas al fondo. En su interior algunas fotografías históricas del buque General Concha así como del protagonista de la novela.
El autor, ALBERTO BOUTELLIER CAPARRÓS, nace en Málaga el 3l de octubre de 1933. Casado, con seis hijos y residente en El Puerto de Santa María desde hace 37 años
Hijo de Alberto Boutellier, militar (Comandante de Infantería) fallecido a los 45 años y de María Antonia Caparrós. Como hijo de militar, tuvo numerosos cambios de residencia; nacido en Málaga, a los tres meses se traslada a Melilla y a partir de ahí tuvo otras residencias: Madrid, Ceuta, Cartagena, Murcia, Valle de Arán, Lérida, último destino de su padre porque fallecería poco después. A partir de entonces ingresa en el Colegio de Huérfanos del Ejército en Valladolid, regresa a Melilla, Nador, Ben Tieb, Monte Arruit, Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla (15 años) y por último El Puerto de Santa María. Demasiado movimiento, por eso, cuando hace 40 años aparece por la “cuesta del chorizo” del Cerro San Cristóbal y ve la Bahía, se dice, ¡aquí quiero vivir el resto de mi vida!
Bachiller superior, en Colegios Maristas, formación en el Colegio de Huérfanos para el ingreso en la Escuela General Militar. Cursos permanentes de dirección de empresas, Curso de Dirección para impartir formación a mandos intermedios a través de Tea Cegos, Goldmand y Orgemer. Hablado y escribe el francés, habla catalán, conocimientos de inglés e italiano y residuales de árabe (bereber).


Actividad profesional:
De 1950 a 1958 funcionario administrativo en el Servicio de Intervenciones del Protectorado de Marruecos. De 1959 a 1962 Vendedor de aspiradores a domicilio en Madrid, a los seis meses Director para Andalucía tras formación en Barcelona. De 1963 a 1974 Director para Andalucía de la multinacional Balay y los últimos tres años como Director nacional de Ventas. De 1975 a 1977 Director general de Sades en el Puerto de Santa Maria
Desde 1978, creador de la empresa Verdi (pequeña cadena de tiendas de instrumentos musicales) El Puerto, 2 en Jerez, Rota, y depósitos en San Fernando y Ubrique. En 1985 creador de la empresa Video Verdi que después se convertiría en Sociedad Cooperativa prestando servicios de audiovisuales, traducción simultánea, stands feriales y demás servicios especializados en congresos convenciones e incentivos, siendo la primera productora de video en instalarse en Andalucía, incluso antes que Canal Sur. Además de la dirección, llevó la locución y creación de guiones de cuantos documentales se produjeron y se siguen produciendo.
Viajero empedernido tanto en viajes profesionales: Arts-Menagers Paris, Milán, Dusseldorf, Tokio, Kyoto y Osaka, como en viajes de placer: Portugal, Francia, Luxemburgo, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Alemania, Austria, Italia, Yugoslavia, Marruecos y Tailandia.
Desde joven siempre he escrito algo aunque ha terminado en algún cajón. Como también heredó de su padre la afición a la pintura (del que dice fue un gran pintor). Solo tras abandonar por la forzada jubilación la vida activa empresarial, ha comenzado a cultivar la afición a la pintura a través de paisajes, bodegones y especialmente retratos.
Con respecto a la literatura, varios blogs y colaboraciones en algún diario le han ido liberando de la timidez hasta que decide afrontar la posibilidad de escribir una novela. Hoy tiene material escrito para la publicación de otras novelas, así como una gran cantidad de artículos, relatos cortos y poesía, a la que se he aproximado también tímidamente, siendo el soneto su expresión poética preferida.


Por completar su perfil puedo decir que se confiesa católico, lo que en un mundo fuertemente laico es todo un mérito el confesarlo. Políticamente siempre se he considerado un moderado, aunque eso de situarse en el centro le parece que es no comprometerse. Apunta en sus confesiones que últimamente se estoy volviendo ácrata. La verdad es que en estos momentos de incertidumbre es comprensible el mostrarse un poco escéptico con la sociedad que nos rodea.
Pero dejemos a nuestro autor y hablemos de su obra, una ópera prima de la que a buen seguro causará una muy buena impresión en los futuros lectores como me produjo a mí cuando la leí.
Desde hace tres décadas para acá ha proliferado en el panorama literario internacional, y muy en particular en el español, la novela histórica. La mezcla entre la realidad y la ficción ha sido en los últimos tiempos el ingrediente de multitud de obras que han llenado los escaparates y las estanterías de nuestras librerías. Y es que el pasado se nos presenta a los hombres y mujeres de nuestro tiempo como una aventura y como un proceso encadenado de acciones que han ido modelando el mundo actual. Tal vez la falta de un objetivo actual como nación nos lleve a recrearnos en tiempos pasados, en los que buscamos, no solo nuestra identidad, sino, tal vez, respuesta a nuestras inquietudes.


Es por ello que quizás nuestro autor ha buscado en un hecho pretérito de nuestra historia la respuesta a la nostalgia de quien vivió los paisajes y la sociedad que retrata en su libro. La guerra de África, mejor llamada la de Marruecos, ha sido una gran desconocida de nuestra historia. Tal vez porque nunca contó con el beneplácito del pueblo que veía como sus hijos, los que no podían librarse con dinero de la obligación militar, morían por una tierra árida, desconocida y, casi seguro por oscuros intereses de la aristocracia española. Esta guerra, desencadenante de la caída de gobiernos, fue vista por los españoles de a pie como una sangría de jóvenes que morían sin saber el verdadero motivo de la contienda. Y, no solo, supuso la sangría de vidas humanas, sino que creó una imagen del “moro” que aún perdura en nuestro subconsciente colectivo.
Esta imagen del moro queda bien definida con la mención que el autor hace de una descripción aparecida en el Heraldo de Melilla sobre el rifeño (Pág. 202).LEER.
Y es que esta novela es también un descubrimiento del mundo del Rif de los primeros años del siglo pasado, de sus gentes, de sus costumbres y de su modo de entender la vida. El autor ha querido en todo momento salvar esa imagen del moro mezquino y traidor introduciendo en su obra la figura del rifeño Laarbi, quien compartirá protagonismo con nuestro personaje.
Pero, ¿quién es este protagonista que da título a la obra? El moro Joaquín es un personaje histórico que vivió realmente muchos de los sucesos que el autor narra en la novela. Su vida en el penal de Alhucemas, luego entre la cábilas rifeñas, su intervención en los sucesos del naufragio del General Concha y el indulto concedido por Alfonso XIII, forman la trama histórica que da pie a la segunda parte de la novela donde el contexto histórico y los hechos se acercan más a la realidad. No voy a desvelar más del argumento de la novela pues gran parte de su mérito se debe al descubrimiento que página tras página el lector va a realizar. La fuerza de su lenguaje directo, casi cinematográfico, enganchará al lector, ávido en cada momento de seguir descubriendo lo que oculta la siguiente página.


He dicho que nuestro personaje es un personaje real del que me vais a permitir que desvele alguno de sus secretos que el autor no ha querido desvelar en su obra. Y es que la ficción cuenta también en la novela histórica como parte fundamental del desarrollo literario de la misma. Es falso, como algún medio de la época apunta, que fuera condenado por matar a su novia. Su historia es otra y se remonta a finales del siglo XIX.
El 15 de junio de 1892, el periódico El Liberal, daba la noticia del asesinato ocurrido la noche del 7 al 8, en San Perpétua de Moncada (Barcelona) de los esposos Rafael Llonch, de setenta años, y su esposa, Josefa Borrás de sesenta y cuatro. Ambos habían sido asesinados con un hacha y se había detenido a un individuo llamado “Quim Requilador, aragonés que pronto había de contraer matrimonio. El móvil al parecer había sido el robo al encontrarse la casa revuelta y los cajones de la cómoda rotos.


Esta pequeña reseña no era más que el anuncio de lo que la prensa vendría a llamar el crimen de Moncada. El 27 de mayo de 1893, la Audiencia de Barcelona conocía el veredicto dictado por el jurado por el asunto del crimen de Moncada. Hallaban al detenido culpable de la muerte de los esposos, de haber entrado en la casa con ánimo de robar y de haber tenido intención de matar al llevar un hacha que le había prestado un amigo la noche anterior, con lo que encontraban intención de causar la muerte de las víctimas. El autor del crimen hizo una descripción de los hechos durante el juicio en el que pretendía demostrar que no había tenido intención de causar daño ni de robar. Contó cómo la víctima le debía dinero de una comisión que le había prometido por la venta de una caballería. Que al presentarse en su casa para reclamarla, el señor Llonch no quiso darle los cuatro duros que le debía, le insultó y que él le golpeó con el hacha. Luego subió a ver a la esposa para reclamar el dinero y ésta le llamó pillín, le arañó en un brazo y que para defenderse utilizó el mango del hacha que portaba.
Lo cierto es que todo parece surrealista si no fuera porque estos hechos son ciertos según relato de la prensa de la época. La Audiencia condenaba al autor a la pena de muerte en garrote e indemnizar a los hijos de las víctimas con 3.000 pesetas.
Días más tarde, el periódico El Día, se hacía eco en su ejemplar de 13 de octubre, de la confirmación de la sentencia por parte del Tribunal Supremo a la que el condenado había recurrido.


El viernes 27 de octubre de 1893, la Gaceta de Madrid publicaba la conmutación de la pena de muerte por la de cadena perpetua a Joaquín Ibáñez Bellido, autor de los hechos conocidos como el Crimen de Moncada. El cumplimiento habría de hacerlo en el penal de Alhucemas… pero esto ya es otra historia, a la que os invito os sumerjáis leyendo esta novela que hoy presentamos. Una historia que nos va a introducir en los prolegómenos de una guerra colonial y en el accidente del cañonero General Concha en 1913, uno de los pocos barcos de nuestra flota que se salvaron del desastre del 98.
Si esta es la historia real de nuestro personaje, no es menos apasionante la fabulación que del mismo realiza nuestro autor. Una fabulación de la que no voy a dar ninguna pista a la espera de que disfrutéis con su lectura. Espero que la obra os enganche desde el primer momento como lo hizo conmigo. La impaciencia por conocer los sucesos que el autor con cierta maestría nos va desvelando, hace que la obra se lea de un tirón. Así pues, con un lenguaje directo y con diálogos llenos de humanidad que nos puede llevar a ponernos de parte del protagonista; lo que no deja en cierto modo de ser peligroso. Pero por otra parte nos enseña que la remisión de la culpa es posible.


Queda, pues, felicitar a su autor, animarle para que pronto podamos ver otras obras que a buen seguro nos deleitarán como ésta lo ha hecho.


Juan Gómez

jueves, 28 de abril de 2011

El doctor Gustavo García Herrera

Un escritor del costumbrismo malagueño, iniciado en Melilla

Introducción y recopilación por Juan Díez y José Marqués
( de la Asociación de Estudios Melillenses )

Perfil biográfico:
De Málaga a Melilla pasando por Madrid

Hospital Indígena de Melilla, 1909.



El que fuera conocido médico malagueño Gustavo García Herrera, nació en la capital de la Costa del Sol el 30 de julio de 1900, en el seno de una familia económicamente bien situada. Luego de estudiar hasta los diez años en un colegio privado, y realizado el bachillero también en Málaga, inició los estudios de Medicina en Madrid. Formación que interrumpió cuando le faltaba un año para concluir la carrera, para prestar el servicio militar en Melilla, como soldado de Sanidad en el antiguo Hospital Indígena de Melilla, que estuvo emplazado donde hoy se ubica el colegio Público Mediterráneo, en el Barrio del Polígono y junto al Comedor de Bienestar Social San Francisco de Asís.
En este Hospital tuvo ocasión Gustavo García Herrera de conocer a numerosos enfermos y familiares de éstos de etnia bereber. Trabando amistad con algunos de ellos, quienes lo ilustraron de su rico acervo cultural, tan interesante como desconocido y subyugante para tan ilustrado como inquisitivo estudiante que está finalizando sus estudios. Un joven chico que abre de par en par sus ojos ante un mágico Mundo Oriental que se le revela gracias a sus también “mágicos” conocimientos de Medicina.
Sus indagaciones merecían ser compartidas, y por ello sin pensarlo dos veces comenzó a divulgarlas en las páginas del diario melillense “El Telegrama del Rif”, al igual que en su Málaga natal a través de las columnas del prestigioso periódico “La Unión Mercantil”.
Queremos rendir recuerdo de gratitud y admiración hacía este noble erudito malagueño, rescatando de éste último medio de comunicación uno de sus olvidados artículos precursores, el que hablaba de un fakir que había conocido gracias al testimonio de otro soldado, enfermo u compañero en las labores sanitarias en el Hospital Indígena de Melilla, Butieb Ben Moh.
Un artículo publicado el domingo 3 de septiembre de 1922, en la primera página del diario de Málaga “La Unión Mercantil”:


Tipo bereber


“EL FAKIR
Mientras yo atentamente le escuchaba, Butieb – Ben – Moh me refirió la escena en un castellano correcto – cosa extraña en un moro soldado – y cada palabra suya atraía más mi curiosidad. Lo refería tal como recordaba haberlo oído la última vez en uno de los zaguanes del baño moro.
Sentado en un corro seis u ocho indígenas, él entre ellos, seguían con atención la lectura de aquel libro que con voz misteriosa hacía el fakir.
Anciano de apostólica barba curtido el rostro por el sol de África, brillaba en su pupila la viveza y la benevolencia del santo que autoritario y humilde a la vez, subjuzgaba a sus oyentes.
Venido de lejanas tierras, acaso el mismo ignorara donde iba. Del amplio capuchón de la parda chilaba sacó un libro años patinado por el uso y por el tiempo y leyó cabalísticamente, de tal manera que sólo él entendía lo escrito que había luego de traducir a los demás.
Ahlah dibujó en el barro dos muñecos a los que infundió su espíritu. Así fue el primer hombre y la primera hembra. Los puso sobre la tierra y los colmó de venturas, se alimentaba de su vista y no tuvieron más preocupación que amarse.
Entre la corte de los elegidos del paraíso hubo uno que vio con desagrado el afecto de Dios al hombre. Achitán, de los más santos, no se explicaba como Dios ponía su atención igualmente que en él, en un pedazo de tierra, que al fin no era otra cosa Sidi – na Adam. Quiso provocar el disgusto haciendo pecar al hombre, se fue a él y le mostró, como también su mujer, un gran cofín de escogidas brevas. Come, le dijo.
- No tengo necesidad de comer – contestó el hombre.
Prueba, insistió Achitán. Ante el vehemente ruego cogió una que comieron entre él y la mujer.
La bien sazonada fruta del pecado les incitó a comer más, dando al cabo fin de todas, con gran regocijo del mal espíritu.
Abultados los vientres fueron al Dios: una inquietud grande les mataba.
Aquella fruta que les pesaba como plomo en el cuerpo, devoraba sus entrañas. Ahlah los miró con lástima y les dijo: Os perdono, más desde hoy tendréis que comer para vivir; y les puso en condiciones de que pudieran expulsar la causa del pecado.
Achitán no estuvo conforme, él creyó que la ira de Dios castigaría más duramente a los culpables. Ideó una nueva tentación. Buscó a la mujer y le dijo: tu marido te engaña. ¡Mientes!, rugió la hembra, en la que nacieron los celos, no hay nadie en el mundo más que yo. Mira, voy a enseñarte a tu rival, y mostrándole un espejo vio ella reflejada su imagen que creyó la de la que le robaba el marido. Transida de pena huye y lo abandona.
Al encontrarse solos, lejos el uno del otro, una tristeza enorme invade sus espíritus. Ella recuerda con íntimo deleite las tiernas caricias del esposo, él los encantos y sumisión de la mujer. El amor les impulsa a buscarse, ella anda día y noche, él solo con la luz del sol y descansa la noche.
Al fin se encuentran y se aman de nuevo, tienen cuatro hijos, dos hembras y dos varones de cuyos casamientos desciende la humanidad toda.
Ahlah que todo lo sabe, ve la mano de Achitán en aquellos pecados, por lo que lo expulsa del Paraíso y le convierte en el espíritu del Mal.
Los que no practican el Ramadán y la oración, no se abstienen del baluf ( cerdo ) y del vino corren desorientados en pos de Achitán. Los buenos siguen a Dios y buscan su reino.
……………
Calla mi amigo moro. Pienso en sus palabras, mientras a lo lejos se oye un sonido dulce, pleno de melancolía, evocador de campesinas escenas, armonía de églogas. El aire nos trae aromas de mejorana y romero y tiernos balidos de ovejas. Es Busta - me dice – el negro del Zaio que toca el algesba, canuto de caña con seis orificios. Lo aprendió de pequeño cuando cuidaba su rebaño en la cábila, es muy difícil de tocar y se tardan años en aprender.
Se vuelve a oír la música de la flauta encantada. Desgrana sus notas recuerdos de amor salvaje, visiones de ensueño, cuentos de Sherezade.

Gustavo GARCÍA HERRERA

Melilla 24 de agosto 1922.- Hospital de Indígenas”.


Portada de uno de sus libros.



Prestigioso escritor del costumbrismo malagueño
Finalizada sus obligaciones para con la Patria, retomó el inquieto Gustavo García los estudios de galeno, pero esta vez en lugar de en la lejana Madrid, lo hizo en la vecina Granada, donde alcanzó el preciado título de Licenciado en Medicina.
Y si bien desde muy Joven le gustó investigar y escribir, no sería hasta su madurez cuando empezaría a publicar sus logrados trabajos sobre grandes personajes malagueños e innumerables personajillos, gentes populares, dicharacheras y singulares que animaban las calles y plaza de su querida Málaga.
Un esfuerzo recompensado con su nombramiento como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. Figura entrañable y unida al pueblo, también fue un flamencólogo de reconocido prestigio.
Seguro que su trabajo en el Hospital Indígena de Melilla le abrió los ojos de los muchos personajes populares que poblaban Málaga, semejantes a los rifeños que conoció en África y que sin embargo hasta entonces no le habían llamado la atención por su cercanía. Unos tipos que el tiempo, aliado a las nuevas costumbres y usos irían arrinconado para finalmente quedar olvidados. Resultando casi imposible recuperarlos con el paso de los años.

Guerra civil
Nuestro admirado médico estuvo a punto de perder la vida en la revolucionaria Málaga en el transcurso de la guerra civil española. Al iniciarse la conflagración, Málaga quedó en manos de los exaltados izquierdistas, pasando entonces a padecer mil y una penalidades las personas de clase acomodada o ideas conservadoras. Este fue el caso de Gustavo García y su hermana María, par más inri Presidenta de la Juventud Católica, quienes se vieron forzados a buscar asilo en el Consulado de México en Málaga, no sin antes haber ocultado en su propio domicilio a la familia del general Queipo de Llano.
El impresionante trabajo desarrollado por el doctor Gustavo García, así como su trayectoria vital no quedarán olvidados para generaciones venideras gracias a la encomiable labor de Ascensión Sánchez Fernández, que en 1991 y editado por la Universidad de Córdoba, publicó el libro “Aspectos de la vida y obra de Gustavo García – Herrera”. Así como acuerdo de varios Ayuntamientos de la provincia de Málaga por inmortalizar su figura otorgando su nombre a algunas calles.
Don Gustavo García - Herrera falleció en el año 1970.

Publicaciones
El doctor Gustavo García Herrera tuvo pasión por desvelar, compartir los conocimientos que sobre su ciudad natal había ido recogiendo con enorme paciencia. Dando a la luz en forma de libro gran parte de sus investigaciones a partir del año 1961, cuando ha superado los sesenta años de edad. Si bien casi treinta años antes, en 1934, siendo joven publicó un folleto con el texto de una conferencia por él impartida: “Biología del Romanticismo. Esquema patográfico de románticos españoles. Larra, Espronceda y Zorrilla”.
Como hemos mencionado, su primer libro se remonta a 1961, cuando la Obra Cultural de la Caja de Ahorro Provincial de Málaga le editó “Un Obispo de Historia. El Obispo de Popayán Don Salvador Ximénez de Enciso” Misma entidad de crédito que igualmente le publicó en los años 1962 y 1967 tres nuevas obras: “Martínez de la Vega ( un pintor romántico ) con la que alcanzó el primer premio del concurso de biografías organizado por la Diputación Provincial de Málaga. Trabajo que se reeditaría en 1967 junto al libro “Cosas de Málaga: pregones y cantares”.
La Librería Anticuaria El Guadalhorce le publicó “Cosas de Málaga” en 1964, y tres años más tarde “Mas cosas de Málaga”.
Y en 1968 el doctor Gustavo García dio a la luz “Cosas de Málaga. Recuerdos del Perchel”, que se vuelve a imprimir en el año 1999 gracias al interés de la Editorial Arguval y patrocinio del Instituto de cultura de la Diputación de Málaga. Formando parte de la colección ALCAZABA que recupera antiguas obras, básicas para conocer y querer a Málaga y su provincia, así como nuevos trabajos de divulgación.
También Gustavo García glosó la biografía de otro célebre y laureado médico malagueño, “El Doctor Gálvez ( una vida ejemplar ) que obtuvo el primer premio “Biografías grandes maestros” de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Facultad de Medicina de Granada. Imprimiéndose esta obra en Málaga en el año 1966.
Dejando inconcluso el trabajo “La Historia del Guadalmedina”.
Finalmente y gracias al trabajo colgado en Internet por Cristóbal Cuevas, “Diccionario de escritores de Málaga y su provincia”, podemos añadir que el doctor Gustavo García Herrera colaboró con diversos periódicos, principalmente de Málaga y Granada, como son SUR ( Málaga ), “Ideal de Granada” y ABC. Sin olvidar que sus primeras líneas impresas lo fueron gracias a la tinta y el papel de “El Telegrama del Rif”, en Melilla.

Artículo publicado en la Gaceta Local, suplemento del diario “Melilla Hoy”.
Jueves, 28 de abril de 2011.