domingo, 14 de junio de 2009

1909: COLOCACIÓN DEL PRIMER BLOQUE DE HORMIGÓN DEL PUERTO DE MELILLA




Centenario de la colocación del “Primer
Bloque del Puerto de Melilla



En 24 de Diciembre de 1901 se aprobó el estudio realizado para proyectar las obras de construcción del puerto. En 23 de Abril siguiente se dispuso la creación de la Junta de Obras del Puerto de Melilla, constituyéndose la misma en 18 de Diciembre de 1902, estudiando y acordándose (en el año transcurrido) entre ambos Ministerios los medios más convenientes para el desarrollo y formación del proyecto.
Obras preliminares.- Propuestas por el Ingeniero Jefe de Obras públicas de la provincia de Málaga las obras preliminares que podrían realizarse inmediatamente en el puerto de Melilla, de las comprendidas en el proyecto general que se estaba redactando, y de conformidad con el Inspector general de Caminos, Canales y Puertos, D. José García Morón, por Real decreto de 3 de Enero de 1904, acordado en Consejo de Ministros, se autorizó á la Junta de Obras del puerto para realizar dichas obras preliminares por administración, concediéndole una subvención anual de 100.000 pesetas.
Nombramiento del Ingeniero Director.- Fue nombrado para dicho cargo, por Real orden de 1° de Marzo de 1904, el Ingeniero de caminos, canales y puertos D. Manuel Becerra y Fernández.
Las antedichas obras provisionales consistían en el establecimiento del taller de bloques artificiales para el puerto, explotación de la cantera para el mismo y construcción de un almacén.
En el mismo año de 1904 se dictaron resoluciones para la construcción del ferrocarril de la cantera del puerto, para la redacción del Reglamento, para la organización y régimen de la Junta y la remisión á la Superioridad del proyecto de las obras y su información por el Ministerio de la Guerra.
Una fecha importante en la historia del Puerto se verificó el 2 de mayo de 1904. Ese día anclaría en la dársena melillense el yate real “Giralda”, a bordo del cual se encontraba el Rey Alfonso XIII (colocó la primera piedra del Puerto), acompañado de los Ministros de la Guerra y de Marina, escoltado por el crucero “Cardenal Cisneros”.
Puerto, que arrancaba del espigón de la Florentina, donde se depositó una caja conteniendo diversas monedas de curso legal y un ejemplar del diario local “El Telegrama del Rif”.
Don Alfonso firmó el acta de la iniciación de los trabajos. La pluma con la que lo hizo, se conserva en la Autoridad Portuaria (antigua Junta de Obras del Puerto), y es la misma que utilizó 66 años más tarde, su nieto el Príncipe Don Juan Carlos, para firmar en el Libro de Oro de la Ciudad, durante la visita que hizo a Melilla, acompañado de su esposa la Princesa Sofía, el año 1970, con ocasión del Cincuentenario de la Fundación de la Legión.
Por otro Real decreto de 30 de Octubre de 1904 se concedió otra nueva subvención de 100.000 pesetas para la continuación de los trabajos del puerto, aprobándose el Reglamento para el servicio de conservación y policía del mismo por Real orden de 17 de Noviembre del mismo año.
Provecto reformado.- Por Real orden de 13 de Febrero de 1905 se aprobó, de acuerdo con el Consejo de Obras Públicas, el proyecto reformado de las obras de abrigo para el puerto de Melilla por su presupuesto de 2.344.655 pesetas por su ejecución material, disponiéndose que se obtuviera por concurso el material fijo y móvil de vía para el transporte de la piedra y para el taller de bloques, debiendo adquirirse por el mismo procedimiento la maquinaria, y realizarse por subasta las obras del puerto, y aprobándose en Abril siguiente las condiciones económicas para las mismas. Dichas condiciones fueron publicadas en la Gaceta de Madrid de 11 de Mayo de 1905.
Por Real orden de 4 de Noviembre de 1905 se autorizó á la Junta para realizar un empréstito para las obras de los puertos de Melilla y Chafarinas.
En 5 de Enero de 1906 se autorizó la construcción de la casa-oficina de la Junta, así como la de un almacén y cocheras en el taller de bloques y de un tinglado para el depósito de mercancías.
Según la Real orden de Noviembre de 1905, que autorizó el empréstito, las obras debían realizarse en cinco ó seis años, con una subvención anual de 500.000 pesetas durante catorce ó quince años, con emisión de obligaciones en los cuatro primeros años de a 1.000 pesetas al 6 por 100 de interés.
Subasta de las obras.- Por Real orden de 12 de Enero de 1906 se autorizó la celebración de la subasta de las obras de los dos puertos de Melilla y Chafarinas por la suma de sus respectivos presupuestos, importando en total la cantidad de 4.995.296,40 pesetas.
En 24 de Febrero siguiente se realizó dicha subasta, que resultó desierta.
En 13 de Junio del mismo año 1906 se realizó la segunda subasta, que también quedó desierta por falta de licitadores.
En vista del resultado de las subastas, y teniendo en cuenta lo prescrito al efecto en el Real decreto de 27 de Febrero de 1852 relativo á la construcción de las obras públicas, por Real decreto de 7 de Octubre de 1906, acordado en Consejo de Ministros, publicado en la Gaceta del 9 del mismo mes, se autorizó al Ministro de Fomento para adjudicar, en público concurso, la ejecución de las obras de los dos puertos, estableciéndose las bases para su adjudicación, y garantizándose por el art. 3.º del expresado decreto el abono de la subvención anual consignada en los presupuestos para dichas obras, así como la mayor que en lo sucesivo pudiera concederse para ellas, mientras fuese necesario para el pago del importe de las obligaciones emitidas al efecto, así como para el de su amortización é intereses.
Entre las bases del concurso se hallaba la de que las obras de los dos puertos podían ejecutarse simultáneamente ó sucesivamente en el plazo total de tres años, dando principio a los trabajos en el de seis meses.
Publicado el 27 de Octubre siguiente el anuncio del concurso, se presentaron dos proposiciones: una de ellas de la Compañía Transatlántica Española de Navegación, y otra de D. Antonio Rodríguez Arango, proponiéndose por el Consejo de Obras públicas la adjudicación de las obras á la primera, si la misma aceptase las modificaciones propuestas en su dictamen.
Adjudicación de las obras.- Por Real orden de 14 de Marzo de 1907 se dispuso la adjudicación provisional á la expresada Compañía Transatlántica, dándole un plazo de quince días para que aceptase y aclarase las condiciones á que se refería el Consejo de Obras públicas.
Admitidas por dicha Compañía las condiciones impuestas en la indicada Real orden y previa aclaración respecto á la ejecución de los trabajos, por Real orden de 6 de Abril de 1907, publicada en la Gaceta de 10 del mismo mes, se hizo la adjudicación definitiva de las obras, y por otra Real orden de 16 de Mayo siguiente se aprobó la minuta del contrato que había de servir de base a la escritura del compromiso, que había de suscribir el representante de la Empresa.
La escritura se formalizó en 28 de Octubre de 1907, verificándose por la Junta del puerto la entrega al contratante de las obras ya realizadas por la misma, de los edificios y de la maquinaria adquirida, aprobándose el acta de dicha entrega por el Ministerio, en Real orden de 25 de Octubre de 1907.
Por Real orden de 14 de Noviembre siguiente se autorizó a la Junta de obras de los dos puertos para tratar con el Banco Hispano Colonial del servicio de emisión de obligaciones, el de cupones y de amortización del empréstito contratado para la ejecución de las obras.
En 14 de Febrero de 1908 se autorizó a la misma Junta para adquirir un vapor remolcador para el servicio de las obras.
El primer bloque.- El martes día 8 de junio de 1909 fue colocado el primer bloque de los destinados a formar el dique de abrigo para la construcción del puerto de Melilla. Se realizó en el embarcadero de Florentina.
Muchísimas personas presenciaron la colocación de la inmensa mole de 80 toneladas y las maniobras del buzo.
En el momento en que el bloque estaba suspendido por la grúa “Titán” sobre las aguas, salía el vapor correo “C. de Mahón”. Los pasajeros y la tripulación del correo saludaron al paso, siendo contestados por el público.
El clamor que en aquel momento se levantó en tierra y en la mar era evidente señal de alegría al ver realizado los deseos de que Melilla tenga un puerto.
La grúa “Titán”, se instaló a mediados de 1909. Se fabricó en Alemania y tenía 300 TM de peso, 8 metros de anchura y una potencia de 80 TM. Se desplazaba sobre raíles y era de pórtico con pluma y giratoria.



José Antonio Cano Martín
De la Asociación de Estudios Melillenses

Artículo publicado en “La Voz”, suplemento dominical del diario “Melilla Hoy”, 14 de junio de 2009

miércoles, 3 de junio de 2009

La farola del Parque Hernández




La farola del Parque Hernández

Para honrar la memoria de quien fue principal creador del más importante de los parques del la ciudad, el general Venancio Hernández, se levantó una artística farola hace algo más de cien años en un lugar privilegiado del propio Parque. Y pasados algunos años esta simbólica columna de iluminación fue trasladada a un extremo del mismo Parque, donde pasa casi desapercibida para los melillenses.
La Farola y El Telegrama del Rif
Gracias al empeño del diario local El Telegrama del Rif, el Pueblo de Melilla pudo tributar un merecido homenaje a la memoria de Venancio Hernández y Fernández ( 1839 – 1904 ), el general de división que como Comandante General de Melilla y presidente de la Junta de Arbitrios, con su tesón logró transformar en Parque un paraje hasta entonces utilizado por los militares en sus ejercicios y donde además el vecindario arrojaba los residuos sólidos.
El Parque Hernández fue inaugurado en el mes de mayo de 1902.
El Telegrama pudo llevar a la práctica el sentimiento unánime de los melillenses hacía el general Hernández. Siendo el conde la Torre Alta, Jefe de Artillería y antiguo presidente del Casino Militar, quien ante la Junta de Arbitrios, primero tomó la iniciativa de levantar una columna conmemorativa. Más por su excesivo coste la idea no prosperó y quedó en suspenso. Pero al poco tiempo y una vez fallecido el general Hernández, inmediatamente El Telegrama retomó el tema que precisaba su resolución sin dilatación ante la nueva situación creada con la falta del general.
Pocos días después de fallecido Venancio Hernández, El Telegrama se preguntaba: ¿ Habrá quien recoja y de forma a la idea de perpetuar la memoria del pundonoroso soldado ? Este mismo diario en su edición del 17 de agosto de 1904 cediendo a reiteradas instancias, recoge la iniciativa y procede a su consecución: “El Telegrama del Rif que tal piensa, cree hacerse intérprete de los generosos sentimientos del noble pueblo melillense, abriendo una suscripción popular para erigir un sencillo monumento, que perpetúe la memoria del Excmo. Sr. General D. Venancio Hernández.
Desde la modesta suma de 10 céntimos a la cantidad de 2 pesetas como cuota máxima, admitimos con el indicado fin”.
A los pocos días este periódico a fin de facilitar la suscripción comunicaba la relación de los establecimientos en los cuales podían encontrarse listas para inscribir sus nombres los interesados, así como efectuar la entrega de las cantidades en metálico. En total fueron 11 los establecimientos repartidos por toda la ciudad, de ellos 2 en el Pueblo, 4 en el Mantelete, 1 en la Alcazaba, 3 en el Polígono y finalmente 1 en el barrio de Triana. Podemos mencionar que uno de estos establecimientos colaboradores, Casa Montes, aún sigue abierto al público.
El 20 de agosto de 1904 se publica la primera lista de la suscripción pro monumento al general Hernández, encabezando la relación Cándido Lobera, director de El Telegrama, con dos pesetas. En la segunda lista el popular oficial de Artillería José Barbeta también aportó la cantidad máxima: 2 pesetas.
Un día después los ejemplares de El Telegrama reproducen párrafos de cartas de adhesión al proyecto, pues son muchos los apoyos.
Transcurrido un mes de iniciada la suscripción pública, ésta ya había superado todas las expectativas, no obstante de estar abierta a todas las clases sociales y en ella primar la participación del mayor número de melillenses ante el importe de lo recaudado.
Terminada la Suscripción Pro Monumento al General Hernández, el 29 de noviembre de 1904 el Telegrama puso a disposición de la Junta de Arbitrios la cantidad de 649 pesetas con 50 céntimos, y una vez que el Municipio decidió admitir dicha suma, aprobó completarla hasta reunir 1.500 pesetas. Un dinero considerado suficiente para que el ingeniero de la Junta Presentara el oportuno proyecto.
Aprobado el boceto y tras cinco años de espera, por fin quedó emplazado el monumento, la farola, en homenaje a Venancio Hernández el día 17 de abril de 1909.
Instalándose esta farola en el paseo central, en una rotonda situada al final del Parque Hernández, sobre una base de tres escalones en cuyos extremos unas columnitas sostenían un simbólico cierre de cadenas.
Camino del olvido
Al igual que el templete de música y fuentes que fueron levantadas en el cruce del paseo central del Parque Hernández, la farola homenaje a Venancio Hernández no permaneció mucho tiempo en su primitivo emplazamiento. En los años treinta y al desaparecer la rotonda denominada de Riego, antes Plaza Hernández en honor al general, y posteriormente llamada Plaza Bandera de Marruecos. La farola fue trasladada a donde hoy se ubica, un extremo del Parque frente al edificio de la Comandancia General. Como si esta farola dedicada a honrar la memoria de un ilustre español, hubiera sido iniciativa tan sólo del estamento militar de Melilla.
Creemos que la pérdida de protagonismo de la farola en el periodo de la II República, sencillamente se debió a que homenajeaba a un militar y entonces al estamento castrense ideológicamente se le vinculaba con la Monarquía, la represión y los conflictos a veces gratuitos impulsados por los profesionales de la guerra para demostrar su valía. Aquellos republicanos olvidaban que la mayoría de los militares aborrecen las luchas; pero queriendo lo mejor para los suyos, para su país. Ofrecen su sacrificio, todo cuanto tienen, sus vidas cuando es menester. Mientras que en la paz y cuando surge la oportunidad saben aplicar con éxito su formación técnica y dotes organizativas, y porque no, talante humanista en provecho de una sociedad de la que son parte. Muchos han sido los ingenieros militares en Melilla, que desde el anonimato y durante muchos años han laborado dejándonos su obra. E igualmente, otros insignes melillenses incluso dejaron la milicia por su afán de servicio; nos referimos a Cándido Lobera, fundador y director de El Telegrama, y Pablo Vallescá, impulsor, fundador y presidente hasta su muerte de la Cámara de Comercio de la ciudad.
Así pues, la farola homenaje constituye para los melillenses un permanente testimonio de recuerdo hacía Venancio Hernández y esos otros muchos militares que día a día se esfuerzan por forjar una sociedad mejor.
Debemos recordar que el general Hernández además de crear el Parque que lleva su nombre, transformó en paseo lugar de recreo el Muro X, actual Avenida del general Macías, creó los barrios de Santiago, y Triana, y puso en marcha la idea de construir la Plaza de España. Fue todo un soldado de la Paz de quien Jaime Tur, fundador y director de La Gaceta de Melilla, alabó su modestia, caballerosidad sin límites y honradez sin el menor atisbo de mancha. Escribiéndose también en el Telegrama de fecha 17 de agosto de 1904: “Un título no consignado, agiganta la figura del general Hernández, y es, el haber sacrificado su ambición personal, el bienestar de los suyos, en aras de la Nación y de la vida del soldado. En más de una ocasión pudo romper las hostilidades con los fronterizos y en acción de guerra ganar el segundo entorchado y sin embargo, encontró formula para dejar bien puesto el nombre español sin recurrir a extremos que hubieran costado muchas vidas y no poco dinero a nuestra Patria”.

Cuando se cumple el centenario de la erección de la farola, desde estas líneas queremos recuperar la memoria de hombres que como Venancio Hernández y Fernández nos legaron la Melilla que hoy disfrutamos.

Juan Díez Sánchez
( de la Asociación de Estudios Melillenses )




Artículo publicado en el semanario La Gaceta de Melilla, el 12 de septiembre de 1994.


Así como en Gaceta Local, suplemento del diario Melilla Hoy el 28 de mayo de 2009,


con ocasión de celebrarse en el año 2009 el centenario de la erección de la farola.

lunes, 9 de febrero de 2009

Doctor José García Viñas


José García Viñas, promotor del georgismo

por Juan Díez y Carlos Esquembri
( de la Asociación de Estudios Melillenses )

En el año 1915 nuestro tan excéntrico como admirado doctor José García Viñas expuso bajo el seudónimo de “JUAN SIN TIERRAS”, en las páginas de la revista “La construcción Moderna” sus antiguos ideales, propuestas para hacer de Melilla la primera ciudad donde se aplicara el georgismo o doctrina del impuesto único. Una teoría de tintes socialistas que abrazó fervientemente García Viñas luego de abandonar el anarquismo.
Breve perfil
Recordemos que José García Viñas nació en Málaga el 3 de noviembre de 1848, hijo y nieto de artesanos sombrereros, de 1861 a 1866 cursó el Bachiller en Artes, obteniendo brillantes calificaciones y premios. En 1868 se trasladó a Barcelona, donde estudió Medicina entre ese año de 1868 y 1876. Obteniendo en 1875 la licenciatura y al año siguiente el grado de doctor gracias a su trabajo “Apuntes para el estudio médico higiénico de la miseria”, donde ya mostraba su interés por los aspectos sociales, y criticaba a la Religión y poder establecido como elementos que perpetuaban las desigualdades sociales y económicas.
Juan García V. fue el último superviviente de la primera generación de anarquistas españoles, un movimiento surgido en la búsqueda de una utópica alternativa social y económica. Un movimiento importante en Europa, donde como joven e intelectual asumió un compromiso con las clases más desfavorecidas de la sociedad. En Barcelona y siendo estudiante inició su activismo revolucionario, En 1868 formó parte del núcleo del movimiento y se unió a la Asociación Internacional de Trabajadores ( A.I.T. ), también de tendencia anarquista.
En la facultad de Medicina de Barcelona defendió los postulados del positivismo y el evolucionismo, así como el experimentalismo y el materialismo como bases generales del conocimiento de la realidad tangible.
En 1872 representó a Barcelona en el Congreso de Córdoba y al año siguiente acudió al Congreso de ginebra, donde conoció al célebre agitador ruso Bakunin.
Durante la Primera República García viñas fue uno de los firmantes de la convocatoria del 12 de junio de 1873 en la Plaza de Cataluña, de Barcelona, que propició días después el amotinamiento de la población. En esas fecha G. Viñas se apoderó del Ayuntamiento con intención de constituir un comité de Salud Pública; pero desistió en su empeño por temer un enfrentamiento donde los obreros llevarían la peor parte por carecer de armamento.
Consecuencia de la Revolución Social de 1873, Gaspar García Viñas, hermano del doctor José G. Viñas, fue deportado al presidio entonces existente en Melilla. Recordando aún sus familiares que a consecuencia de la impresión, en el trayecto entre Málaga y Melilla a Gaspar se le puso el pelo de color blanco.
En 1874, en la clandestinidad y en el congreso celebrado en Madrid, Viñas fue elegido miembro de la comisión Federal. En 1877 formó parte, con nombre supuesto, del Congreso de Verniers, y también asistió al Congreso Universal de Gantes. Para al año siguiente ofrecer cobijo al revolucionario ruso, Príncipe Kropotkin.
Participante en diversos congresos bakunistas de raíz anarquista, Viñas fue enemigo de las ideas marxistas, atacando en sus escritos y discursos al grupo del periódico madrileño “La Emancipación”, de ideas socialistas, entre los que se contaba a Pablo Iglesias, que le hará frente.
Retiro de la Política
En los inicios de 1902 y tras ganar por méritos una plaza de médico de la Junta de Arbitrios de Melilla, llegó a esta ciudad donde desarrolló una labor encomiable en pro de la higienización de la población y mejora de las condiciones de vida de los más necesitados.
Posiblemente eligiera Melilla como lugar de residencia por referencias de su hermano Gaspar que sufrió aquí presidio, y como medio para apartarse de tentaciones políticas, a modo de autoexilio, por estar prohibidos en esta ciudad los partidos políticos hasta la reinstauración de la República.
García Viñas tendrá que dejar pasar muchos años hasta volver a la política activa, en 1931 ya jubilado y con más de ochenta años conseguiría el acta de concejal en el primer Ayuntamiento democrático de Melilla.
Como independiente-socialista, el Sr. G. Viñas fue nombrado concejal por la zona centro de la ciudad y ocupó el cargo de Tercer Teniente de alcalde en el equipo de gobierno de la conjunción republicano-socialista.
Partidario de integrar el macizo montañoso del gurugú y alrededores en la zona de soberanía española, publicó un artículo en tal sentido el día 19 de mayo de 1931 en el diario “El Popular de Melilla”. Siendo ésta una aspiración recogida por el Ayuntamiento y trasladada al Gobierno de Madrid junto con otros temas de interés local.
De las intervenciones de Viñas en el Consistorio, podemos mencionar la realizada en la sesión del 12 de mayo de 1931, donde para reducir gastos propuso la no celebración de los festejos patronales de la ciudad. Manifestándose por el contrario a favor de mantener las tradicionales ferias de barrios.
En José García Viñas también recayó la presidencia de la Comisión de Investigación y Responsabilidades del Ayuntamiento, en cuyo cometido en junio de 1931 ordenó publicar en la prensa local la siguiente nota: “ suplica y agradecerá… el que sepa o conozca de ilegalidades, arbitrariedades, extralimitaciones, omisiones, parcialidades y abusos atribuidos a la Junta Municipal ( organismo antecesor del Ayuntamiento ) y sus componentes, agentes o empleados; no falten al deber cívico de ponerlo en conocimiento … de la Comisión de Investigación del ayuntamiento. Firmado: su presidente J. García Viñas”.
Liga georgista
García Viñas fiel a sus ideales promovió en Melilla en varias ocasiones la formación de una sección de la Liga Georgista, entidad internacional que promovía una teoría política no contrapuesta a sus antiguos pensamientos ácratas. Una de las referencias más antiguas que hemos encontrado en “El Telegrama del Rif”, periódico editado en Melilla desde el año 1902, es el artículo titulado “Georgismo”, firmado por “Juan de Galicia” con fecha de 25 de enero de 1915.
Al respecto de este aparente cambio en el pensamiento de García Viñas, J.J. Morato en el artículo titulado “Los redentores del obrero. El doctor don José García Viñas”, publicado el 20 de enero de 1931 en el diario “La Libertad”, nos decía:” No se crea que el doctor García Viñas abandonó totalmente sus ideas antiguas de emancipación, sino que, como sustitutivo de ellas, en aquel ambiente ( Melilla ) abrazó las ideas georgistas, propagándolas sin tasa ni medida. Conferencias, publicación de folletos, artículos y serie de ellos en los periódicos “El Popular de Melilla”. ..”
Recordemos que el Georgismo fue una teoría económica expuesta por el norteamericano Henry George ( 1839 – 1897 ) en su obra “Progress and Poverty”, en 1879, según el cual sólo un “Impuesto único” sobre la plus valía de la tierra podría evitar que el tal aumento de valor acreciese sin cesar en el tiempo, en beneficio de su dueño y en perjuicio de la comunidad. Esta doctrina del impuesto único tuvo mucha influencia en el mundo anglosajón y del mencionado libro se editó unos sietes millones de ejemplares.
Doctrina que se presentaba entonces como única solución a los desequilibrios originados en la sociedad por el vertiginoso desarrollo del capitalismo. Inspirada en la Escuela fisiocrática, que en Francia y en el siglo XVIII ponía en evidencia el poder omnímodo de la naturaleza como creadora, conservadora y reproductora. Atribuyendo exclusivamente a la naturaleza el origen de la riqueza.
En la biblioteca del Casino Español de Melilla se conserva un ejemplar del libro de Henry George titulado “La cuestión de la Tierra”, impreso en el año 1921 en Madrid.
La Liga Georgista Española se constituyó en el año 1913, en el transcurso del primer Congreso Hispano americano celebrado en la población malagueña de Ronda. Más de la mitad de los asistentes a esta magna reunión eran andaluces, e incluso el mismísimo padre del movimiento regional andaluz, el notario Blas Infante, estuvo presente. La doctrina del Andalucismo también se impregnaría de la filosofía georgista.
Cuatro años después los georgistas y simpatizantes de Melilla fueron convocados el domingo 2 de septiembre de 1917 a una reunión en el Hotel Reina Victoria.. Un llamamiento que tuvo que tener escasa respuesta, pues a mediados del año 1926 volvió a realizarse otra campaña divulgativa y de afiliación. Y finalmente en el mismo año de su muerte, en 1931, en los salones del Casino Español, el jueves 25 de junio se celebró la constitución de la Liga Georgista Melillense. En el anuncio previo se convocó “ a todos los que aspiran a la supresión de todas las contribuciones e impuestos que agobian y entorpecen al trabajo, al comercio y a la industria. A los que no olvidan que la unión es la fuerza para lograr las aspiraciones..
A todos les llamamos a constituir la sección de la Liga Georgista de Melilla en vinculación con el Comité Nacional residente en Madrid y con el internacional de Londres, cuya aspiración es la anunciada”. El señor García Viñas fue nombrado delegado local y en su alocución hizo referencia a sus anhelos por constituir España en República Federal, conseguir la libertad de cultos, la justicia patriarcal, Ley Social sobre Seguro de Enfermedad, Impuesto Único sobre el valor del suelo y la colonización del Gurugú.


Gaspar García Dómine
Hijo de José García Viñas, fue el conocido dirigente socialista Gaspar G. Dómine, también elegido concejal del Ayuntamiento de Melilla en las elecciones de abril de 1931.
El Comité de la conjunción republicano-socialista ganadora de las elecciones en Melilla, designó el día 15 de abril de 1931 a Gaspar G. Dómine como delegado del consejo de Trabajo y para asuntos gubernativos. Y al día siguiente, en cumplimiento de una orden del Gobierno, el Sr. G. Dómine tomó posesión, de forma provisional, de los cargos de delegado gubernativo, presidente de la Junta de Fomento, de la Junta de Sanidad y del Patronato del Liceo victoria Eugenia.
Hombre modesto, poco tiempo después, el 11 de mayo, dimitió de sus cargos por desavenencias surgidas con el Alto Comisario, el general José Sanjurjo, a raíz de una visita girada a Melilla por un grupo de comunistas franceses. Una visita coincidente en el tiempo con graves momentos de tensión e incluso la preparación de un atentado contra el general Sanjurjo, rumores sobre intranquilidad en algunas guarniciones y la declaración del Estado de Guerra en Madrid. El general reprochó a Dómine no ser informado de la estancia en Melilla de los comunistas.

1915
En este año José García Viñas vislumbró un horizonte propicio para que sus tesis georgistas al menos fueran escuchadas con cierta atención por las autoridades. En pleno desarrollo de la Primera Guerra Mundial, con los avances militares españoles en territorio marroquí interrumpidos para evitar sobresaltos a una Francia enfrascada en el conflicto europeo, Melilla conoció su primera primavera de libertades políticas, apareciendo entonces las organizaciones precursoras del movimiento obrero en esta localidad.
Entonces era Comandante General de Melilla el general Luis Aizpuru y Mondéjar, quien ocupaba el puesto que anteriormente había desempeñado el general Francisco Gómez Jordana. Ahora Alto Comisario de España en Marruecos e igualmente responsable máximo en lo militar y político de los territorios de soberanía española en el Norte de Africa.
Por ello, García Viñas escribiría: “ Una altísima misión puede cumplir el General Jordana, nuevo Comisario General en Marruecos, más alta aún que la que el gobierno le ha confiado… Su labor proporcionará nuevos territorios a la Patria… ofreciéndole el primer ejemplo de verdadera regeneración y grandeza. Es ensayar en Melilla un sistema que pudiera aplicarse beneficiosamente a los demás pueblos de nuestro territorio africano, es convertirla en potente faro que ilumine con luz de bienestar y justicia a la Península toda. Que su nombre no pase a la posteridad con el sólo prestigio de general, diestro y prudente, sino con la gloria de haber emprendido el camino de la salvación no sólo de su Patria sino de la humanidad entera.
Su inteligencia y buenas dotes son proverbiales; muchas dificultades habría que remover para implantar el régimen de la justicia.
Las circunstancias por otra parte parecen propicias; el pandillaje caciquil que consume a la nación no tiene allí grande arraigo. Seguramente si el digno General Aizpuru, nuevo Comandante General de Melilla estudia la cuestión verá la necesidad de reforma y no encontrará nada más justo ni conveniente – aunque lastime ilegítimos intereses creados – que la fórmula georgista, ya vulgarizada en Melilla por el señor Martínez Piñeiro, Delegado de la Liga, que con una labor digna de los mayores elogios, y con una libertad de acción que hacen honor a la cultura y amplio criterio progresivo de las autoridades militares de la Plaza, ha ido preparando el camino para que estas teorías redentoras no sean falseadas y se estudien seriamente; y ello hace falta, porque en Tetuán, Larache, etc., se presentará el mismo problema que en Melilla, dado el impulso que están recibiendo, y tal vez sea aún tiempo de impedir lo que más tarde ha de costar trabajo vencer”.
Epílogo
En el mes de enero de 1995 y en las páginas del semanario “La Gaceta de Melilla”, gracias a la colaboración prestada por nuestro amigo, ya desaparecido, José María López Domínguez pudimos publicar un par de artículo de aproximación a su biografía. Entonces nos fue de gran utilidad las notas obtenidas del desaparecido rotativo “El Popular de Melilla”, facilitada por el doctor en Historia Antonio Bravo. Recordemos que el doctor G. Viñas era de izquierda en sus planteamientos y por ello mantuvo numerosos enfrentamientos dialécticos con la dirección del otro diario local, “El Telegrama del Rif”, por defender éste posturas conservadoras. Por ello no nos sorprende que en “El Telegrama” sean escasas las referencias a Viñas; algo que no sucede en “El Popular de Melilla”, de tendencia progresista y desaparecido en julio de 1936.
El tiempo transcurrido y la imposibilidad de contactar con los descendientes de G. Viñas, por desconocer su paradero, nos obligó a no proseguir en las investigaciones tendentes a saciar nuestra curiosidad. Más pasado algún tiempo, a finales del año 1997 el azar quiso que pudiéramos conocer a una de sus nietas, pariente a su vez del prestigioso periodista melillense, aunque nacido en Málaga, Nicolás Pérez Muñoz Cerisola. La nieta es María Lourdes Escaño García, nacida en nuestra localidad en 1927 y al igual que su abuelo materno es una persona preocupada por los más desfavorecidos de la sociedad, así entre aproximadamente los años 1945 y 1951 ocupó la presidencia de Acción Católica en Melilla. Marchando en 1969 a Madrid.
La señora M. Lourdes nos facilitó alguna información y fotografías que han servido para conocer mejor al doctor García Viñas y su hijo Gaspar G. Dómine, primer Delegado del Gobierno demócrata con el que ha contado Melilla en su historia.
Y, posteriormente, el azar nuevamente quiso que hasta nuestras manos llegara un impreso de inscripción en la sección local de la Liga Española para el Impuesto Único, confeccionado en los años veinte por la antigua imprenta de la Papelería La Española.
José García Viñas falleció en Melilla a la edad de ochenta y tres años, el 7 de septiembre de 1931, y días después le acompañó al sepulcro su esposa Josefa Dómine Guzmán. Como él era agnóstico, ambos fueron enterrados en el antiguo patio civil de Cementerio de la Purísima Concepción de Melilla, siendo sus tumbas fácilmente reconocibles por consistir en dos grandes bloques de roca del Gurugú carentes de toda inscripción.
Mientras que su hijo Gaspar G. Dómine, que había cursado la carrera de Comercio y también había sido concejal por la conjunción republicano-socialista en el primer Ayuntamiento de esta ciudad norteafricana. En 1934 con ocasión de los sucesos revolucionarios de Cataluña y Asturias fue destituido como concejal. Recobrando el escaño en 1936, para poco tiempo después ser detenido e internado en el campo de concentración de Zeluán primero, y luego en el archipiélago de Alhucemas. En sumarísimo consejo de Guerra fue condenado a la pena de muerte, más gracias a la intercesión de un íntimo amigo suyo, el general Laclaustra, la sentencia se conmutó. No obstante G. Dómine no se enteró de este trascendental cambio hasta pasado bastante tiempo. Mientras, paso un eterno sinvivir esperando en cualquier momento la ejecución de la pena máxima. Hacía 1940 salió el libertad y aproximadamente al año falleció víctima de hemorragia digestiva producida por las precarias condiciones de su cautiverio y constante estado de ansiedad.
Pasados muchos años del fallecimiento del doctor José García Viñas, su memoria palpita aún en Melilla y su tan noble como idealista espíritu sigue firme bajo la protección del Gurugú.

Artículo publicado en el diario “El Telegrama de Melilla”, el 9 de febrero de 2009

jueves, 25 de diciembre de 2008

Constante Miquelez de Mendiluce


Constante Miquelez de Mendiluce
Periodista y Auditor Militar

Juan Díez Sánchez
( de la Asociación de Estudios Melillenses )


Hasta hace noventa años, 1917, Melilla no se incorporó plenamente al derecho común, civil. Pues su antigua condición de plaza fuerte en continuo estado de guerra influyó decisivamente en ello. Pasados algunos años de la implantación del Protectorado español en la zona Norte de Marruecos y cuando la ciudad había experimentado un gran crecimiento poblacional, por fin se instauraron en Melilla los juzgados civiles. Quedando relegados en el recuerdo el importante papel desempeñado hasta entonces por los auditores del Cuerpo Jurídico del Ejército, en quienes recayó hasta el mencionado año 1917 la aplicación del ordenamiento jurídico español en sus diferentes ámbitos.
El conocido investigador local Gabriel de Morales y Mendicutia en la página número 621 de su obra “Datos para la Historia de Melilla”, menciona como estaba organizada a principios del siglo XX la Justicia en la localidad: Los juzgados de Instrucción veían los asuntos criminales de acuerdo con lo ordenado en el Código Militar, y en Consejo de Guerra; el Juzgado de Guerra de Primera Instancia entendía de los temas civiles al igual que el Juzgado de Moros y Juzgado Municipal. Además existía el Registro Civil, en funcionamiento desde el año 1872. Y el Registro de la Propiedad, así como la Notaría también estuvieron a cargo de personal militar hasta los años 1909 y 1907 respectivamente.
Y además, el Presidio, que fue clausurado en el año 1906 dependía del estamento militar.
A lo largo de los años, siglos, fueron muchos los jurídicos militares que aportaron su esfuerzo desde la discreción, en pos de una mejor convivencia en Melilla. Conocemos los nombres de algunos de ellos, si bien el que alcanzó mayor renombre profesional y humano, a nuestro modesto entender, fue Constante Miquelez de Mendiluce y Peciña. Un ilustrado y buen hombre de leyes cuya huella periodística permanece indeleble en las páginas del vetusto diario “El Telegrama del Rif” que allá por el año 1902 fundara Cándido Lobera.
Queremos recoger, fusionar en la figura de Miquelez nuestro reconocimiento a la labor de los auditores militares. Aquellos profesionales en cuyas manos permaneció la Administración de Justicia en Melilla hasta el año 1917.


Constante Miquelez
Nacido el día 24 de diciembre de 1874 en Bernedo, provincia de Álava y tras cursar los estudios de Derecho, ingresó en el Ejército como Auditor de Guerra en el año 1903.
Buena parte de su carrera profesional estaría vinculada a Melilla, concretamente entre los años 1904 y 1922. Aquí, uno de sus primeros destinos fue el de secretario del Juzgado de Moros, un curioso tribunal creado en el año 1867 a raíz del establecimiento de la Aduana Marroquí, para resolver de forma sencilla, verbal, los litigios entre comerciantes de Melilla y Marruecos, acogiéndose a ella de forma voluntaria los interesados. A requerimiento de los marroquíes este tribunal presidido por el Comandante General, amplió sus funciones.
En Melilla habitó una vivienda situada en la calle Alta del Pueblo.
En el año 1913, Constante Miquelez era asesor jurídico de la subinspección de Tropas de la Policía y Asuntos Indígenas.
Experto en Derecho Islámico, también trabajó en la oficina de Asuntos Indígenas y publicó diversas obras sobre el tema, una de ellas fue el folleto titulado “Derecho Marroquí. El testigo y el juramento”, que vió la luz en el mes de agosto de 1917.
Constante Miquelez en el año 1920, como vocal de la Junta de Arbitrios, propuso el nombramiento del coronel Gabriel de Morales como Cronista Oficial de la Ciudad. Iniciativa que fue respaldada por el Municipio.
En 1922 el señor Miquelez pasó destinado a Madrid, al Consejo Supremo de Guerra y Marina. Y tres años más tarde, en diciembre de 1925, el Directorio Militar presidido por el general Miguel Primo de Rivera lo nombró Director General de Prisiones, único cargo técnico-político que desempeñó en toda su carrera militar.
Entonces era Auditor de Brigada, y en 1926 ascendió a Auditor de División.
En febrero de 1930 cesó al presentar su dimisión como Director General de Prisiones. Dejando en este organismo hondo afecto, no en vano cuando se despidió, sus subordinados lo acompañaron hasta la puerta del edificio.
Entre el 10 de octubre de 1927 y el 15 de febrero de 1930, en su calidad de Director General de Prisiones, Representante del Estado, ocupó un escaño como asambleísta en el Congreso de Diputados.
Durante la II República no sufrió persecución alguna por su colaboración con la Dictadura.
Periodista
No sólo el señor Mendiluce destacó en el mundo del Derecho, pues como persona enamorada del periodismo también se entregó a esta actividad con entusiasmo.
Primero dirigió el periódico “El Heraldo Alavés”, y una vez destinado en Melilla, desde el año 1904 pasó a colaborar con el diario local “El Telegrama del Rif”, en el cual desempeñó el cargo de redactor-jefe y consejero de su director y propietario Cándido Lobera.
Así ya en las páginas de El Telegrama de fecha 19 de noviembre de 1904 se comentaba: “ En la reciente ausencia de Melilla de Cándido Lobera, se encargó de El Telegrama del Rif el señor Constante Miquelez de Mendiluce auxiliado por Alberto Miret, Jaime Tur y Teodoro F. de Cuevas”.
Escritor culto, de agudo ingenio, observador. De fluida y castiza prosa seductora, popularizó el seudónimo de “Don Segis”.
Hombre modesto, siempre sereno y bondadoso, en Melilla gozó de enorme simpatía, y fue un gran conocedor de la problemática melillense y marroquí.
Una vez que abandonó Melilla a comienzos del año 1922, continuó trabajando para “El Telegrama”, con sus habituales colaboraciones literarias e información militar.
El 22 de diciembre de 1923 Mendiluce publicó en “El Telegrama” un interesante artículo sobre la problemática de las indemnizaciones a los civiles españoles que murieron o bien perdieron bienes en el transcurso del Desastre de Annual en 1921. Indicando en el mismo que no había medidas legales al respecto, al existir un vacío legal .
Cárcel de Victoria Grande
Como Director General de Prisiones promovió en el año 1927 el pase al
Ministerio de Gracia y Justicia de la cárcel preventiva de Melilla, instalada en el Fuerte de Victoria Grande con carácter provisional desde el mes de abril del año 1910, y dependiente de la Junta Municipal de Melilla. Luego que en esta añosa fortaleza se instalase en la primavera de 1908 la primera estación radiotelegráfica de las que ha prestado servicio en la ciudad. Y que mantenía comunicación con Almería gracias a una enorme antena sustentada en un poste de 51 metros de altura emplazado delante de su puerta de acceso.
En este sentido “El Telegrama del Rif” publicó en su edición del 24 de julio de 1927 la promesa realizada por Miquelez de Mendiluce. Añadiendo a continuación que el personal de la cárcel formaba parte de la plantilla de la Junta Municipal y que anualmente costaba a las arcas de la ciudad unas 75.000 pesetas.
El traspaso de competencia se realizó el 1 de enero de 1928. Informando al respecto el diario “El Telegrama del Rif” de fecha 3 de enero bajo el encabezamiento de: “Toma de posesión de los funcionarios de prisiones”. Y siguiente texto: “En la mañana del domingo 1 de enero de 1928. La cárcel ha pasado a depender de la Dirección General de Prisiones. El antiguo personal: el Jefe, Benito Ruiz Mata, pasa a desempeñar el cargo de inspector de recaudación. Tres vigilantes pasan a ocupar plazas de guardas del Parque Hernández. Y un vigilante pasa a ordenanza del Centro de Policía. Algunos vigilantes han quedado sin destino. Se dará cuenta de ello al Ministerio de la Guerra para que le proporcione otros destinos.
Antes había 7 vigilantes. Y ahora habrán 1 jefe y 5 oficiales.
Coincidió además la entrega de Victoria Grande a Justicia con el establecimiento definitivo en Melilla de las plantillas de los cuerpos de Vigilancia y Seguridad. Creemos que también por interés de Mendiluce. Unas entidades hoy agrupadas bajo la denominación de Cuerpo Nacional de Policía.
Asesinato
“El Telegrama del Rif” en su edición del 10 de abril de 1937 informó del trágico final de Constante de Mendiluce en Madrid por los revolucionarios izquierdistas: “ En Madrid ha sido vilmente asesinado por los marxistas nuestro ilustre compañero Constante Miquelez Mendiluce, Auditor de División, perteneció al Telegrama en su fundación. Ya había dirigido antes El Heraldo Alavés. Conocedor del Derecho Musulmán y cuestiones africanistas... Fue consejero y colaborador de Cándido Lobera... Durante muchos años fue redactor – jefe de El Telegrama del Rif.
Sólo tuvo un cargo político, como técnico, el de Director General de Prisiones durante la Dictadura de Primo de Rivera. Y no fue perseguido por la República”.

Otros profesionales
En el conjunto de funcionarios del Cuerpo Jurídico Militar, aquellos hombres encargados de informar sobre la interpretación de las leyes y proponer su resolución en Melilla, también podemos destacar a los tenientes auditores Carlos Navascúes y de la Sota, fallecido a comienzos del año 1920, y Miguel Gambra Sanz, Juez Municipal de Nador, que en 1921 publicó el folleto “Régimen político y administrativo de Melilla en el porvenir y sus relaciones con el Protectorado”. Un trabajo que obtuvo el primer premio en el certámen de la Fiesta de la Raza, organizado en el año 1920 por el Ateneo de Melilla.

Manuel Lorduy fue también un significado juez instructor militar, que nacido en 1869, después de prestar servicio en Puerto Rico en los primeros años del siglo XX se encontraba en Melilla. Gran fotógrafo, retrató a ocho asiduos rateros varias veces expulsados de la ciudad, para que fueran reconocidos. Y para ello exhibió las imágenes de éstos delincuentes a modo de “cuadro de honor” en lugares públicos, así como remitió a la Sección de Asuntos Indígenas.
El señor Lorduy asimismo colaboró en el aporte iconográfico utilizado por el historiador Gabriel de Morales en su obra “Datos para la Historia de Melilla”, editada en el año 1909.
Del talante de estos militares, y a título de ejemplo, nos ilustra elocuentemente el hecho de que cuando en el mes de marzo de 1894 en una reunión de la Junta de Arbitrios el vocal vicario expuso la necesidad de cesar a dos guardias urbanos por vivir amancebados, el vocal auditor se opuso a ello al indicar que no procedía el cese mientras no hubiera escándalo público.

Constante Miquelez de Mendiluce


miércoles, 10 de septiembre de 2008

RAFAEL LÓPEZ RIENDA

Figura inolvidable: Rafael López Rienda

Juan Díez Sánchez ( de la Asociación de Estudios Melillenses )


La imagen de este insigne periodista, escritor y cineasta granadino que desarrolló gran parte de su trabajo en el norte de Africa, se agranda con el paso de los años luego de que fuera rescatada del olvido por nuestro entrañable amigo el melillense José Marqués López allá por el año 1996.

Mucho ha llovido desde entonces y han sido varios los investigadores que ha divulgado la magna obra de López Rienda. Un gran trabajo a pesar de su prematura muerte a consecuencia de un accidente de automóvil.

Recientemente en su tierra natal, la trayectoria vital y obra de tal ilustre hijo ha sido rememorada por la pluma del también periodista Rafael García Manzano, formando parte del libro "Figuras inolvidables del periodismo granadino". Editado por la Asociación de la Prensa de Granada en mayo de 2008 con la colaboración de la Obra Social de Caja Granada.

García Manzano además de a López Rienda en su última obra ha evocado a Manuel Santaella Pérez ( Loja, 15.08.1916 - La Coruña, 5.04.1977 ); Manuel Tovar Siles ( Granada, 10.08.1875 -Pinares de Chamartín de las Rosas, Madrid, 10.04.1935 ); Augusto Jerez Perchet ( Puerto Real, Cádiz, 29.03.1844 - ); Francisco Pérez García ( Motril, Granada, 6.06.1900 - ); Julio Moreno-Dávila y Martín ( Madrid, 6.11.1907 - Granada, 18.02.1970 ); Narciso de la Fuente Ruiz ( Granada, 29.10.1886 - Granada, 8.03.1977 ); José Luis de Mena y Mejuto ( Madrid, 28.03.1940 - Granada, abril de 1990 ); Daniel Saucedo Aranda ( Santander, 1921 - Granada, 28.08.1985 ); Rafael Gómez Montero ( Avila, 14.10 1922 - Granada, 27.09.1994 ); Miguel La Chica y de la Guardia ( Granada, 1904 - Málaga, 7.06.1931 ); Emilo Nadal Peramos ( Motril, 1893 - Granada, 1976 ), y Enrique Hernández Gómez ( Granada, 20.03.1872 - Granada, 31.01.1949 ).

Un excelente trabajo sobre la apasionante historia del periodismo en Granada que concluye con un epígrafe, donde gracias a una gran laboriosidad, recoge un buen número de los pseudónimos utilizados por los profesionales de la prensa en aquella provincia.

El apartado o capítulo que dedica a López Rienda, páginas 97 -105, Rafael García Manzano lo titula "LOPEZ RIENDA, EXCELENTE CORRESPONSAL DE GUERRA, NOVELISTA Y GUIONISTA DE CINE". Donde nada más comenzar el autor nos desvela su enorme valía personal con su sinceridad: Era el día 22 de abril, martes, del año 1997, cuando quedé citado en la cafetería Olimpia, en la Gran Vía granadina, con mi entrañable amigo y compañero, Juan Bustos Rodríguez, gran periodista y cronista oficial de la ciudad de Granada. El motivo era muy simple: entregarme documentación sobre un escritor y periodista llamado Rafael López Rienda, que deseaba lo incluyera en alguno de mis libros sobre los hombres que han hecho historia en la Prensa.

El singular Juan Bustos había escrito el día anterior un artículo en su sección "Puerta Real" del diario "Ideal" que, entre otras cosas decía esto:

"Hasta hace un par de semanas confieso que no sabía nada de un granadino llamado Rafael López Rienda. Pero un joven documentalista melillense, José Marqués López, ha tenido la amabilidad de enviarme un sin fin de datos y detalles de la vida azarosa de este paisano malogrado, cuyo nombre y apellidos sólo tienen constancia en escasos diccionarios y enciclopedias, y a quien se va a rendir homenaje en algunas ciudades españolas, Melilla entre ellas, con motivo del centenario de su nacimiento.

Ha pasado algún tiempo, pero no he olvidado el encargo de mi compañero. Y en este nuevo libro de biografías sobre hombres de la prensa granadina he tenido muy presente su petición Mucho más cuando el ilustre sevillano ( Juan Bustos ) falleció años más tarde, concretamente nos abandonó en el mes de enero del año 2005".


A continuación nuestro periodista y escritor Rafael García menciona las escasas fuentes que evocaba a Rafael López Rienda. Datos biográficos e irrupción en el periodismo luego de alistarse en el Ejército y poco tiempo después,con dieciseis años ingresar en el Grupo de fuerzas Regulares de Larache. sus novelas, obras de teatro y cine son también evocadas, así como temprana muerte hace ahora ochenta años, el 15 de septiembre de 1928.

Desde Melilla, tierra adelantada en la recuperación de la memoria histórica del ilustre periodista López Rienda, agradecemos sinceramente que nuestro polifacético personaje forme parte de la magnífica obra de Rafael García Manzano, "Figuras inolvidables del periodismo granadino".

CÁNDIDO LÓPEZ CASTILLEJOS

Capitán, arabista y abogado dejó profunda huella en la historia de Melilla: Semblanza de su carrera militar
Cándido López Castillejos: prototipo del oficial de Africa

Juan Díez Sánchez ( de la Asociación de Estudios Melillenses )


Introducción:

Entre las numerosas personas relevantes, que han dejado imperecedera huella en Melilla, se encuentra Cándido López Castillejos. Quien nacido en el pueblo cordobés de Hinojosa del Duque el 5 de octubre de 1891, siendo niño pasó a residir en nuestra ciudad, en el seno de una familia muy conocida, no en vano su padre fue capitán de Infantería que luego de prestar servicio en las Islas Filipinas, se retiró del Ejército y pasó a desempeñar en Melilla el cargo de jefe de la Guardia Urbana Municipal.

Muy joven, Cándido López emuló a su padre e ingresó en el Ejército como voluntario, al mismo tiempo que comenzaba sus estudios de árabe y posteriormente de chelha. Unos conocimientos adquirido inteligentemente con previsión, cuando era inminente la actuación de España en el norte de Marruecos, y que dirigirían, catapultarían su meteórica carrera militar, gracias también a su temerario valor.

Paradigma de sus amigos y conocidos, de la sana juventud melillense, su férrea voluntad e inteligencia lo llevaron a cursar los estudios de Bachillerato y posteriormente de Derecho. Intelectual, arabista y comprometido con el progreso social de Melilla. Por ello, no nos sorprende que todos aquellos que hemos buceado por los recovecos de la historia más reciente de nuestra población, y más concretamente en las décadas de los convulsos años veinte y treinta del pasado siglo XX, hallamos sentido admiración y reconocimiento hacía su figura.


Hombre admirado

El primer estudioso que me habló repetidamente de él, e incluso me dejó una nota acerca de su semblanza biográfica, fue mi inolvidable maestro y amigo José María López Domínguez ( 1921 – 2007 ). Y luego el Decano del Colegio de Abogados de Melilla, Blas Jesús Imbroda; Director del Archivo Central, Vicente Moga, Enrique Delgado, José Marqués, Carlos Esquembri y Antonio Belmonte.

Y algo que acrecentó aún más nuestra veneración fue saber gracias a José María López, que Cándido López Castillejos, “poseía una de las mejores bibliotecas jurídicas de esta ciudad, y además importantes libros literarios y de temas generales. Dicha biblioteca fue saqueada y sus libros fueron ( casi todos ) al parecer, a la alta Comisaría de España en Tetuán.

En septiembre de 2006 tuve acceso a su hoja de servicio en la Milicia gracias a la amabilidad del Sr. Director del Museo Militar, Coronel D. Benito Gallardo; mas obligaciones ineludibles me impidieron profundizar, ordenar su biografía. No siendo hasta ahora, cuando contagiado del entusiasmo que siempre pone José Marqués en sus relevantes investigaciones y después de que éste me mostrara la tumba donde yacen los restos de López Castillejos, me animase a escribir acerca de su rica y compleja trayectoria vital centrándome en estas líneas en su faceta castrense.


Carrera militar

Como ya hemos indicado, siguiendo los pasos de su padre ingresó en el Ejército como soldado voluntario de Infantería en el Regimiento Melilla número 59 el día 21 de junio de 1907, cuando contaba dieciséis años de edad.

En este regimiento de guarnición en Melilla, donde residía la familia de López Castillejos, luego de ocho meses y después de ejercer de cabo, el primer día de julio de 1909 ascendió a sargento por elección.

Apenas disfrutaba de una semana de sargento, conoció nuestro personaje en toda su crudeza la responsabilidad que conllevaba los galones al desencadenarse la Guerra del Rif o Campaña del 9. Originada por el vacío de poder existente entonces en la zona marroquí inmediata a Melilla tras la huida de ella de quien hasta entonces había ejercido su despótica autoridad: El Roghi Bu Hamara, uno de los entonces frecuentes falsos pretendientes al sultanato del vecino país.

Cándido López en el transcurso de esta campaña que se desarrolló a las puertas de Melilla, participó en los combates de Sidi Hamed el Hach, Hidum, Zoco el Hach, Taxdirt y Gurugú. Destacando por su valerosos comportamiento en las dos últimas acciones mencionadas: Taxdirt y Gurugú. Recibiendo por cada una de ellas una Cruz del Mérito Militar, ambas con distintivo rojo y la segunda de Plata y pensionada con 7.50 pesetas al mes, por haber conducido convoyes a las posiciones avanzadas.

Vemos pues como nuestro joven sargento, cuando aún le faltaban dos meses para cumplir los dieciocho años de edad, había demostrado con creces su valor ante el adversario. Luciendo por ello sobre su pecho dos cruces del Mérito Militar además de los pasadores con los nombres de los combates en que intervino. Satisfacción y alegría rotas en noviembre del mismo año 1909 por el fallecimiento de su padre.

En 1910 fue destinado en comisión de servicio a las Fuerzas Indígenas. Y cuando al año siguiente se inicia la Campaña del Río Kert nuevamente brilló su bravura al frente de los siempre abnegados combatientes de cultura tamazigh al servicio del Sultán.


Protectorado

Como más valiente entre los valientes, López Castillejos intervino en numerosas acciones, muchas veces en vanguardia sosteniendo tiroteos y refriegas. Cruzó el prohibido Río Kert y participó en la ocupación de posiciones.

Destacó su presencia en los combates mantenidos en las inmediaciones del Río Kert a partir del 24 de agosto de 1911. Concediéndosele por ello una nueva, su segunda Cruz de Plata del Mérito Militar con distintivo rojo, pensionada de manera vitalicia con 25 pesetas. Y al año siguiente obtuvo una Cruz de Primera clase, también con distintivo rojo por su encomiable labor de montar emboscadas nocturnas en persecución del contrabando que surtía a las fuerzas rebeldes, así como contra las partidas de malhechores que saboteaban la línea telefónica militar.

Nuestro admirado Cándido López es segundo teniente de Infantería de la Escala de Reserva por méritos de guerra desde el 7 de octubre de 1911. Con veinte años recién cumplidos. También ejercía tareas políticas ante los poblados rebeldes con la finalidad de establecer acuerdos que evitasen el siempre inútil derramamiento de sangre.

A lo largo del año 1913 continuó efectuando reconocimientos, persiguiendo a molestos merodeadores y organizando emboscadas protectoras de la línea telefónica. En algunas ocasiones montadas luego de obtener valiosas confidencias. Siendo por todo ello recompensado con la Medalla de la Campaña de Melilla 1911 – 1912 con sus correspondientes pasadores, así como la Medalla de África.


Ascensos

En este relativamente tranquilo año 1913, López Castillejos obtuvo su segundo ascenso por méritos de guerra. Así con fecha de 26 de octubre de 1913 obtuvo su pase al grado de primer teniente.

En el transcurso de 1914 participó en diversas ocupaciones militares en el territorio vecino, protectorado de Marruecos desde 1912, encomendado a la Comandancia General de Melilla. A lo largo del año 1916 se le asignó las jefaturas de la oficina de Asuntos Indígenas en Beni Sidel y Grupo de vigilancia Indígena, donde permaneció hasta el año 1918, realizando gestiones para la atracción de los rifeños no sometidos, así como asegurar la tranquilidad en la zona sometida. Un periodo marcado por el desarrollo de la I Guerra Mundial y en el que España evitó cualquier acción, avance que a la postre pudiera afectar a la seguridad de la vecina zona bajo control de Francia, un país empeñado rudamente en la Gran Guerra europea.

Por ello, López Castillejos entonces tuvo como principal tarea la de vigilar a los contrabandistas, agitadores políticos y agentes de propaganda extranjeros. Realizó gestiones como las que en abril de 1918 lo llevó hasta Alhucemas, a las órdenes del entonces teniente coronel José Riquelme, de la Oficina Central de Asuntos Indígenas, a fin de entablar contactos políticos con los dirigentes de las tribus de Beni Urriaguel, Bocoya y Tensaman.

En octubre del mismo año 1918, López Castillejos regresaría al archipiélago de Alhucemas, esta vez como jefe accidental de la Oficina Indígena local, nexo con los vecinos aún no sometidos. Y luego de poco tiempo regresó a la zona de Melilla, donde participó en algunas operaciones con su proverbial ardor, siendo una vez más recompensado con una Cruz de primera clase del Mérito Militar con distintivo rojo y pensionada.

Fue felicitado en 1918 por los servicios prestados que culminaron con la disolución de la harka.

En situación de disponible desde finales del año 1918 y hasta 1929, ejerció como profesor de chelha en la Academia Oficial de Arabe de la Comandancia General de Melilla.

Con fecha de 19 de agosto de 1918 fue promovido al empleo de capitán, por antigüedad.

Entre los meses de mayo y octubre de 1922 estuvo agregado a la Oficina Central de Asuntos Indígenas, realizando gestiones políticas en la zona Oriental del Protectorado, destinadas a la atracción de caudillos rebeldes, así como el rescate y abastecimiento de los prisioneros españoles cautivos de Abdelkrim. Al igual que años atrás, practicó algunos reconocimientos. También en este año fue nombrado López Castillejos profesor interino de árabe vulgar y literal de la Escuela General y Técnica de Melilla, con un sueldo de 4.000 pesetas anuales. Una escuela luego denominada Instituto General y Técnico Victoria Eugenia y donde en 1930 fue nombrado secretario. Recordemos que Cándido López además de tener un conocimiento perfecto del árabe y el chelha, igualmente conocía el idioma francés.


Descanso del guerrero

Hombre inteligente e inquieto, en el año 1921 obtuvo el título de Bachiller, y en 1924 opositó para una plaza de Intérprete de Arabe de la Alta Comisaría. Obtuvo el número uno en los exámenes, mas renunció a ella pues únicamente participó en las pruebas para demostrar sus vastos conocimientos, ya que disfrutaba de una holgada situación económica.

Entre los años 1924 y 1926 ejerció interinamente de Director de la Academia Oficial de Arabe de Melilla. Cargo que simultaneó con el de profesor de chelha. Y en 1926 también fue designado capitán auxiliar y cajero, en 1927, de los Somatenes de Melilla, unidad cívico militar creada por la gracia del dictador Miguel Primo de Rivera.

A pesar de sus numerosas ocupaciones, López Castillejos encontró ganas y tiempo para seguir progresando en su formación. Alcanzando merecido fruto su loable tenacidad el 5 de febrero de 1927, fecha de expedición de su título de Licenciado en Derecho por la Universidad de Madrid.

Pasó a ejercer como abogado algunos meses después, a comienzos de septiembre de 1927. Celebrándose poco después, el 1 de octubre en su honor un banquete en el Casino Militar. Por entonces ocupaba la vicepresidencia de la Sección de Estudios Africanistas del Ateneo de Melilla.

Parecía como si Cándido López barruntara lo que el destino le depararía dos años más tarde, cuando por Real Decreto de 21 de septiembre de 1929, la Presidencia del Consejo de Ministros suprimió las academias de Arabe y Chelha de Melilla. Quedando nuestro estudioso capitán en situación de excedente, sin que ello afectara sustancialmente a sus emolumentos.

En situación de disponible forzoso, continuó hasta la proclamación de la II República Española, cuando tras concedérsele el retiro con residencia en Melilla, causó baja en el ejército. Tenía entonces López Castillejos la edad de 40 años. Un aún joven y entusiasta melillense dispuesto a arreglar un poco, con los medios a su mano la abogacía y la política, el mundo local, una sociedad que risueña y confiada estrenaba democracia.

Cándido López Castillejos, aquel valiente soldado que en las campañas de Marruecos derrochó valor, ahora, iniciada la Guerra Civil en Melilla, el 14 de agosto de 1936 fue asesinado, entregando vida y alma por sus ideales, una más justa España.

( Este artículo fue publicado el 30 de diciembre de 2007, en las páginas de La Gaceta, suplemento dominical del diario El Telegrama de Melilla )