lunes, 11 de enero de 2010

El final del cañonero "General Concha" ( 1 )




El Cañonero “General Concha” y su brava tripulación

Un accidente debido a la meteorologia adversa, dio lugar a una tragedia que costó a unos, la vida, a otros heridas y contusiones, la pérdida de un buque y, un recuerdo imborrable en la mente de aquellos que lo vivieron.

Estos hechos, fueron la varada accidental, debida a una espesa niebla que al parecer, no permitía la visibilidad más allá de 2 ó 3 metros, de un cañonero de la Armada Española, a las 07:40 horas de la mañana del 11 de junio de 1913, en los arrecifes de la bahía de Busicú, territorio de la cabila Bocoya, a unas cinco millas de la bahía de Alhucemas.

Este suceso, supuso el enfrentamiento armado entre los bocoyas, que en su afán de rapiña, auxiliados por los aguerridos beniurriagueles, con la tripulación del cañonero, en una lucha encarnizada, incluso llegándose al “cuerpo a cuerpo”, un combate, donde una vez más, quedó latente, la valentía, el coraje y el arrojo de nuestros marinos.

Este buque, era el cañonero “General Concha”, un barco diseñado para patrullar las grandes extensiones costeras de las Islas Filipinas y, era considerado junto a sus homólogos, “Magallanes”, Elcano” y el “General Lezo” (sólo estos dos últimos llegaron a navegar por aguas del archipielágo filipino), como pequeños cruceros coloniales.


Cañonero “General Concha”, características generales

Su construcción fue ordenada por el Almirante D. Francisco de Paula Pavía y Pavía.
Casco de hierro.
Eslora : 47,87 metros.
Manga: 7,87 metros.
Calado: 3,41 metros.
Desplazamiento en carga: 524 toneladas.
Máquina: 600 caballos de potencia, construída por la Maquinista Terrestre y Marítima. El importe de las máquinas, ascendió a 312.000 pesetas de la época.
Número de hélices : 2.
Velocidad: 11 nudos.
Capacidad de carboneras : 68 toneladas de carbón.
Autonomía : 840 millas.
Aparejo de goleta con una superficie vélica de 325 metros cuadrados.
Consumo diario de carbón: 10 toneladas.
Dotación: 95 tripulantes.
Armamento:
- Inicial: 3 cañones “Hontoria” de 120 mm, modelo 1879.
2 ametralladoras “Nordenfelt” de 25 mm de calibre.
1 ametralladora “Nordenfelt” de 11 mm de calibre.
- Tras la reforma de 1904, se modificó el armamento, cambiándose toda la artillería pesada, por 4 “Nordenfelt” de 42 mm de calibre, pero conservando el resto de sus ametralladoras.
Núm. De Grada: 169 del Astillero de Esteiro en Ferrol (Coruña).
Colocación de la quilla : 1 de mayo de 1882.
Botadura : el 28 de noviembre de 1883.
Su nombre, fue colocado en honor del Brigadier de la Armada, D. Juan Gutíerrez de La Concha, gobernador e intendente de la provincia de Tucumán, del Virreinato de Buenos Aires, sublevado contra la Junta de Gobierno de Buenos, y fusilado junto al destituido Virrey D. Santiago Liniers en 1810.

Este, es el relato, de lo que pasó el 11 de junio de 1913



El capitán de corbeta D. Emiliano Castaño Hernández

Nacido en Val de Santo Domingo (Toledo) el 8 de agosto de 1866. Ingresó en la Escuela Naval el 8 de enero de 1883, hasta que obtuvo una vez superado con gran aprovechamiento el plan de estudios, el empleo de alférez de fragata. Navegó hasta su muerte en combate el 11 de junio de 1913, durante casi 15 años, viviendo constantemente en los buques. Había obtenido el empleo de capitán de corbeta en mayo de 1911, siendo destinado como tercer comandante al guardacostas “Numancia” y de este, pasó a mandar el cañonero “General Concha”. Era también torpedista.

Navegó desde el Atlántico Norte, el Golfo de Guinea hasta el Canal de la Mancha, el Mediterráneo en toda su extensión,, lo hizo también por el Océano Índico, de Célebes y Joló, por el mar de China y el Océano Pacífico. Estos mares, le eran muy conocidos ya que casi siempre, los navegó como Oficial de Derrota en los buques en que iba embarcado.

Se le definiría como hombre de inteligencia clara, muy ilustrado, avispado ya que con un golpe de vista rápido, se daba cuenta rápidamente de las cosas en los momentos más críticos (según publicó la Revista General de Marina de julio de 1913, se daba también cuenta de forma pronta y acertada, de cuando hacía falta una gran presencia de espíritu para dominar situaciones en que los azares de la vida de mar, colocan a veces al navegante más experto y experimentado).
Hombre de gran valor, acreditado ante los combates que mantuvo en operaciones navales y terrestres, mantenidas contra los moros de Joló y Mindanao en diferentes épocas y, contra los carolinos orientales en 1891.

Hacía tres meses, que se hallaba al mando del cañonero “General Concha”. De hecho, el rotativo madrileño ABC, el 13 de junio de 1913, publicó con motivo de su fallecimiento en combate la siguiente nota, refiriéndose a él: (textual)

“…Mandaba el cañonero, como es sabido, D. Emiliano Castaños; era uno de los jefes más distinguidos de nuestra Marina, y sus dotes inmejorables le habían granjeado el afecto de sus superiores y sus compañeros durante la última guerra colonial, en la que dio inequívocas pruebas de su pericia, valor e inteligencia.

Hacía tres meses que el Sr. Castaño se había hecho cargo del mando del cañonero, y este era su primer viaje desde que se posesionó de él…”

Fue ascendido a título póstumo, a capitán de fragata.

Se hallaba en posesión de:
- La Cruz de San Hermenegildo.
- Cruz roja del Mérito naval de primera clase.
- Cruz blanca del Mérito Naval de primera clase.
- Cruz de Alfonso XIII.
-
El alférez de navío D. Rafael Ramos Izquierdo y Gener

D. Rafael Ramos Izquierdo y Gener, nació en San Fernando (Cádiz), el 11 de julio de 1884. Ingresó en la Marina de Guerra, el 1 de septiembre de 1900. Tenía 16 años. El ingreso en la Armada, lo efectuó como Aspirante de Marina, en la fragata “Asturias”, que por aquel entonces, era Escuela Naval Flotante.

Ascendió a alférez de navío, en 1905. El 11 de junio de 1913, asumió el mando del cañonero “General Concha”, al morir en combate contra los moros que habían abordado el buque, por haber este encallado en la bahía de Busicú, en la playa de “la Cebadilla”, a escasas 5 millas de Alhucemas, su comandante, el capitán de corbeta D. Emiliano Castaño Hernández. El Sr. Ramos Izquierdo, dirigió brillantemente la defensa del barco, permaneciendo en él hasta el final y, aún habiendo dado la orden de abandonar el barco, se quedó en él junto a los marinos muertos, heridos faltos de movimiento y junto a aquellos, que no sabían nadar. Fue apresado por los moros, estando 15 días en el cautiverio.

Tres meses y medio, le faltaban al alférez de navío D. Rafael Ramos Izquierdo y Gener, para obtener el empleo superior de Teniente de Navío cuando por los méritos y comportamiento observados en el combate del 11 de junio ya referido, le fue concedida la Cruz de segunda clase de la Real y Militar Orden de San Fernando. Dicha condecoración, le fue otorgada el 1 de mayo de 1914.

Del expediente de juicio contradictorio iniciado para la concesión de dicha recompensa, se recoge lo siguiente: (textual)

“…El alférez de navío don Rafael Ramos Izquierdo y Gener, en defensa del cañonero “General Concha”, varado en la playa de La Cebadilla (costa de África).el día 11 de junio de 1913, permaneció en su puesto, luchando con heroico valor hasta la terminación del combate, después de haber sido herido de gravedad, demostrando gran espíritu militar y excediéndose notoriamente en el cumplimiento de su deber.

Considerando que estos hechos se hallan comprendidos en el caso 23 del artículo 26, en relación con lo prevenido en el primer inciso del artículo 31 de la ley de 18 de mayo de 1862.

El Rey… ha tenido a bien conceder al alférez de navío don Rafael Ramos Izquierdo, la cruz de segunda clase de la Real y Militar Orden de San Fernando.

Madrid 1 de mayo de 1914.
(Diario Oficial, número 97). Echagüe…”

Tras el ascenso a teniente de navío, obtiene el empleo de capitán de corbeta en 1920, prestando brillante servicio en los cañoneros “Martín Alonso Pinzón”, “María Molina” y “General Concha”, en el crucero “Reina Regente” y el acorazado “Pelayo”.

Profesor de Física en la Escuela Naval, especialista de tiro naval (discípulo de la escuela del teniente de navío D. Jaime Janer Robinson), fundó el Polígono de Tiro de Fusil en San Fernando (Cádiz).
Conocedor a su vez, de la técnica aeronaval de su época, fundó la base aeronaval de San Javier (Murcia) y mandó el portaaviones “Dédalo”, primero de este nombre en nuestra Marina, con capacidad de 25 aviones y que desplazaba 10.800 toneladas.

Ya en el empleo de capitán de fragata, mandó el destructor “Almirante Antequera”.

Murió en 1936, hallándose en activo y en el empleo de capitán de fragata, a manos de las milicias marxistas.

Algunos miembros de la dotación del cañonero “General Concha”, el 11 de junio de 1913

La tripulación del cañonero “General Concha”, aquel 11 de junio de 1913, estaba formada por 1 capitán de corbeta, como segundo, un teniente de navío y a las órdenes de este, 4 alféreces de navío. 1 contador de fragata, tres contramaestres segundos, 2 condestables segundos, 5 maquinistas, 1 practicante segundo, 1 carpintero calafate, y 78 personas más, entre cabos de mar, cabos de cañón, marineros y fogoneros, según publicó el diario madrileño “La Época” del jueves 12 de junio de 1913. Algunos de dichos marinos, fueron los siguientes:

Comandante del buque
D.Emiliano Castaño Hernández. Capitán de corbeta. Herido en la frente y la clavícula, falleció en combate. En el diario madrileño ABC del 9 de agosto de 1913, se publicó su ascenso a capitán de fragata a título póstumo.


Segundo de a bordo
D.Demetrio López Tomaseti. Teniente de navío. Segundo comandante. Según publicó La Vanguardia de Barcelona el 14 de junio de 1913, había desembarcado el día 6 de junio, con licencia para Cádiz.

Oficiales
D. Luís Felipe Lazaga. Alférez de navío. Al encallar el “General Concha”, marchó en un bote con 12 hombres, a Alhucemas a pedir socorro. Resultó contuso y fue recogido por el “Lauria”.

D. Rafael Ramos Izquierdo Gener. Alférez de navío. Herido por tres veces, dos de ellas en ambos brazos. Sustituyó al capitán D. Emiliano Castaño al morir. Dirigió la defensa del cañonero, hasta el último momento. Mandó arriar el 4º bote, cuando observó de madrugada que la situación a bordo era crítica ya que el buque, ya se encontraba hundido desde la proa hasta la cámara de oficiales, quedando anegada el resto de la cubierta con 30 cms, de agua. Sufrió cautiverio. Condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando.

D. Luís Sánchez Barcáiztegui. Alférez de navío. Al parecer sobrevivió al combate ya que “La Correspondencia de España” del 18 de junio de 1913, informaba que había embarcado en el cañonero “Recalde”.

D. Manuel de Quevedo. Alférez de navío. Sobrevivió al combate aunque resultó herido leve. Se comportó bravamente en el combate. Había obtenido el empleo de alférez de navío sobre el 2 de septiembre de 1909. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Manuel Quignon. Practicante 2º. Contuso. Superviviente. Durante el combate con los bocoya, improvisó una pequeña enfermería en el interior del barco, saliendo a recoger, incluso a los puestos de mayor peligro, a los heridos, protegiéndose con un chaleco antibalas, ideado por él, consistente en 2 colchonetas enrolladas al cuerpo. Por orden del alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo, dejó el cañonero “Concha”, siendo recogido por el “Lauria”. Arribó el 15 de junio a Cádiz, a bordo del cañonero “Recalde”. Se solicitó la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, no llegándose a conceder. Se instruyeron diligencias.

Contador de navío
D. Pablo Rodríguez Alonso
. Contador de navío. Natural de Ferrol. Fue recogido por el “Lauria”.

Contramaestres
D. Juan Mateo Hidalgo. Segundo contramaestre. Sufrió cautiverio.
D. José Fernández Lucero. Contramaestre. Sufrió cautiverio.
D. José Bengala/Bendala. Segundo contramaestre de cargo. Sufrió cautiverio.
D. José Fernández Juarez. Contramaestre. Sufrió cautiverio.

Condestables
D. Pedro Moiño/Muiñas Sánchez Sanmartín. Segundo condestable. Fallecido en combate al ir a ayudar a su auxiliar D. Eugenio Benítez. El “ABC” del 9 de agosto de 1913, publicaba su ascenso a primer condestable, a título póstumo. Según contó La Vanguardia de Barcelona, siempre tenía desde antiguo y de forma jocosa decir “Muerto Pedro Muiño”, efectivamente, cuando cayó, cuentan que fue la última frase que dijo antes de espirar.

D. Antonio Noguera. Segundo condestable. Superviviente. Fue recogido por el “Lauria”. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

Maquinistas
D.Antonio Paredes. Primer maquinista. Natural de San Fernando. Fallecido en combate. Se solicitó la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, no llegándose a conceder. Estaba casado con doña Carmen González Castañeda, teniendo el matrimonio 4 hijos y residente en San Fernando (Cádiz). “ABC” del 9 de agosto de 1913, publicaba que a título póstumo, se le concedía el ascenso de primer maquinista a maquinista mayor armador de 2ª clase.

D. José Silva. Segundo maquinista. Constó primero como desaparecido hallándose prisionero. Fue rescatado el 19 de junio de 1913.

D. Eloy Saíz/Sans Cárdenas. Segundo maquinista. Sobrevivió, siendo recogido por el “Lauria”.

D. Antonio Casal Rugero. Tercer maquinista. Sufrió cautiverio.

D. Fernando Castelló/Castillo Navarrete. ¿Fogonero o ayudante de máquinas?. Sufrió cautiverio aunque también, se le dio por desparecido inicialmente. Finalmente resultó estar cautivo, siendo liberado el jueves 19 de junio.

Fogoneros
D. Antonio Garrido. Cabo fogonero. Sobrevivió. Fue recogido por el “Lauria”. Arribó a Cádiz el 15 de junio a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Juan José Aragón. Cabo fogonero 1 (rancho 1º de Artillería). Herido grave, sufriendo cautiverio.

D. José Núñez Pavón. Fogonero marinero preferente. Sobrevivió. Dejó el cañonero “Concha”, por orden del alférez de navío Ramos Izquierdo en el 4º bote, siendo recogido por el Lauria. Arribó a Cádiz el 15 de junio a bordo del cañonero “Recalde”.

D. José Faccio Navarro. Marinero, fogonero preferente. Fue recogido por el “Lauria”.

D. José Carrascosa Segura. Fogonero preferente. Dio aviso al “Lauria” de la situación crítica en que se hallaba el cañonero “General Concha”.

D. Antonio González Maldonado. Fogonero. Dio aviso al “Lauria” de la situación crítica que se vivía a bordo del cañonero “General Concha”. Sobrevivió y arribó a Cádiz el 15 de junio de 1913, a bordo del cañonero “Recalde”.

D.Sebastián Sánchez Arisa. Marinero fogonero. Fue recogido por el “Lauria”

D. Antonio Orozco. Marinero fogonero. Fue recogido por el “Lauria”.

José Piñero Bermúdez. Fogonero 2º Ordenanza del comandante, repostero. Marinero (rancho 1º Artillería). Fallecido en el combate, (1º en caer).

D. Celedonio Sagamunaga. Marinero Fogonero. Fue recogido por el “Lauria”.

D. José Fernández Lagostera. Fogonero 2º, marinero (rancho 1º Artillería). Sufrió cautiverio.

D. José Picón Ruíz/Cruz. Fogonero 2º, marinero (rancho 1º Artillería). Resultó herido por armas blancas y de fuego. Sufrió cautiverio.

Cabos de cañón
D. Antonio Mesa Fernández Cano. Cabo de cañón. Herido muy grave en la cabeza, presentando fractura de cráneo por herida de bala. Ingresó en el Hospital de Melilla. Falleció después de haber sido viaticado en el citado Hospital, el lunes 17 de junio de 1913.
Da su nombre a una calle del marinero Barrio del Hipódromo de Melilla, en recuerdo de su gesta.

D. Francisco García Benedicto. Cabo de cañón. Herido muy grave. Ingresó en el Hospital de Melilla. Abandonó el “General Concha”, por orden del alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo, en el 4º bote, siendo recogido por el “Lauria”.

D. Rafael/Manuel/Ramón Salazar. Cabo de cañón. Fallecido en combate. Fue propuesto para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, llegándose a instruir las diligencias sin serle finalmente otorgada.

D. Antonio Castañeda/o. Cabo de cañón. Sobrevivió y fue recogido por el “Lauria”. Arribó a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio.

D. José Luna García. Cabo de cañón. Sobrevivió al combate. Llegó a nado al “Lauria”, siendo recogido por este. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Luís Lara. Cabo de cañón y cartero. Sobrevivió al combate y fue recogido por el “Lauria”.

Cabos de mar

D. Manuel Rodríguez Carrasco. Cabo de Mar. Superviviente. Fue recogido por el “Lauria” y arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. José Grimau. Cabo de Mar. Sobrevivió al combate. Fue recogido por el “Lauria” y arribó a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio de 1913.

D. Antonio Matía. Cabo de Mar. Sobrevivió al combate. Fue recogido por el “Lauria” y arribó a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio de 1913.

D. Francisco Flores. Cabo de Mar. Superviviente. Fue recogido por el “Lauria” y arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

Marineros de 1ª
D. Rafael Pinazo Guerra. Marinero de primera. Resultó contuso y sobrevivió al combate. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Manuel Bravo. Marinero de primera. Resultó herido leve. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Diego Principal. Marinero de primera. Fue recogido por el Lauria.

D. José Real. Marinero de primera, resultó herido leve. Fue recogido por el “Lauria”.

Marineros 2ª
D. Guillermo Tencero. Marinero 2º. Recogido por el “Lauria”.

D. Manuel Rojas. Marinero 2º. Sobrevivió, siendo recogido por el “Lauria”. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Francisco Caro. Marinero 2º. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Antonio López Moreno, natural de Tarifa. Marinero 2ª. Abandonó en cañonero “General Concha”, siguiendo las órdenes dadas por el alférez de navío, Sr. Ramos Izquierdo, en el 4º bote, siendo recogido por el “Lauria”. Arribó a Málaga, procedente de Melilla, a bordo del vapor ·”Sevilla” el 16 de junio de 1913.

D. Emilio Barteira. Marinero 2ª. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Secundino Agrasco. Marinero 2ª. Resultó herido leve en el combate. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Nemesio Pérez. Marinero de 2ª. Superviviente. Fue recogido por el “Lauria”. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

Marineros preferentes
D. José Baena Estrella. Marinero preferente. Fue recogido por el “Lauria” y arribó a Cádiz a bordo del cañonero “Recalde”, el 15 de junio de 1913.

D. Jerónimo Galaona. Marinero preferente. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Emilio Barquero/Baqueira. Marinero preferente. Herido muy grave en el pecho. Siguiendo las órdenes dadas por el alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo, abandonó el cañonero “General Concha”, siendo recogido por el “Lauria”. Falleció a consecuencia de las heridas recibidas, días después. Fue enterrado en Melilla el 3 de julio de 1913.

D. José Pardo. Marinero preferente. Sobrevivió al combate, siendo recogido por el “Lauria”. Arribó a San Fernando (Cádiz), procedente de Melilla, el 24 de junio de 1913.

D. Diego Pacheco. Marinero preferente. Barquero del “General Concha”. Fue propuesto para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, instruyéndose las correspondientes diligéncias, sin llegarse a conceder.

D. Fernando García Expósito. Marinero preferente. Sobrevivió al combate, siendo recogido por el “Lauria”, arribó a San Fernando Cádiz, el 24 de junio de 1913, procedente de Melilla.

D. Santiago Alsina. Marinero preferente. Abandonó el “General Concha”, en el 4º bote, siguiendo las órdenes dadas por el alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Miguel Amores. Marinero preferente. Cocinero de a bordo. Siguiendo las órdenes dictadas por el alférez de navío Sr. Ramos , abandonó el cañonero “General Concha” en el 4º bote. Fue recogido por el “Lauria”.

Marinería
D. Cristóbal Moreno Benítez. Maestro carpintero. Herido leve en la cadera. Fue recogido por el “Lauria”. Superviviente. Arribó a Málaga procedente de Melilla, a bordo del vapor “Sevilla” el 16 de junio. Era natural de San Fernando (Cádiz).

D. José Ruíz Delgado. Marinero ayudante del maestro carpintero (rancho 3º), . Falleció en combate.

D. Francisco Oteriza. Marinero. Fallecido en combate.

D. Lorenzo Azcona/Ancorra. Marinero (rancho 1º). Fallecido en combate.

D. José Postigo. Marinero (rancho 3º). Desaparecido/fallecido en combate.

D. Francisco López Fontcuberta. Marinero. Herido leve. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Juan López. Marinero. Recogido por el “Lauria”.

D. Vicente López Aranelo. Marinero, herido leve. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Juan Soler. Marinero despensero. Herido leve, fue recogido por el “Lauria”.

D. Francisco Bencala. Marinero, recogido por el “Lauria”.

D. José Gallardo. Marinero, recogido por el “Lauria”.

D. José Padilla. Marinero (rancho 3º). Desaparecido/fallecido en combate.

D. José María Ariza González. Herido. Fallecido en el cautiverio el día 13 de junio de 1913, en casa de Sibera.

D. José Gómez Martín. Mayordomo. Distinguido durante el combate. Abandonó el cañonero “Concha”, siguiendo las órdenes del alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo en el 4º bote. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Alejo Anacambe. Marinero (rancho 1º). Natural de Vizcaya. Distinguido durante el combate. Fallecido junto al capitán D. Emiliano Castaño.

D. Francisco Azcorra. Marinero. Natural de Vizcaya. Distinguido durante el combate. Fallecido junto al capitán D. Emiliano Castaño.

D. Francisco Estenza. Marinero (rancho 3º). Sufrió cautiverio. Fallecido.

D. Francisco Peña Soto. Marinero (rancho 1º). Sufrió cautiverio. Fallecido.

D. Ángel Banoa Bilbao. Marinero.

D. Ángel Barroso. Marinero (rancho 1º Artillería). Sufrió cautiverio.

D. José Andrades Pérez. Marinero. Superviviente. Fue recogido por el “Lauria” y, arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. José López. Marinero. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Antonio Martínez Infante. Marinero. Sobrevivió al combate, fue recogido por el “Lauria”. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Manuel García Tabares/Yabares. Marinero. Fue recogido por el “Lauria”. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. José Carrasco. Marinero. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Antonio Rodríguez Burgos. Marinero.Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Juan Gil Serrano. Marinero. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Eugenio Benítez. Marinero (rancho 1º Artillería).Auxiliar del condestable D. Pedro Moiño Sánchez Sanmartín. Fallecido en combate mientras hacía fuego con una ametralladora.

D. Luís Larra. Marinero. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Manuel Mateo. Marinero. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Luís Rodríguez Moya. Marinero. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Mateo Galiano. Marinero. Superviviente. Arribó a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio.

D. Claudio Galiano Marinero. Superviviente. Arribó a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio.

D. Ricardo Acebedo Gómez. Marinero Superviviente. Fue recogido por el “Lauria” y, arribó a a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio.

D. José Fernández Lopera. Marinero.

D. Luciano Gallego. Marinero, fue recogido por el “Lauria”.

D. Salvador Alarcón/Halcón. Marinero. Herido muy grave. Ingresó en el Hospital de Melilla. Falleció el sábado 14 de julio de 1913, a consecuencia de las heridas recibidas en el combate en el Hospital de Melilla. Fue enterrado a las 12 horas del día 15 en dicha plaza, llevando el féretro miembros de la Compañía de Mar. Su sepultura fue costeada y dada a su familia por el Notario D. Roberto Cano. Según publicó “La Correspondencia de España” del 14 de junio de 1913, falleció a consecuencia de una peritonitis aguda sobrevenida a la herida recibida.

D. Juan Duran. Marinero. Panadero. Resultó herido leve. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Luis Escobedo. Marinero. Abandonó el cañonero “General Concha”, siguiendo las órdenes dadas por el alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo en el 4º bote. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Santiago Barcena/Balcina. Marinero. Resultó herido grave en el combate. Fue recogido por el “Lauria”. De él, se contaba en La Vanguardia de Barcelona, del 14 de junio, que era gaditano, con mucha chispa. Estaba herido en la pierna izquierda. Su humor, no cesó durante la intervención quirúrgica a la que fue sometido para su curación, no cesaba de vitorear a su comandante y, en el momento de hacerle una placa de rayos X, cuando la vió dijo: -“¡…Sáqueme el retrato pa mandárselo a mi novia; pobresilla; la quiero tanto…!”- Cuenta el mismo periodista, el Sr. Lobera, que de camino a la clínica, el marinero, aficionado a los toros, decía: -“¡…Soy pariente de Bienvenida, ¿no vé como he venido?...!”.

D. Miguel Andrade Anino. Marinero. Fue recogido por el “Lauria”.
D. Antonio Carrillo. Marinero. Resultó herido leve en el combate. Abandonó el cañonero “General Concha”, siguiendo las órdenes dadas por el alférez de navío, Sr. Ramos Izquierdo en el 4º bote. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Francisco Coca. Marinero. Siguiendo las órdenes dictadas por el alférez de navío, Sr. Ramos Izquierdo, abandonó el cañonero “General Concha”, siendo recogido por el “Lauria”.

D. Antonio Carrillo. Marinero. Herido leve, abandonó el buque, siguiendo instrucciones del alférez de navío, D. Rafael Ramos Izquierdo en el 4º bote. Fue recogido por el cañonero “Lauria”. La Vanguardia de Barcelona del 14 de junio, explicaba que este marinero, se hallaba de pie en la boca de la escotilla, cuando vió a dos moros que avanzaban por encima de la batayola. Como Dios le dio a entender, logró arribar hasta ellos y los tiró por la borda al agua. Estos hechos, presenciados por el condestable Bendala le gritó –“¡…Muchacho, mira por estribor, tienes otro…!”- Carrillo, hizo fuego, matando al rifeño.

Hans Nicolás i Hungerbühler


Imágenes:



- Cromo número 3 de la colección "Episodio del Concha", con los rostros de parte de la tripulación.



- Fotos de los contramaestres José Hernández Lucas ( izquierda ) y José Bendala Díaz ( derecha ), tras su liberación. Instantánteas tomadas por Carlos Lázaro Muñoz.









El final del cañonero "General Concha" ( 2 )







Algunos testimonios orales, de lo que ocurrió a bordo del “General Concha”





Testimonio de dos marineros
Según publicó el diario “La Correspondencia Militar” bajo el título, “Un relato interesante”, “lo que dicen dos marineros del buque”. “Extracto de una interviú”, del 17 de junio de 1913, los hechos que costaron pérdida de vidas humanas y la del cañonero “General Concha”, se desataron de la forma siguiente, según daba a conocer dicho periódico a la opinión pública: (textual)

“…El Cronista de Málaga llegado ayer a Madrid publica una interesante información de la que reproducimos los puntos más salientes. Trátase de una interviú celebrada por un redactor del citado periódico con dos marineros de la tripulación del “General Concha” y que en los momentos actuales tiene grandísima oportunidad.
Después de relatar los mencionados marineros el acto del encallamiento del buque y de los primeros preparativos para la lucha y el salvamento, manifestaron lo siguiente:

Todos trabajando titánicamente se hallaban dedicados a las faenas referidas las cuales eran presenciadas impasiblemente por los moros.

Pero al enviar desde el buque a una peña un cabo, los cabileños que en ella se hallaban dijeron con acento amenazador que no se tratase de pasar a tierra porque si con tal intención hacíamos el menor movimiento, dispararían sus fusiles.

Entonces el comandante ordenó a los tripulantes que se hallaban sobre cubierta que se retirasen al interior del barco.

El número de rifeños engrosó de modo considerable, y protegidos por las rocas de la playa rompieron contra el “General Concha” un nutrido fuego.

La tripulación distribuyó se convenientemente parapetada detrás de las escotillas y camarotes de proa.

El armamento no estaba completo porque el agua que por la brecha había penetrado inundó parte del lugar donde aquel se hallaba. Desde las ocho de la mañana hasta las diez duró el tiroteo.

El condestable D. Pedro Moiño Sánchez Sanmartín salió de debajo de la cubierta en vista del fuego que hacían los rebeldes, en compañía de su auxiliar, el marinero Eugenio Benítez, con objeto de quitar la funda de la ametralladora de proa y disparar con ella.
El Sr. Moiño, con una serenidad admirable, se dirigió hacia la ametralladora referida, con el fin indicado.
Antes de llegar hasta allí como los moros arreciaron el tiroteo, recibió numerosos proyectiles, que le produjeron la muerte como asimismo a su auxiliar antes citado.

También en aquellos momentos recibió la muerte el repostero del buque, José Piñeiro, que se hallaba junto a la cubierta.
Los marineros al saber la muerte de sus tres compañeros, excitados por el comandante Sr. Castaño, redoblaron las descargas.

Pero nuestros disparos eran ineficaces, porque desde las escotillas no se divisaba bien el sitio donde los moros se hallaban, y en cambio estos dominaban la cubierta del buque.
En dos botes llegaron numerosos rifeños, quienes, trepando por las cadenas de las anclas, penetraron en el buque.

Manuel Bravo era el único marinero que se hallaba sobre cubierta, el cual al ver que los cabileños entraban, dio aviso al comandante. Este ordenó el toque de zafarrancho de combate, y al frente de la tripulación salió a cubierta, donde se hallaban ya unos cuarenta moros.

Estos guardaban la escalerilla que daba acceso a la parte superior del buque y tiroteaban a todo el que intentaba salir.
Además, los moros apostados en tierra, no cesaban de tirotear al buque, al que como hemos dicho dominaban.

Continuar en aquella situación era resignarse a morir sin posible defensa y desistióse entonces de subir, quedándose la fuerza que quedaba en el interior del cañonero disparando desde los camarotes.
Los asaltantes llegaron hasta la cubierta de proa, donde apresaron al contramaestre don José Fernández Lucero, y a los marineros Francisco Estenza, Francisco Peña Soto y otros dos más.

A los cinco los sacaron del buque, vejándolos por las cadenas de proa y dejándolos en sus botes los condujeron prisioneros a la playa. No solamente se apoderaron de los cinco individuos citados, sino que se adueñaron de toda la ropa perteneciente a la tripulación, tanto de oficiales como de marineros y clases.

Al ser abandonado el buque por los moros cesó el fuego, durando esta tranquilidad largo rato.
A las tres y media de la tarde comenzó otra vez un rudo tiroteo. Y poco después los moros en número de doscientos, aproximadamente, invadieron de nuevo el buque.

El ardor bélico de la raza española llegó allí al paroxismo; nadie se acordó de salvar la vida, todos a una arremetieron contra los traicioneros rifeños.

El comandante Sr. Castaño en vista de lo apurado de la situación dijo a la fuerza que quedaba: -“¡Señores aquí no hay más remedio que morir como buenos españoles! ¡Viva el Rey! ¡Viva España”-. Y avanzando el primero, salió a cuebierta seguido de la tripulación.

Imposible es describir la tragedia que se desarrolló en dicha parte del cañonero. La lucha fue denodada, fiera; se combatía cuerpo a cuerpo, los moros disparaban boca a jarro, dada la corta distancia que entre ellos y los marinos existía, y estos últimos acometían a bayoneta calada y haciendo fuego.

El comandante hizo derroches de heroísmo, recibiendo, a poco de empezada la horrible lucha, dos heridas de arma de fuego, una en la frente y otra en la clavícula derecha, cayendo muerto, y junto a él los marineros Francisco Ascorras y Alejo Nacambe.
Sobre la cubierta además de los relatados yacían 16 muertos y 18 heridos españoles y de moros 19 muertos y mayor número de heridos.

Los marineros supervivientes de la sangrienta refriega corrieron hacia la popa, donde se parapetaron, sosteniéndose por ambas partes media hora de fuego.

Del mando de la fuerza en vista de la muerte del comandante, se había hecho cargo el segundo, D. Rafael Ramos Izquierdo.

El cañonero “Lauria” que se supone fue avisado del encallamiento sufrido por el “Concha”, llegó en los momentos que acabamos de describir, a 700 metros del lugar donde áquel se hallaba.

Empezó a hacer las señales de ordenanza, que, dada la situación del buque no pudieron ser contestadas.

Como antes dijimos, los moros, al abordar por primera vez el buque se llevaron toda la ropa de la tripulación.

Al llegar el cañonero “Lauria”, los moros para que este no les ametrallara, se vistieron con dicha ropa y siguieron tiroteando el barco.

El comandante del “Lauria”, como es natural, estaba hecho un mar de confusiones, sin saber a quien combatir, si al “Concha” o a la playa pues en ambos sitios se divisaban marineros.
Los rifeños se libraron de este modo de las descargas del “Lauria”.

A las doce y media de la noche, nuevamente entraron en el funesto cañonero los moros. Estos llegaron hasta donde se encontraba el Sr. Ramos Izquierdo, en actitud al parecer pacífica, y le exigieron la entrega del dinero y de los armamentos.

El Sr. Ramos se negó rotundamente a entregar lo último, porque con anterioridad, usando de la acertada prevención, sacó los billetes de la caja de caudales, guardándolos en una cartera que introdujo en el bolsillo interior de la guerrera. Solamente dejó en caja una escasa cantidad de dinero en metálico. Por eso el Sr. Ramos Izquierdo accedió a ir con los moros hacia el lugar donde la caja se hallaba.
Pero cuando los cabileños se encontraron con tan poco dinero, sospechando que habían sido engañados, registraron al Sr. Ramos, apoderándose de los billetes que había guardado.

Los moros se repartieron por el interior del buque, combatiendo contra cuantos se encontraban en el interior de aquel.
En el mismo instante y aprovechando la intromisión de los indígenas en el interior del “Concha” fue arriado por los marineros uno de los botes salvavidas, en cuyo interior fueron colocados varios heridos que iban custodiados por individuos supervivientes que hacían de remeros. El bote se dirigía al cañonero “Lauria”.

Los rifeños, febriles, cuando se dedicaban al búsqueda de dinero, no repararon al principio en la marcha del bote; pero una vez percatados, hicieron contra él varias descargas.
De estas resultó un marinero herido en la frente, otro en una pierna y otro en el costado con tres balazos.

Algunos de los tripulantes del bote salvador se arrojaron al agua para librarse de las balas. Tales fueron las descargas hechas contra dicha embarcación, que agujereada por los proyectiles, comenzó a inundarse, amenazando hundirse.
En tan crítica situación llegaban al “Lauria”, cuyo comandante ordenó hacer fuego contra los hostilizadores de tierra quienes cesaron el tiroteo.
Los heridos y supervivientes llegaron a bordo del “Lauria” gracias a los cabos que se lanzaban.

Mientras tanto seguían los moros en el interior del “Concha” haciendo de las suyas.

Los pocos marineros que quedaban eran insuficientes para combatir contra el enorme núcleo de acometedores.
Entonces los rebeldes se apoderaron, llevándoselos prisioneros del Sr. Ramos Izquierdo y de los maquinistas Sr. José Silva y D. Antonio Casal, del segundo contramaestre de cargo D. José Bengala y del segundo contramaestre también D. Juan Mateo.

Cesó la hostilidad, y los moros solicitaron de los que en aquella ocasión mandaban el cañonero retirar los muertos y heridos suyos que había sobre la cubierta, los que se les permitió, con la condición de que no disparasen contra el buque mientras se procediera a recoger a los muertos y heridos españoles para enviarlos al cañonero “Lauria”. Los cabileños se marcharon conformes.

Mientras ellos conducían a sus botes los muertos y heridos, nuestros marinos se dedicaban a preparar una expedición de sus compañeros víctimas.

Pero los feroces moros, una vez que habían puesto a salvo a sus muertos y heridos cuando los que quedaban de la tripulación disponianse a hacer lo mismo con sus heroicos compañeros, comenzaron a disparar por descargas, trabándose nuevamente el combate.

Cuando cesó el fuego no quedaba en el “Concha” casi ningún tripulante, los heridos que se encontraban con fuerzas se arrojaban al agua para ganar a nado su salvación. Sábese que algunos de estos perecieron ahogados.

Hasta aquí llega lo manifestado por los marinos supervivientes…”

Otro relato : Mayordomo D. José Gómez Martín:

Bajo el título, “Un relato interesante”, ““Un héroe del “General Concha” El mayordomo José Gómez Martin. Relato interesante. Cádiz 18.”, dicho marino, daba a conocer los sucesos que habían tenido lugar a bordo, aquel 11 de junio de 1913

“…La ciudad de San Fernando, isla de León hallábase consternada verdaderamente por la dolorosa catástrofe del cañonero “General Concha”, cuya tripulación en su mayor parte, era de hijos de aquella población y allí residen sus viudas, sus madres…,sus familias, en una palabra familias llenas hoy de un luto inconsolable.

El cañonero “Recalde” había llegado con varios de los supervivientes, marineros, cabos de mar, condestables; algunos de los pocos que libraron la vida y la libertad en aquel alarde de salvajismo pirata. ¿Quién los encontraba?.

Casi todos habían dedicado el día de fiesta a celebrar con sus familias la suerte inefable de volver a ella; en sus casas era cosa dificilísima hallarles; pero como allí estaba la nota periodística, allí fuimos ampliando nuestra peregrinación hasta que la suerte propicia nos deparó en su domicilio a uno de los más esforzados héroes de la triste jornada, el mayordomo D. José Gómez Martín, que rodeado de su esposa,, de su madre, de sus hermanos, descansaba en una modesta y alegre casita de la calle de San Marcos, cuyos amplios balcones nos ofrecen el espectáculo maravilloso de estas innúmeras pirámides de sal.

-¿Dormía usted?- le preguntamos.
-No señor. Desde el día doce no he conseguido conciliar el sueño más que en ratos muy cortos. Es muy grande todavía el efecto de la impresión que recibimos. Nací verdaderamente aquel día.

-Han circulado diversos relatos del suceso. ¿Usted quisiera decirme lo que ocurrió?.

Y el valiente, con naturalidad y sencillez grandes, nos dijo poco más o menos, lo que sabrá el que leyere.
-Pues verá usted: como a las ocho menos cuarto del día doce navegamos frente a Alhucemas; una neblina espesísima nos impedía a distancia de dos o tres metros; tomadas cuantas precauciones aconseja el peligro íbamos cuando un golpe seco, duro inconfundible nos puso en conmoción a todos; el cañonero había embarrancado. Las vías de agua se acusaron pronto, y el heroico comandante don Emiliano Castaño empezó a dictar las medidas para remediar las averías, en lo que se ocuparon sin pérdida de tiempo los noventa y ocho hombres de la tripulación. Reconocido el barco, se dispuso que un bote, mandado por el alférez de navío don Juan Felipe Lazaga, se dirigiese a Alhucemas para pedir auxilio. “El Concha” no tenía telegrafía sin hilos.

Entre tanto, cuatro o cinco moros llegaron desde aquellas rocas. Se enteraron de lo que ocurría, se dieron cuenta de nuestra situación y vendiéndonos amistad y confianza, pudo apreciarse que uno de ellos se destacaba, marchándose a tierra. No se hicieron esperar mucho tiempo.
Las primeras agresiones fueron desde lo alto de las rocas escarpadas, que ya aparecían llenas materialmente de cabileños. A pedradas simplemente a pedradas, es decir, desgajando grandes peñascos que caían desde lo alto, nos causaron grandes destrozos y algunos contusos, completamente a mansalva. Sonaron los primeros disparos, que se contestaban desde a bordo, en absoluto descubiertos. Nosotros tapábamos con colchones las vías de agua pero nada conseguíamos.

Enormes núcleos de moros se acercaron a nado, y fueron recibidos con nutridísimo fuego de fusilería; puede usted asegurar que les causamos numerosísimas bajas; pero a unos grupos se sucedían otros de mayor número y llegaron a invadir el barco. Allí la lucha fue terrible. En el primer encuentro cayó a proa, atravesado por varios, el pobre comandante. Asume el mando el segundo, señor Ramos Izquierdo, a quien también hirieron los moros en un brazo.

Ya…¿a que seguir? El combate fue una cosa horrible. Como el móvil de aquellos forajidos era solamente el pillaje, entraban como trombas en las camaretas y de allí se llevaban cuanto tenían a mano, ropas nuestras, dinero, todo. Inutilizamos las ametralladoras y muchos fusiles; pero lograron llevarse algunos y municiones. Ya se acercaban el “Lauria” y el “Recalde”; pero no podían aproximarse porque los botes no tenían defensa, y si cañoneaban nos cañonearían a nosotros.

A nado sálvaronse algunos compañeros; otros murieron a balazos y dos se habían ahogado porque no aparecen.

Yo recogí cuantas municiones pude, me parapeté en una escotilla y allí permanecí diez horas. Diez horas horribles. Ahora que… moro que se presentaba, moro que recibía un balazo de mi fusil “puede usted creer que vi caer a más de treinta”. En cubierta el espectáculo era espantoso. Los moros mismos matábanse unos a otros, disputándose el botín. Otros se vestían trajes de marineros nuestros, para que no les dispararamos… y, cuando terminadas mis municiones no veía salvación, me tendí entre dos cadáveres y me respetaron, porque también me creían muerto. Conservé un revolver, con el que pensaba quitarme la vida si aquellas hordas me hubiesen apresado. Dos horas estuve así, y nunca podré olvidarlas mientras viva.

Hechos heroicos, muchísmos, todos los de todos. El practicante, el gaditano Manuel Quignon, hizo cosas admirables. Últimamente recorría los sitios del peligro llevando amarrada una colchoneta al pecho y otra a la espalda con la que algo se resguardaba de los proyectiles; pero más de una vez cayó a tierra por la violencia de estos. El segundo, señor Ramos Izquierdo, con los brazos atravesados de dos balazos, se negó a moverse del cañonero cuando le invitamos a salvarse, ya que toda resistencia era inútil, en un botecillo que logramos arriar y en el cual nos salvamos entre una lluvia de balas. También nos mataron allí dos hombres.

Ya sabrá usted que los moros pidieron por el rescate de los prisioneros cincuenta mil duros y el barco.

No sigo más, señor periodista. El verme a salvo con mi madre, con mi mujer, aquí en mi casa, no lo creo aún; es un milagro patente.

Todo lo perdimos a bordo, el dinero de nuestra paga, el fondo del cargo, que yo llevaba, toda la ropa. En fin: todo, todo. Puede usted decirlo: todo.

La sencillez del relato es su mayor elocuencia. Mi pluma solo ha hecho copiar las palabras de Gómez Martín, quien, afabilísimo, nos despidió, dándonos las gracias por cuanto pudiéramos hacer a favor de que su triste situación sea tenida en cuenta por el Gobierno.

Rafael García…”

Cautiverio

Los marinos españoles que cayeron prisioneros en manos de los de la kábila agresora Bocoya (auxiliada en el ataque por los aguerridos kabileños de Beniurriaguel), en los primeros momentos del combate y, al final, cuando a bordo del “General Concha”, sólo quedaban el alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo y aquellos, que no sabían nadar, fueron agrupados en casa del moro de dicha tribu, Larbi, el cual, se declaraba “amigo de España”. Aún y así, se tuvo que negociar el rescate de los mismos.

De dicha agrupación y estado de los marinos, “La Correspondencia de España”, del domingo 15 de junio de 1913, daba la siguiente noticia (textual):

“…Los prisioneros. Han conseguido los moros amigos de la kabila Bocoya que los prisioneros estén reunidos, habitando la casa del Larbi, de la citada kabila. Se asegura que el marinero herido José Ariza González, prisionero en casa del moro Sibera, falleció ayer, a causa de las heridas. Este marinero se encontraba con dos más. Se reciben nuevas cartas de los prisioneros, asegurando que están bien tratados.

El rescate. El comandante militar de Alhucemas, señor Gavila, sigue trabajando para conseguir el rescate de los prisioneros, y se cree que no tardará en conseguirlo. Reina tranquilidad en la plaza…”

Más adelante, de las gestiones practicadas por dicho comandante, el Comandante General, informaba a Madrid, del estado y localización de los prisioneros en el siguiente parte: (textual)

“…En el Ministerio de Marina han sido facilitados ayer los siguientes telegramas:

El número de prisioneros.- Del comandante general de Melilla. Según noticias que recibo del campo, número de prisioneros es de catorce, incluyendo en ellos al oficial que se encuentra en fracción Taurart de Bocoya; algunos de ellos han pedido, por conducto comandante militar Alhucemas, comida, ropa, mantas y elementos curación, y todo ello se les ha mandado inmediatamente.

Desacuerdo entre número prisioneros que ahora indico a V.E., y el que comuniqué ayer, obedece a dificultad conocer número exacto de ellos, que claro es, habrá de descontarse el de muertos se supone hay en el “Concha” que tampoco es posible conocer por el pronto exactamente, por no poder reconocer restos barco. Pongo todos los medios para reconstruir detalles y nominalmente suerte ha corrido cada tripulante barco referido, y tan pronto complete relaciones estoy formando, daré cuenta a V.E.

Los heridos.- Del comandante general de Melilla. Heridos del “Concha” que ingresaron ayer en el Hospital de esta plaza son: cabo cañón Antonio Mesa, marinero Alarcón, muy graves; cabo cañón Francisco García Benedicto, marineros Emilio Vaqueiro, Luis Escobero, Santiago Bárcena, José Real González y Juan Durán, menos graves; cabo cañón Francisco López Fontcubierta y marineros Vicente López Moreno, Antonio Carrillo Marín, Juan Soler Carmona, Rafael Pinazo Guerra, Manuel Bravo, Secundino Agraro; fogonero Sebastián Sánchez Ariza y carpintero Cristóbal Moreno Benítez; de ellos ha fallecido el marinero Salvador Alcón, los demás siguen en general mejorando.

Los prisioneros.- Del comandante general de Melilla. Los tripulantes del “Concha” de que tengo noticias son alférez de navío Ramos Izquierdo y marinero Barroso, que están en casa del moro Larbi, confidente nuestro; marineros Mateo Casal y Lagostera, en casa del Marzo, de la familia del anterior; cabo de fogoneros Juan Aragón, maquinista José Ariza y marinero José Picón, en casa de Civera, todos en la kabila de Bocoya, y en la de Taxdirt Beniurriaguel el contramaestre José Fernández que está, que está en casa del moro Médico, y contramaestre José Bencala y aprendiz de maquinista Fernando, en casa de un primo del moro llamado Moreno.

Todos están en casa de amigos nuestros; negociaciones para rescate van por buen camino, esperando se consiga en breve libertad.

Número exacto.- Del comandante general de Melilla. Aunque por dificultades comunicarme con barcos no me es posible asegurar rigurosa exactitud número de bajas de tripulación Concha, interin no reciba relaciones nominales que he pedido puedo anticipar a V.E que son las siguientes: 17 muertos y 17 de heridos, de estos siete tan leves que han sido dos dados de alta (se refiere al carpintero Cristóbal Moreno y a Antonio López Moreno), 11 prisioneros cuyos paradero conozco, y el resto de la tripulación salvada a bordo del “Lauria”…”

Hans Nicolás i Hungerbühler


El final del cañonero "General Concha" ( y 3 )


El renegado "moro Joaquín"

Los moros, entre otras cosas, pedían para ellos, el cañonero “Concha” como rescate, y para apoderarse de las municiones que había en su interior y de lo que pudieran rapiñar, cosa a lo que los marinos españoles contestaron negativamente, motivo por el cual, fueron volados sus restos a cañonazo limpio, por los cañoneros “Lauria”, “Recalde” y el crucero “Reina Regente”, los cuales, dispararon con objeto de destruirlo sobre el casco reduciéndolo a un montón de hierro retorcido.

Liberación de los cautivos
Algunos de los marinos prisioneros, se fugaron, otros fueron liberados. Una de las fugas, la del alférez de navío D. Rafael Ramos Izquierdo, junto con el maquinista Casal Rugero, el contramaestre Juan Mateo, el fogonero Lagostera y el marinero Ángel Barroso, transcurrió según contaron de la forma siguiente: (textual)
“…Estaban los prisioneros en casa del hijo del Larbi, y salieron con canastas con el pretexto de ir a coger higos. Andando a buen paso llegaron en dos horas desde dicha casa a la playa para embarcar en un bote de remo.

Pudieron escapar gracias a la ayuda del moro Larbi y del renegado español Joaquín. Cuando los kabileños se enteraron de la fuga, persiguieron al bote en que iban los cautivos con otro de vela y remo desde el que hicieron algunos disparos. Pero apareció en aquel momento el cañonero “Recalde” y gracias a la presencia de este barco se salvaron pues enseguida se volvieron sus perseguidores…”

La intervención del moro Joaquín en la fuga, fue según se dio a conocer a la opinión pública, la siguiente: (textual)
“…Dicen que lograron evadirse gracias a un renegado español que se llama Joaquín, y que ahora es un moro muy conocido en el territorio que estuvieron prisioneros.
Joaquín pretextando coger brevas de una higuera próxima al sitio en que ellos estaban, les indicó que podían salir. Cuando se vieron libres, Joaquín les indicó un cárabo, que tenía preparado diciéndoles que les llevaría a Alhucemas.
Los marineros del “Concha” así lo hicieron, divisando al poco tiempo de remar al cañonero “Recalde”…”

Ya sólo quedaban cautivos el cabo de fogoneros Juan Aragón y el marinero José Picón.
Una de las personas que al parecer, ayudó a escapar del cautiverio según se ha visto, a algunos tripulantes del cañonero “General Concha”, todo y que Jordana se hallaba en trámites para el rescate de los mismos, fue un personaje conocido como el “Moro Joaquín”, pero realmente, ¿quién era el moro Joaquín?. Inicialmente, se dijo que se llamaba Joaquín Ibáñez Bellido, natural de Teruel y que se encontraba en Alhucemas cumpliendo condena en el presidio, por haber cometido un crimen, habiendo sido su pena, la cadena perpetua. Hacía 9 años que se había fugado y que desde esa fecha, vivía en el campo moro. Casado con una mora, tenía en 1913 4 hijos y temiendo ser represaliado con la muerte, por los moros por su intervención la fuga de los españoles, deseaba se le autorizara a vivir en Melilla junto a su esposa mora y sus hijos. Rogó insistentemente al alférez de navío D. Rafael Ramos Izquierdo, intercediera ante las autoridades españolas para que le concedieran el perdón cosa que creían bien merecida por su ayuda, cosa que sucedió.
En el rotativo madrileño “La Correspondencia de España” del 5 de julio de 1913, se daba a conocer con la siguiente noticia (textual), quien era este personaje, bajo el título “Una figura novelesca, el renegado Joaquín Ibáñez”.

“…Un redactor de nuestro querido colega “Diario de Avisos de Zaragoza” ha celebrado una interviú con D. Joaquín Monzón capellán del Regimiento de Infantería de Aragón, quien conoce muy bien, por haberle tratado en Alhucemas, al famoso renegado Joaquín Ibáñez, de quien tanto se habla desde que contribuyó eficazmente a la libertad de los cautivos del “Concha”.
Es tan interesante el relato hecho por el Sr. Monzón y publicado por el perióco de referencia, que creemos oportuno reproducirlo en casi su integridad.

¿Cómo conoció a Joaquín?
Era de rigor comenzar por ahí; así lo hicimos, y el Sr. Monzón contestó: -“En 1906, en comisión de servicio, fui destinado a Alhucemas; esto que casi no llega a islote, pues es más propiamente un peñasco de unos 120 metros de largo por unos 75 de ancho, era antes donde se encontraba emplazado el presidio de su nombre; no hice más que llegar, y un oficial compañero, íntimo amigo, lo primero que me enseñó fue la casa de Joaquín.

A unos 1.500 de Alhucemas está situada; su frente mira a España; es por fuera poco más o menos, como todas las demás, quizá un poco mejor; colocada encima de la playa, es como un intermedio entre nuestra Patria y la kábila. Como si al colocarla allí, su poseedor hubiera querido respirar la brisa que del lado de su Patria llega.

En Málaga se recibieron noticias de que una kabila rifeña había hecho propósito de hacer un alijo de armas por valor de 20.000 pesetas.
No se sabe como, unos cuantos malagueños concibieron hacerles una jugarreta, y a este propósito enviaron emisarios a esa kábila.; después de algunos cabildeos, entregaron los moritos el dinero, y aún no han recibido arma alguna de aquel alijo.

Para celebrar este engaño, la oficialidad de Alhucemas fuimos invitados por los contrabandistas malagueños a comer dos carneros en Cala-Bonita; asistimos, y con nosotros venían los Sres. Villanueva y Tur.
En aquella jira me fue presentado el moro Joaquín por un oficial; hablamos buen rato, y no quiso presentarse al coronel por si lo tomaba éste como un alarde.

Historia del moro Joaquin
Cuando salvó, con exposición de su vida a Mr. Delbrel y a D. Enrique Arqués, acompañados después desde Es-Senada a Zeluán, estuvo en Melilla, y las autoridades militares, a pesar de saber esto, no quisieron capturarlo; les parecía mal pagar con esa acción la noble y patriótica que acababa de realizar Joaquín. Es más le permitieron extraoficialmente venir con nosotros, en el mismo buque, desde Melilla a Alhucemas, para evitar así la caminata de ocho días que había de hacer para retornar a su hogar.

Intimamos en este viaje, y ya en Alhucemas venía a la plaza algunas veces, medio a escondidas, y para mi casa era siempre su primera visita. Pasábamos grandes ratos charlando de España, y él desahogaba su dieta forzosa de licores con tragos de anís, al que es aficionado; en estos ratos, a retazos incoherentes me contó su vida.

Nació en Perales, provincia de Teruel; tenía varios hermanos; cuando yo estuve representaba unos cuarenta años.
Por el camino de la vida, largo y espinoso para él, siguió los años primeros; fue esquilador una larga temporada; no sé qué crimen cometería, porque siempre por delicadeza yo y por vergüenza natural para él, rehuimos esta conversación.

Paso por alto la estancia en el presidio, su fuga nocturna descolgándose desde la parte más alta del Peñón hasta una barca en la que le esperaban varios moros, que en unión de un compañero de presidio también fugado, les hicieron sufrir mil penalidades; huyeron de ellos y se refugiaron en el poblado de Axdirt, kábila de Beni-Urriaguel, donde fueron caritativamente recogidos, por el armero del poblado, notable de la kábila, respetado y rico. Su compañero de fuga se marchó a poco y vino a España; fue cogido y reintegrado el presidio.

Su vida en la kábila
El “moro Joaquin” quedó en la kábila al servicio primero del armero que le recogió y le amparó, pero sin quererse dedicar a este oficio. Prefirió el de hojalatero y estañador; entre algunos objetos que fabricaba con botes de hoja de lata y sencillas compostura de cacharros agujereados que hacía, fue formándose una vida independiente; amplió después y unió este oficio al de platero, confeccionando sencillos collares, pendientes y otras alhajas para las moras con metales baratos y arreglando los que de Argelia se traían los “notables” del poblado.

Aún no contento con estos oficios, puso también su taller de carpintería, que fue el que verdaderamente le colocó en desahogada posición; comenzó por hacerse su casa actual a estilo europeo, con tablas, en lugar de hacerlo con troncos como allí se estilaba; se puso “de moda” este género de construcción, y en poco tiempo no hubo en el poblado una casa donde las ventanas o las puertas y hasta la casa entera no fueran obra de Joaquín o de sus ayudantes.
En los ratos de ocio enseñaba a los moros a hablar y escribir en castellano, amén de los rudimentos que poseía de Aritmética, Geografía, etc…

El moro Joaquín en España
Es esta situación se hallaba el “moro Joaquín”, cuando recibió una carta de un hermano suyo, en la que le participaba que su padre estaba gravemente enfermo, que todos sus hermanos estaban en el pueblo, y que el moribundo quería verlo antes de terminar su vida.

Por toda contestación, reunió sus ahorros y marchó a Nemours, puerto cercano a Argel, donde embarcó para Valencia. Ya en España se dirigió a Perales, donde llegó días después de enterrado su padre.
Pero un pariente próximo del muerto avisó a la Guardia Civil de la presencia del ex presidiario en el pueblo, y una noche cercaron la casa, poniéndole en grave aprieto; milagrosamente logró escapara saltando la tapia del corral y huyendo a campo a traviesa.

El motivo que impulsó al pariente a denunciarle no fue otro que quedarse con los míseros terrones de tierra que su padre cedió al morir a Joaquín.
A pie con mil privaciones llegó a Valencia; sin recursos, hubo de esperar a que un hermano suyo se los llevara, y ya con dinero regresó por el mismo itinerario a su hogar rifeño.

Sin embargo, apenas se internó en Quebdana, fue asaltado por unos bandidos moros, que le robaron el dinero y objetos de valor que llevaba y le dejaron maltrecho. Siguió valientemente su camino, y consiguió llegar a Axdir, después de una penosa marcha.

Su matrimonio
En la kábila de Beni-Urriaguel los notables principales como el Sindi, riquísimo propietario, cuyo capital pasa de 40.000 duros; Moham Bocoy, otro principal propietario, también con gran capital; el digno y caballeroso notario Abel-Crin y otros muchos hubieran visto con agrado que Moham el renegado, como se llama el “moro Joaquín” en aquella tierra, se hubiera casado con sus respectivas hijas; las condiciones de laboriosidad, honradez y talento de Joaquín no influían tanto como su criterio, sustentado muchas veces en público, de que sólo tendría una mujer y se dedicaría a su felicidad, sin que tuviera la elegida que compartirla con otras, según la costumbre del país.

Y no eran las moritas menos encaprichadas y hasta empeñadas en que esto sucediera; pero Joaquín no se deslumbró con riquezas ni poderes. Eligió por mujer única a la hija del armero en cuya casa fue asistido y encontró asilo y refugio a su llegada al país; sobrepuso el agradecimiento a todo, aunque el amor tuvo gran parte en su elección.
Adora a su mujer, a quien trata con gran respeto y cariño, y ella, por su parte, corresponde a ese cariño.

En 1906 sólo tenía un hijo, morenote, sano, robusto, muy parecido a su padre, que lo instruye, en cuanto sus condiciones se lo permiten, del modo más perfecto posible.
Hoy según he leído, tiene ya cuatro hijos; le supongo rodeado de todos ellos y enseñándoles castellano y quizás hasta doctrina.
Allí tiene un íntimo amigo, vecino además llamado Amorcito, de quien nos servíamos para comunicarnos con él cuando le era imposible venir a Alhucemas.

Parece que algunas veces mostraba deseos de marchar a Méjico donde tiene ya un hermano, precisamente el que le llevó los recursos a Valencia cuando la muerte de su padre, y a quien quiere entrañablemente; pero las mujeres moras son completamente refractarias a abandonar su país, aún estando seguras de que en otra parte han de mejorar de condición y de vida; esta es la causa que seguramente le ha retenido en el Rif, además de su amor a España.

Comentando el indulto

Todo esto nos dijo el Sr. Monzón, y al comunicarle nosotros el propósito de Romanones de poner el indulto a la consideración del Rey en el Consejo de hoy, añadió: -“Me alegro muchísimo, y desearé verle por aquí, aunque sólo sea unos días, porque seguramente Joaquín se volverá al Rif; no quedará en su tierra, puede usted afirmarlo”-. Cuando el salvamento de Arqués y Delbrel se habló de indultarlo, y él esperaba que sería así; pero le exigían que se constituyese nuevamente en prisión, a lo que no quiso acceder…”

El 1 de julio conseguían la libertad los contramaestres D. José Bendala y D. José Fernández Luceiro. A la mañana siguiente, llegaban a borde del “Recalde”el fogonero primero D. Juan Aragón y el segundo fogonero José Picón.

Fuentes :
“La Correspondencia de España”, núm. 20.215, pág. 2, Madrid 17 de junio de 1913.
“España en sus héroes”, Zafarrancho de combate en el cañonero Concha. Madrid 1969.
“ABC”, Madrid, lunes 16 de junio de 1913. Pág.10.
“La Correspondencia de España”, Segunda edición para Madrid núm. 20.211, pág.1, Madrid viernes 13 de junio de 1913.
“La Correspondencia de España”, Segunda edición para Madrid, núm. 20.212, pág. 5, Madrid sábado 14 de junio de 1913.
“La Correspondencia de España”, segunda edición para Madrid, núm. 20.216, pág. 2, Madrid miércoles 18 de junio de 1913.
“La Correspondencia de España”, Segunda edición para Madrid núm. 20.217, pág. 2, Madrid jueves 19 de junio de 1913.
“La Correspondencia de España”, segunda edición, núm.20.222, pág. 7, Madrid martes 24 de junio de 1913.
“La Correspondencia de España”, segunda edición para Madrid, núm. 20.226, pág.2, Madrid, sábado 28 de junio de 1913.
“El Imparcial” Diario Liberal, pág. 2, Madrid viernes 13 de junio de 1913.
“Heraldo de Madrid”. Núm. 8.236, pág. 2, Madrid jueves 19 de junio de 1913.
“La Época”,Últimos telegramas y noticias de la tarde. Madrid núm. 22.494 pág. 2. Madrid, jueves 12 de junio de 1913.
“La Correspondencia de España”, segunda edición, núm. 20.213, pág. 2, Madrid domingo 15 de junio de 1913.
“Vida marítima”, blog en Internet.
“España en sus héroes”, núm. 11 “Zafarrancho de combate en el cañonero “Concha”, pág. 350, Madrid 1969, ABC, Madrid 13 de junio de 1913,y ABC de Madrid, pág. 6 de 9 de agosto de 1913, “La Vanguardia” Barcelona, pág. 8, sábado 14 de junio de 1913, apuntes biográficos del capitán de corbeta, D. Emiliano Castaño Hernández.
“La Época”, Últimos telegramas y noticias de la tarde, núm. 22.500, págs. 1 y 2, Madrid miércoles 18 de junio de 1913.
“La Correspondencia militar”, Cinco ediciones diarias, núm. 10.352, pág.2 Madrid, martes 17 de junio de 1913.
Notas biográficas del alférez de navío D. Rafael Ramos Izquierdo y Gener, obtenidas de “España en sus héroes”, fascículo núm. 11, “Zafarrancho de combate en el cañonero General Concha”, pág. 346, Madrid 1969.
“La Vanguardia”, Barcelona, pág. 9, sábado 14 de junio de 1913.
“La Vanguardia”, Barcelona, pág. 8, lunes 16 de junio de 1913.
“La Correspondencia de España”, segunda edición para Madrid, núm. 20.233, pág. 1, Madrid sábado 5 de julio de 1913. (Notas sobre el “Moro Joaquin”.
“La Correspondencia de España”, segunda edición para Madrid núm. 20.227. pág. 1, Madrid domingo 29 de julio de 1913.
“La Correspondencia de España”, segunda edición para Madrid núm. 20.219, pág. 1, martes 1 de julio de 1913.
“La Correspondencia de España”, segunda edición para Madrid núm. 20.230, pág. 1, miércoles 2 de julio de 1913.

Anexo significados:

Condestable: Cargo ocupado generalmente por el suboficial más antiguo del servicio de armas, encargado de supervisar a bordo, las existencias de armamento, munición y de todo el material propio del servicio, así como de su mantenimiento.

Contramaestre: En la actualidad, persona encargada de conducir a la marinería. Es personal de maestranza y responsable directo de la ejecución de las órdenes del capitán del buque en lo que a mantenimiento se refiere. Entre sus funciones están:

- Vigilancia sobre la conservación de los aparejos de la nave y, proponer al capitán, las reparaciones que crea necesarias.
- Arreglar en buen orden el cargamento.
- Tener la nave expedita para las maniobras que exige la navegación.
- Mantener orden, disciplina y buen servicio en la tripulación. Solicita al capitán órdenes e instrucciones que sobre todo ello, estime necesario y dar aviso al mismo, de forma pronta y puntual de cualquier ocurrencia que requiera la intervención del mismo.
- Detallar a cada marinero, de acuerdo a las instrucciones recibidas, el trabajo a realizar a bordo y la vigilancia del correcto desempeño del mismo.
- Encargado del inventario en el momento de desarme de la nave, de todos sus aparejos y pertrechos, cuidando de su conservación y custodia a menos, que por el naviero, sea relevado de esta misión.
- Por imposibilidad del capitán y del piloto, suceder en el mando y responsabilidad de la nave.

Hans Nicolás i Hungerbühler.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

1913:LA TRAGEDIA DEL CAÑONERO "GENERAL CONCHA"







1913: Recuerdos de la tragedia del
cañonero “General Concha “

Algo más de luz sobre un suceso que conmovió



a Melilla y toda España un día once de junio

por Juan Díez Sánchez
( de la asociación de Estudios Melillenses )

A pesar de haber transcurrido casi cien años de este acontecimiento, su memoria sigue aún viva entre los melillenses. Permaneciendo presente parte del equipo técnico del buque en el Museo Militar de la ciudad, y en el Cementerio de la Purísima Concepción sobrias tumbas recogen los restos de tres de sus marineros, entre los que se encuentra el cabo de cañón, Antonio Mesa. Heroico tripulante del “General Concha” que fue merecedor de una calle en el Barrio del Hipódromo, arteria donde se ubican las instalaciones de la C.O.A.
El desgraciado acontecimiento fue noticia en la prensa local y nacional. Recogido en publicaciones, tarjetas postales, colecciones de cromos de la época y más tarde en la colección de fascículos “España en sus Héroes”, editado por Ornigraf,S.L., en 1969. El antiguo Cronista Oficial de la Ciudad, Francisco Mir Berlanga publicó un artículo titulado “La pérdida del cañonero General Concha” en las páginas de El Telegrama de Melilla el 18 de enero de 1976, y nosotros también dimos a la publicidad en El Telegrama de Melilla una serie de tres artículos sobre el tema, entre los meses de junio y julio de 1993, coincidiendo con el ochenta aniversario de la desgracia y después de adquirir una colección fotografías originales de los supervivientes del cañonero. Finalmente, el julio de 1998 nuestro amigo Juan _Sierra Moldero en la prensa local también recordó el suceso.
En el mes de enero del año 2000 tuvimos ocasión de facilitar información a una señora, nieta de José Gallardo, marinero de este buque.
Más la razón que nos mueve a escribir de nuevo sobre el embarrancamiento trágico del “General Concha” es la de aportar un dato inédito relacionado con el rescate de los marineros que quedaron prisioneros de los rifeños. Así como la exposición sobre el Titanic, naufragado un año antes, en 1912, que tiene lugar en la actualidad en la ciudad, sucesos que guardan una cierta y lejana similitud.




La tragedia
El día 11 de junio de 1913 y debido a una espesa niebla, el buque de guerra español “General Cocha”, un cañonero botado en el año 1882 y que desplazaba 548 toneladas, embarrancó en la ensenada de Busicut, cerca de Alhucemas. Un lugar que había servido de importante refugio de piratas hasta hacía unos quince años, aunque tiempo después y en la misma zona capturaron a un grupo de marineros civiles españoles.
Recordemos que la inseguridad de las costas del Norte de África había impulsado anteriormente, a comienzos del siglo XIX, a los Estados Unidos de América a realizar bombardeos en diversos puntos de la costa de Argelia.
El 26 de agosto de 1923 también embarrancó el acorazado “España”, junto al Cabo de Tres Forcas, y curiosamente parte de la estantería de su biblioteca la conservamos, tras haber permanecido durante muchos años en un antiguo y céntrico comercio melillense formando parte de su mobiliario.
Inmovilizado tras chocar con dos enormes peñas y con algunas vías de agua, el buque “General Concha” fue asaltado por los rifeños, y aunque pronto se enviaron desde Melilla varios navíos en su ayuda. Su tripulación sufriría numerosas bajas y algunos serían capturados
El más importante de los diarios locales, El Telegrama del Rif consiguió precisa y privilegiada información gracias a sus excelentes relaciones con el Ejército, disponer de corresponsales permanentes desde hacía años en la entonces isla del Peñón de Vélez y archipiélago de Alhucemas. Y además El Telegrama logró embarcar al periodista Rafael Fernández de Castro, años después Cronista Oficial de la Ciudad, en uno de los primeros buques que salieron de Melilla en socorro del cañonero siniestrado. Fernández de Castro sería el único periodista testigo presencial y a través del telégrafo, que dio preferencia a las informaciones del suceso, transmitiría hasta Melilla las novedades de la catástrofe. Noticias de las cuales se harían eco el resto de publicaciones nacionales.
El “General Concha” realizaba tareas de patrullaje por las costas del Rif y fortuitamente encalló en un paraje habitado por los aguerridos bocoias que fueron auxiliados por los también combativos vecinos beniurriagueles, quienes armados y desde posiciones ventajosas infirieron graves pérdidas a la tripulación del cañonero.
El buque había salido el día 10 de junio de 1913 de Almuñecar tras repostar víveres, y cuando se dirigía hacía la bahía de Alhucemas, pasadas las tres de la madrugada, se presentó una densa niebla que obligó a moderar la velocidad. No obstante la niebla hizo confundir la punta de Busicut con Morro Nuevo, y al variar el rumbo quedó empotrado, eran las siete y cuarenta y cinco minutos de la mañana del día 11. Otro fatídico 11.

Primeros auxilios
Una vez embarrancado, a un centenar de metros de la costa, su comandante intentó sacar el navío de la apurada situación dando marcha atrás, achicando el agua que entraba por dos vías abiertas en la proa y fijando unos cables a la costa. Al no tener telegrafía y en demanda de socorro partió hacía Alhucemas un bote con nueve hombres.
Tras conocerse el accidente en Melilla, partieron numerosos buques en su auxilio, incluso procedentes de Cádiz y de Gibraltar salieron varios remolcadores. Siendo un par de pesqueros los primeros en acudir, así como una lancha a motor propiedad de una “sospechosa” compañía minera.

La agresión
La acometida de los lugareños al buque siniestrado fue rápida. Congregados en las alturas, primero en actitud pasiva y luego agresiva, después de advertir a los marineros que dejaran de maniobrar, pues amenazaban con hacer fuego con sus fusiles. Con la clara intención de apoderarse de todo cuanto transportaba el buque.
Tras una primera granizada de balas que sorprendió a la tripulación en cubierta. Los marineros buscaron resguardo y a continuación los rifeños asaltaron la embarcación, produciéndose un combate cuerpo a cuerpo en la proa, donde fueron hechos prisioneros varios tripulantes.
El tiroteo continuó hasta las dos y media de la tarde, cuando los atacantes propusieron, sin resultado, la entrega del navío. Y a las seis de la tarde tuvo lugar una conferencia, tras la cual se permitió la retirada de veintiún cadáveres de rifeños. Inmediatamente se reanudó el ataque, manteniéndose hasta las nueve y media de la noche. Intentándose nuevamente la rendición a cambio de respetar la vida de la tripulación.
A partir de ese momento el acoso se haría aún más intenso, ante la obligada pasividad de numerosos buques de guerra y mercantes españoles que presenciaban el martirio de unos compatriotas.

Salvamento
Como quiera que el “General Concha” comenzaba a hundirse por la popa, uno de los marineros a nado avisó a los jefes del cañonero “Lauria” de la precaria situación, y que iban a intentar salvarse lanzándose al agua, para nadando dirigirse hasta los buques próximos. Aprovechando la oscuridad de la noche, el “Lauria” acercó un bote y del “General Concha” partió otra lancha con supervivientes, patroneada por el cabo cañón Antonio Mesa.
A la una de la madrugada el cañonero quedó sumergido desde la popa a la escotilla de la cámara de oficiales. Quedando sólo a bordo el alférez Ramos Izquierdo, que por estar herido no podía moverse, y algunos marineros que no sabían nadar.
Por fin, a las cinco menos veinte de la madrugada del día 12 de junio de 1913, se recogía al último marinero en los buques que prestaban auxilio. Atrás quedaba el horror de una tragedia que cegó las vidas de doce marineros, entre ellos la del comandante del buque. Y dejó heridos a catorce, mientras quedaban prisioneros trece hombres. Treinta y nueve bajas en una dotación de ochenta y cinco tripulantes.

Destrucción del cañonero
Para que los rifeños no lograran apoderarse de su armamento, equipos y demás elementos, desde los primeros momentos se pensó en volar el buque utilizando la artillería de otros navíos de la Escuadra española.
Dado por perdido y ante la imposibilidad de salvarlo, al día siguiente del siniestro el buque de guerra “Reina Regente” cañoneó los restos del semihundido “Concha”. Más no conseguiría destruirlo completamente. Algo que realizó a la jornada siguiente acompañado por los cañoneros “Lauria” y “Recalde”, así como empleándose granadas rompedoras y perforantes.
Aunque entonces se dijo que antes de abandonarse, su tripulación había logrado inutilizar sus pequeños cañones y arrojar al mar el resto de las armas, así como que los rifeños tan solo se habían llevado ocho fusiles de los marineros muertos. Más tarde se sabría que los asaltantes se habían hecho antes de la destrucción del buque, con uno de sus cañones. Una pieza que utilizaron para atacar la isla principal del archipiélago de Alhucemas y la posición de Ishafen en noviembre de 1914 – un fragmento de granada utilizada en esta agresión se encuentra expuesta en el Museo del Ejército -, y por último también se empleó este cañón para bombardear Tetuán, donde al cerrarse mal, reventó matando a sus servidores.
Pasado algún tiempo, parte de los restos del “General Concha” fueron recuperados por buzos de Melilla. Y descendientes de éstos, hará unos treinta y cinco años entregaron al historiador melillense Constantino Domíguez Sánchez, la bitácora y un fanal del mismo. Siendo más tarde la bitácora donada al Museo Militar local.

Cautiverio
Como ya hemos mencionado, algunos tripulantes del “Concha” fueron hechos prisioneros en el transcurso del primer asalto que sufrió el buque, o porque quedaron en el navío por estar heridos o no saber nadar.
Los rifeños como hombres prácticos, intentaron capturar al mayor número de marineros, no sólo con el propósito de menguar el número de adversarios parar hacerse con el barco, sino también como medio para obtener algún dinero por el rescate de los mismos. Pues no olvidemos que los indígenas actuaban por libre en el conflicto contra los españoles y el secuestro de europeos era una forma habitual de ayudarse a sostener sus precarias economías domésticas.
En total resultaron capturados trece marineros, que en un primer momento fueron encerrados en cuatro lugares diferentes, Pero al poco tiempo y gracias a las gestiones de “moros amigos”, fueron agrupados, excepto dos de ellos.
De forma inmediata el comandante militar de Alhucemas inició gestiones en por del rescate. Enviando además medicamentos, provisiones, tabaco y periódicos. Muriendo al poco un marinero a consecuencia de las heridas recibidas.
El día 17 de junio fueron entregados en las islas de Alhucemas dos prisioneros, y a la semana, el 26 según informó la Prensa, “se produjo la evasión de otros cinco marineros” gracias a la colaboración del “moro Joaquín” y el confidente Larbi. Quienes con el engaño de llevar a los cautivos a lavarse en la playa y previo conocimiento del comandante militar de Alhucemas, el “moro Joaquín” y Larbi acompañados por los cinco prisioneros subieron a un bote y se dirigieron hacía el buque “Recalde”, donde los esperaban. Tras dos horas de bogar y mucho esfuerzo, pues los cautivos estaban débiles. Larbi era mayor y Joaquín no sabía remar. Por ello, al ser perseguido el bote, Joaquín arengó al resto de los fugados diciéndoles: -“¡ Hijos míos; por la Pilarica, bogar con fuerza !”
La noticia de la evasión sería muy celebrada y en Melilla se les tributó un gran recibimiento. Más tarde también serían puestos en libertada el resto de los prisioneros.

Otra verdad
En su día, cuando conocimos la singular huída propiciada por el “moro Joaquín”, expresidiario aragonés fugado al Rif y casado con una nativa. Que por su “hazaña” consiguió el indulto y gran popularidad a nivel nacional. Tomamos con reservas esta información, suspicacia que el tiempo acrecentó, y más tarde incluso aclaró cuando tuvimos la ocasión de charlar con un grupo de generales retirados que visitaban la ciudad y habían acudido a la Asociación de Estudios Melillenses a recibir una charla de Francisco Mir Berlanga. Pues bien, uno de estos generales después de comentar que había prestado servicio en la zona de Alhucemas tras la Guerra Civil, me dijo que tuvo ocasión de hablar con los rifeños más ancianos de Bocoya, allí donde embarrancó el “General Concha”. Y estos le habían dicho que los prisioneros lograron la libertad gracias al pago de un rescate, que como es natural, se mantuvo en secreto e incluso se quiso ocultar con el “gesto heroico” del “moro Joaquín”.
Diez años más tarde, a comienzos de 1923 el Gobierno español nuevamente se vio en la necesidad de abonar un rescate para conseguir la libertad de los prisioneros españoles capturados por Abdelkrim en la rota de Annual.

Artículo publicado en el suplemento dominical La Gaceta, del
Diario “El Telegrama de Melilla”, el 4 de abril de 2004.

Imágenes: Cromo de la época; fotografía captada por Carlos Lázaro, en la que se observan sentados en el Parque Hernández de Melilla al “Moro Joaquín ( 1 ) y a Larbi ( 2 ), artífices del rescate de parte de la tripulación del cañonero “General Concha” capturada por los bocoyas, y sepultura del cabo cañón Antonio Mesa, sita en el Cementerio de la Purísima Concepción de Melilla.

A. SILVA Y EL CAÑONERO "GENERAL CONCHA"







A. Silva: fotógrafo del suceso del cañonero “General Concha”

Una catástrofe de la magnitud y enorme repercusión nacional como la que alcanzó el embarrancamiento y asalto del cañonero “General Concha” en el mes de junio de 1913. Atrajo la natural atención de todos los fotógrafos de Melilla, entre quienes se encontraban el oficial de Infantería, Carlos Lázaro Muñoz ( 1888 – 1965 ) y su antiguo compañero en la Sección ciclista del Ejército en Melilla, el suboficial Agustín Silva Delgado ( 1884 – 1952 ).
Agustín Silva también cubriría la información de los efectos en Melilla del formidable temporal de 1927 que hizo zozobrar y embarrancar a varios buques en la rada, entre los que se encontraba el célebre “Collingdale”.

Persona muy conocida en la ciudad por su altruismo, Agustín Silva dirigió en 1913 siendo sargento, la Sección ciclista del Batallón Infantil.
Agente Comercial colegiado, fue Hermano Mayor de la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y de la Fé y María Santísima de los Dolores, fundada en el año 1943 en la Parroquia de San Agustín, del Barrio del Real, del que era vecino y miembro activo de su Comisión Organizadora de Festejos.
En los años veinte fue propietario del autobús Ford ML 161 y del turismo Fiat ML 1000. Ocupó cargo de dirección en la empresa de autobuses OAMSA, precursora de la actual C.O.A. y al terminar la Guerra civil fue nombrado Jefe del Sindicato de Transportes.
Como fotógrafo profesional trabajó para varias revistas ilustradas de ámbito nacional.




Fotografías: Ofrecemos dos imágenes de las tomadas por Agustín Silva y que junto con otras captadas por Carlos Lázaro, tuvimos ocasión de adquirir hace algunos años. Estas instantáneas recogen dos momentos de los supervivientes del cañonero “General Concha” en el puerto de Melilla, la primera corresponde a la llegada de los bravos marineros a bordo del “Recalde”, mientras que la
Segunda inmortaliza la despedida que se les tributó cuando partieron de Melilla a bordo del buque correo “Antonio Lázaro”.

Juan Díez

lunes, 21 de diciembre de 2009

EL GRAN HOTEL REINA VICTORIA ( 1 )




El Hotel Reina Victoria ( 1 )

por Juan Díez Sánchez
( de la Asociación de Estudios Melillenses )

En Melilla y durante el primer tercio del presente siglo los dos establecimientos hoteleros más importantes tomaron el nombre de “Reina Victoria” en atención a ubicarse en el barrio de igual nombre, en el centro comercial de la ciudad. El primer hotel con esta denominación se inauguró el 31 de octubre de 1908 y estuvo en funcionamiento hasta después del año 1927, cuando se abrió por sus propietarios otro nuevo hotel con igual nombre y mayores comodidades, que cerró en el año 1935.
Del primero de los hoteles “Reina Victoria” nos ocupamos a continuación.

Ubicación
Los dos hoteles como ya hemos mencionado se instalaron en el centro de la ciudad. El primero en la confluencia de las calles General Prim, Conde del Serrallo ( actualmente José Antonio Primo de Rivera ) y General Pareja. A esta última calle daba su fachada principal provista de marquesina sobre la puerta de acceso y rótulo con el nombre del hotel en grandes caracteres adosados a los balcones. También aparecía la denominación del hotel en los dos remates de la fachada que daba a los chaflanes.
Se levantó este primer establecimiento hoteleros en los terrenos que antiguamente fueron huertos regentados por los diferentes regimientos de guarnición en Melilla y desparecidos por constituir un permanente foco de enfermedades malignas y endémicas al estar regados por las entonces malolientes aguas del Río de oro. Surgió pues, ante las necesidades de alojamiento de la población, un nuevo barrio cuya construcción comenzó en 1908 y quedó casi finalizado a los dos años, en 1910.
La vertiginosa construcción de este barrio despertó la atención de los melillenses ociosos, durante algún tiempo, hasta que fue reemplazado el entretenimiento por las obras de montaje de la grúa Titán y trabajos preliminares para la construcción del Puerto, el tendido de las vías férreas sobre el firme del Paseo del General Macías, así como la instalación de una batería de costa en la cima del Cerro de Ataque Seco.
Los hoteles “Reina Victoria” fueron los de más renombre en Melilla, allí en 1910 recibía los encargos el célebre arquitecto modernista Enrique Nieto. Frente a su fachada había una parada de carruajes y en sus proximidades establecimientos comerciales como los grandes almacenes de los Hermanos Malpartida y confitería “Gurugú”.
Hotel Universal
Este era el nombre que en un principio los propietarios del hotel tuvieron en cuenta para el nuevo establecimiento.
A lo largo del verano de 1908 fueron numerosos los anuncios aparecidos en el diario melillense “El Telegrama del Rif” que informaban de la construcción y pronta inauguración de este hotel que marcaba todo un hito en la historia económica y social de la ciudad. No en vano tendría un comedor capaz de servir a más de cien personas juntas, un gran salón de lectura e incluso cuartos de baños. Ofreciendo cuarenta y cinco habitaciones amplias y bien ventiladas, lujosamente amuebladas, con luz eléctrica y timbres en todas ellas.
Para la dirección de la cocina ha sido contratado el renombrado jefe de cocina del Hotel Falcón de Barcelona don Juan Sellarés”.
Cambio de denominación
A finales del mes de agosto de 1908 los dueños del hotel decidieron cambiarle el nombre, poniéndole el de la entonces soberana de España, Victoria Eugenia de Battenberg, princesa inglesa que contrajo matrimonio el 31 de mayo de 1906 con el Rey Alfonso XIII.
Creemos este cambio de denominación debido a una muestra de afecto hacía la monarquía española y más concretamente por ubicarse el hotel en el Barrio de Reina Victoria. Una nueva urbanización conocida en su inicio y popularmente como Barrio del Parque, hasta el mes de junio de 1907 que fue cuando el Municipio, la Junta de Arbitrios, aprobó darle el nombre oficial de Reina Victoria y sus calles rotularlas con denominaciones de caudillos y lugares de la Guerra de África ( 1860 ) y de poblaciones de la Península con las cuales Melilla mantenía mayores relaciones.
A tenor de las costumbres de la época, el nombre de la Reina de España no sólo lo llevaría en Melilla su mejor hotel y barrio más céntrico; sino también tomaría tal denominación regia un importante teatro y el establecimiento de David J. Melul, un gran bazar, antiguo y acreditado que estuvo anteriormente situado en el número 26 de la calle San Miguel ( Pueblo ) y de nombre “Estrella Oriental” que a partir del mes de julio de 1908 se trasladó a los bajos del primitivo edificio número uno de la Avenida.
Igualmente el Comedor Popular de la “Gota de Leche” y una sala de los Centros Comerciales Hispano Marroquíes en Melilla tenían por nombre el de la Reina de España.
Curiosamente en 1904 y por tanto antes de la boda de Victoria Eugenia con Alfonso XIII, la Junta de Obras del Puerto de Melilla adquirió el vapor-remolcador “Lazaga” y le varió el nombre imponiéndole el de “Reina Victoria”.
Recientemente y en honor de la única Reina española que como tal había visitado Melilla hasta entonces, lo hizo en octubre de 1927, el Instituto de Enseñanza Secundaria antes conocido por Maestría Industrial y Formación profesional, tomó el aristocrático nombre de “Reina Victoria Eugenia”.
Inauguración
A mediados del mes de octubre de 1908 terminaron los trabajos de construcción del hotel Reina Victoria y pocos días después llegaba de la Península el mobiliario. Sin ninguna dilación los propietarios del nuevos establecimiento hotelero decidieron inaugurarlo en la noche del sábado 31 de octubre.
Esa noche con un “delicado banquete” ofrecido por los propietarios a las personas más salientes de Melilla y a sus huéspedes se inauguró con toda solemnidad el Hotel Reina Victoria. La banda de música del Regimiento de Melilla, entonces con acuartelamiento en el Cerro de Santiago, amenizó el acto en el que hubo los tradicionales brindis por la prosperidad del negocio.
Para la ocasión el edificio fue espléndidamente iluminado con arcos voltaicos y exornado con colgaduras rojas, destacando en la fachada principal la bandera española.
Al día siguiente “El Telegrama” se hizo eco de este evento de gran trascendencia para Melilla y que incluso había congregado a numeroso público en las inmediaciones del hotel. El periódico publicó el menú del ágape inaugural e igualmente hizo alabanzas de las magníficas instalaciones del establecimiento construido expresamente para hotel y por lo tanto con muchas comodidades hasta entonces desconocidas en Melilla, por emplazarse todos los antiguos hoteles en edificios concebidos inicialmente para viviendas.
Disponía el Hotel Reina Victoria de cuarenta y cinco habitaciones con mobiliario nuevo y alumbrado eléctrico. Cuarto de baños y duchas. Salón de lectura y un comedor amplio y elegante con “el techo una verdadera obra de arte de estilo modernista”
Pocos años después de su inauguración y tal como se refleja en un anuario de 1913, el Gran Hotel Reina Victoria experimentó una ampliación, pasando sus habitaciones a duplicarse en número, a ochenta. Al mismo tiempo que entre sus servicios ofrecía intérpretes a la llegada de los vapores y guías especiales para excursiones al Rif.
No podemos olvidar mencionar que la inauguración de este importante hotel supuso un gran paso en el desarrollo de nuestra ciudad y tuvo justificación ante las grandes perspectivas económicas que se auguraban para el inmediato futuro de Melilla como centro de una inminente acción de protectorado de España en el Rif. Algo evidente entonces, pues en los inicios de 1908 se ocuparon las posiciones de Cabo de Agua y la Restinga. Mientras que las compañías mineras adelantaban sus trabajos tanto en Uixan como en Melilla para la explotación de los ricos yacimientos de hierro así como de plomo, y además las obras preliminares para la construcción del ansiado Puerto, llave del desarrollo económico de Melilla, constituía un hecho palpable, un orgullo a la vista de todos.
Propietarios
Una sociedad fue la que construyó y durante los primeros años explotó el Hotel Restaurante Reina Victoria. José Calaf era uno de los primeros propietarios asociados, dueño a su vez, junto con Antonio Rovira del Hotel colón, antes denominado Asia, y que fue el primer hotel de Melilla estando ubicado en el Barrio del Polígono, en la misma acera de la calle Margallo que el antiguo Mercado Central.
Curiosamente casi en el mismo lugar donde se emplazó el Hotel Reina Victoria, en 1893 se situó en una tienda de campaña el pionero de los restaurantes de la historia de Melilla. Un restaurante que después se trasladó al Barrio del Polígono y su dueño, José Torres Pubill, transformó en 1900 en el primer hotel que tuvo nuestra ciudad, aquel legendario Hotel Asia.
En abril de 1910 el Hotel Reina V. pasó a ser propiedad de los señores Guitart y Compañía, una sociedad en comandita que entre sus primeros proyectos para el establecimiento, se proponía introducir importantes mejoras para colocarlo a la altura que demandaba el creciente auge de la ciudad. Años después nuevamente cambiaría de dueños, haciéndose cargo de él Ramón Gironella quién en 1927 construyó un nuevo hotel con igual denominación que perduró hasta el año 1935, manteniendo activo también el antiguo.
Nuevo Hotel Reina Victoria cuyo edificio es hoy conocido popularmente por los melillenses como “La Casa de los Cristales”.




Artículo publicado en el diario El Telegrama de Melilla el domingo 13 de diciembre de 2009.