lunes, 31 de enero de 2011

PABLO SENDRA, ALFEREZ LEGIONARIO

Tizzi Assa, junio de 1923 :

D. Pablo Sendra Font, Alférez legionario (*1901 +1923)

“…Caballeros Legionarios, mañana salvaremos a nuestros compañeros de Tizzi Assa; mañana entrará el convoy o yo pereceré. Mañana ejecutaremos esta hazaña, porque nuestra raza no ha muerto aún…”
(D. Rafael de Valenzuela Urzaiz a sus legionarios, en Tafersit, el 4 de junio de 1923. Uno de los oficiales que escuchó la alocución de su jefe, era el Alférez legionario, D. Pablo Sendra Font).

Tafersit, es una hoyada en la zona de Nador, que forma un semicírculo al cual, desde las alturas, descienden tres grandes barrancos de gran altura con contrafuertes, formándose un terreno muy intrincado y con barrancadas muy profundas, por las cuales, debían de pasar las tropas (9). Esta zona, en junio de 1923, estaba guarnecido por tropas españolas que a su vez, se hallaban sitiadas por fuerzas indígenas.

Vista del campamento de Tafersit hacia el año 1905

A primeros del mes de 1923, se luchó muy duramente en la zona de Tafersit y en el collado de Tizzi Assa. En estos puntos, las kábilas rifeñas, tenían cercados a varios puestos y posiciones españolas a las cuales, había que abastecer, municionar, retirar heridos y relevar, teniéndose que romper el cerco para poder las fuerzas españolas llevar a cabo dichas misiones.

Para poder levantar el sitio, se envió a fuerzas españolas, entre las cuales, figuraban tres Banderas del Tercio, al mando del Teniente Coronel D. Rafael de Valenzuela y Urzaiz. Uno de sus oficiales, era un valeroso oficial de 22, años el cual, al ver caer a su teniente coronel y que los rifeños intentaban apoderarse de él (los jefes y oficiales, aunque muertos, valían dinero), avanzó junto a 20 legionarios para evitar el secuestro del cuerpo de su jefe. Lo consiguieron pero este joven valenciano, D. Pablo Sendra Font, resultaría gravemente herido, expirando a la mañana siguiente a consecuencia de las heridas recibidas.

Los primeros pasos (2)
Nació en Valencia, el 26 de junio de 1901. Era hijo del entonces Teniente Coronel de Artillería D. Francisco Sendra Piqué (a fecha 30 de diciembre de 1935, había alcanzado el empleo de General de Brigada Honorario(7)) y de doña Victoria Font Valencia. Inició sus pasos en el Ejército, al ingresar como voluntario en Artillería, el 20 de diciembre de 1916, donde estaría durante 2 años, 8 meses y 11 días, hasta ingresar en la Academia de Infantería de Toledo, el 1 de septiembre de 1919. Tras superar el plan de estudios con éxito, fue promovido al empleo de Alférez de Infantería el 11 de noviembre de 1921. Vivió una muy corta pero intensa carrera militar ya que al año, 6 meses y 24 días, caía heroicamente en combate al frente de sus legionarios en aquel collado de Tizzi-Assa, un 5 de junio de 1923. Le faltaban 21 días para cumplir los 22 años.

El 20 de diciembre de 1916, ingresaba en la 2ª Sección de la Escuela Central de Tiro del Ejército, como Artillero de 2ª voluntario, pasando a efectuar la instrucción militar en la Plaza de Cádiz y donde permanecería el resto del mes y el siguiente año de 1917, hasta que prestó juramento de fidelidad a la bandera de España el 1 de agosto de 1918 en la Comandancia de Artillería de Cádiz.
Presentóse a la oposición de ingreso en la Academia de Infantería de Toledo en la que tras superar los exámenes de ingreso, fue nombrado Alumno de la misma el primero de septiembre de 1919, marchando a Toledo.

Durante su período de formación en las aulas toledanas, el 28 de febrero de 1920, se recibió la visita del general D. José Villalba Riquelme, entonces Ministro de la Guerra, el cual dio cuenta a S.M. el Rey D. Alfonso XIII, de la brillante formación que recibían en la misma los alumnos, motivo por el que el monarca, felicitó al Director de la misma y al alumnado, haciéndose constar esta congratulación en la hoja de servicio de cada uno, entre ellos, el entonces Cadete de Infantería D. Pablo Sendra Font. Tras superar con éxito y aprovechamiento sus estudios, D. Pablo Sendra, fue promovido al empleo de Alférez de Infantería el 11 de noviembre de 1921, recibiendo su despacho, en el patio, frente a la estatua de Carlos I de España y V de Alemania, siendo posteriormente destinado al Regimiento de Infantería La Constitución núm. 29, al que no se podría incorporar inmediatamente por hallarse enfermo en la Plaza de Barcelona. Una vez superada la enfermedad, se incorporaba al Cuerpo en Pamplona el 5 de enero de 1922, destino en el que estaría apenas unos meses ya que por Real Orden de 21 de abril, es destinado al Tercio de Extranjeros en Melilla.

En el Tercio de Extranjeros (2)
Arribó a Melilla el 30 de abril de 1922, incorporándose al Tercio de Extranjeros en Dar-Drius y una vez en este, fue destinado a la 2ª Compañía.
Su primera misión, llegó el día 8 de mayo, fecha en la que salió la Bandera, al frente de la cual, iba su comandante, D. Francisco Franco Bahamonde, a efectuar un paseo militar a Chaif, regresando sin novedad. Otra marcha de iguales características, tenía lugar a la mañana siguiente, día 9. Esta vez, a la Meseta de Arkab de la cual se regresó a Dar Drius, sin novedad. Su tercera misión, tardaría unos días más, concretamente no se llevó a cabo hasta el día 18, fecha en la que encuadrado en la columna del general D. Dámaso Berenguer, marchó a Chaif a los efectos de implantar una posición, cosa que se llevó a cabo sin incidente alguno y regresando de nuevo a su base, quedando en el citado campamento desempeñando servicio de seguridad y de campaña hasta el 17 de julio hasta que fueron relevados por la 2ª Bandera.

Ese 17 de julio, marchó en tren militar a Melilla hasta el día 7 del mes siguiente, agosto. Mientras estuvo en Melilla de descanso, prestó servicios correspondientes a su empleo. El 8 de agosto, ya de regreso en Dar Drius, volvió a llevar a cabo los servicios que en este campamento tenía encomendados, de seguridad y de campaña hasta que, formando parte de la columna del General D. Alberto Castro Girona, tomó parte en la ocupación y fortificación de Acib de Midar, siendo esta vez a pesar de la escasa resistencia encontrada, su bautismo de fuego. Posteriormente, regreso a Dar Drius hasta el 29 en que volviendo a formar parte de dicha columna y bajo el mismo mando, salió a dar protección a un convoy a las posiciones de Acib de Midar, sosteniendo esta vez también, ligero tiroteo con los rifeños. Regresó de nuevo a Dar Drius.


Cartel de alistamiento en el Tercio

El 22 de septiembre, su bandera y D. Pablo Sendra en la 2ª Compañía junto a la misma, salía con su comandante D. Francisco Franco en dirección a Tistutín y de esta, por ferrocarril, a Melilla.
Regresó a Dar Drius, el 23 de octubre. Tres días más tarde, el 26, salía de nuevo en acción de guerra integrado en la Columna del General Ruíz Trillo, esta vez para tomar y ocupar Tafersit y Buhafora. Apenas finalizó la misma que dos días después, el 28 de octubre, asiste a la ocupación y fortificación de varias posiciones en el collado de Tizzi-Assa, donde quedaría destacado en la posición principal, hasta que el primero de noviembre se relevó a su Bandera por parte del Regimiento de Infantería “Inmemorial del Rey”, núm.1, marchando acto seguido al campamento de Bufahora.

Tizzi-Assa (2)
A partir de ahora, Tizzi-Assa, es ya un nombre vinculado al Alférez Sendra y no por hallarse en las cercanías del mismo sino porque sus acciones militares, siempre irán vinculadas al mismo.
El día 7 de noviembre, sale a proteger a un convoy a Tizzi-Assa y Benítez, regresando a Buhafora sin novedad. El 25 de ese mes, sufre un intenso ataque el campamento español de Buhafora, por parte de los rifeños, siendo el mismo rechazado. El 1 de diciembre vuelve a salir su Bandera en apoyo de la Harca amiga en la protección de un convoy a Tizzi-Assa. Otro convoy con el mismo destino es protegido por la Bandera con Franco al frente, sosteniendo fuego con el enemigo el día 18 y de nuevo otro convoy cutro días después, en fecha 22 de diciembre.

Un “impas” entre los días 11 y 14 de enero de 1923 en que la Bandera, se traslada al campamento de Dar Drius para asistir a la imposición de la Medalla Militar el día 12, al que había sido hasta entonces comandante del Tercio, D. Francisco Franco Bahamonde. Tras este acto, la Bandera, regresó de nuevo a Buhafora, donde se dedicó a la protección de convoyes, de construcciones de caminos, relevos de fuerzas en las posiciones avanzadas, así hasta el día 3 mayo en que el Alférez D. Pablo Sendra Font, debe partir a Melilla, donde quedará ingresado por enfermedad en el Hospital Militar hasta el 15 de abril de 1923 en que se incorporará de nuevo a su bandera en Buhafora, no obstante, regresó en compañía de su Bandera a Melilla el 25 de ese mes, quedando acampado en Sidi Guariach hasta el 15 de mayo en que marcharon esta vez a Tafersit.

Una vez en Tafersit, tomó parte bajo las órdenes del Coronel D. Agustín Gómez Morato en las operaciones habidas los días 28, 29 y 31 de el mentado mes de mayo y que tuvieron lugar en las inmediaciones de Tizzi-Assa para vencer la tenaz resistencia que ofrecían los rifeños al paso de convoyes en los puestos avanzados del sector, acciones en las que de nuevo resultará mortalmente herido el 5 de junio y que evacuado a la enfermería de Dar Drius, nada se pudo hacer por salvar su vida, falleciendo a consecuencia de las heridas recibidas el día 6 de ese mismo mes. Iba a cumplir 22 años.

¿Qué pasó en Tizzi-Assa aquel 5 de junio de 1923? (4)
Según publicaba La Vanguardia de Barcelona, el 7 de junio de 1923, los combates de Tizzi-Assa, fueron consecuencia de la continua hostilización de las fuerzas rifeñas hacia los convoyes que abastecían aquellas posiciones y que tenían serios problemas para arribar a ellas. Dicha noticia, decía lo siguiente (textual) (4), bajo el título “…De Marruecos. La operación de Tizzi Assa. Detalles…”

“…Melilla 6, 15. Con objeto de aprovisionar las posiciones del sector de Tizi Asa, dispuso acertadamente el mando que se efectuara una operación para batir a los rebeldes que suelen concentrarse en aquellas barrancadas, hostilizando frecuentemente.
A dicho efecto organizaronse diversas columnas mandadas por el coronel Fernández Pérez. Tomaron parte la columna mandada por el coronel don Alberto Coronel, otra columna mandada por el coronel Gómez Morato , otra mandada por el coronel Morales, otra de reserva y otra de observación. Una de ellas iba mandada por el coronel Ruíz Portal.

Sabése que mediada la tarde del lunes el coronel Fernández Pérez, dirigió una vibrante alocución, diciéndoles a los soldados:

“Hoy me hago cargo de las columnas que mañana operarán. Ante todo, he de comunicaros que mañana iremos a Tizi Asa. Tengo la seguridad de que iremos por el espíritu que reina entre vosotros. Mañana será un día grande para el Ejército y para España”.
Las tropas respondieron vitoreando a España.
Después, hablando el coronel Fernández Pérez con los oficiales, les decía que se le había honrado mucho encargándole del mando de las columnas que iban a operar.

Sabénse los siguientes detalles de la operación. A media noche pusiéronse en movimiento las fuerzas, llegando al clarear el día a la antigua posición de Hamuda, ocupando cada columna la posición que se le había designado.

La mandada por el coronel Gómez Morato era la que debía llevar el convoy a Tizi Asa, marchando también para evitar que los rebeldes ocuparan las barrancadas; la columna del coronel Morales.
Primeramente la columna mandada por el coronel don Alfredo Coronel, llevando las harkas amigas, un tabor de regulares y fuerzas del gum, subió sin seria resistencia a la loma situada al este de Peña Taurda (Peña Tahuarda), constituyendo así el flanco derecho de la extensa línea de combate.

La columna del coronel Gómez Morato, que llevaba a la vanguardia dos banderas del tercio al mando de su teniente coronel señor Valenzuela, dejó a la izquierda el campamento de Buhafora, atravesando los barrancos y llegando hasta Peña Taurda (Peña Tahuarda) sin tiros.
La columna del coronel Ruíz Porta, siguió el camino antiguo del poblado de Buhafora, entablando contacto con el enemigo. Esta columna llevaba carros de asalto, artillería e infantería.
La columna del coronel Morales se subdividió en dos partes: una subió a Sidi Talhha y Sidi Haya. Avanzando media columna por el llano entre el barranco de Fersit y el barranco de Buhafora.

El convoy entró en la posición de Benítez a las once y media.
Primeramente el enemigo no hostilizó mucho, arreciando el fuego después y viéndose que el enemigo se precipitaba a ocupar las alturas que iban dejando nuestras fuerzas en su avance. Ante el empuje del enemigo, las fuerzas regulares atacaron a la bayoneta. En algunos momentos caían infinidad de proyectiles en todas direcciones sobre nuestras fuerzas. Entonces el comandante de regulares de Melilla, señor Frías, por hallarse heridos todos su oficiales, tuvo que cargar con la bayoneta al mando de catorce soldados, batiéndose con gran heroísmo. En todo momento, nuestras tropas, poseídas de entusiasmo, vitoreaban a España.

Cuando el convoy se hallaba cerca de Benítez, intervinieron las fuerzas del tercio, ayudando a los regulares y haciendo más fácil el acceso al convoy.
Un numeroso grupo de rebeldes, situado en el barranco cerca de la posición de Benítez, hizo retroceder a nuestras fuerzas.
Los batallones de San Marcial y de La Princesa se comportaron excelentemente, demostrando gran espíritu. En algunos momentos, el enemigo, falto de armas, se batió con piedras.

El comandante Frías retiró un soldado herido cuando intentaba retirar la cartuchera a otro soldado que acababa de expirar. El comandante Frías recibió dos balazos, hiriéndole menos grave. El teniente coronel Valenzuela murió en el ataque a la bayoneta frente a sus legionarios. Murió al quinto asalto después de arengar a sus legionarios. Valenzuela en dichos momentos, tenía su gorro en la mano, empuñando en la otra su pistola…”.

Momentos más tarde, caería el bravo Alférez D. Pablo Sendra Font, que con su intervención al frente de su sección, formada por veinte legionarios, evitó que los rifeños se llevaran el cadáver del Teniente Coronel Jefe del Tercio, D. Rafael de Valenzuela y Urzaiz, resultando dicho oficial muy gravemente herido en dicha lucha, heridas a resulta de las cuales, finaría a la mañana siguiente día 6 de junio en la enfermería de Dar-Drius.

Cae el Alférez Sendra (1)
Bajo el título “…Otro episodio glorioso…”, el diario “El Telegrama del Rif” del día 9 de junio de 1923, daba a conocer como murió el Alférez legionario D. Pablo Sendra Font, al frente de una sección, de forma valiente, al defender el cuerpo sin vida, inerte, del bravo Teniente Coronel Valenzuela, en evitación de que los rifeños se lo llevaran. Según narró un legionario herido en aquel combate, los hechos, tuvieron lugar de la siguiente forma (textual):

“…Uno de los heridos del Tercio, en el combate del día 5, nos ha referido un nuevo episodio, en el que se cubrieron de gloria el bravo alférez del Tercio Sendra y veinte legionarios a sus órdenes.
Acaeció el hecho al que hacemos referencia, en los momentos mimbados por el supremo resplandor de la gloria, en que el heroico teniente coronel del Tercio, Valenzuela, caía mortalmente herido, haciendo la generosa ofrenda de su vida en el altar de la Patria.
Muertos el bravo jefe y los cuatro camilleros, también del Tercio, que habían acudido a recoger el cadáver del glorioso Valenzuela, los rifeños, ensoberbecidos, trataron de apoderarse de los sagrados restos del heroico militar español, y entonces, un alférez del Tercio, el alférez Sendra, al mando de una sección de veinte legionarios, como él, valientes, como él, audaces, no vacilaron en avanzar, con sublíme arrojo, hasta luchar cuerpo a cuerpo con los rebeldes que no veían conseguido su propósito de apoderarse del cadáver del heroico jefe del Tercio.
Los rebeldes, superiores en número, hubieron de abandonar aquel lugar, al ver que otros legionarios acudían al que era sagrado lugar, porque allí estban los restos de Valenzuela.
Junto a este cadáver quedaron también, los del alférez Sendra y unos veinte legionarios, nuevos mártires de la Patria…”

“In memoriam” por el Alférez Sendra y sus Caballeros Legionarios (1)
Se publicó también en el rotativo melillense citado, firmado por F. de las Cuevas, un recuerdo en homenaje a la sección del Alférez Sendra, caída en defensa del cuerpo del Jefe del Tercio D. Rafael de Valenzuela Urzaiz, que bajo el título “…La leyenda revive, la guardia de honor de Valenzuela. A la Sección del Alférez Sendra, homenaje póstumo de admiración…”. Dicho homenaje, fue (textual):

“…La leyenda revive como en los tiempos heroicos. En los campos anegados de luz por el sol africano, como en bruñido cuartel de oro, el Tercio graba con la sangre de sus soldados, emblemas de gloria para la Patria.
En la lucha cruenta e implacable llega el momento culminante, sublime, en que se precisa el esfuerzo sobrehumano que impulsa los espíritus y los cuerpos a dar vida a la leyenda. Una barrera formidable se opone a la comunicación de hermano con hermano; más allá de ella en las alturas, unos puñados de españoles, vanguardia de nuestro honor y de nuestro derecho, esperan anhelantes el auxilio de los que, desde el llano, han de prooverles de los elementos que son imprescindibles para conservar sus vidas, y con ellas el honor de la Nación y de la raza.
Estos, avanzan por lomas y barrancos dando pecho al enemigo que, protegido por los accidentes del terreno, siembra la muerte en nuestras filas, con la esperanza de coronar la muralla, que él considera inexpugnable, con los despojos sangrientos de nuestros heroicos soldados.
Sobre el oro de la tierra, flameante de luz, el rojo de la sangre, brinda a la admiración de los cielos la bandera de España, que en pliegues caprichosos cubre el campo de batalla, como una alfombra de doradas mieses salpicadas de amapolas.
La resistencia es formidable; una lluvia de plomo dobla a los combatientes, como el granizo a los tallos de las plantas.
Donde el metálico sonido de las cornetas no alcanza al oído de las legiones de Iberia, se hace escuchar por todos, la voz vibrante del Jefe del Tercio que destacando su figura recia y arrogante, entre el asombro de propios y extraños, lanza como un rugido de la Legión los vivas de reglamento, y ofrece el pecho henchido de valor y la frente augusta y soberana llena de ideales y nobles pensamientos, a la Implacable que siega sus vidas, ignorante del valor de cada una de ellas.
Sus soldados, como miembros del mismo cuerpo y partes de su propio espíritu, con el arma blanca y acerada, que es, en las manos crispadas, ariete formidable de destrucción para la guerra, útil fecundo de trabajo en la paz, arrollan, destrozan y derrumban la muralla que el odio y la ignorancia quiso oponer a nuestro paso civilizador, con el tenebroso designio de hundir en la ignominia nuestro prestigio, como pueblo y como raza.
El cuerpo en tierra, de Valenzuela, crece ante las pupilas dilatadas de sus huestes, como túmulo gigante erigido en aquel momento, en la tierra inhóspita, a la grandeza y dolor de España. Él, es el amparo de los que en las alturas esperan anhelantes los elementos que les precisan para conservar inmaculado nuestro prestigio.
El combate decae; el convoy llega a su destino, los objetivos se cumplen: los pechos se dilatan a la hora del triunfo. El enemigo rueda maltrecho por barrancos y cañadas en busca del amparo que les da la distancia.
Todos los soldados que lucharon bajo las banderas de España, saldaron con entusiasmo su deuda de buenos hijos. A todos les alcanza la satisfacción del deber cumplido y de la gloria; pero aquellos que constituyeron el cuerpo de esa alma que se llamó en la tierra Valenzuela, no quieren que entre sin honores en las regiones de la inmortalidad.
De las fuerzas desechas del Tercio surge la sección del Alférez Sendra, que en último homenaje de admiración y de adhesión a su jefe, se inmola íntegra, completa, ante su cadáver, y en correcta formación militar, de cuatro en cuatro, van desprendiéndose los espíritus de los cuerpos, dando guardia de honor en su triunfal carrera por los indefinidos espacios del más allá de la vida, para gritar hasta en los umbrales de la Gloria: ¡Paso a nuestro Teniente coronel!, ¡Paso al jefe del Tercio de la Muerte!, ¡Paso y acatamiento a España, a su Ejército y a la Legión!...”

Sepelio de D. Pablo Sendra Font (1)
Todo y que sus restos descansan en el panteón familiar del camposanto de la localidad costera de Vilanova i la Geltrú, en Barcelona, incialmente, D. Pablo Sendra Font, el 8 de junio de 1923, recibió cristiana sepultura en Melilla junto a otro oficial legionario caído heroicamente en combate el 5 de junio, el Alférez Saénz Perea, siendo presidido por el Coronel del Regimiento de Melilla, Gómez Morato y el Comandante del Tercio D. Lucas Mercader. La prensa hizo eco del entierro y se dio a conocer el ya mentado anteriormente, “Telegrama del Rif”, en la forma siguiente (textual):

“…Ayer mañana a las diez, se verificó en el cementerio de la Purísima Concepción el sepelio de los alféreces del Tercio señores Saénz Perea y Sendra, que murieron heroicamente en el brillante combate del pasado día 5.
El fúnebre acto fue presidido por el coronel del Regimiento de Melilla, jefe de la columna de choque, que tan valerosamente se ha comportado en los pasados combates, señor Gómez Morato, y el comandante del Tercio señor Lucas Mercader, que llegó procedente de la posición de Benítez.
Los féretros que guardaban los restos de los citados oficiales fueron envueltos en la bandera nacional.
La Legión ofrendóles coronas, con sentidísimas dedicatorias.
En el momento de dar sepultura a los cadáveres, el coronel Gómez Morato, pronunció las siguientes vibrantes palabras:
“Yo os despido en nombre de la legión y de todo el Ejército. Os doy un adiós en su nombre. Vuestro recuerdo perdurará siempre en nuestra memoria. Habéis muerto gloriosamente, excediéndoos en el cumplimiento de vuestro deber, escribiendo una de las más bellas páginas de gloria en el historial del Ejército español. Que Dios os acoja y entréis en la Gloria que bien la mereceis por vuestro comportamiento. ¡Viva España!, ¡Viva el Rey!, ¡Viva la Legión!”.
Después el coronel Gómez Morato trasladóse al lugar donde recibió tierra el cadáver del legionario Francisco Vázquez expresándose en los siguientes o parecidos términos:
“Enterramos a un compañero vuestro y sabeis que lo hacemos con el mismo cariño y sentimiento que acabamos de hacerlo con vuestros oficiales. Gritad conmigo: ¡Viva España!, ¡Viva el Rey!, ¡Viva la Legión!”. Fue un acto en extremo emocionante…”


Panteón de la familia Sendres, en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), donde reposan los restos del heroico Alférerz legionario D. Pablo Sendra Font

Sus restos, fueron embarcados para Barcelona el 24 de septiembre de 1929 en Melilla, para recibir definitiva sepultura en Vilanova i la Geltrú, entonces un pueblecito costero en el litoral catalán en la provincia de Barcelona. (3).

Medalla de Sufrimientos por la Patria pensionada para el Alférez del Tercio de Extranjeros, D. Pablo Sendra Font (6)
D. Pablo Sendra Font, fue recompensado con la Medalla de Sufrimientos por la Patria a resultas de las heridas que le causaron la muerte, al día siguiente después de haber participado en el combate de Tizzi-Assa el 5 de junio de 1923. Aún y así, dicha concesión, topó con algún impedimento que otro ya que equiparando el caso con el de otro oficial fallecido a resultas de las heridas recibidas, horas después, al parecer, se trataba de averiguar para ser dicha condecoración concedida si se sobrevivió o no a las 24 horas inmediatas, cosa que quedo demostrada y siendo no obstante otorgada finalmente. Dicho expediente citaba (textual):
27 de agosto de 1924
“…El General en Jefe del ejército de España en África, con escrito de 6 de agosto de 1924, cursa documentada propuesta de Medalla de Sufrimientos por la Patria, pensionada a favor del alférez de Infª fallecido D. Pablo Sendras Font.
Examinada dicha propuesta resulta que, perteneciendo el expresado oficial al Tercio de Extranjeros, fue herido por el enemigo en el combate de Tizzi Aza (Melilla) el día 5 de unió de 1923, y que falleció al día siguiente. Habiendo sido calificadas sus lesiones de graves.

Se trata de un caso análogo al del capitán de Infantería D. Isidoro Quiroga Jordá que, con R.O. de 17 de julio ppdº (pasado) se ha remitido a informe del Consejo Supremo de Guerra y Marina, por no estar aclarado si dicho capitán falleció antes o después de las 24 horas de ser herido; pues en el primer caso no podría otorgársele la Medalla para que fue propuesto. Por haber informado en tal sentido el referido Alto Cuerpo en el expediente de D. Julio Argüello Brage también fallecido.

En su vista puede dejarse en suspenso este expediente hasta que se reciba informe pedido en el del capitán Quiroga…”

07 de marzo de 1925
“…presente expediente, según nota de 27 de agosto de 1924, quedó subordinado al informe que, en el caso análogo del capitán de Infª D. Isidoro Quiroga, emitiese el Consejo Supremo de Guerra y Marina, y como este Alto Cuerpo, en vista de antecedentes que, sin duda, existirán en el mismo, ha informado dicho caso en el sentido de que procede a otorgar la Medalla de Sufrimientos por la Patria pensionada por constar que el capitán Quiroga fue herido a las 10 de la mañana de un día, falleciendo a las 16 del día siguiente, el Negociado entiende que en el presente expediente conviene averiguar si el alférez Sendras sobrevivió 24 horas a su herida, y a tale efecto, procede a pedir antecedentes al General en Jefe del Ejército de España en África…”

21 de mayo de 1925
“…El General en Jefe del Ejército de España en África, con escrito de 21 de mayo de 1925. Contesta la R.O. de 12 de marzo último manifestando que el alférez de Infª D. Pablo Sendras Font, a quien se refiere este expediente, fue herido el día 5 de junio de 1923, entre las 8 y 9 de la mañana, falleciendo en la enfermería de Dar Drius a las 15 horas del día siguiente….”

14 de junio de 1925
“…Habiendo aquel oficial sobrevivido más de 24 horas a su herida, el Negociado, dando aquí por reproducido, cuanto expuso en sus notas de 27 de agosto y 7 de marzo últimos, entiende que puede concedérsele la Medalla para que fue propuesto, con la pensión de 30 pesetas correspondientes a los dos días antes aludidos, y la indemnización de 875 pesetas (25% del sueldo que disfrutaba), en total 905 pesetas, como comprendido en el caso c) del artículo 5º de la ley de 7 de julio de 1921 (D.O. nº 151), no proponiendo pase este expediente al Directorio Militar, en virtud de lo acordado en 25 de junio de 1924 en el del comandante de Infantería D. Felipe Figuera y otros heridos por el enemigo propuestos para aquella Medalla…”

Otros oficiales heridos en los combates del 5 de junio de 1923 y por aquellas fechas (5):
Teniente Coronel Jefe de Aviación, D. Alfredo Kindelán y Duany. Herido en el cuello a media mañana del 7 de junio mientras volaba como observador, en un avión pilotado por el Capitán Llorente.
Capitán Carrillo, en un violento aterrizaje, herido leve en un pie.
Capitán de Navarra, D. Mariano Pinilla, ingresado en el Hospital de Docker en Melilla.
Alférez del Tercio, D. Santiago Tenorio, ingresado en el Hospital de Docker en Melilla.
Practicante Militar, D. Pedro Rodríguez, ingresado en el Hospital de Docker en Melilla.
Comandante Frías, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Capitán de Regulares de Melilla, D. Sampedro, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Capitán de Regulares de Melilla, Giménez, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Capitán de Regulares de Melilla, Canillo, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Capitán de Regulares de Melilla, Larrea, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Teniente Santos, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Teniente Segalerva, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Teniente Roa, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Teniente Perea, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Teniente Carbonell, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Teniente Rivas, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Teniente Subiran, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla. En estado muy grave.
Teniente Royo, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Teniente Torres, ingresado en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla.
Caídes de Nador, heridos graves.
Caídes de Lahanen, heridos graves.
Teniente Cea, de la policía indígena, herido grave.
Capitán de Regulares de Alhucemas, Chacón, herido grave.
Capitán de Regulares de Alhucemas, Fernández Cordón, herido grave.
Teniente de Regulares de Alhucemas, Vara del Rey, herido grave.
Alférez de Regulares de Alhucemas, Velarde, herido grave.
Alférez de Regulares de Alhucemas, Toll, herido grave.
Comandante de Regulares de Alhucemas, Velasco, muerto.

Nota:
En la Hoja de Servicios del Alférez D. Pablo Sendra Font aparece anotado su apellido como Sendras y en el cementerio de Vilanova i la Geltrú (Barcelona), la lápida que cubre el panteón donde reposa, aparece el apellido Sendres. En la prensa de la época, figura como Sendra.

Fuentes:
(1). “El Telegrama del Rif”, Diario ajeno a la política , defensor de los intereses de España en Marruecos, núm. 7.991, Melilla, 9 de junio de 1923,
(2). “Hoja de Servicios del Arma de Infantería”, 7ª Subdivisión, Servicios, vicisitudes, guarniciones, campañas y acciones en que se ha hallado, correspondientes al Alférez de Infantería del Tercio de Extranjeros, D. Pablo Sendra Font. (Archivo General Militar de Segovia).
(3). “ABC”, Madrid, edición de la mañana, pág. 30, Madrid, miércoles 25 de septiembre de 1929.
(4, (5)). “La Vanguardia”, Barcelona a 7 de junio de 1923.
(6). “Hoja de Servicios del Arma de Infantería”, correspondiente al Alférez de Infantería del Tercio de Extranjeros, D. Pablo Sendra Font, Archivo General Militar de Segovia.
(7) “Gaceta de Madrid”, núm. 3, pág.92, Madrid, 3 de enero de 1936.
Cartel de Alistamiento en la Legión y litografía a color de la misma, obtenidos a través del buscador de imágenes de Windows en Internet.
(8). Fotografía del Panteón de la familia Sendres donde reposan los restos del heroico Alférez Sendra, efectuada por el autor, Hans Nicolás i Hungerbühler.
(9). “Junio de 1923, llora España. Cae el Jefe Legionario”, por D.Javier Martí, publicado en Internet.

Hans Nicolás i Hungerbühler

miércoles, 15 de septiembre de 2010

La labor de la Marina de Guerra española en la costa marroquí

De la Marina de Guerra, poco se hablaba en la prensa de la época sobre su papel en la Campaña de Marruecos, cuando jugó un papel muy importante. Cándido Lobera, director, fundador y propietario del rotativo melillense “El Telegrama del Rif”, elogiaba en sendos artículos el papel de nuestra Marina en aquellos tiempos, ya que sus misiones, que consistían en vigilar la costa, una costa hostil con apenas dos abrigos donde resguardarse en más de 90 millas, llevando a cabo esa vigilancia desde Afrau a la desembocadura del río Lau, con el consiguiente problema de la persecución del contrabando, fuente a pesar de ser a pequeña escala, de abastos y armas para los rifeños, esperando les fueran entregadas embarcaciones armadas de pequeño calado para poder perseguir a esos contrabandistas a las calas donde se ocultaban y en el que los marinos no podían entrar por el calado de sus naves y, siempre con la inestimable ayuda del inglés al rifeño, menos mal que el contrabando a mayor escala, entraba por tierra y Francia, se hallaba por la labor de perseguirlo conjuntamente con el español. Dichos elogios, que incluían el repliegue ideado por el Directorio Militar de Primo de Rivera, dirigidos a nuestros marinos, quedaron recogidos en el citado diario de
la forma siguiente ( textual ):
( Rada de Tánger )


“…La guerra en Yebala
Labor de la Marina de Guerra en la costa marroquí

La opinión no aprecia debidamente la inmensa labor de nuestra Marina de guerra en Marruecos, tal vez por lo poco que de ella se habla y escasas informaciones, no siempre posibles debido a la naturaleza de ciertos servicios que la prudencia impone silenciarlos. Sin embrago, discretamente puede divulgarse algo que permita formar juicio de su loable intervención en esta guerra, cuya trascendencia reconocen propios y extraños.

Tres misiones le están encomendadas: Vigilancia, abastecimiento de posiciones y bombardeo. Desde 1921, realiza el bloqueo del litoral rebelde, habiéndose intensificado los últimos meses. Las fuerzas navales en Marruecos, bajo el mando del contralmirante Guerra, que tiene como jefe de Estado Mayor al capitán de fragata Boado, se hallan así integradas: Cruceros “Cataluña” y “Extremadura”; cañoneros “Canóvas del Castillo”, “Bonifaz”, “Recalde”, “Laya” y “Lauria”; diez guardacostas; dos torpederos y siete barcazas “K”, de las que usaron los ingleses en los Dardanelos y costa de Bélgica. Los transportes de guerra y el “España 5”, prestan también excelentes servicios.
Cañoneros y guardacostas turnan en la vigilancia, desde Afrau al río Lau, permaneciendo en el mar cincuenta y seis horas consecutivas. Es tan poco hospitalaria la costa marroquí, que sólo cuenta dos refugios; uno en Gomara para vientos de Poniente, y Cala Tramontana para Levantes; los demás son pequeñas calas, exclusivas para cárabos. Es decir que hay noventa millas sin abrigo.

La persecución del contrabando es continua, tenaz y puede afirmarse que merced a la vigilancia ejercida, no se ha efectuado en grande escala. Los pequeños alijos son inevitables. Despliegan tal osadía y tan extraordinarios recursos los contrabandistas, que pocas veces son apresados; y cuando nuestros barcos les persiguen, encuentran la documentación en regla y nada sospechoso en las bodegas. Sin duda arrojan la carga al verse sorprendidos.

Díganlo esas gasolineras de la matrícula de Gibraltar “Silvia” y “Estrella de Oriente” y tal cual pesquero o vaporcito, fichados como sospechosos. Aquellas pertenecen al grupo financiero que acaudilla el capitán Gardinier, célebre por sus jocundos contratos con Abd-El-Krim. Periódicamente anuncia nuestro cónsul las salidas y como los motores le permiten un andar de dieciocho millas, y son los tripulantes gentes arrojadas, muy conocedoras de los recovecos de la costa, resulta difícil darles alcance.

Suponemos se habrá formulado enérgica reclamación y también adivinamos la respuesta. Que cargan en alta mar. Si se invirtieran los términos y una nación tuviese el convencimiento de que barquitos españoles pertrechaban a gentes levantadas en armas contra ella, habrían exigido el decomiso.

A este propósito recordamos un caso que viene como anillo al dedo. Se publicaba años atrás, en Algeciras “El Centinela del Estrecho”, y sus 37 números fueron denunciados, y al fin suspendido el semanario, a instancias de las autoridades gibraltareñas.

Cerca de Alhucemas, apresó el crucero “Extremadura” cierto buque holandés, que había mandado un bote a tierra con tres personas. La requisa produjo el resultado negativo de siempre. Confidencias posteriores anunciaron que, ese u otro barco de igual nacionalidad, proporcionó a los rebeldes fusiles, cartuchos y granadas de mano.

Los guardacostas soportan en el mar grandes temporales, pues esta es su principal característica. Por lo demás, sólo andan de ocho a nueve millas y calan cinco metros. Para terminar con los pequeños alijos, pronto se incorporarán a la escuadra de Marruecos gasolineras armadas, de mucho andar, que puedan internarse incluso en las calas.

Todas las semanas destruíamos algunos cárabos que se aventuran a la pesca. El tráfico de mercancías, de mucho valor y poco peso, que se realizaba por las costas de Gomara, en prejuicio de las aduanas, se halla totalmente suspendido, lo que constituye rudo golpe para los ribereños, cuyo bienestar deben al hecho de ser obligados intermediarios de las kabilas del interior.

El contrabando en gran escala, se ha realizado y realiza por la frontera terrestre; procede de la otra zona y de Tánger, sostén de la rebeldía y uno de sus más poderosos auxiliares. Esta afirmación no lleva consigo la anuencia de las autoridades del otro Protectorado, tan interesadas como las nuestras en perseguir el armamento de los rebeldes.

El productivo comercio del litoral marroquí con las lazas africanas, Argelia y Gibraltar, se halla prácticamente suspendido desde hace tres años, y como las cosechas fueron mediocres, sólo se concibe la pujanza de nuestros enemigos, por los auxilios en metálico y en especie que reciben de sus colaboradores. De otras suerte, la miseria y la falta de municiones, les hubiera hecho claudicar.

La labor de nuestros marinos es dura, penosa y exige fatigas y penalidades que gustosos soportan. A la vigilancia de la costa bravía, precisa añadir otros servicios. Abastecimiento de puertos y cooperación a las operaciones de tierra. De ellos trataré en el siguiente artículo…”
( Acorazado "Pelayo" )
“…Labor de la Marina de Guerra en la costa marroquí
Evacuación de posiciones
(De nuestro director).

El litoral berberisco, asilo del primer enviado de los Califas de Oriente, cuna de los famosos gomeres, es tan bravío y poco hospitalario como la indómita raza que lo puebla. Las posiciones que ocupamos .recientemente evacuadas- prueban lo ilusoria de la solución por la fórmula línea costera, irradiando influencia sobre el interior. Su enlace terrestre con Tetuán, hubiera exigido costosos caminos, nuevas posiciones y columnas móviles en constante movimiento, -la razón de la columna es el puesto y la del puesto la columna- esquivándolos, se las aprovisionó por vía marítima.

La Marina de guerra puede testimoniar las dificultades de la empresa, aún en tiempo de paz, por tratarse de ensenadas abiertas a todos los vientos; menos mal, que sus grandes fondos permiten aproximarse mucho a tierra. Cien veces abandonaron los barcos el puerto de Ceuta, y pocas lograban el abastecimiento en la primera salida. El 18 de Febrero fue necesario enviar socorros a M’Ter, y hasta el 26 no pudo desembarcar el entonces coronel Serrano, jefe de la columna.

Las grandes barcazas “K”, constituyen auxiliares poderosos de ese servicio; las dirigen maestres de marinería, tienen dos motores de petróleo y gasolina y su capacidad permite el holgado transporte de 400 hombres. Dos remolcadores, “El Gaditano” y “Ferrolano”, al mando de alfereces de navío, la auxilian, escoltándolas y protegiéndolas guardacostas y cañoneros. El invierno y hasta la primavera, fueron duros para estos marinos, que capeando temporales esperaban momentos de relativa calma para echar en tierra víveres y municiones. Únicamente quiénes soportaron labor tan ruda, de escaso relieve, pero de gran importancia, saben el esfuerzo desplegado y penalidades sufridas, acrecentadas desde Febrero, fecha en que gomaris y rifeños iniciaran los ataques contra M’Ter. A las inclemencias del tiempo, se unió la hostilidad enemiga el peligro y mutuo apoyo, han establecido sólidos vínculos de compañerismo entre las fuerzas de mar y las de tierra.

Intensamente ha cooperado la escuadra de Marruecos a la defensa de posiciones costeras, abatiendo con sus fuegos el empuje rebelde, cañoneando las concentraciones que desde Alhucemas se dirigían a la zona occidental y acallando los fuegos de las baterías emplazadas desde Sidi Dris a Gomara. Alguna pieza fue desmontada por los marinos, no obstante su disposición habilísima que las oculta – como si montadas estuvieran sobre montajes eclipse- tan pronto disparan.

Sabida es la abundancia de municiones de los rebeldes, incluso de artillería; centenares de granadas han disparado contra nuestros barcos y solo dos hicieron blanco; una en el “Cataluña” al chocar contra un candelero del toldo; otra, en el “Extremadura”, debajo del castillo; los marinos han pagado también su contribución de sangre. La escuadra bombardea eficazmente la costa, ha destruido poblados y embarcaciones morunas, inflingiendo duro castigo a los tercos que desoyen las voces de la concordia.

La evacuación de posiciones, ha desplegado valor, pericia y entusiasmo. Una sola noche bastó para llevar a bordo 700 hombres de la guarnición de M’Ter, 25 cabezas de ganado, 5 piezas de artillería y 150 toneladas de víveres y municiones. El enemigo se apercibió al nacer el día; era tarde para oponerse; cuando entró en el campamento, nada quedaba aprovechable. El maestre de una de las barcazas resultó herido.

La evacuación de Tiguisas fue más accidentada, por lo mucho que arbolaba el mar, A última hora se dieron cuenta los rebeldes, interviniendo eficazmente el “Extremadura”, “Cataluña” y torpedero “19”. A la salida del sol, se hallaban a bordo hombres, ganado e impedimenta. Ocupó el enemigo un pequeño blocao y tuvo el “Laya” la fortuna de volarlo pereciendo cuantos osadamente lo asaltaran.

Targa es playa ideal, superior a las más alabadas; allí se trabajó mucho, no dejando ni un grano de arroz. La evacuación de Magán, Messala y Kaasera, se hizo en pleno día mediante operaciones combinadas, que desconcertaron el enemigo. Tampoco costó bajas realizándose así de modo brillante y casi incruentamente el proyecto del Directorio de abandonar las posiciones desde M’Ter al Lau.

Los ribereños adictos, no quisieron quedar expuestos a las iras de los rebeldes. Las bracazas “K” han conducido hasta Río Martín a esos kabileños, a sus ganados y ajuares. Hoy, 1.500 gomaris y benisaidis acampan no lejos del poblado español, pescadores de oficio, ejercen su industria, protegidos cuando se alejan por los guardacostas. Las aguas de Gomara ofrecen en cantidad fantástica, calamares y las más variadas especies, que los refugiados llevan al mercado tetuaní, hallando larga compensación para su trabajo.

La escuadra del contralmirante Guerra, de la que es jefe de Estado Mayor el capitán de fragata Boado, tiene en su haber otros servicios, que la discreción silencia. Ella cosntituye eficaz salvaguardia de Afrau, Lau, Alhucemas y Peñón; ella impide la pesca a los rebeldes y el comercio, del que obtenían pingües rendimientos rifeños y gomaras; y en fin, pone coto al contrabando, en la medida de lo posible, demostrando elevado espíritu, valor e inteligencia. El día que disponga de gasolineras armadas, de rápido andar, dará caza a las que, al amparo de su velocidad, logran de tiempo en tiempo, burlar la vigilancia y refugiarse en las calas.
Los marinos de guerra son dignos compañeros de los soldados que en tierra se baten bravamente, y como ellos acreedores de la gratitud de España.

Candido Lobera….”


Fuentes:
“El Telegrama del Rif”, Melilla jueves 9 y viernes 10 de octubre de 1924, pág 1, núms. 8.406 y 8.407.

Introducción y recopilación: Hans Nicolás i Hungerbühler

lunes, 30 de agosto de 2010

1910: LA PRIMERA GRAN FERIA DE MELILLA

Los festejos patronales de nuestra ciudad tienen su origen en el año 1571, pues fue a partir de entonces cuando se tiene por Patrona a Nuestra Señora la Virgen de la Victoria.
Si bien sus celebraciones no adquirieron carácter de Feria, tal como hoy la entendemos hasta el año 1903, cuando la Junta de Arbitrios decidió que los periodistas, aquellos que habían traído el desasosiego a la ciudad al divulgar la guerra civil desatada en el entorno fronterizo marroquí, fueran los encargados de organizar los primeros grandes festejos patronales, Feria de Melilla. Entonces nuestra ciudad contaba con una población cercana a los 10.000 habitantes, de los cuales 5.800 eran civiles y 3.500 componían su guarnición militar.
Anteriormente, en los años 1901 y 1902 se celebraron festejos coincidiendo con la festividad del Corpus y coronación de Alfonso XIII. Las dos primeras ferias, en los años 1903 y 1904, tuvieron como marco el Paseo del General Macías y calles adyacentes del Barrio del Mantelete, más al iniciarse la construcción del Puerto e instalarse en ese paseo vías férreas, las autoridades con buen criterio decidieron trasladarlas al Parque Hernández y Plaza de España.


En 1909 no pudieron celebrarse los festejos patronales al iniciarse el 9 de julio de ese año la Campaña del Rif. Guerra que trajo consigo la multiplicación de la población civil y militar, pues la primera pasó de 12.000 a 21.000 habitantes, mientras que la guarnición llegó a superar la cifra de 40.000 soldados. Tendencia alcista que únicamente se mantuvo entre los civiles, quienes entre primero de año y el 15 de septiembre de 1910 aumentaron en 5.163 personas. Todo ello hizo que muchos deseasen unos festejos en 1910 superiores a los anteriores, más la falta de estímulo, fondos municipales y ausencia de una Comisión de Festejos permanente lo impidieron. No obstante se derrochó ilusión e ingenio en todo cuanto se realizó.
Vista aérea del Parque Hernández, escenario habitual de celebración de las ferias de Melilla desde el año 1905

Programa de los festejos de 1910
Pocas fechas antes de su inicio la población de Melilla conoció las actividades previstas para celebrar los festejos patronales de la ciudad gracias a su publicación en las páginas del diario El Telegrama del Rif.
Al igual que ocurriera en la edición anterior de 1908, se proyectaron los festejos para que tuvieran lugar entre los días 8 y 13 de septiembre inclusive. Comenzaron el jueves 8 con la tradicional Diana y Cabalgata por los barrios de la ciudad, función religiosa en la iglesia parroquial, inauguración de la tómbola benéfica y ya por la noche con la iluminación y música tanto en el Parque Hernández como calle Chacel, actual Avenida. Constituyendo la utilización de la Avenida una novedad seguramente destinada a acoger a parte de la aumentada población local, descongestionando el Parque.
Sin embargo el baile popular celebrado en la Avenida en la tarde del segundo día de Feria resultó un fracaso, al negarse los concurrentes a danzar ante tanto público.
También en esta jornada inicial, a las diez de la noche se pudo contemplar la primera vista de fuegos artificiales. Teniendo lugar la segunda el domingo 11 sobre el Cerro de Santiago.
Hubo competiciones de regatas y cucaña en la rada, magno concierto con la actuación de todas las bandas de música de la guarnición, carreras de bicicletas y burros, y a modo de colofón en la última noche el desfile de una Gran Retreta Militar.
Actos que siempre estuvieron acompañados con los habituales puestos de buñuelos, barracones de espectáculos, casetas y atracciones diversas
En estos eventos lúdicos ejerció la presidencia de la Comisión de Festejos de la Junta de Arbitrios, el señor José M. Repiso, oficial auditor.
En los días previos al inicio de los festejos el general José Marina dejó el mando de la Plaza y al igual que ocurre en el presente año 2010, los musulmanes comenzaron a celebrar el mes sagrado del Ramadán.


Sin espectáculos taurinos
Una novedad de las fiestas patronales del verano del año 1910 fueron la ausencia de las tradicionales corridas de novillos que se celebraban en la plaza de toros del antiguo barrio de Triana, hoy denominado Industrial, y que estuvo ubicada aproximadamente donde hoy tienen sus instalaciones las empresas GASELEC y CABLEMEL.
Un modesto coso levantado en 1902 para celebrar la mayoría de edad del Rey Alfonso XIII, construido en mampostería y madera por una sociedad formada por gente de Melilla y que costó la suma de 35.000 pesetas. Plaza que solía ofrecer malos espectáculos por la ausencia de profesionales del toreo así como auténticas reses bravas.
Unas tan desaliñadas y continuadas faenas que acabaron con la afición local a la fiesta nacional. Así en el transcurso de los festejos de 1908 se celebraron en ella las últimas corridas de novillos, para a continuación ser desarmada y aprovechada su madera por la minera Compañía Norte Africana.

Monsieur Blondin
Sin ningún género de duda una de las mayores atracciones de estos festejos patronales estuvo representada por los ejercicios de funambulismo realizados por monsieur Arsn Blondin.
Su primera actuación se anunció para el lunes 12, más por razones meteorológicas o físicas, ésta se demoró hasta el día siguiente. Y en vez de tener lugar en el Parque Hernández como inicialmente se indicó, se desarrolló la demostración circense en la Plaza del Campo, actual Plaza de España. Ante tal enorme gentío que media hora antes del espectáculo las autoridades tuvieron que interrumpir la circulación de carruajes.
Comenzó la actuación funambulista a las cinco y media de la tarde y a pesar del viento de Poniente, que hacía aún más peligroso el ejercicio, Monsieur Blondin recorrió el cable empuñando el balancín con gran soltura. Recibiendo por ello una gran ovación por parte del público, que atónito observó como el artista exultante de optimismo volvió a cruzar el cable, pero esta vez con los ojos vendados y además hizo piruetas sobre el centro de la plaza. Magnífico espectáculo que el vecindario supo agradecer con atronadores aplausos.
Ejercicios de funambulismo
Con este título nuestro admirado José Ferrin ( Málaga, 1870 – Melilla, 1933 ), redactor jefe de El Telegrama del Rif deleitó a los lectores de su periódico en la edición del martes 13 de septiembre de 1910, acerca de la gran expectación creada por el inefable señor Blondin.

“Para ver los ejercicios
de Blondin, hombre funámbulo,
se congregó en nuestro Parque,
poco después de las cuatro,
todo lo más escogido
de la plaza y de los barrios,
amén de muchas niñeras
y una legión de soldados.
Más a pesar de este exceso
de concurrencia, los pájaros
fueron los únicos seres
que por los aires vagaron,
pues Blondin se quedó en tierra
y el público soberano
tuvo que volver a casa
sin ver al hombre funámbulo.
Esta tarde, según dicen
informes autorizados,
Blondin, vestido de corto,
realizará los trabajos
anunciados para ayer.
Martes y trece, ¡ lagarto !
Dios coja al pobre Blondin
cuando menos confesado”.

El señor Blondin, que había llegado a Melilla el 29 de agosto, no quiso despedirse de la ciudad sin antes pretender ofrecer una función gratuita en honor de la guarnición.
Recordemos que este señor, que también fue domador de fieras, fue muy popular en la Melilla de comienzos de siglo, así como su hijo, músico que ejerció de instructor de la banda del Roghi Bu Hamara en Zeluán.

Chicas casaderas
Otra atracción de la Feria de Melilla fue el espectáculo gratuito de ver pasear junto a los jardines a los grupos de señoritas en busca de novios. Toda una atracción que igualmente mereció la atención de nuestro conocido periodista y poeta festivo José Ferrin en las páginas de El Telegrama del Rif del día 11 de septiembre de 1910:
“En el Parque
Nutridos grupos de hermosas chicas, seguida de otros de tenorios de ocasión…
¡ Oh, jóvenes amables
que, con seguro paso,
al parque dais mil vueltas
sin pizca de cansancio,
seguidas de una turba
de novios de verano!
No hacer gran caso de ellos,
pues son, al fin y al cabo,
los mismos pretendientes
que, por pasar el rato,
siguieron a otras niñas
en anteriores años.”
Los paseos de las chicas en aquella Melilla de 1910 en muchas ocasiones resultaron fructíferos, pues como el mismo José Ferrin escribiera aproximadamente un mes antes, el 5 de agosto: “Todas se casan.
Así dicen los anuncios
en que de boda se habla,
y así viene sucediendo
en esta Plaza africana
desde que finó la guerra
a que el moro nos llevara.
Por razones que yo ignoro,
Hoy todas, se casan,
Las morenas y las rubias,
Las horribles y las guapas…”

Fiesta de bicicletas
Las competiciones ciclistas también alcanzaron protagonismo en la Feria melillense de septiembre de 1910.
Programada inicialmente para el sábado 10 de septiembre, segunda jornada de festejos. Consistió en la celebración de una carrera de cintas sobre bicicletas organizada con todo lujo de detalles, tales como que los corredores serían dieciocho, todos uniformados con jersey y pantalón corto de clase y color a elegir, además de medias y zapatos. Las cintas llevarían un número correspondiente a un premio a entregar al participante que la saque de su carrete provisto de anilla, con un palito.
Todos los jugadores marcharían a igual velocidad y mantendrían entre ellos la misma distancia. Quienes además no pudrían colocar los pies en el suelo desde diez metros antes del lugar donde estaban colgadas las cintas.
Como entonces era habitual, las cintas fueron confeccionadas y bordadas por señoritas de la localidad. Y entre los participantes lo más florido y adinerado de la sociedad, destacando entre éstos a Juan Brunet, propietario de los grandes almacenes "La Reconquista"; Miguel Vila, entonces socio de los Hermanos Boix en el negocio de la papelería y años más tarde propietario del establecimiento de papelería, fotografía e imprenta Posta Exprés, actual Cooperativa Gráfica Melillense; Conrado Astigarraga, gran aficionado al ciclismo y que tiempo después ejerció de concesionario de automóviles; Rafael Fernández, que posiblemente fuera Rafael Fernández de Castro y Pedrera, periodista y luego Cronista Oficial de Melilla y finalmente Agustín Silva, suboficial del Ejército, fotógrafo y hombre ligado al desarrollo del automovilismo e la ciudad a partir del año 1921, e impulsor tras la guerra civil de la antigua Cofradía de Semana Santa que existió en el Barrio del Real.
Levantó tal expectación esta prueba ciclista entre los melillenses, que el día y hora previsto, a las cinco y media de la tarde, era tal la aglomeración de público variopinto en el paseo central del Parque Hernández, que éste quedó insuficiente, pues el enorme gentío rebasó los límites establecidos de seguridad y los ciclistas apenas podían maniobrar. Obligando a algunos de ellos a retirarse. Situación por la cual los organizadores se vieron forzados a aplazar la celebración del evento al día siguiente.
La más perjudicada fue la empresa concesionaria del alquiler de las sillas existentes en el Paseo central del Parque, pues fueron numerosas las que quedaron inservibles.
En la nueva convocatoria el marco elegido fue la prolongación del Parque Hernández, la amplía calle Carlos Ramírez de Arellano. donde un ansioso público encontró mejor acomodo gracias a la diligencia del Sr. Alemán, jefe de Orden Público en la ciudad. Además la tribuna que se había levantado para la ocasión se trasladó a la nueva ubicación, para ser ocupada por las bellas señoritas que habían cedido las cintas.
Por fin se pudo celebrar la esperada fiesta ciclista que fue amenizada con escogidas piezas musicales interpretadas por la Banda del Regimiento de Melilla.
El señor Anselmo Boix, empresario del ramo de papelería fue el encargado de ordenar la salida. Y constituyó tan rotundo éxito la prueba y los participantes pusieron tanto empeño como vehemencia, que algunos rodaron por la calzada, sin sufrir daños de importancia. Si bien no ocurrió lo mismo con sus máquinas, pues dos bicicletas se rompieron a consecuencia de sendas aparatosas caídas.

Regatas y cucañas
Celebradas en la rada, pudieron ser contempladas por numeroso público desde los muelles y murallas de Melilla la Vieja.
La primera regata contaba con un premio de cien pesetas destinado a la primera embarcación de cuatro remos que en cinco minutos lograra avanzar mil metros. Lográndolo la denominada “Cometa Halley”. Mientras que la segunda y última regata, destinada a embarcaciones provistas de seis remos, tuvo un premio de 140 pesetas, estuvo más disputada y logró la victoria la capitaneada por Ángel Morán tras recorrer mil metros en cuatro minutos.
Una vez concluidas las competiciones de regata, comenzaron las de cucaña, también amenizada por la música del regimiento de San Fernando. Se dieron tres premios, de 25, 20 y 15 pesetas entre aquellos jóvenes bravos que la superaron, al mismo tiempo que el público disfrutó de las numerosas situaciones cómicas que dan a lugar estas pruebas.

Prorroga
Resultado de la enorme animación que gozaron todas la actividades programadas de estos festejos, la Comisión organizadora decidió ampliarlos añadiendo un número exótico, típico del vecino país: Una corrida de la pólvora ejecutada magistralmente por una treintena de jinetes rifeños a las cinco de la tarde del 14 de septiembre en el antiguo Barrio de Triana.
El espectáculo constituyó un gran éxito y los jinetes vestidos con lujo sobre hermosos caballos, miembros de la policía indígena de Atlaten, Nador y Zoco el Had, fueron muy aplaudidos. Recibiendo además de dinero, entradas gratis para asistir a la función de noche del Teatro de Verano.
Y ya como remate, en la noche del 14 también se celebró una velada extra en el Parque, aunque existió incertidumbre acerca de la posibilidad de ejecutarse, por la falta del necesario carburo destinado a la iluminación, que llegó a última hora.
A pesar de la finalización reciente de la Campaña del Rif, en estos festejos de 1910 no se recordó a ésta. Seguramente en un intento por olvidar las desgracias. No sucediendo lo mismo con los festejos de los años 1912 y 1913, en los que respectivamente se celebraron con derroche de medios la finalización de la Campaña del Kert y completa pacificación del Marruecos español.

Reclamo turístico
Terminados los festejos y la vista de su éxito. Fueron numerosos los melillenses que convinieron en que había llegado el momento de potenciar las próximas fiestas patronales, con vista al mejor disfrute de un vecindario ya numerosos así como atraer gente de la península y Argelia, donde existía una gran población española.
Una aspiración que se mantuvo durante muchos años, pero que entonces contaba con la ventaja de que se había mejorado recientemente las comunicaciones marítimas. Y tenía como meta inmediata la constitución de un Comisión Permanente de Festejos, algo al alcance de la mano luego de que la Junta de Arbitrios ( Ayuntamiento ) hubiera alcanzado tan solo unos días antes mayor autonomía y dejara de depender de la Capitanía General a la hora de confeccionar los programas de festejos públicos.
El Turismo como fuente de ingresos para la economía melillense, se mantendría como aspiración de los dirigente de la ciudad durante muchos años. Más no sería hasta la completa pacificación de Marruecos, en 1927, cuando se dieran las condiciones necesarias para su desarrollo.


Juan Díez Sánchez

( de la Asociación de Estudios Melillenses )


Artículo publicado en el diario Melilla Hoy, suplemento Feria de Melilla, el sábado 28 de agosto de 2010

domingo, 29 de agosto de 2010

LA ULTIMA BODA PIRATA EN BERBERÍA




BODA PIRATA DE ANA Y CHEMA

Ana es de Granada y Chema de Valladolid se conocieron en Melilla y han decidido casarse por el Rito Pirata en una cala que se encuentra a 12 km de Melilla junto a las dunas de Taxdirt en la kábila de Beni Chicar. Una excusa para huir del trepidante calor que asola nuestra geografía y refrescarse en las cristalinas aguas al occidente del Cabo Tres Forcas.

Texto y fotos : Juanjo Florensa

domingo, 4 de julio de 2010

MELILLA: CENA MEDIEVAL EN CLUB SCORPIO



CELEBRACIÓN DEL TRIUNFO DE ESPAÑA
Con el titular de “Victoria de las Huestes del Balompié del Reino de Castilla” encabezaría la prensa medieval de la época el triunfo de la selección Española en este Mundial de Sudáfrica 2010.
En esta edición del Mercado Medieval de Melilla la directiva del Club Scorpio programó para la noche del sábado 3 de julio una tradicional Cena Medieval precedida por el expectante partido de fútbol de España frente la selección Guaraní que terminó finalmente derrotada con un gol a favor del Reino de Castilla. Al efecto en los salones del club se habilitó una pantalla para ver el desarrollo del partido. Así que durante toda la Cena Medieval se llenaron de vivas a las Huestes del Balompié del Reino de Castilla, al Gol de Villa no faltando los brindis de “Non Nobis” -¡ Templar, Templar, Templar!.

El Heraldo del castillo de Club Scorpio Maese Mariscal hace mención de todas las Dignidades , Príncipes y Princesas que asistieron al banquete en la muy noble ciudad de Melilla –en las tierras del Reino de Castilla en Africa desde 1497 en tiempos de los Reyes Católicos. Tales como el Gran Maestre del Castillo Scorpio el muy noble señor Don Gregorio, así como el Príncipe del Turismo Don Javier de Figueroa y Sra Doña Susana de Andújar- . Otros como el gran Caballero Don Juanmi de Lancelot así como los Reyes de Taxdirt Don Pedro Gómez y Doña Carmen de Timón. Allende de los mares provenientes del Reino de Valencia acudieron a este evento el Príncipe de las Serpientes – Don Juan de Aznar- “El Indio” acompañado del ilustrado Señor de las Leyes del Reino Don José de Bonet y Ferrandis. Del Sur de Italia el Caballero Don Nicoló Albano – Señor de Massafra de la Región de Taranto. Además de bellas Damas de la Corte engalanadas con finas telas traídas de Oriente, así como el ciego Don Lazarillo.



Como es habitual de años anteriores un séquito de todos los comensales antorchas en mano recorrieron todo el recinto de la Villa Vieja de Melilla , animados por la música de los Gaiteiros de Acibreira . Solo cabe esperar el próximo encuentro de Balompié frente a los Teutones , que puede verse en la enorme pantalla situada en la Plaza de las Culturas frente a las murallas del Tercer Recinto amurallado de Melilla La Vieja.
Ánimo a nuestras Huestes del Reino de Castilla.

Crónica y fotografía : Jean de Molay ( Juanjo Florensa )

domingo, 13 de junio de 2010

Naufragio del "Oranie"






Melilla 1910 : Naufragio del “Oranie”

por Juan Díez Sánchez
( de la Asociación de Estudios Melillenses )

A lo largo de los años, la rada y Puerto de Melilla han sufrido los efectos de numerosos temporales, siendo los más peligrosos aquellos cuyas olas eran empujadas por el viento proceden de la zona de mayor línea de agua: Salerno y Marsella.
En ocasiones los vientos han alcanzado hasta los ciento veinte kilómetros por hora, constituyendo auténticos huracanes con olas que se han elevado incluso por encima de los diez metros de altura y arrastrado bloques de hormigón de la escolleras con ochenta toneladas de peso.



Con duración de entre cuatro y siete días y con mayor frecuencia en los meses de enero y abril, nuestra ciudad ha padecido grandes temporales en los años 1775, 1842, 1849, 1852, 1898, 1914, 1927, 1938, 1949, 1956, 1965 y 1990. Siendo los de los años 1914 y 1927 aquellos que han perdurado en la memoria colectiva, por haber empujado al mar a la admirada grúa Titán que se utilizaba en la construcción del Puerto, el primero. Y el segundo echado a pique un buen número de embarcaciones de diferentes portes, entre los que se encontraba el mítico buque inglés “Collingdale”, que embarrancó frente al Barrio del Hipódromo e incluso precisó el auxilio de hidroaviones.
Como hemos mencionado, junto a los grandes y recordados temporales, perduran otros muchos de menor intensidad pero que también dejaron huella en la historia de nuestra ciudad. Por ello, ahora coincidiendo con su centenario evocamos algunos aspectos del temporal padecido en los primeros días del mes de abril de 1910 y que arrastró al buque “Oranie” hasta la playa de Hipódromo. Un acontecimiento que mantuvo en vilo durante un buen número de jornadas a una población como la melillenses, habituada a las emociones fuertes derivadas de la Campaña del Rif que en el verano y parte del otoño del año anterior se desarrolló a las puertas de la Ciudad.
Igualmente al recordar el suceso del “Oranie”, rendimos homenaje a tres grandes periodistas melillenses que bien con sus plumas y abnegación quedaran para siempre unidos a la historia de este barco francés: Rafael Fernández de Castro y Pedrera, José Ferrín Fernández y Constante Miquelez de Mendiluce.
Un espléndido día
El viernes primero de abril del año 1910, Melilla se despertó con un espléndido día de primavera. La mar en calma, la buena temperatura y una ligera brisa nunca podrían presagiar que pocas horas después, sobre las once de la mañana un formidable temporal azotara la ciudad. Debiendo los buques surtos en la rada, pues el puerto comenzaba construirse, tomar rumbo al archipiélago de las Chafarinas para encontrar el oportuno resguardo.
El cañonero “General Concha”, transporte de guerra “Almirante Lobo” y los buques correos “Sevilla”, “Ciudad de Mahón” y “Nuevo Valencia” pronto interrumpieron las operaciones de carga y descarga que realizaban, aumentaron la presión de sus calderas y abandonaron las aguas de Melilla, no sucediendo lo mismo con un aljibe fuertemente sujeto, y el vapor francés “Oranie”, que bien por negligencia de su capitán o por no poder levar el ancla al engancharse ésta con el cable telegráfico submarino que enlazaba nuestra ciudad con Chafarinas. Quedó a merced de unas olas que terminaron por arrastrarlo hasta la playa cercana al cuartel del Hipódromo. Donde quedó varado en la arena, mientras que personal de la Junta de Obras del Puerto, de la Compañía de Mar, vocales y camilleros de la Comisión Local de la Cruz Roja y los prácticos con material de salvamento dispusieron un tren que los llevó con algún retraso hasta las proximidades del barco naufragado, tumbado de babor y cruzado por el fuerte oleaje.
Mientras se preparaba las acciones oficiales de rescate, unos bravos hombres del Cuartel del Hipódromo prestaron las primeras ayudas: fueron el teniente de Cazadores de Segorbe José Concas, el músico de tercera Manuel González y un paisano, el cantinero del mencionado Hipódromo, Sebastián Jiménez Arroyo. Quienes a los gritos de “Au secoure” emitidos por la tripulación desde la proa, tomaron el salvavidas cogido con un delgado cable lanzado por éstos. Siendo el cantinero el que con gran peligro para su vida se lanzó al agua y luchando contra el muy fuerte oleaje tomó el cabo.
Gracias a esta comunicación, cable con salvavidas, entre el barco y la orilla firme se pudo realizar el rescate de la tripulación, pero antes y coincidiendo con un momento de bonanza, varios marineros intentaron echar al agua un bote para llevar a tierra nuevos cabos. Más cuando este bote estaba a punto de rozar las aguas, se desfondó cayendo al mar los marineros. Que fueron ayudados a salir del agua por las manos generosas de varios oficiales del Ejército que también se pusieron en peligro. No obstante gracias a uno de los nuevos cabos se consiguió enlazar con el buque con un fuerte calabrote, sujeto a tierra por un potente trípode.
A este calabrote se le unió una anilla corredera sujeta a un salvavidas por el que se deslizaron hasta la playa la tripulación al completo y documentación del “Oranie”. Teniéndose que convencer al capitán del buque de que lo abandonara, pues su presencia allí ya no tenía ningún sentido. Fue una tarea compleja y delicada que precisó en tierra el esfuerzo de unos cuarenta hombres para mantener tenso, con la ayuda de paños, el calabrote, así como hacer deslizar el salvavidas que transportó de uno en uno a los veintisietes marineros de la tripulación. Todo ello bajo una fuerte lluvia, calados hasta los huesos todos los presentes, desde el general Arizón al voluntarioso civil que hasta allí encaminó su curiosidad.
En esta exitosa tarea tuvieron gran protagonismo dos hombres experimentados de la Compañía de Mar, el maestro calafate Francisco Herrera y el sargento Cayetano Valverde.
Otros sucesos
Al mismo tiempo que el “Oranie” naufragaba, en la rada de Melilla zozobró por una racha de fuerte viento una barca rifeña cargada de leña, sus tres tripulantes fueron lanzados al agua, sobreviviendo gracias a que se sujetaron al palo de la vela en tanto fueron rescatados por unas de las embarcaciones que transportaban mercancías entre los buques y los pequeños muelles de la ciudad.
El río de Oro también experimentó una rápida crecida, arrastrando sus aguas a un niño que pudo ser rescatado por un empleado de “El Telegrama del Rif” con ayuda de otro viandante.
También lo pasó mal una pequeña embarcación a motor que había ido hasta la Bocana, sorprendiéndole un temporal que pudo capear a fuerza de forzar el motor. Y algunos bloques de hormigón colocados en Florentina a modo de escollera del puerto en construcción, fueron volcados por la tremenda fuerza de las olas.

El “Oranie”
Este buque había llegado a las aguas de Melilla en la mañana del 29 de marzo transportando un cargamento de madera destinada a la Administración Militar, presumiblemente con la finalidad de levantar barracones donde alojar hombres y materiales de la guarnición, que había experimentado un aumento considerable a consecuencia de la recién terminada Campaña del Rif.
El “Oranie”, perteneciente a la firma “Sip Castagriar Freres”, de Orán ( Argelia ), representada en Melilla por los hermanos Benhamou era mandado por el capitán Monsieur Bourdal y su primer oficial se apellidaba Michaud.

Tareas de salvamento
Enseguida, los técnicos locales dijeron que la liberación del buque sería dificilísima, pues entre el punto donde se encontraba y la mar libre había un gran banco de arena, superado por el “Oranie” merced al temporal y que casi toda la carga del barco ya la había depositado en Melilla.
Además en la noche del mismo viernes, el temporal empujó aún más al “Oranie” hacía la playa.
La importancia de este incidente fue tal que el general Sotomayor lo comunicó al Ministro de la Guerra y éste informó al Rey Alfonso XIII, quien junto con el Gobierno felicitaron al personal militar que intervino en las tareas de socorro.
Al día siguiente llegó un remolcador procedente de Gibraltar, por si fuera necesaria su ayuda. Ofrecimiento que se declinó por estar en camino otro remolcador propiedad de la misma empresa naviera que el buque siniestrado. Y en la mañana del dia 4 fondearon en las aguas de Melilla dos buques de guerra franceses, el “Du Chaylar” y “Forbich”, el primero un crucero de segunda clase de 4.000 toneladas, botado en 1897. y el segundo un aviso de 1.850 toneladas.
Buques de la Armada gala que tras los saludos de rigor mediante salvas de artillería, lo primero que hicieron fue botar sendas chalupas a vapor con personal para efectuar un reconocimiento en la zona donde estaba varado el “Oranie”. Apreciándose que el temporal había depositado aún más arena a babor del “Oranie”, teniendo el casco sumergido en la playa unos dos metros. lo que añadía más dificultad al salvamento.
Estos navíos permanecieron en la rada melillense pocos días, pues convencidos de la evidente imposibilidad de realizar el salvamento con los medios hasta entonces empleados, pusieron rumbo a la vecina Argelia en la jornada del 8 de abril.
A la vista de que el casco del “Oranie” no aventuraba tumbarse hacía alguna de sus amuras, su tripulación regresó a bordo a los dos días, para volver a hacer en él una vida casi normal.
Un día después de la marcha de los buques de guerra franceses, comenzó a trabajar en el rescate el remolcador “Newa”, con toda celeridad para evitar que un nuevo temporal empeorase aún más la situación del buque siniestrado.
Este remolcador el sábado 9 de abril con sus potente hélices ya había abierto un amplio canal y se mantenía unido al “Oranie” por medio de un potente cable de acero que le servía de eje para realizar el dragado.
Entonces parecía que pronto se liberaría al barco francés y se comentaba que el enorme esfuerzo de las calderas del remolcador en permanente y tope de presión había merecido la pena. No en vano sus calderas consumían al día unas veinte toneladas de carbón suministrado desde Gibraltar por el carguero “Gibel Tarik”, que aproximadamente cada semana debía de reponer el depósito del carbón destinado al rescate.
Dos semanas después del siniestro “El Telegrama del Rif” informaba a sus lectores que eran dos los remolcadores alemanes los que trabajaban en las operaciones de salvamento. Indicando este periódico melillense al día siguiente que había quedado liberado medio casco del “Oranie”, estando previsto en la siguiente jornadas su rescate. Más la aparición de un nuevo temporal y diferencias entre la Casa armadora del buque y la empresa de salvamento demoraron la puesta a flote.
Finalmente el “Oranie” sería felizmente rescatado por los dos remolcadores alemanes el 25 de abril, luego de más de veinte días de arduos trabajos. Arrastrado por el remolcador “New” y escoltado por el segundo fue conducido al vecino puerto argelino de Orán, donde quedaría el buque en tanto se llegaba a un acuerdo entre la sociedad de salvamento y la firma propietaria del “Oranie”.

Rafael Fernández de Castro
En las primeras tareas de salvamento de los náufragos del buque “Oranie” participó de forma decisiva Rafael Fernández de Castro y Pedrera, entonces periodista y empleado de la empresa constructora del puerto de Melilla, la compañía Trasatlántica.
Por su abnegada y decidida cooperación en el salvamento de los tripulantes del vapor francés, en noviembre de 1910 le fue entregada Medalla de Bronce con premio y el correspondiente diploma otorgado por la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos, de la que era miembro y en la que poco después ocupó el cargo de secretario.
Los periodistas y el “Oranie”
El espectáculo de contemplar a un gran navío varado en la playa del Hipódromo, así como las labores de dragado de los remolcadores en su entorno, despertó tal interés entre los melillenses. Que siempre había un buen número de curiosos observando atónitos tan interesante como gratuito entretenimiento.
En un par de ocasiones “El Telegrama del Rif” envió expresamente a sus redactores para informar sobre el desarrollo del salvamento. Y dos de sus periodistas ante el enorme calado de la noticia que traía en vilo a la población de nuestra ciudad, incluso publicaron sendos trabajos humorísticos, el primero de fecha 12 de abril, tuvo por título “Todos trabajamos” y corrió a cargo de “Don Seguis”, seudónimo de Constante Miquelez de Mendiluce, jurídico militar que años después sería nombrado director general de Prisiones. Quien de forma jocosa decía que desde que comenzó el salvamento había siempre en la playa entre 2.500 y 3.000 personas presenciando los progresos de un rescate valorado en 95.000 pesetas. Y que despertaba tanto interés que incluso algunos suscritos al acontecimiento proyectaban instalar una cabaña en la misma playa para no perderse el esperado momento de la puesta a flote del “Oranie”.
Mientras que el segundo periodista de “El Telegrama del Rif” aludido, fue José Ferrin Fernández, quien también bajo seudónimo, en este caso de “P.Pillo” dio a la publicidad unos ripios en la edición del 21 de abril:
“Cositas
- ¿ Qué como sigue el barco embarrancado ?
- Pues tal y como ustedes lo han dejado:
con la popa mirando hacía Levante,
posición que resulta intolerante,
y haciéndole pasar duras sin cuento
a la de Salvamento”.



Artículo publicado en La Voz, suplemento dominical del diario Melilla Hoy, el 13 de junio de 2010





domingo, 6 de junio de 2010

UN GRUPO DE FRANCESES DE VISITA EN MELILLA

¡ SOYEZ BIENVENUS !

Un grupo de franceses han visitado Melilla el fin de semana del 4 al 6 de junio , disfrutando del paseo en el tren turístico como una de las actividades programadas por la Cónsul Honoraria de Francia en Almería como es Nicole Picat-Emery. En Melilla estuvo dándoles la bienvenida su homóloga en dicho cargo honorario como es Thérèse PUYOL. Este tipo de iniciativas culturales es muy de agradecer que las emprenda una mujer como Nicole Picat , pues ofrece a la colonia francesa residente en Almería la posibilidad de conocer una ciudad como es Melilla.




Por otro lado tanto Nicole como Thérèse , tienen un interés en iniciar los primeros pasos para abrir en Melilla un Centro de Amigos de la Cultura Francesa, que pueda aglutinar la información y preparación para los exámenes de superación de conocimientos de lengua francesa que ofrece la Alianza Francesa, complementados de actividades como un cineclub de películas en francés y excursiones con empleo vivo de la lengua francesa.


Nicole Picat Emery, cónsul honoraria de Francia en Almería, junto a Thérèse Puyol,
cónsul honoraria de Francia en Melilla.
Es una iniciativa que merece la pena ser apoyada, por ejemplo en la conversación que sostuve con ambas les comenté mi propia experiencia de haber obtenido los diplomas de conocimientos de francés DELF (nivel 1 y 2) en el IFO (Instituto Francés de Oujda), mucho más práctico (y económico ) para el residente de Melilla el desplazarse a Oujda que no a la Alianza Francesa de Málaga. La obtención de este tipo de diplomas puede tener un enorme interés profesional entre diversos sectores de la ciudad de Melilla.

ARTICULO Y FOTOGRAFIA : Juanjo Florensa